HELLFEST 2015 – Part 3

Jueves, 26 Noviembre 2015 19:00 Visto by 3257 Peoples Escrito por 
 

 

Amanece también soleado el domingo, pero el desgaste de los dos días anteriores va haciendo mella sobre nuestros cuerpos (los de algunos más que los de otros), otrora jóvenes y loz-anos…

La resacón es importante. Es lo que tiene cuando ya se va pasando de los “treintaytantos”…; que el cuerpo ya no es el que era y después de dos días haciéndolo mal y, a mayores, aguantando sesiones maratonianas de conciertos de pié y al solete, pues se va notando, digamos…

Omeprazol, antes de nada, para proteger el estómago (en la medida de lo posible) y después poder tomar tu analgésico favorito, que te brinde esa “falsa energía” que necesitas para poder incorporarte e intentar hacer cosas. Una visita a Fecoland a tiempo siempre es una victoria; y si, a mayores, a posteriori le añades una refrescante floca-flocka y ropa limpia, la verdad es que la cosa cambia (por lo menos algo).

Puesto que los más madrugadores se habían acercado hasta el Le Clerc a comprar hielo y habían rellenado debidamente las neveras, las cervezas gozaban ya del grado de peleteirez óptimo. Tras ingerir unas cuantas per cápita, a modo de desayuno, y con el PH ya regulado (again), decidimos que era momento de volver a entrar en el recinto, a eso del mediodía.

De todos modos, la resaca se seguía notando y después de tres días a base de bocadillos y comida fría, básicamente, el cuerpo agradece disfrutar de una comida caliente, medio “en condiciones”. Nos dirigimos, pues, hacia el área de restauración, donde te encuentras con innumerables puestos de comida de todo el mundo, a precios bastante asequibles, para tratarse de un festival de estas características. Desde sushi hasta tortilla de patatas o desde pasta y pizza hasta ostras y marisco fresco (vivo, eh?) (!!!)…, etc, etc, etc…

La comida tailandesa siempre es una muy buena opción. Por cerca de unos 8 € te puedes pillar una más que generosa y cundente ración de Pad Thai (sabrosos fideos tailandeses con verduras y carne de ternera) que os puedo asegurar que vale mucho la pena.

Para degustar la comida, no hay mejor sitio que el Kingdom of Muscadet, por supuesto. Se trata de una entrañable carballeira (bosque de robles, para los no gallegos) situada en medio del recinto del festival, entre los bares y The Warzone, con mesitas, sombra, farolas y maqueadas varias que ejerce de perfecta “área de descanso” en medio de la vorágine de sol, gente, decibelios y desgaste físico que es el festival en sí.

 

 

Al final del bosque, se encuentra el Bar a Vin, una vinoteca en medio del festival, en la que poder probar los famosos vinos de Muscadet, tan típicos de la zona. A su lado, un asador/parrillada y un bar de ostras (no confundir con La Ostra Azul…)….. Hay de todo, en este Hellfest, eh?.

 

Tras cargar un poco las baterías, tocaba más metal, of course (tête de la). Los domingos, para gente como yo y alguno de mis acompañantes, suelen ser “días Valley”, en gran medida, ya que en dicho escenario es donde se concentran todos los grupos doom y stoner, que para estar de resaca casi que van mejor, a la sombrita de la carpa y de relax…

Nos acercamos hasta la zona VIP(svaporub) a repostar birra. Uno de los privilegios de tener pase de prensa y acceso a la zona VIP, aparte de poder entrar y salir del recinto por una zona mucho menos concurrida, haciendo “bypass” a las posibles colas de la entrada (muy escasas, eso sí…) y hacer uso de sus baños (también mucho menos concurridos y más que decentes), es el hecho de poder pagar con dinero “normal”, sin tener que ir a reponer tokens o, en el caso de este año, recargar la tarjeta “cashless”.

A mayores, puedes disfrutar del gran bar que tienen allí montado, con mesas de madera, billar, enchufes y conexión Wifi para móviles, ordenatas y demás, pantalla gigante desde la que poder seguir los conciertos que están teniendo lugar en el festival, buen ambiente, etc… Fuera del bar, una gran terraza con mesas y sillas y varias zonas de descanso, con sombra, sofás y zonas mullidas sobre las que poder tirarse un rato.

No es extraño ver a gente de diferentes bandas alternando por la zona, tomándose un piscolabis, descansando o haciendo cola para el baño, de hecho.

Todo esto, en un área con una decoración entre lo post-apocalíptico y lo desolador de lo más currada, en la que la herrumbre y la decadencia son una constante. Así, te encuentras desde un helicóptero (tamaño real) estrellado, varios coches “estilo americano” ubicados estratégicamente, la cabina de un camión viejo…, etc… El efecto global es bastante curioso, la verdad…

Dentro de la zona VIP, está también la zona de prensa, con varios habitáculos pequeños para entrevistas “privadas” de determinados medios a determinados artistas, y con la sala de prensa propiamente dicha, en la que tienen lugar las ruedas de prensa por parte de los artistas “importantes” que se prestan a ello.

Mola ser VIP y mola la zona VIP, pero hay que saber usarla. El festival está fuera de allí.

 

A eso de las 17:30, entramos en la gran carpa de The Valley, donde EYEHATEGOD descargaban ya sobre el escenario sus pesados ritmos sludge.

La banda de Luisiana salía a escena con Parish Motel Sickness, seguida de New Orleans is the New Vietnam y su plomizo doom de tintes sureños surtió los efectos deseados entre las 1200/1500 personas, aproximadamente, que poblaban la carpa. Asintiendo con la cabeza, lentamente, al ritmo de las canciones, cada uno intentaba disimular su resaca como bien podía.

Continuaban con Lack of Almost Everything y Medicine Noose, con un sonido excelente que fue constante durante todo el festival, salvo muy contadas excepciones (como Mastodon, por ejemplo…).

50 minutos de actuación tampoco dan para tanto, así que los americanos tampoco se deshacían en florituras entre tema y tema, si no que se centraban en darlo todo en los temas en sí. Comandados por un concentrado Jimmy Bower a la guitarra, que la mayoría de vosotros conoceréis por ser el batería de Down, la banda fue hilvanando tema a tema, agradecidos de la respuesta del público que se había acercado a verlos hasta allí, un domingo por la tarde.

El hecho de que las carpas sean grandes y que esta no llegara ni a “media ocupación”, en este momento, hizo que el ambiente fuera de lo más distendido, cómodo, y corriera el aire de manera abundante; algo muy de agradecer, la verdad. Si a esto le sumamos que, al haber introducido césped natural en absolutamente todo el recinto (incluidas las carpas), pudimos disfrutar del placer de ver un gran número de conciertos descalzos (con lo que esto nos mola)…, la comodidad y frescor son aún mayores.

Con Jack Ass in the Will of God y Sister Fucker, los de NOLA se despedían del público gabacho, contentos con la respuesta del público y habiendo dado un buen concierto “de domingo-tarde”, sin duda.

 

A continuación, algunos se acercaron a ver a CAVALERA CONSPIRACY congregar una auténtica multitud ante el Main Stage 1, bajo la soletón de media tarde.

Los Cavalera bros juegan con un “modus operandi” muy acertado, con el que aseguran el éxito de cada una de sus presentaciones en di-recto. Van presentando unos cuantos temas de cada uno de sus discos nuevos, como Cavalera Conspiracy, y por el medio “aseguran” el buen devenir del concierto y la atención del respetable, caldeando el ambiente con trallazos de su “banda mater”, Sepultura. Un plan sin fisuras.

 

 

Así, el cómputo global del show son 6 temas de Cavalera Conspiracy (Babylonian Pandemonium, Sanctuary, Terrorize, Torture, Killing Inside e Inflikted), 6 temas de Sepultura (Refuse/Resist, Territory, Beneath the Remains/Desperate Cry/Dead Embryonic Cells (estas tres últimas en medley), We Who Are Not As Others y Roots Bloody Roots (incompleta debido a problemas de sonido) ), y un tema de Nailbomb (Sum of your Achievements).

Bien por Max.

 

Retomando las umbrías comodidades de The Valley, nos disponíamos a continuación a ver la que para mí fue una de las grandes sorpresas de esta edición (para bien), puesto que debo reconocer que no los conocía y, gracias a la recomendación de alguno de mis compañeros de batalla, quedé gratamente sorprendido; marchando de allí con un nuevo gran grupo que añadir a mi lista de reproducción habitual: LIFE OF AGONY.

Formados allá por 1989 en Brooklyn por Keith Caputo a las voces, su primo Joey Z en la guitarra, Alan Robert al bajo y reclutando al ex-Type O Negative Sal Abruscato un par de años después para la batería, Life Of Agony son una banda de metal alternativo cuyo desbordante éxito les pilló a edad muy temprana, tras la publicación en 1993 de su disco de culto, ‘River Runs Red’.

Arrastrados por la eclosión del grunge y lo “alternativo” por las norteaméricas, Life Of Agony son, en esencia, una banda muy influenciada por los primeros Black Sabbath, cuyo metal se caracteriza por una base doom bastante marcada, un constante juego de cambio de tempos, mezcla de voces muy graves con otras más agudas y letras profundas y sensibles que ahondan en esas atmósferas de depresión, angustia existencial y suicidio tan típicas en el estadounidense adolescente medio.

Por si todo esto no fuera (o fuese) suficiente para suscitar mi curiosidad de melómano recalcitrante, cuál no sería mi sorpresa al enterarme de que Keith Caputo, carismático líder de la banda, se hace llamar ahora Mina Caputo, ya que en 2011 dio el importante paso en su vida de convertirse en una mujer…… (ouyeah)

Al parecer, llevaba toda su vida sumido en una profunda agonía (“life of agony”), completamente insatisfecho y oprimido al sentirse una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre.

Hasta ahí todo normal…, excepto por el pequeño detalle de la decisión de ponerse tetas pero conservar el pene; ya que, al parecer, su atracción sexual siempre fue dirigida hacia las mujeres. De hecho, tiene novia… (una modelo austríaca de bastante buen ver, según cuentan las lenguas viperinas, al parecer…).

Resumiendo: era un hombre con una mujer lesbiana con pene encerrada dentro de sí…, o algo…

El resultado es un ser andrógino, con tetas, pelo largo, brazos tatuados y voz grave que ejecuta una serie de extrañas danzas por el escenario a base de movimientos casi espasmódicos, del cual es casi imposible apartar la mirada. Eso sí…, no se puede negar que es un gran cantante y un gran frontman, aparte de un buen compositor.

A excepción de dos concesiones a sus discos más “tardíos”, con los temas Weeds y Love to Let You Down, el grueso del repertorio se centró en sus dos primeros discos; el previamente citado ‘River Runs Red’ (1993) y ‘Ugly’ (1995).

Entraron en escena sin hacer prisioneros, cargados de energía y arremetiendo directamente con River Runs Red y This Time (que, para quien no esté familiarizado con la banda, es como si AC/DC abrieran un concierto con Black in Black y Highway to Hell, aproximadamente). A partir de ahí, con temas como Bad Seed, Methods of Groove, Through and Through o Underground, demostraron durante 50 minutos que son una gran banda en directo.

Se trata de un grupo de una gran pegada, con una base rítmica muy compacta, guitarras graves y eficaces que trabajan por y para la canción, muy centradas también en lo rítmico, y un muy buen sonido, en general. A mayores, las estructuras de las canciones, con todos esos cambios de tempo, arriba y abajo, hacen de su show algo muy dinámico y ameno en donde no hay lugar para el aburrimiento.

La menuda figura de Mina Caputo contrasta con las “dos torres” de Alan Robert y Joey Z flanqueando el escenario, los cuales no cesan de saltar y mover al público ni un solo instante. El travelier Caputo, ejerce como el gran frontman que es y su gusto por la interacción más directa con el público lo lleva incluso a bajar a cantar algún tema casi completo en el foso de fotógrafos, frente a las vallas antipánico, desplegar una bandera entregada por un fan en el escenario y mandar besitos a todo el mundo, con el contacto visual siempre muy presente. No deja de ser curioso ver esa voz tan “gorda” salir de ese cuerpecillo “de señorita”, con sus tetitas y movimientos harto amanerados y llenos de “pluma” por doquier.

Cosas veredes, Sancho…

 

Algo positivo en los escenarios Temple, Altar, Warzone y Valley es que, si vas de ese rollo y te cunde ver varios grupos seguidos en alguno de ellos, siempre hay entre 60 y 75 minutos de cambio entre concierto y concierto, con lo que te lo puedes tomar con calma, ir a dar una vuelta a ver qué se cuece por otros escenarios, visitar el WC, ir hasta el campamento, ir a por birra o, simplemente, relajarte sentado a la sombra, sobre el césped…

En nuestro caso, obviamente, optamos por la opción de ir a repostar birra (e ir al WC, ya de paso, para aprovechar el viaje) hasta la zona VIP.

Otro dato salientable son los precios dentro del festival, tanto en los bares como en las tiendas de merchandising. No deja de ser curioso cuanto más barato resulta en comparación con España, sobre todo tratándose de un festival de tamaña envergadura.

Para poner un ejemplo, las jarras de cerveza de litro y medio tienen un precio de 13 €. Son envases milimetrados, como comenté previamente, con lo cual puedes estar seguro de que se trata de litro y medio; no como en España, que los vasos “de litro” está comprobado que llevan entre 70 y 75 cl…

Entonces, si tenemos en cuenta que en muchos festivales españoles, a día de hoy, es raro que el precio de 75 cl de cerveza (por lo general mala y caliente) baje de entre 8 y 10 €, que en un festival como el Hellfest se cobre 13 € por litro y medio, en un envase decente y a temperatura adecuada ( FRÍA), no me parece para nada caro. No me cabe la menor duda de que en España, por algo similar, se aplicarían 20 € sin problema y sin despeinarse nadie…

Otro detalle sería el excelente trato por parte del personal que trabaja en el festival, desde el personal de las barras y tiendas de merchan, hasta la gente de taquillas y acreditaciones de prensa, pasando por el personal de control de accesos y seguridad, hasta los voluntarios de “rango” más bajo, que recogen tu basura por las zonas de acampada.

En las Españas somos más de poligoneras/os maleducadas/os, que no saben ni hablar, te atienden de mala manera y están deseando que protestes por algo para llamar, ipso facto, al neanderthal de seguridad de turno, que sin mediar palabra se prestará más que gustoso a emplear la fuerza bruta para sacarte en volandas del recinto y “desfazer el entuerto” por la gracia de Diós. Viva España! (ironic mode: ON).

En fin… Así nos va…

 

Volviendo al tema musical, a eso de las 21:35, pisaban las tablas de The Valley los americanos SAINT VITUS, legendaria leyenda del doom donde las haya, y allí estábamos nosotros para dar fe de ello.

Los había visto un par de años atrás, en el mismo escenario, y la experiencia había sido más que grata, como mi compañero Serginho de Parga (no lo prueba) puede atestiguar. En esta ocasión, circunstancias del destino habían deparado que se vieran forzados a salir a escena sin su carismático frontman, Scott “Wino” Weinrich, debido a unos pequeños “problemillas” legales que le impedían pisar suelo europeo.

El coleguita en cuestión, fue cazado con la nada desdeñable cantidad de 11 gramos de speed al intentar pasar el control de seguridad de un aeropuerto en Noruega en 2014, detenido y posteriormente deportado a Estados Unidos, con la prohibición de entrar en ningún país de la Unión Europea.

Desconozco las repercusiones legales reales que, finalmente, el percance le ocasionaría en su tierra. Me consta que, después del incidente, tuvo que someterse a tratamiento de desintoxicación, más ignoro si la prohibición de pisar Europa seguía vigente en el momento del festival al que me ciño. El caso es que el tatuado rockero de largo pelo cano no estaba sobre el escenario, con sus congéneres.

El pintoresco guitarrista, Dave Chandler (también de largo pelo cano), ejercía las funciones de líder, llevando el peso escénico de la actuación, presentando los temas, interactuando con el público, etc.

Con temas como Dark World, One Mind o Zombie Hunger iban desencadenando las gordas y lentas notas de su doom metal machacón y añejo que, una vez más, nos tenían a todos asintiendo con la cabeza al compás.

No es ningún secreto la importante influencia que los primeros Black Sabbath ejercen sobre la banda; empezando por su nombre, en claro homenaje al tema St Vitus Dance, del mítico álbum ‘Volume 4’ de los de Birmingham. Al mismo tiempo, las atmósferas “lisérgicas” y ese sonido tan “vintage” entroncan también con otros pioneros como son Blue Cheer. A mayores, no es difícil encontrarles influencias también de bandas como Blue Oyster Cult o incluso Black Flag…

Substituyendo a Wino en las labores vocales los acompañaba en esta gira un viejo conocido: su cantante original, Scott Reagers. Muy probablemente, debido a este hecho ejecutaron un repertorio plagado de temas de sus primeros trabajos, como Zombie Hunger, White Magic/Black Magic, White Stallions, Burial at Sea o la epónima Saint Vitus.

En cuanto a Scott Reagers, decir que es seguramente uno de los tipos con peor presencia escénica que me pude echar en cara. Ni un mero atisbo de carisma, no tiene posición en el escenario, no sabe cómo moverse… Un patán con pinta de punkarra trasnochado y reconvertido; tirando a cutre, vamos… Ni punto de comparación con la icónica imagen del mítico Wino…

Con el clásico Born Too Late ponían punto y final a una hora de desarrollos largos, riffs pesados y atmósferas oscuras del que todos disfrutamos a tutiplén, aún con la añoranza de Wino en el micrófono.

 

 

 

 

 

Noche, ya, del domingo y a algunos se nos empezaban a agotar las fuerzas. No obstante, tras otra hora de “asueto”, los más osados hicieron un pequeño esfuerzo para ver a Phil Anselmo con sus SUPERJOINT (antes conocidos como Superjoint Ritual).

A eso de las 23:45 saltaban a escena el tito Phil y sus huestes con Oblivious Maximus e It Takes No Guts, cerrando el cartel de The Valley y congregando a un más que digno número de asistentes en la susodicha carpa.

Después de un parón de algo más de 10 años y un pequeño cambio de nombre debido a motivos legales, la banda se juntó de nuevo para tocar en el Housecore Horror Festival, organizado por Anselmo en otroño de 2014, y en verano de 2015 ya los teníamos girando por la vieja Europa, para regocijo de todos nosotros.

Continuaban con Everyone Hates Everyone, The Introvert, 4 Songs y Antifaith, ejecutando su característica mezcla de groove metal y hardcore, con algún que otro tinte “black” de por medio. No hay que olvidar que grupos de la talla de Venom, Celtic Frost o Darkthrone se cuentan entre sus influencias más cercanas, a mayores de los evidentes Slayer, Voivod, etc…

Contaban con una hora justa de concierto y salieron con ganas de aprovecharla al máximo y darlo todo. Drug Your Love, Little H,  Haunted Hated, Creepy Crawl… y un exultante Anselmo parecía sentirse como en casa, sobre el escenario del Hellfest.

Y es que el colegueo que tiene este señor con el Hellfest es más que evidente, ya que no se pierde una edición. Le debe encantar el festival, el rollo y el ambiente que se respiran allí, el variado cartel que suele haber, el vino de Muscadet… y debe ser más que coleguita de los organizadores, a estas alturas… El caso es que en las 5 ediciones consecutivas del festival a las que acudí hasta la fecha, allí estaba Phil Anselmo tocando con alguna de sus bandas (dos veces con Down, una con Arson Anthem, una con The Illegals y este último año con Superjoint), haciendo el engendro durante todo el festival y pasándoselo como un enano.

Es bastante común verlo disfrutar “entre bambalinas”, botella de vino blanco en mano, de los grupos que le molan y haciéndose notar bastante, digamos… Suele salir a cantar algún tema con toda aquella banda que se lo permite y se puede decir que el hombre vive el festival de una manera plena, dándolo todo…

Angelico…

Continuaba el metal sobre el escenario con The Alcoholik, Fuck Your Enemy y Ozena, con Jimmy Bower haciendo un glorioso doblete ese día en The Valley (ya lo habíamos visto por la tarde, descargando con Eyehategod), acompañado en las labores guitarrísticas por Kevin Bond (que originalmente tocaba el bajo, en los inicios de la banda).

A mayores de los tres componentes originales de la banda, en las presentaciones en directo la base rítmica corre a cargo de Stephen Taylor al bajo y el jovenzuelo Jose Gonzalez a la batería; que a sus tempr-anos 25 años es batería también de Phil Anselmo & The Illegals (este chaval acaba mal fijo…).

Con Waiting for the Turning Point y Superjoint Ritual ponían fin a su actuación, con los varios miles de personas que poblaban nutridamente la carpa dándolo todo y sin ganas aún de que el festival llegara a su fin.

El entrañable tito Phil demostraba una vez más por qué es el personaje más querido, año tras año, por toda la comunidad hellfiestera.

Qué se inventará en 2016 para poder seguir paseando su música por los escenarios del festival galo? Seguirá fiel a su cita bianual con Down? Se sacará de la manga una reunión de Pantera para la ocasión, quizás?. Se inventará un nuevo grupo?.

Expectante, me hallo…

 

A continuación, los fineses NIGHTWISH (con la cachondísima Floor Jansen al frente), abarrotaban las inmediaciones de los Main Stages, con su espectáculo de luz, sonido y felicidad ecologista.

Está claro que ganaron muchísimo con la inclusión de la holandesa Floor en sus filas, hasta el punto de casi estar empezando a rozar la respetabilidad como banda de nuevo (después de la popera aberración acometida hace unos años con la enana esquimal aquella que se parecía a Björk), pero qué queréis que os diga…   Demasiado material nuevo, demasiada gaiteirada y, en definitiva, demasiada pajillerada y frikismo para estas alturas del festival.

Si fuera viernes o sábado y no coincidieran con ninguna banda más interesante…, puede. El domingo a ultimísima hora y con el cuerpo hecho un cristo…, NO.

 

Dada por concluida la maratón concertística y sin fuerzas para asistir a la cita diaria en el Metal Korner, arrastré mis polvorientos sándalos hasta la tienda de campaña; no sin gran pena en el corazón por ver que, una vez más, aquello que llevas esperando todo el año, llega fugaz y fugaz termina.

 

When the music’s over…, turn out the lights.

 

Al día siguiente, como cada año, amanecíamos con la dura tarea de levantar el campamento y emprender el largo y duro viaje de vuelta, con la satisfacción del deber cumplido.

Un año más (el quinto consecutivo, en mi caso), regresábamos sanos y salvos a nuestras respectivas casas, tras el fragor de la batalla. Una vez más, el escuadrón Pelletier retornaba victorioso.

Es a ese escuadrón Pelletier (el cual no deja de crecer), a esos camaradas con los que cada año tengo la suerte de compartir el viaje hasta Clissôn y vivir épicas gestas que permanecerán siempre en nuestro recuerdo (y seguramente nutrirán nuestro amplio arsenal de batallitas cuando seamos más viejos) a quienes quiero dedicar cada una de las palabras de esta extensa crónica; ya que sin el vínculo especial que nos une en cada expedición, nada de esto tendría sentido.

El que va a la Hellfiesta, siempre vuelve. No lo olvidéis nunca.

 

Disfrutad de la vida. Sed felices.

Stay Pelletier

 

 

P.D : GRACIAS A R. BUENDÍA, DE CONCERTECA, POR LAS FOTOS

 

 

 

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Anxo Castelo

Corinicas

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