HELLFEST 2016 - DÍA 3

Viernes, 14 Octubre 2016 00:52 Visto by 1801 Peoples Escrito por 

             DIA-3

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Llegábamos ya al domingo, último día del festival, y el tiempo parecía seguir mejorando, poco a poco. Nos desperezábamos con calma y, tras nuestras abluciones matutinas y un frugal desayuno (“FRUGAAAAAAL?!?!?!” *siéntanse afortunados los que entiendan esta coñêtta*), una pequeña avanzadilla emprendía camino hacia el LeClerc, a comprar el más que necesario hielo. El domingo sólo abre por la mañana, así que hay que tenerlo muy en cuenta.

El hielo… (‘glace’, en gabachieur); ese bien tan preciado en un festival, que tanto te puede alegrar el día si lo tienes, como jodértelo completamente si no… Porque, amigos míos… Qué sería de nosotros si la birrêtta no estuviese lo suficientemente peleteira como para tornarse en la savia que nos mantenga, alegremente, a lo largo del día?. La beberíamos, quizás, caliente??? (hay que ser gabacho, para hacer eso…).

Birrêtta peletier siempre.

 

Después de ir a la compra y dejar las tareas del hogar debidamente hechas, tocaba darse una vuelta por el recinto, entrando para ello por la cada vez más flipante, a la par que maqueada, zona VIP(s vaporub).

Agradeciendo sobremanera el no haberlo hecho “tan” mal el día anterior y haber sido capaz de cortar lo suficientemente a tiempo como para que la resaca del día siguiente fuese humanamente llevadera, comenzaba a regular el pH; de manera cauta y sin avidez. El día era muy largo, las fuerzas limitadas y la traca final prometía glori-osa.

Desde luego, la idea de “economizar fuerzas” se va al carasho cuando, de manera jovial, decides meterte en la brecha de un concierto de MUNICIPAL WASTE un domingo, a las 12:15, rodeado de peñita con flotadores, manguitos, jugando con balones de playa y haciendo crowd-surfing con tablas de body… (POR QUÉ???).

Los de Richmond (Virginia) saltaron a escena a hacer de las suyas, como es habitual en ellos. Con su crossover de “tupa-tupa”, a toda hostia y sin mariconadas, convirtieron la verde pradera de los Main Stages en una engendril fiesta; extraña, a la par que divertida.

 

La pinta de engendros fumetas yankis, de sofá y lata de birra, no se la quita nadie. Prueba de ello quizás sea que su último disco, ‘The Fatal Feast’, sea ya de 2012, en teoría, lleven trabajando en un nuevo álbum desde 2014 y todavía nel del panel (tened en cuenta que acostumbran hacer discos de escasa media hora y sus temas más largos andan entre el minuto y medio y los dos minutos…).

También hay que decir que Tony Foresta y Land Phil editaron ‘The Tyranny of Will’ con su otra banda, Iron Reagan, en 2014… Pero bueno…

Otros datos salientables son que ahora giran con formato de quinteto, con Nick “Nikropolis” Poulos en la segunda guitarra, que Ryan Waste cada vez está más resonso y Dave Witte ahora tiene troba (quién lo diría…).

En definitiva, los tipos se mandaron 17 temas en media hora de reloj y les cortaron el tema 18 del setlist porque ya se habían pasado del tiempo que les correspondía. Breve pero intenso.

No faltaron clásicos del fiesteo bizarro como Unleash the Bastards, You’re Cut Off, Beer Pressure, Wrong Answer, Terror Shark, Headbanger Face Rip o Sadistic Magician.

 

Aprovechando que ya estábamos en el Main Stage 2 y sólo había que torcer la vista hacia el otro, continuamos con la “sesión vermú”, amenizada ahora por ORPHANED LAND.

Nada más y nada menos que desde Israel nos llegaba la banda comandada por Kobi Farhi, a deleitarnos con su más que curiosa fusión de metal progresivo con folk de raíces orientales.

Con una trayectoria que se extiende desde 1991 hasta nuestros días y ya sin Yossi Sassi en sus filas (una pena, aunque Idam Amsalem cumple con su papel de substituto de una manera más que digna), los considerados pioneros del metal oriental comenzaban su show con Ocean Land (The Revelation), seguida de All Is One y The Simple Man.

Su propuesta es de lo más interesante, eso está claro, y la ejecución de los temas es brillante. Es un grupo que sorprenden gratamente a la gente que no los conoce y congratulan sobremanera a los duchos en la materia.

Tras Baraka, The Kiss of Babylon (The Sins) y Olat Ha’tamid, llegaba el turno de Sapari, probablemente el tema más celebrado y el que más le suena a la gente de los israelíes.

Ya habían estado presentes en la edición de 2011 del festival galo (“Mustaphà… Te voy a dar yo a ti Mustaphà…”) y estaba claro que había gente que ya los había visto de aquella, les habían gustado/sorprendido y querían repetir.

 

In Thy Never Ending Way (Epilogue)y Norra El Norra (Entering The Ark) nos acercaban al final del concierto, con un Kobi Farhi envuelto en un halo totalmente cristóforo, proclamando su mensaje de paz y unidad entre culturas y religiones (temática central de la banda, en general), con una versátil técnica vocal que pasa del gutural al limpio de manera grácil y sutil, desprendiendo influencias judías, árabes y de Oriente Próximo a tutiplén.

Con Ornaments of Gold ponían punto y final a 40 minutos de concierto exquisitamente bien aprovechados.

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Dos conciertos así, a modo de “sesión vermú” del domingo, estaba bien, por el momento. El solêtte comenzaba a apretar, además, así que era una ocasión ideal para acercarnos hasta el Extreme Market, ponernos a la sombra, dar una vueltecisha por allí y sumergirnos en toneladas y toneladas de discos y merchan de bandas extremas, “coma se fose pa unha voda”.

Acto seguido y como es tradición también, era el momento ideal para acercarnos hasta el área de restauración, completísima y de lo más variada, hacernos con unas buenas raciones de Pad Thai (exquisitos fideos tailandeses con carne y verduras), un par de pichets de refrescante birrêtta pelletier e ir a degustarlo todo al Kingdom of Muscadet, en las mesas de madera que por allí se disponen, a la sombrita.

Después del merecido relax en la foresta (durante el cual escuchábamos a TARJA hacer gorgoritos de fondo, sin llegar a atraernos lo más mínimo sus “cantos de sirena” hacia los Main Stages; todo hay que decirlo), llegaba el momento de buscar jaleo de nuevo.

GOJIRA(Guantanamera) aglutinaba hordas de público gabachier en los Main Stages, pero un servidor necesitaba otro tipo de jaleo, más sucio y menos sofisticado.

Entre que sabía que en el Resurrection Fest volvería a tener la oportunidad de ver a los, en mi opinión, sobrevalorados gabachos, de por sí ya no son santos de mi devoción, me resultan totalmente pl-anos, monótonos y, en definitiva, pienso que aburren a un santo (vengan esos “haters”…jejeje…), no hubo lugar para duda alguna. La proximidad de la Warzone con respecto al Kingdom of Muscadet fue sólo la excusa perfecta para adentrarnos en territorio punkarra y hacer el mal con RATOS DE PORAO.

Corrían las 16:45 y las leyendas del crossover punkarra/hardcor-eta brasileño saltaban a escena para hacer vibrar al relativamente escaso público de la Warzone. El ya mítico Joâo Gordo, su inseparable Jâo y sus colegas salían con ganas de fiesta y de poner a andar a la peñita que seguía resistiendo, a golpe de domingo por la tarde, los duros embates del festival.

 

Formados nada más y nada menos que en 1981 (xa choveu…) en la siempre peligrosa Sâo Paulo, Ratos de Porao cuentan con una trayectoria que los ha convertido en uno de los grupos más queridos y respetados del panorama hardcore mundial por fans y músicos de varias generaciones, ya.

Sabíais que Joâo Gordo, de 52 años, lleva 15 años entregado al vegetarianismo y los dos últimos siendo ya totalmente veg-ano?. Paradojas de la vida…

Para regocijo de muchos, los tipos se tocaron el mítico ‘Anarkophobia’ (1990) entero y en orden; simplemente cambiando el último tema del disco (Jardim Elétrico) por la archi-conocida Crucificados Pelo Sistema.

Quizás se echó en falta algún clásico más, como Periferia, pero qué cojones… El concierto estuvo fetén y la gente se lo pasó en grande.

 

A las 17:40, se solapaban los conciertos del Main Stage 2 y The Valley. En The Valley tocaban KADAVAR y, la verdad, el ambiente que intuía iba a imperar por allí se me antojaba hipster en demasía, para ese momento concreto. Demasiados ful-anos con barba y chichito, tatuados hasta el pescuezo, juntos, para mi gusto… (you know what I mean…).

Es por ello que, tras abandonar la Warzone con calma y atravesar la carballeira del Kingdom of Muscadet, ya que quedaba de paso, decidí quedarme a ver a aquellos que por 1984 fundaron una banda llamada Lucifer’s Heritage, para cambiarse de nombre en 1988, al más conocido de BLIND GUARDIAN.

Hacía años (o cerca de una década, más bien, si no me equivoco…) que no veía a los alemanes en di-recto, así que tenía curiosidad por ver cómo habían envejecido, tanto ellos como su sonido.

Mientras me acercaba al escenario, los teutones ya saludaban al respetable a ritmo de The Ninth Wave; para saludarme a mí, cuando por fin encontré un sitio idóneo, conThe Script for My Requiem; lo cual agradecí sobremanera, al pertenecer al que siempre fue mi disco favorito de los guardianes: el gran ‘Imaginations from the Other Side’.

Con un Hansi Kürsch a punto de entrar en la cincuentena al frente, visiblemente envejecido en comparación con la anterior vez que lo había visto, pero en bastante buen estado vocal, la banda sonaba como siempre, básicamente; o sea: bien.

Mucha orquestación, como es habitual en sus discos, muchas voces (que me resisto a creer que salieran de los micros de coros del resto de la banda, por más que se empeñaran en hacerlo parecer así) y mucho movimiento en escena, en especial por parte de los dos guitarristas, Andrè Ölbrich y Marcus Siepen.

 

Con Time Stands Still (at the Iron Hill) y Tanelorn (Into the Void) sobrepasábamos ya el ecuador del concierto. Qué queréis que os diga? Yo esto de tirar de temas largos en un festival, cuando dispones de escasos 50 minutos para tocar (intros y “speeches” aparte), sigo sin verlo muy claro. Al final, como en este caso, te queda un concierto de 8 temas y está claro que se te van a quedar muchísimos en el tintero, que a la peña le gustaría disfrutar.

Tras Prophecies y la coreada Valhalla, llegaba el momento de sacar las banquetitas, las guitarras acústicas y poner a todo Clissôn a cantar The Bard’s Song – In the Forest a modo de coral cervecera que nos hizo, quizás, añorar tiempos juveniles, por un momento.

Sólo quedaba tiempo para un triste bis y, como de costumbre, este fue Mirror Mirror, del épico ‘Nightfall in Middle Earth’ (1998).

No estuvo mal, para recordar tiempos pasados, en compañía de grandes amigos, cuando nos comíamos el mundo y creíamos que todo era posible.Profile

 

Después de la segunda tanda de dos conciertos del día, tocaba un nuevo descanso. La recta final del festival era apoteósica, con Megamuerte, Ghost, Black Sabbath y King Diamond, así que había que seguir jugando las cartas adecuadas y gestionando bien las energías y la lucidez mental.

Desde luego, no era momento de meterse en un concierto de SLAYER, que comenzaban ya a sonar en el Main Stage 1 y a los cuales ya ví por lo menos diez veces en los últimos 15 años.

Además, tras Esleia, tocaban otros grandes sobrevalorados del panorama metálico actual: AMON AMARTH. Caldo de cultivo de pajilleros posturetas, levanta-cuernos de hidromiel de camiseta negra brillante (porque es nueva, de moda y lavada con Perlán) y ni un ápice de estudios, en general (sabéis de sobra que la mayoría es así; no me jodar…). Id a “vikingar” a casa de Cristo, anda…

Buena ocasión para hacer una última incursión hasta las tiendas, tomarse un rato de relax en los aledaños de las mismas (degustando unos sabrosos quintêttes, of course (tête de la)) y retornar con los pichets cargados para la última gran batalla del festival.

Una solapación (la de Grand Magus, a caballo entre Megadeth y Ghost) me tocaba el carasho sobremanera desde que se hicieron oficiales los horarios del festival. El Papa es sagrado, pero no descartaba la posibilidad de improvisar algo “in situ” para poder ver algo del concierto de sus compatriotas suecos, antes del inicio del cónclave satánico (…siamo con clavi…..siamo con Dio…..siamo con il nostro Dio scuro…).

A ver lo que se podía hacer…

 

Antes de nada, teníamos una cita a las 20:45 en el Main Stage 1 con Dave Mustaine y sus mercenarios (no offense, Mr Ellefson).

Tras la curiosa intro Prince of Darkness (con un fragmento del tema de mismo título incluido en su polémico ‘Risk’, de 1999), MEGADETH saltaban a escena con Hangar 18, carrerita desde bambalinas hasta la frontal del escenario incluida (“factor sorpresa”, al más puro estilo ‘80s).

Como dato curi-oso, salientar que durante este primer tema se avistaron celebridades del metal, como Tony Foresta (Municipal Waste) o Matt Thompson (King Diamond), volando en tirolina sobre las cefas de las decenas de miles de personas agolpadas frente a los Main Stages. Son como niños…

Tras The Threat is Real, de su último disco, Mustaine dedicaba Tornado of Souls a Nick Menza, batería de la formación “clásica” de la banda, fallecido hace un par de meses (“I want to dedícate this song to my old friend Nick…”).

Con un pletórico Kiko Loureiro haciendo justicia a las partes de guitarra creadas por el gran Marty Friedman y con el nuevo batera oficial, el belga Dirk Verbeuren (Soilwork), bastante bien integrado en la banda, el combo sigue sonando como el titán del thrash metal que es. Aunque está claro que Megadeth es Mustaine y Mustaine es Megadeth, la huraña señora pelirroja, de famosa mala hostia, siempre se supo arropar por músicos fetén, para llevar a cabo sus diabólicos (ahora cristianos) planes.

Y hablando de la señora pelirroja de gesto osco, hay que decir que si algo fallaba en el sonido de la banda, era su voz. Desconozco si es que los años pasan factura o si llevaban muchos conciertos seguidos de la gira, o algo….; pero está claro que la voz de Mustaine no sonaba bien; quedándose en un “quiero y no puedo”, en la mayoría de las ocasiones. El tío tuerce la boca, en su más que característico gesto, de medio lado, pero da la impresión de que la voz no le quiere salir con la facilidad de antaño. El tío sufre.

Eso sí, el tipo sigue tocando la guitarra de manera fetén. Por algo sigue siendo el mejor guitarrista que tuvo Metallica…

A continuación, She-Wolf, del ‘Cryptic Writings’, tema que le debe molar especialmente a Mustaine, junto con Trust (del mismo álbum), ya que son fijas en sus repertorios.

Tras Post American World, del ‘Dystopia’ (2016), otra fija de los setlist Megamuerti-anos: Sweating Bullets. También le debe molar bastante al viejo Mustaine, aunque nunca haya sido de mis temas favoritos de Megamuerte y, la verdad, me cansa un poco verlo en di-recto cada vez que tengo ocasión de ver a la banda en acción.

Comenzaban ahora otro tema nuevo, Poisonous Shadows, y el hecho de que ya los hubiera visto unas cuantas veces (y espero poder verlos más, porque me molan bastante), sumado a que Mustaine no tenía su mejor día vocal, ni mucho menos, me animó a hacer Profilealgo que ya venía pensando desde que salí de las tiendas: cortar el concierto de Megadeth por la mitad, ir a ver un rato a Grand Magus y volver para ver a Ghost después, desde el principio.

 

Así fue y emprendí camino hacia The Altar, con tiempo suficiente para llegar antes de que GRAND MAGUS comenzaran su show, a las 21:30. Sabía que no me arrepentiría.

Comenzar un concierto con la intro de Conan el Bárbaro ya es toda una declaración de intenciones, desde luego. Eso para empezar…

Tras esa épica “puesta en escena”, saltaban los suecos al ruedo con I, The Jury, tema que abría aquel ‘Hammer of the North’, en 2010, continuándola con Sword of the Ocean, de ‘The Hunt’ (2012).

Comandados por Janne “JB” Christoffersson desde 1996, los de Esto-colmo nos traen el lado Heavy más clásico, con matices de doom épico y stoner, muy influenciado por el Hard Rock y por bandas como Judas Priest, Manowar, Black Sabbath o Deep Purple.

On Hooves of Gold, del grandísimo ‘Triumph and Power’ (2014) (título que bien podría haber sido acuñado por los mismísimos Manowar), daba paso a Varangian, de su más reciente ‘Sword Songs’ (2016), y me invadía la zozobra, ya que el tiempo se me agotaba…

La cosa andaba justa, pues Ghost comenzaban su show a las 22:05 y todavía tenía que llegar desde The Altar hasta el Main Stage 2 y hacerme con un sitio medianamente fetén.

El tiempo apremiaba y, por más que me jodiera dejar un concierto que me estaba molando (Calrissian) un huevo, el Papa es el Papa…

Sonando Steel Versus Steel, me abría paso entre los pobladores de The Altar, yéndome con muy buen sabor de boca por lo que había visto, pena por no haber visto más y la reafirmada convicción de que Grand Magus son MUY GRANDES y valen mucho la pena.

Esos sí que son vikingos de verdad, sin necesidad de tanta parafernalia, atrezzo y postureo, joder…

A continuación, comenzaba lo mejordel festival. Lo que había ido a ver. Los que posiblemente sean mis tres grupos favoritos (junto con un par de ellos más), tocando seguidos, en los Main Stages. La hecatombe se cernía sobre mi cefa, cuan Espada de Damocles…

Con su ya clásica e inquietante doble intro de Miserere mei, Deus y Masked Ball, aparecían los no menos inquietantes Nameless Ghouls, despojados ya de sus capuchas y luciendo sus nuevas máscaras demoníacas y renovados atuendos.

Envuelto en un haz de  luz y surgiendo de la nada, el Papa Emeritus III (es mi señor, nada me falta) entonaba las primeras frases de Spirit, tema que encadenarían con From the Pinnacle to the Pit, tal y como sucede en su último disco, el majestuoso y enorme ‘Meliora’ (2015).

El Papa Emeritus es un frontman de la hostia. Aparte de ser un gran vocalista, versátil y teatral, el tipo representa su papel y su concepto a la perfección y, desde luego, sabe como meterse al público en el bolsillo.

En la truculenta Body and Blood, nos presenta a las Sisters of Sin, que no son si no un grupo de chavalitas que en cada concierto eligen previamente, atavían de “monjas putas” y las hacen bajar a repartir hostias (de las de misa) y vino de comulgar al público de las primeras filas; no sin antes advertir seriamente a la audiencia que no se les ocurriera (u ocurriese) propasarse con ninguna de ellas. Cabe citar, también, que en esta ocasión me parecieron bastante jovencitas, quizás, las monjitas en cuestión… (aaaaay, Paaapa…..Paaaapaaaaaaa…….Te molan jovenzuelas, Rigodón…).

Tras aprovechar la instrumental Devil Church para ir a ponerse “de sport”, sonaba el acojonante riff de Cirice y nuestro Papa favorito aparecía con el nuevo atuendo a que nos tiene acostumbrados desde la salida de ‘Meliora’ (camisa, chaqué de faldones, zapatos “de claqué” y cefa descubierta) y la nueva actitud, más distendida y bailonga, que acompaña a dicho atuendo.

“Belial…Behemoth…Beelzebub……Asmodeos… Satanás… Lucifer”. Como si de una especie de siniestro Fred Astaire se tratara, el Papa chasqueaba los dedos (tipo “ouyeah, beibe”) y la fiesta de verdad comenzaba con Year Zero. Ese tema con aires disco-setentProfileeros que mete en el cuerpo la necesidad imperiosa de hacer una conga, puso a bailar a todo el festival, para regocijo del pontífice en cuestión *(conga como la que regalamos a los atónitos suecos, danzando alrededor suyo en un garito, tras su show en Porto del pasado noviembre; ocasionando que sus rictus faciales ante tal hecho fueran algo digno de ver, desde luego…).

Tras otra instrumental de ‘Meliora’, Spöksonat, llegaba el turno de la mejor canción de misa de la puta historia (de misa satánica, pero de misa, al fin y al cabo…) y, seguramente, la mejor de ‘Meliora’, junto con Cirice: He Is.

Es un puto temazo, de principio a fin. Con influencias que van desde Queen hasta el folk, pasando quizás por el AOR, también, es un tema que te eleva, te transporta y te llena de gozo. Un tema lleno de un espíritu muy religioso, al fin y al cabo (a su manera, claro está…). Un tema que te hace señalar al Papa Emeritus, tercero de su nombre, y gritar enfervorizado aquello de “PAAAPAAAAAA!!! PAAAAPAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!” *(algunos lo entenderéis…).

Los Ghouls son una máquina perfecta, que perpetran los temas con una fidelidad a los discos casi mágica, tanto a nivel sonido como ejecución. Está claro que el hecho de llevar coros sampleados se convierte en un obligado metrónomo que limita casi por completo cualquier posibilidad de improvisación, pero el resultado final es algo impresionante.

Tras el éxtasis religi-oso, llegaba el mal con los dos temas más heavies del último disco, Absolution y Mummy Dust, ambas cargadas de oscuridad, duros riffs y pequeños “dibujos” de teclado de lo más inquietante por el medio, que ahondan en la atmósfera que pretende crear la banda con su concepto, en general.

El show llegaba a su final y, tal como nos tienen acostumbrados desde la salida de ‘Infestissumam’ en 2013, este debía acabar con la sexual Monstrance Clock.

En palabras del propio Papa: “this is a song about fucking together… for Satan” (un fenómeno, el tipo).

En esta ocasión, para sorpresa de todos, se curraron un coro compuesto a base de niños y monjas putas, de cuestionable moralidad, para cantar al final aquello de “come together…, together as one….. Come together….., for Lucifer’s son…”. Todo ello con unos fuegos de artificio finales, a modo de colofón…

Me consta que se me nota un huevo que adoro (pesch) a estos tipos, pero joder… Los tipos se lo curran a base de bien, no paran de crecer, de explorar su concepto y su sonido, de crear composiciones acojonantes, de sorprendernos… Lo que han evolucionado y crecido desde la primera vez que tocaron en el Hellfest, en 2011, hasta este año, es digno de una admiración de lo más profundo; especialmente teniendo en cuenta el poco tiempo que pasó…

Que en el repertorio no hubo temas de ‘Opus Eponymous’, sólo dos de ‘Infestissumam’ y tal y cual?. Sólo disponían de una hora de concierto y se prepararon un setlist especial para la ocasión, en base a su último disco, con una iluminación especial, pirotecnia y truquitos adicionales, como el coro final… Es lo que hay…

 

En su última gira, mis broders Pelletiers y un servidor peregrinamos a verlos a Porto (Portugal, para los que estéis pez en geografía) y el concierto (la velada, en general, de hecho) fue la puta posha. Evidentemente, contando con más tiempo de actuación, el repertorio estuvo exquisitamente repartido entre sus tres magníficos discos.

Aunque mucho más exquisito fue acabar de birras con mi colega el Papa y sus secuaces (en ropa de calle, ya…) aquella noche, en un antro heavy de los suburbios de la ciudad lusitana.

Pasarte gran parte de la noche compartiendo birras con el Papa, hablando durante horas con él sobre todo tipo de música (es un tipo de lo más fetén, por cierto) y terminar abrazados y cantando a dúo Come to the Sabbath de Mercyful Fate, en pleno éxtasis satánico/cervecil, es una experiencia de las que no se olvidan fácilmente y, probablemente, algún día contaré a mis nietos.

Pero eso es ya otra historia…

Viva Papa! He Is!

 

Terminado el conciertazo de Ghost, la cosa se ponía seria de verdad. Llegaba el turno de los padres de todos nosotros, de los que empezaron la maldad toda: de los putos BLACK SABBATH. Sin ellos, no habría nada.

A las 23:10 y con puntualidad británica se proyectaba el vídeo introductorio de esta última gira de los magos de Birmingham sobre el Main Stage 1, con el ya mítico demonio (o ángel caído, más bien) que la banda ha convertido en su icono desde los años ’70 como protagonista (el cual me llena de orgullo llevar tatuado en mi pierna izquierda, a todo esto…).

Enorme logo de la banda, sonido de pluvia, campanas y truenos, como preludio a la entrada de Ozzy y sus “chicos” (purilones, con la misma) en escena; para empezar con el tema que lo cambió todo: Black Sabbath.

Me parece un gran acierto comenzar con ese tema, ya que, además de ser el nombre de la banda y del primer tema de su primer disco (homónimo, también), es también el primer tema en que Tony Iommi hace uso del tritón (la nota del diablo). La atmósfera oProfilescura de la pieza, la temática satánica de su letra, la tonalidad de las guitarras, su maléfico riff y sus cambios de ritmo sentaron las bases para toda la música “dura” creada a posteriori; con lo cual se puede decir que con ella empezó el movimiento al que hoy denominamos “metal”, en sí. Con ella empezó todo.

“Ou nooooou, nooooou…….Plis god jelp mi………….”

Continuaban los ingleses con la triposa Fairies Wear Boots (estos tíos no lo probaron nunca), la proto-hardcoreta After Forever, la mega-doom Into the Void y la oda a la cocaína Snowblind (si digo que no lo probaron es que no lo probaron, joder…).

Cuando estás viendo a papá y a mamá tocando delante de ti, sabes que da igual lo que toquen, porque todos los temas te van a molar. Era sabido, además, que en esta última gira (nombrada ‘The End’) no iban a incluir temas de su último disco, ‘13’, que sí habían incluido en la anterior; con lo cual, todo iban a ser clásicos. Un plan sin fisuras.

Las sirenas daban paso a uno de los momentos que más se presta a la interacción entre banda y público, con la totémica y anti-guerra War Pigs.

Ozzy arenga al público a marcar el tempo del tema haciendo palmitas entre los silencios del riff pre-estrofas, para pasar después a jugar con el respetable al ya clásico jueguecito de “yo canto una estrofa y vosotros la siguiente”. El resultado, siempre es emocionante, ya que se crea uno de esos momentos de comunidad entre el público en los que realmente sientes que, más allá de estilos, etiquetas y postureos varios, estamos todos en el mismo barco.

Tras esto, atacaban con uno de mis temas favoritos de la banda, perteneciente a su legendario primer disco (el cual es, también, mi favorito de su catálogo): Behind the Wall of Sleep.

Me encanta ese puto tema. La manera de recitar los versos por parte de Ozzy en este tema tiene algo extraño que hace que pierda toda concentración con respecto a cualquier otra cosa que esté haciendo en ese momento y me entregue a su maldad, sin remisión.

Y hablando de maldad, la ya mítica intro de bajo con wah-wah del grandísimo Geezer Butler daba paso a N.I.B., también del primer disco; tema cuyas siglas siempre se han querido identificar con “Nativity In Black” (en alusión al nacimiento del maligno), aunque la banda siempre lo haya negado y lo haya encontrado jocoso.

El tema en sí, se pongan como se pongan, habla de amar a Lucifer sobre todas las cosas; así que las risas sí…, pero bueno…… Algo había…

Geezer Butler… Que fulano… Aunque vaya entrando en años, su presencia escénica sigue siendo la de un diós en la Tierra. Dibujando sus anárquicas y oscuras líneas de bajo, se sumerge en los temas y se deja llevar, cerrando los ojos y moviendo la cefa, en un malvado e inquietante éxtasis.

Con él empezó gran parte de la maldad toda, ya que no olvidemos que casi la totalidad de las letras de la banda fueron escritas por él y él era el que estaba realmente interesado en todo el percal ocultista, de magia negra y demás. Con esto llegamos a que gran parte de la culpa de que la temática del metal se desarrollara por esos derroteros oscuros, es suya (un sujeto peligroso).

Los años no perdonan y los tres señores estos rondan ya los setenta años. Motivo más que suficiente para introducir la instrumental Rat Salad, del ‘Paranoid’ (1970), por el medio y dejar al jovenzuelo Tommy Clufetos (léase ‘clafiras’) haciendo un mastodóntico solo de batera en el que deja más que patente su pericia en el instrumento, la fuerza de su pegada y, en definitiva, que es un puto animal, hablando en plata…

Mientras, los puriles chupan algo de oxígeno entre bambalinas y disfrutan de su momento de asueto.

La figura de Clufetos en la batera nos hace añorar la presencia del bueno de Bill Ward (no lo prueba), batería original de la banda, en esta última (?) encarnación de la misma. El chaval, lo intenta suplir adoptando una estética descaradamente setentera, muy similar a la que solía lucir el coqueto baterista inglés por aquellos años, e intentando ser lo más fiel posible al estilo del mismo en cuanto a la ejecución de los temas se refiere; aportándoles, quizás, un plus de fuerza, pegada y técnica (es un batera “moderno”, al fin y al cabo…).

Tras el solo de batera, el ritmo del bombo nos llevaba a otro de los temas más legendarios, a la par que reconocibles (que no por ello mejores), de la banda: Iron Man.

Y quién es Iron Man si no el mítico Tony Iommi? A sus 68 años y habiendo superado un cáncer linfático recientemente, su estoica figura sigue emanando un aura casi religiosa en escena, suscitadora de respeto y admiración entre todos los que tienen la suerte de presenciarla “in situ”. De riguroso negro y con sus icónicas Gibson SG con cruces en los trastes, podríamos hablar de él como, posiblemente, el guitarrista más influyente en el mundo del metal.

Un guitarrista zurdo que se corta las yemas de varios dedos de una m-ano (quedando cerisha) y, en vez de tirar la toalla y mandar todo al carasho, inventa unas prótesis con tiras de cuero y celo para ponerse en los dedos y volver a aprender a tocar, tiene que ser Iron Man por fuerza. Además, dicho hecho lo llevó a bajar de tono la guitarra, para que las cuerdas quedaran más flojas y le resultara más fácil “bendearlas” con sus nuevas limitaciones físicas; lo cual, a su vez, contribuyó en gran manera a crear ese sonido oscuro y maléfico que tantas vidas ha cambiado y que tanto nos gusta.

Con Dirty Women, una deliciosa concesión al infravalorado ‘Technical Ecstasy’ (1976), y la super-heavy y tenebrosa Children of the Grave, la banda se retiraba del escenario, ante la aclamación del público.

Y qué decir Profilede Ozzy Osbourne que no se haya dicho ya?. Joder… Es el puto Ozzy… Con eso debería bastar…

No puedo negar que en las semanas anteriores al festival, la noticia de la reciente separación del mítico Madman de la que fue su mujer y manager durante los últimos 37 años, la controvertida Sharon Arden-Osbourne, y posterior constatación de que el viejo roquero estuvo “en paradero desconocido” durante más de dos semanas, hizo que me embargara cierta preocupación; ya que los hechos no presagiaban nada bueno.

Es de todos sabido que John Michael Osbourne no lo probó nunca, en absoluto. La mitad de su vida fue una constante bacanal de sexo, alcohol (mucho alcohol) y todo tipo de drogas; la otra mitad, una serie de intentos por parte del inglés de mantener sus adicciones a raya.

Todo indicaba que, ante el bajón emocional por la ruptura sentimental, el colega se encerraría en algún hotel de lujo por ahí adelante (como ya hizo en el pasado, en alguna que otra ocasión), comenzaría a “no probarlo” de nuevo a tutiplén (lo que seguramente hizo, por otra parte), aparecería en un estado bochornoso y deleznable y la gira se iría al carallo. Para grata sorpresa de todos, no fue así y Ozzy cumplió con su papel más que dignamente sobre las tablas, limitaciones habituales mediante (comentando “cu-cu” esporádicamente, haciendo el salto de la rana, palmitas, las manos para arriba y demás truquitos estrella…)

Después de haberlo visto en otra ocasión ya con Black Sabbath y tres ya como Ozzy Osbourne, con su banda en solitario, no deja de sorprenderme su cambio de actitud, de voz e, incluso, de presencia, al frente de una banda y de la otra. Se nota a leguas que Black Sabbath es su “banda mater” y que ahí es donde todo funciona a la perfección. Su voz encaja en los temas como un guante, ya que son temas concebidos para ser transmitidos a través de su voz. Su voz, mejor o peor, es única. Es la voz de Black Sabbath y punto. No hay duda y eso lo puede ver hasta el menos avispado, al ver a la banda en di-recto.

Siempre lo dije y siempre lo diré: Black Sabbath es con Ozzy. Punto. Lo que hicieron después también está fetén, pero no es Black Sabbath (por algo acabaron cambiándole el nombre a Heaven and Hell, llegado el momento).

Para terminar, sólo un triste bis, ya que la hora y media de concierto se agotaba. Con la archi-conocida Paranoid y un mar de subnormales gabachos haciendo crowd-surfing durante todo el tema y tocando severamente el carasho a la peñita de las primeras (y no tan primeras) filas, el concierto de Los Padres tocaba a su fin (The End?).

Incido en el temita del crowd-surfing porque en la anterior vez que Black Sabbath estuvieron en el Hellfest, hace dos años, había pasado exactamente lo mismo durante Paranoid, precisamente. Docenas de chavalines giliposhas que aparecen de repente sobre el público y te sorprenden desde atrás, golpeándote en la cefa si no estás al loro, mientras los van pasando hasta el foso, los seguretas los recogen, salen por un lateral y vuelta a empezar (rollo “circuito”).

Hablamos de peñita que no tiene ni puta idea de quién está tocando, en la mayoría de las ocasiones, y va simplemente a hacer el subnormal y tocar los cojones. De ahí que sea precisamente en Paranoid cuando empiece la fiesta de verdad para ellos, ya que supongo que será el único tema que de verdad les suena (como a todo el mundo le suena Satisfaction, de los Rolling, o Highway to Hell, de Acca Dacca, por ejemplo…) y es cuando dicen: “a hacer el ñandú tocan!”.

Físicamente, responden a una tipología bastante clara y reconocible: chavalines jóvenes (con pinta de origen franco/argelino, la mayoría), con cara de pocas luces y de no enterarse ni de donde están, en vaqueros, sin camiseta, con mochila a la espalda (posiblemente llena de “botín” fingado de las tiendas de la zona de acampada), pinta de kinkis de poca monta, de aire burlón, llenos de mierda y desprendiendo una “hostiabilidad” verdaderamente supina. No conocen ni el primer puto tema del primer puto grupo que toca en el puto festival, pero ellos disfrutan a su manera, empujando a la peña (hasta que se les aplica “DON’T PUUUUUUSH!!!”), montando sus circuitos de crowd-surfing e intentando joderle priva a la gente.

A veces, incluso chupan alguna que otra más que merecida hostia, pero a ellos les da igual, porque supongo que estarán acostumbrados, en sus hábitats de ropa tendida, miseria y gente “de mala calidad”. Cambian de ubicación y continúan con sus mierdas por otro flanco, hacia peña que aún “no los conozca”, de manera incansable.

Dan tanta rabia que da ganas de matarlos.

 

El festival se acercaba a su canto del cisne, pero este iba a ser un canto del cisne en falsete y lleno de maldad. Tras el Papa y el Prince of Darkness, como más que digno colofón, llegaba el turno del Rey.

De todos es sabido que KING DIAMOND es mi señor, nada me falta. Qué duda cabe?. Pero es que lo de este señor no es normal. Da verdaderamente la sensación de que haya “algo” supra-natural envolviéndolo y manifestándose a través de Él (sí, con mayúsculas, como Rey que es).

Al terminar el concierto de Ghost en el Main Stage 2 decidí mantener mi posición cerca de dicho escenario mientras tocaban Black Sabbath en el Main Stage 1 para gozar después de un sitio privilegiado durante el concierto de King Diamond, de nuevo en el Main Stage 2. El pequeño “sacrificio” de ver a Black Sabbath un poco “esquinado”, desde el margen izquierdo del escenario (ya los viera desde un sitio fetenón, cuando visitaran el Hellfest en 2013), a cambio del gran placer de ver a King Diamond en primerísima fila, a continuación (ya había hecho algo parecido en la anterior visita del Rey a Clissôn, en 2012, de hecho…).

Con puntualidad extrema, como es habitual en el festival, comenzaba a sonar la escalofriante introducción del laureado ‘Them’ (1988), Out from the Asylum, y automáticamente nos veíamos inmersos en las logradísimas historias de terror que el maestro Kim Bendix Petersen interpreta con tanta dedicación desde hace ya unos 37 años, aproximadamente… (con la coñita…).

 

“The old bitch is baaaaaack…”, susurraban los espíritus de la Casa de Amon (“them”, o “los otros”, si preferís…), mientras que la ya conocida figura de Grandma (la abuelita) hacía su aparición en la silla de ruedas, la banda entraba en escena y el Rey Diamante la comenzaba a atormentar, a ritmo de Welcome Home.

Profile“GRANDMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA………WELCOME HOOOOOME…..!!!”

Ya que su siguiente disco, ‘Conspiracy’ (1989), continuaba con la historia de la Casa de Amon, el setlist hacía lo propio y continuaba con Sleepless Nights, de dicho disco… (“I can not sleeeeeeeep aat niiiiiiiiiiiiiight……”). El Rey no da puntada sin hilo y le gusta hacer que sus repertorios sigan un hilo conductor, en la medida de lo posible, que los dote de un sentido global, o circular. Cuenta historias que comienzan, continúan, en ocasiones se entrelazan y terminan… (o no…).

De la siniestra Casa de Amon y su particular cementerio familiar (que el constantemente atormentado King se ve obligado a cuidar y vigilar todas las noches, durante ‘Conspiracy’), cómo no, pasamos a celebrar la noche de difuntos (y de brujas), con Halloween, de su primer disco en solitario como King Diamond, ‘Fatal Portrait’ (1986).

La banda suena como un auténtico cañón. Una máquina perfecta de metal compacto, afilado, melódico y más heavy que el viento sobre la que el maestro King navega a gusto, con su amplia gama de registros vocales.

Matt Thompson es un animal tras los parches. Me parece uno de los bateras más efectivos e infravalorados de las últimas décadas. Su trabajo con el Rey durante los últimos 15 años, tanto en disco como en di-recto, es impecable.

Cimentando una base rítmica perfecta, codo a codo con Matt, tenemos a Pontus Egberg (de The Poodles), perfectamente integrado ya en la banda y sustituyendo al viejo conocido de la familia Diamond, Hal Patino. Está claro que no tiene ni la mitad de glamour, sex-appeal y presencia escénica que emanaba Patino, pero es muy buen bajista, tiene cara de buena persona y de tipo s-ano (cuenta la leyenda que el amigo Hal no lo probaba y tal…).

Si con Halloween se celebraba la noche de brujas, la intro de teclado a continuación nos indicaba que la cosa iba a seguir por ahí… La gran Eye of the Witch, una fija en los repertorios del danés de las 1000 voces, daba paso a uno de los momentos más especiales de la noche (especialmente para los fans más “true” del Rey, entre los que me cuento), con la magistral interpretación de Melissa, de Mercyful Fate; la cual habla, también, de una bruja.

Y para invocar a las brujas, demonios o lo que haga falta, qué puede ser más fetén que la siempre efectiva misa negra de Come to the Sabbath, también de Mercyful Fate?. Si hasta el Papa Emeritus la canta enfervorizado al llevar unas birras encima, por algo será… ;)

Os dais cuenta de como el colega va enlazando temas de diferentes discos y creando una historia particular para la ocasión con ellos, dándoles un sentido global, no?. Todo un artista, el amigo King…

Antes mencionaba la base rítmica de la banda, pero, qué decir del tándem guitarrístico de auténtico lujo que se gasta el tito King?. Andy LaRocque y Mike Wead, nada menos…

Impresionante, lo que hacen esos dos y con la facilidad y el estoicismo que lo hacen. Intercambiándose vertiginosos solos (en escalas raras) y rápidas partes rítmicas, como si jugaran al “tú la llevas”, constituyen una de las parejas de guitarristas más sólidas y de más calidad del metal de los últimos tres lustros. Es probable que tampoco reciban el crédito que se merecen (especialmente Mike Wead, siempre a la sombra de Mr LaPiedra), con lo excepcionalmente buenos e imaginativos que son y lo extremadamente bien que compenetran sus partes de guitarra.

A mayores, la banda se completa con la ja de King, Livia Zita; una húngara 29 años menor que él que le cautivó el corazón mientras grababan ‘The Puppet Master’, allá por 2003, y que seguramente tuvo bastante que ver en su posterior lesión de espalda (ejem…). Livia, que lleva ya 13 años casada con el Rey, es la encargada de los coros en directo, apoyando a King en las partes más agudas, para que este pueda doblarse a sí mismo y se escape lo menos posible de lo que se quiere transmitir con cada verso.

El elenco se completa con Jody Cachia, la actriz/bailarina que se va sumergiendo en los diferentes papeles protagonistas de las canciones del Rey, con diferentes atuendos y atrezzos, y apoyando sobremanera el aspecto visual de la interpretación de las mismas.

A continuación, el pequeño ataúd blanco de un bebé (con un nombre escrito, conocido por todos) y las rejas de la mansión de los La Fey, nos indicaban que había llegado el momento de disfrutar del mítico álbum ‘Abigail’ (1987) en directo, de principio a fin.

Se trataba del aliciente principal de esta gira de King Diamond y, durante la misma, se supone que se grabó material para editar un más que esperado DVD en di-recto.

Después de interpretar todos y cada uno de los temas del ‘Abigail’ (“aaaaah-ah-ah-aaahhh…”), en perfecto orden y de manera magistral, el Rey se despedía de nosotros, ante una profusa ovación y decenas de miles de súbditos rindiéndole una más que merecida pleitesía.

No somos dignos… No somos dignos…

 

Está claro que el aspecto teatral es clave, al hablar de King Diamond, pero nadie interpreta mejor sus temas que él mismo. Y cuando digo “interpretar”, me refiero a “actuarlos”, realmente.

A sus recién cumplidos 60 años, nuestro admirado danés es uno de los mejores intérpretes de la Historia del metal y del Rock, en general. Tanto como escritor, con las historias que se curra, como con su manera de interpretarlas a través de sus múltiples voces, como con su manera de escenificar todo eso en directo, gestualmente, su labor no puede pasar inadvertida ni dejar a nadie indiferente.

Después de haber superado una grave lesión de espalda y una operación de triple by-pass a corazón abierto, el Rey está más en forma que nunca y su voz está mejor que nunca. De hecho, su voz está tan bien que acojona. Eso no puede ser hum-ano (“pero tú lo viste? Eso te digo y

Profile

o que cuenta con algún tipo de ayuda de fuera… y no es humana, ehh???”, o algo así versaba un viejo camarada Pelletier tras el show del Rey de 2012, en la Hellfiesta…).

No sé vosotros, pero yo ardo en deseos de que grabe y edite un flamante nuevo álbum cuanto antes, con una nueva y truculenta historia de terror, salga de gira de nuevo y poder volver a verlo en acción IPSO FACTO… (sibuplé).

Es mi señor, nada me falta…

Disfrutada, por fin, la maligna y mágica traca final en un estado de salud medianamente óptimo, ya se podía relajar “la Casita de Tomás” e ir a hacer el mal hasta el Metal Korner con todos aquellos que, año tras año, nos resistimos a que el festival se acabe hasta horas intempestivas.

Pero eso ya es otra historia…

 

Otro año de Hellfiesta superado, otra batalla ganada, otro puñado de historietas que contar, una y otra vez, a los colegas, un grado más avanzado en la solidez de la hermandad que nos une a los broders que, un año tras otro, vivimos la experiencia juntos…

Qué es la vida, al fin y al cabo, si no todas las experiencias que, en el poco tiempo que te corresponde sobre este planeta, dejas escritas sobre ella?.

Mejor arrepentirse de algo que se hizo que de algo que no se hizo.

 

Espero poder seguir librando batallas y contándooslas, si tenéis a bien leerlas

 

Salud, Rock and Roll y espíritu indomable

Mesías

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Anxo Castelo

Corinicas

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