RESURRECTION FEST 2017-DIA 6

Sábado, 29 Julio 2017 22:02 Visto by 345 Peoples Escrito por 

 

JUEVES 6 DE JULIO 2017

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Tras la reseñable warm-up party del miércoles, con CJ Ramone, Soziedad Alkohólika y unos sorprendentemente en forma Sepultura, entre otros, calentando el ánimo de los presentes, el jueves se presentaba como el día con mayor variedad de conciertos y de tamaño intermedio. Para abrir boca (y tras el muy lamentable y posteriormente arrepentido despiste de perdernos a Bala), los australianos Airbourne desplegaron todo su hard rock sobre el escenario principal a base de sprints de su frontman. Herederos naturales y estilísticos de AC/DC (hasta la exageración, de hecho) no se puede poner una pega a la 

propuesta de Airbourne, más allá de esa falta de personalidad propia que los separe de sus referentes directos. Dicho eso, un concierto abrumador, sin una sola baladita para respirar entre trallazos del calibre de “Too Much, Too Young, Too Fast”, “Rivalry” o, la muy querida por los fans de La Vida Moderna, “Runnin’ Wild”. Bien por los hermanos O’Keeffe, especialmente Joel, que pareciendo algo afectado por el sol gallego o el licor café aumentó el nivel de diversión todavía más. Si a eso le añadimos una hora de niños Resukids invadiendo el escenario por detrás y un alegato de manual por el rock ‘n’ roll tenemos el concierto rockero por excelencia.

Aunque no sea un género tradicionalmente típico en el Resurrection, en esta primera jornada el hard rock tuvo una presencia abundante. Otros que lo profesan, aunque desde un punto de vista casi opuesto al de Airbourne, son The Vintage Caravan. Cambiando la testosterona y los gritos por una ración familiar de blues y psicodelia setentera, los islandeses pegaron una buena sacudida al Desert Stage. Con un formato de power trio clásico, los contoneos de su cantante y riffs como los de “Crazy Horses”, “Expand Your Mind” o “Babylon” se metieron al público en el bolsillo. Urge algún promotor amable que traiga a estos tres fenómenos a tocar en salas de nuestro país para un concierto más largo. En una onda parecida les precedieron Stray Train, con menos fondo de stoner y más de rock clásico. Como unos primos del pueblo de Kadavar, lo que vimos de su concierto fue una versión directa y de nuevo, hard 

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rockera, de un blues primitivo y enérgico. Los eslovenos tienen probablemente menos que aportar a nivel musical que The Vintage Caravan, pero su directo fue tan divertido o más que aquel. Vaya por delante que un servidor no es fan del hardcore y las variantes de punk que imperan por el Ritual 

Stage. Dicho esto, una de las contadas ocasiones en las que visité la carpa fue para acudir a mi cita con The Menzingers. Los de Pensilvania no juntaron a demasiado público (solapes comprometidos con Anthrax y Eluveitie), tocaron poco tiempo y quizá se notó el cansancio (era su primer concierto 

tras volar directos 

desde EEUU). Pese a todo ello, su reciente “After the Party” es un disco que se defiende él solo y el punk de treintañeros nostálgicos (subgénero en el que podríamos incluir a Japandroids o The Gaslight Anthem) anima el alma tanto como para llegar a formar conatos de pogos entre los presentes. Bu

en concierto y mejores canciones sobre esa eterna adolescencia que todos los asistentes al Resu, en mayor o menos medida, se niegan a terminar de abandonar del todo. Mientras me encaminaba al escenario principal atendí un rato al aquelarre que estaban montando Eluveitie en el escenario Chaos. Los suizos son una de las bandas más reconocidas en esa amalgama que es el folk metal (o pagan metal, o celtic metal, o metal para gente con colgantes con runas y fans de Tolkien). En cualquier caso y al margen del gusto de uno por los violines, zanfoñas y demás instrumentación barroca, no se puede negar que la tropa supo montar una buena fiesta.

El escenario principal (enorme este año, por cierto) lo cerraron el primer día unos viejos amigos de todo el mundo. Y es que habrá bandas que gusten a unos o a otros, y más en un festival que aúna a heavies y punks de pro, pero si hay una banda que a todo el mundo encandila, aunque sólo sea para disfrutar en directo y olvidarse de ella todo el año, esa es Dropkick Murphys. Los de Boston arrancaron con “The Lonesome Boatman”, de su último y muy notable “11 Short Stories of Pain & Glory”, y siguieron con “The Boys are Back”, donde ya medio Viveiro coreaba que iba “… looking for trouble”. Podría seguir enumerando los himnos que se sucedieron (“Going Out in Style”, “First Class Loser”, “The State of Massachusetts”, la coreadísima “Rose Tattoo”…) pero en resumen basta decir que los Murphys saben montar unabuena fiesta a la irlandesa, de la que todo el mundo sale afónico, borracho y con una sonrisa de 

oreja a oreja. Desafortunadamente algunos tuvimos que perdernos la traca final de la mitiquérrima “I’m Shipping Up to Boston” por ir corriendo al último gran concierto del día. Los cabezas indiscutibles del Desert Stage de esta jornada y, si me apuran, de todas: Red Fang. Repetidores en el Resurrection (no perderse su directo de 2014), esta vez tocaban en un escenario más recogido y lleno de fieles, y eso jugó a su favor. Con un setlist muy basado en su último y sobresaliente trabajo, “Only Ghosts”, los tres barbudos de Portland (y su batería) descargaron una tormenta de stoner pesado y riffazos pegadizos sobre los presentes. Un Aaron Beam especialmente inspirado dejó en evidencia a la mitad de sus colegas vocalistas del cartel con un despliegue de vozarrón que ya quisieran en los realities televisivos. Y, como no podía ser de otra manera, la cruda y cómica “Prehistoric Dogs” cerró una primera jornada muy 

completa. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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