HELLFEST 2015 – PARTE 2

Martes, 10 Noviembre 2015 20:17 Visto by 3039 Peoples Escrito por 

 Amanecía soleada la jornada del sábado, como todo el fin de semana, y el campamento Pelletier volvía a la vida. Después de tomar el omeprazol nuestro de cada día, visitar las vastas llanuras y mágicos bosques de Fecoland, ejecutar el revitalizador ritual de la floca-flocka y desayunar, nos sumergimos en una ancestral tradición que cada año nos ocupa el mediodía/primeras horas de la tarde del sábado: regular el PH en el bonito pueblo de Clissôn.

Porque está bien hacer turismo y conocer la zona por donde uno “opera”, no se debe uno marchar del festival sin reconocer un poco de los alrededores. El pueblo de Clissôn y sus alrededores nos ofrece unos bellos paisajes, a base de verdes praderas y viñedos (cuna del vino Muscadet) y en el paseo desde las inmediaciones del festival hasta el centro de Clissôn (30 minutos andando tranquilo, sin forzar) uno puede disfrutar de espléndidas vistas del río Sèvre desde el puente que lo atraviesa a su paso por esta localidad o del imponente castillo medieval que domina el lugar, construido alrededor del siglo XII sobre una elevación rocosa, cerca del río.

Al llegar al centro del pueblecito de Clissôn, nos encontramos con el mercado de Les Halles o, como cariñosamente lo conocemos: el Galpón.

Con su cubierta de madera, construida en el siglo XV, todavía hoy en día sirve para cobijar el mercado del pueblo todos los viernes. Durante el Hellfest, se convierte en una amplia “terraza” a la sombra y al fresco, con mesas y sillas, en la que regular el PH con una buena dosis de cañas y degustar piscolabis a base de patatas fritas con salsas o bocatas de plancha con viandas cárnicas dispensadas por la carnicería de al lado; todo ello amenizado con actuaciones en directo de grupos de diversa índole.

Siempre es entrañable ver a la gente del pueblo llevándose a sus niños pequeños a tomar “el vermú” al Galpón para que sean partícipes de la extraña fauna que lo puebla esos días, mientras un grupo de melenudos tatuados toca metal extremo en una esquina, “a ras de suelo”…..

Y siempre es entrañable también reencontrarse con amigos fieles a las tradiciones, como son nuestros compañeros del blog sobre conciertos y festivales Concerteca Vigo (https://concerteca.wordpress.com/ , https://www.facebook.com/concerteca.vigo?fref=ts) y el blog sobre viajes Maruxaina y su Mochila (http://www.maruxainaysumochila.com/ , https://www.facebook.com/pages/Maruxainaysumochila/211020385724360?fref=ts), los cuales no fallan a la cita anual en el mítico Galpón clissonier.

Mi recomendación siempre será que os lo toméis con calma. Se trata de un festival con 169 bandas cada año, tocando desde las 10:30 de la morning hasta la madrugada. Es imposible verlo todo. No os queméis viendo conciertos de más. Por mucho que nos pese, el cuerpo hum-ano es limitado.

Partid de la base de tener bien clarito los grupos que tenéis que ver FIJO, una lista de grupos secundarios en plan “si los veo, guay; si no tampoco pasa nada” y después id dejándoos llevar y viendo lo que surge. Cada año descubro bandas que desconocía mientras disfruto de conciertos a los que, en un principio, no contaba con ir y paso de ver grupos que, en teoría, “debería” haber ido a ver… El festival es para ser disfrutado como experiencia global; no se trata sólo de ver conciertos. Lo importante es pasárselo bien en todo momento y saber gestionar las fuerzas de manera adecuada para poder estar en las mejores condiciones posibles a la hora de ver a los grupos que realmente te importan mucho y disfrutar de dichos conciertos al 100%.

 

De vuelta de Clissôn, parada obligada en el Le Clerc a abastecernos de hielo (para la birrêtta peletier), H2O (para las floca-flockas del día siguiente) y algo de comida (para tomar un breve ágape en las tiendas). Bien armados, con nuestras jarras llenas de Estrella Galicia desde el campamento, nos dirigimos a ver al que antaño fuera guitarrista de Guns n’ Roses.

Mucha, muuuucha gente abarrotando el gran valle ubicado delante de los Main Stages para ver a SLASH (decenas de miles, literalmente). Demasiada, inclusive, diría yo… Esto, unido al sol de justicia y al hecho de llevar sándalos, hizo que optara por ver al mítico guitarrista desde una distancia más o menos “prudente”, sin forzar en demasía…

3ª o 4ª vez que veía ya a SLASH en solitario, con su valioso “comodín” Myles Kennedy al frente de la banda, pero nunca defrauda. Los temas son buenos, la banda es buena, la ejecución es buena: no puede fallar.

Con You’re a Lie, ganas de comerse el escenario, gafas de sol y camiseta de Motörhead sin mangas, saltaba a escena el guitarrista de la negra chistera, siempre armado con sus inseparables Gibson Les Paul. Primer recuerdo a Guns n’ Roses ya en el segundo tema, con la siempre efectiva Nightrain, y el valle de Clissôn patas arriba en cerocoma.

El repertorio alternó entre temas de sus tres discos en solitario, como SLASH, temas de los Guns y uno de Velvet Revolver; pasando de los discos con Snakepit.

Avalon, Back from Cali y de nuevo desmadre con la ácida You Could Be Mine. A la gente le gustan los temas nuevos y de toda su trayectoria, en general, pero está claro que el “factor Guns” y el recuerdo de una de las formaciones más añoradas de la historia del Rock, es lo que más le tira. Las cosas como son.

 

Myles Kennedy canta fetén. Punto. Es un vocalista envidiable que se adapta a la perfección a los temas de las diversas etapas de la carrera de Slash, haciéndolos todos suyos, y un frontman de puta madre, que se mete al público en el bolsillo desde el primer momento y lo da todo sobre el escenario.

Con tres temas más de los últimos discos (The Dissident, World on Fire y Anastasia), el bueno de Saul Hudson ejecutaba el riff de guitarra más reconocible de todos los que ha dado a luz su prolífica carrera, lo cual daba lugar al momento más coreado, quizás, de toda la actuación: Sweet Child O’ Mine.

Es perfectamente palpable que Slash se haya en el mejor momento de su carrera o, por lo menos, en el que más se le ve disfrutar personalmente y como artista. Sin parar de corretear y moverse por el escenario, lleno de energía (Y SOBRIO), a sus 50 años, parece estar hecho un chaval. Se nota que disfruta con la actuación de manera intensa, intercambiando miradas cómplices con sus compinches y deleitándonos a todos con ese estilo tan particular, “marca de la casa”, a base de ligados y bendings, que hace que cada nota suene inconfundible en su guitarra (con una nota, sabes que se trata de Slash).

Atrás quedaron ya aquellos días de juventud en que salía a escena tan sumamente ciego con los Guns que no se enteraba ni de la mitad (o al menos eso quiero creer de alguien que sostenía botellas de Jack Daniels en sus manos con la naturalidad de quien porta una simple cerveza). Se nota que descubrió la experiencia de tocar sobrio y le encanta.

Tras la única concesión del concierto a la etapa Velvet Revolver con Slither, se ponía la guinda perfecta a la actuación con Paradise City, con su pegadizo estribillo coreado hasta la saciedad, su frenético final lleno de solos endiablados y caras de satisfacción a tutiplén en todo el recinto.

Un auténtico 10, para Slash feat. Myles Kennedy & The Conspirators, sin duda…

 

A continuación, The Warzone demostró quedarse pequeña para según qué aforos, resultando algo estrecho incluso su acceso, y mucha peña se quejaba de no haber podido acceder al susodicho escenario durante el concierto de BODY COUNT. La organización aseguró que harían lo posible para intentar buscar una solución adecuada para años venideros y, sin duda alguna, lo harán.

 

Llegaba ahora el turno de los mitiquérrimos ZZ TOP, en el Main Stage 1, a los que vimos ya desde el Main Stage 2, pillando buen sitio para Faith No More, que tocaban a continuación de estos.

Saltaban los tejanos a escena con Got Me Under Pressure y Waitin’ for the Bus, en medio del ambiente festivo y casi cómico, me atrevería a decir, que suele rodear sus actuaciones.

No hay mucho que decir que no se pueda intuír a priori, digamos… Una legendaria formación con más tablas que pelos tienen en sus mesiánicas barbas, está claro que saben lo que se hacen…

Con su potente blues-rock sureño con raíces country, pusieron a menear el esqueleto a todo Clissôn. Tanto temas nuevos como I Gotsta Get Paid, clásicos como Gimme All Your Lovin’, La Grange y Sharp Dressed Man, o incluso la versión de Jimi Hendrix que hicieron (Foxy Lady), son dotados de un espíritu bailable por Billy Gibbons y sus “chicos” que, unido al sentido del humor que imprimen en sus actuaciones (coreografías irrisorias, etc…) traen como resultado inevitable que la gente se lo pase bien.

 

Como es costumbre en el Hellfest, nada más terminar un concierto en uno de los Main Stages, ipso facto, comienza el siguiente en el otro. La puntualidad suele ser una constante.

De este modo, daba comienzo el que, sin duda, fue el mejor concierto del festival (al menos, de todos los que vimos un buen número de personas que estamos de acuerdo sobre el tema, sin discusión): FAITH NO MORE.

Saludándonos a ritmo de Motherfucker, de su último disco, y vestidos con trajes de lino blanco, tipo “ibicenco”, saltaba a escena la ya veterana formación americana, con visibles ganas de arrasar con todo a su paso. Dicha actitud “take no prisoners” quedó más que patente al encadenar la oda a la felación homosexual Be Aggresive (compuesta por el bucanier Roddy Bottum a propósito, para putear a Mike Patton y reírse de él mientras cantaba cosas como: “I SWALLOW! I SWALLOW! I SWALLOW! I SWALLOW!”) y Caffeine como segundo y tercer temas, ambos del mítico ‘Angel Dust’, de 1992; disco del cual llegaron a tocar hasta 5 temas.

La ejecución estaba siendo brillante, el sonido excepcional, la energía transmitida desde el escenario, única. Todo ello comandado por la batuta del siempre impredecible Mike Patton, con su cara de loco desquiciado y peligroso con el que es mejor andarse un poco al loro, por la que pueda liar…

“We’re gonna put some heaven on the Hellfest. And you know what?... Your gonna like it…”, rezaba el susodicho Patton, antes de dar inicio a Evidence. Tras la misma, arremetían con su única concesión a ‘The Real Thing’ (1989), la cual pareció bastante acertada, ante la clamorosa reacción del respetable.

Epices, sin duda, el tema que puso en el mapa a la banda, allá por 1990 (especialmente, después de colar el video del tema en la MTV), dejando claro ya desde entonces que no eran gente de casarse con un solo estilo en particular y que todo tipo de música era abrazable, abarcable e incorporable al ecléctico estilo propio que estaban desarrollando.

 

Porque si sobre algo construyeron Faith No More su estilo y su éxito a lo largo de los años es, precisamente, sobre un eclecticismo total, abarcando estilos desde el hip hop, soul, funk, R&B, bossa nova, música clásica, hard rock, heavy metal, groove, crossover y metal extremo (por citar algunos) y, por supuesto, la extrema versatilidad vocal del “colgao” Mr Patton, desde los guturales y alaridos más infrahumanos hasta la voz soul u operística más deliciosa.

Porque, en mi opinión, hablar de Mike Patton es hablar de uno de los grandes genios de la música contemporánea. Su cabeza es un hervidero de ideas que su culo inquieto le lleva a poner en práctica en los más variopintos proyectos y colaboraciones. No hay más que echar un breve vistazo a su prolífica carrera, ver todos los palos que toca (algunos de los cuales creo que hasta inventa él mismo), su diversidad y complejidad compositiva, sus diferentes maneras de entender la música y presentárnosla al público (alguna de las cuales quizás aún no estemos totalmente preparados para entender al 100%, aún hoy en día, posiblemente…), su constante búsqueda… Un auténtico genio, sin duda.

Tras Black Friday, con la curiosa estampa de Roddy Bottum tocando la guitarra acústica (con su gran bigotón), llegaba otro buen “binomio” del ‘Angel Dust’ con la épica Everything’s Ruined y la colosal Midlife Crisis, que hacen las delicias de los fans más clásicos y de todo aquel al que le guste la música, en general.

Realmente, resulta perturbador observar durante un buen rato seguido a Mike Patton y ver su evolución sobre el escenario, con todos los gestos y rictus faciales que va exteriorizando a su bola (cuando piensa que nadie se está fijando en él, digamos), mientras canta o simplemente deambula por el escenario como un psicópata; denotador todo ello de una personalidad, cuanto menos……, compleja…? (ejem…). Conste que lo admiro, reverencio y respeto como creador desde lo más profundo de mi alma (lo cual no quita que esté como una puta cabra, por supuesto…).

Después de hablarnos sobre The Gentle Art of Making Enemies (“I’ve never felt that much alive”), de mi adorado ‘King for a Day… Fool for a Lifetime’ (1995) (os reto a encontrar un álbum más completo, a la par que ecléctico, que no sea de Frank Zappa) llegaba la quinta y última concesión de la noche a ‘Angel Dust’ con Easy, la versión de The Commodores que tan suya han sabido hacer los siempre grandes Fe No Más y que tanto éxito les ha reportado.

A media canción, vemos que el señor Patton se dirige a los miembros de seguridad que pueblan el foso (“OYE! SECURITÈ! SECURITÈ!”) y sabemos que va a hacer una de las suyas. Consigue reunir a unos cuantos al borde del escenario para dejarse caer desde el mismo sobre ellos y que lo cojan. Una vez abajo, convence a uno para que intercambie la camiseta con él, de manera que el segurata se pone la camiseta de lino, “blanco ibicenco”, de Patton y Patton se pone la camiseta naranja de seguridad con la palabra “SECURITÈ” escrita en la espalda. Mientras cambian camisetas, insta a los de seguridad a que canten el tema ellos para así poder reírse a su cara, sabedor de que no se lo saben ni de coña… Finalmente, hace que lo vuelvan a “aupar” hasta el escenario y continua el concierto con la camiseta naranja de “SECURITÈ” hasta el final. Un sujeto peligroso.

La gente estaba disfrutando a tutiplén con una de las bandas más genuinas, innovadoras e influyentes de la música contemporánea, la cual parece más en forma que nunca, viéndolos sobre el escenario, la verdad…

Mike Bordin es un seguro tras los parches. Con sus rastas ya blancas y su peculiar estilo, con “trucos marca de la casa” como marcar tom aéreo en vez de charles o utilizarlo para cortar algún compás, lo que da ese toque tan particular a muchos de sus temas, es uno de los baterías más versátiles y efectivos que tuve la ocasión de ver en directo hasta la fecha. Pude verlo hace años tocando aún con el bueno de Ozzy Osbourne y ya me gustara, pero con Faith No More está claro que está en su casa y es donde de verdad podemos admirar toda su creatividad como batería.

Quedaban aún perlas con las que seguir deleitándonos, como la inquietante Separation Anxiety, la extrema Cuckoo for Caca (con Patton convulsionando sobre el escenario,  mientras su voz cobra matices terroríficos al desgañitarse) o la “in crescendo” Matador, Faith no More en estado puro.

El histrionismo psicótico de Patton, junto con la actitud juvenil de Billy Gould, haciendo headbanging y saltando alrededor de su porción de escenario con su bajo a cuestas, contrastan con el estoicismo casi inquietante de Jon Hudson, concentrado en realizar un trabajo impecable a la guitarra, impávido, en su sitio.

Ni que decir tiene que no es tarea fácil ser guitarrista en una banda como Faith No More. Una banda con un solo guitarrista, tanto espacio que llenar, tanto “wall of sound” y tanta variedad de estilos, sonidos, matices y tesituras a cubrir, incluso dentro de una misma canción, en ocasiones… Está claro que Jon Hudson lo clava, así que un 10 para él…

Y hablando de Hudson, a continuación nos deleitaron con el único tema de la noche extraído del primer álbum grabado por el guitarrista con la banda, la trascendental Ashes to Ashes, del ‘Album of the Year’ (1997), con todo el público saltando al ritmo del poético estribillo (“Smilling, with the mouth of the ocean… And I’ll wave to you with the arms of the mountain… I’ll see you”). Con ella y la grandísima Superhero, que tiene ese algo que hace a algunos temas parecer ya clásicos la primera vez que los escuchas y está llamada a formar parte permanente del repertorio de la banda, seguramente, llegábamos a los bises.

Retirada del escenario de rigor y vuelta a escena con Cone of Shame, también de ‘Sol Invictus’.

 

 

Cuando un grupo toca hasta 6 temas de su último álbum en un concierto de hora y cuarto, en un festival, sabes que están orgullosos de su trabajo. ‘Sol Invictus’ es uno de esos discos que mejora a cada escucha, lo cual siempre es bueno. Se trata de un disco variado, ecléctico, imaginativo, orgánico, muy trabajado y siempre vanguardista, como la propia banda en sí. Rezuma clase, calidad y superioridad por los cuatro costados. Faith No More puro, al 100%.

Nuevo amago de retirada, pero los más entendidos sabemos que falta un tema sin el que no se suelen despedir, ya que representa la esencia misma de Faith No More y una vuelta a sus inicios. Suena la rotunda intro de bajo y batería y todos bailamos a ritmo de We Care a Lot, único tema de la etapa pre-Patton del setlist (“It’s a dirty job but someone’s got to do it”, como diría el otro…).

Y cuando parecía que ya no podían quedar más balas en la recámara, ni tiempo para dispararlas, deciden poner el broche de oro al concierto con This Guy´s in Love with You, de Burt Bacharach. Un final inesperado, pero perfecto, para un concierto perfecto.

Me consta que es palpable mi admiración y pasión por la banda (que se me ve el plumero, vaya…) y que utilicé en infinidad de ocasiones la palabra ‘ecléctico’, pero las cosas como son… En cuanto al concierto, no exagero nada; y en cuanto a lo revolucionario de la banda en sí, creo que tampoco…

El setlist me pareció de lo más acertado, además. Bien equilibrado y muy completo. Es muy difícil aprovechar mejor los 75 minutos de actuación con los que contaron…

No encontré a nadie a quien no le haya molado el concierto. Es más, todo el mundo con el que hablo del tema coinciden en que fue el mejor concierto del festival. Incluso gente que no los conocían o no estaban familiarizados con su material hasta la fecha aseguran haberse llevado una más que grata sorpresa.

Y es que, si fueron los mejores… será por algo…

FÉ NO MÁS SIEMPRE!

 

Después de ver a Faith no More en concierto, quedas obnubilado y satisfecho, con una actitud tipo “y ahora qué voy a ir a ver yo por ahí que mejore esto?!?!?!” (similar a con la que me quedé tras ver a Steve Vai en la Sala Capitol, por ejemplo…), con lo cual decidimos tomarnos un respiro y relajarnos un rato, sentados en el césped, mientras comenzaban los ya tradicionales fuegos artificiales del sábado.

Dicho respiro incluía pasar de los, a mi parecer, empalagosos (y jetas) SCORPIONS, en su 6º año, ya, de “gira de despedida”, si mis cuentas no fallan… Como estrategia comercial estaría muy bien y tal…, pero al mismo tiempo hay que tenerlos cuadrados. Tan mal estaba la cosa? Tan poco confiaban en su “tirón”? O quizás realmente pensaban dejarlo, pero después dijeron “espera, que esto mola”?.

Sólo sé que en los cinco años que llevo acudiendo al Hellfest ya me tocó sufrirlos de cabezas de cartel, dentro de la “exclusividad” de su “gira de despedida”, en dos ocasiones. Cooome ooooooooon, maan……

En fin… 90 minutos de temas nuevos, clásicos “detodalavida”, medley acústico totalmente cortarrollos por el medio, seguido de la balada del silbidito, con la peñita con la linterna del móvil en alto, en vez de los mecheros de antaño (la humanidad es giliposhas), solo de batería, más clásicos, la otra baladita, el tema heavy y andando…

Mucho mejor en la parte posterior del recinto, sentados en el césped, intercambiando pareceres sobre el concierto de Faith no More y entablando interesantes conversaciones musicales con gente enrollada que uno conoce por el festival, mientras se comparten unas buenas jarras de birra fresquita y las sustancias que cada uno considere menester… Dónde va a parar…… ;)

 

Después de este agradable rato de asueto y con los Scorpions aún sonando pusimos rumbo a The Temple, con ganas de maldad. Frente a las baladitas acústicas de los escorpiones alemanes, necesitábamos la maldad más profunda; pero estábamos en el lugar adecuado, ya que los ingleses VENOM saltaban a escena en esos momentos…

Los incombustibles padres del Black Metal tenían la carpa de The Temple a rebosar, esperando por sus conjuros, así que salieron a por todas.

La totémica figura de Cronos (que vestía camiseta recortada de Slayer para la ocasión), con la felpa comenzándole de la mitad de la cefa para atrás, su bajo y su característica mueca al cantar, entre asco, superioridad y algo muy, muy malo, impone un más que merecido respeto…  Le repugna la raza humana; no hay duda.

Presentaron tres temas de su nuevo disco, ‘From the Very Depths’ (2015), Rise, Long Haired Punks y Grinding Teeth, aunque la gran parte del repertorio estuvo compuesto por grandes y malignos clásicos.

Su inconfundible amalgama de rock and roll punkarra a toda hostia, combinado con voces guturales y alaridos maléficos, todo ello aderezado con una temática ocultista y abiertamente satánica, sentaron cátedra y las bases de lo que a posteriori terminaría etiquetándose como Black Metal. A mi parecer, no dejan de ser como una suerte de Motörhead cabreados, que en vez de hablar de tías y abuso de sustancias hablan de Satán y destilan maldad por los cuatro costados.

Legendarios temas como Buried Alive, Welcome to Hell, 1000 Days in Sodom o Countess Bathory sonaron como un auténtico recital de pecados capitales e impías blasfemias que varios miles de enfervorizados fieles corearon con pleitesía, de manera ostentosa y con convencimiento de causa.

La alopécica figura del guitarrista, Rage, tiene también un algo diabólico de lo más extraño. Sus ataques al instrumento son seguros y concisos.

Al mismo tiempo, el acróbata Dantè, ofrece un espectáculo tras los tambores que va más allá de lo propiamente musical. Sus filigranas con las baquetas son algo realmente digno de ver (como bien sabe mi primo Tony, mientras el Cóndor pasa… ;) ).

Para los bises, cómo no, Black Metal (“Lay down your soul to the gods Rock and Roll!”) y Witching Hour.

Siempre es bueno ver a Cronos y sus huestes. Cañita pura. Rock and Roll 100%.

 

Ya que aún nos daba tiempo y ya estábamos allí, al terminar el satánico recital de VENOM, nos acercamos a ver los últimos 20 minutos del show de MARILYN MANSON.

Y qué decir del que otrora se hacía llamar El Reverendo y a finales de los ’90 / principios de los “dosmiles” causó furor en el mundo del metal con su irreverencia, provocación y ritmos industriales? Pues, sinceramente…, que a día de hoy ofrece un espectáculo bochornoso y deleznable que no se debería andar paseando por los escenarios de medio mundo, la verdad…

Manson se ha convertido en una parodia de su propio personaje y se dedica a ofrecer shows cargados de dejadez y patetismo premeditado que no vienen a nada… Para ser claros, la sensación que da es de como si lo estuviera haciendo mal a propósito, burlándose de sí mismo, de su material y, en definitiva, de toda la gente que lo está viendo. Esto último, si tenemos en cuenta que encima el tío trabaja casi exclusivamente grandes escenarios y grandes audiencias, es especialmente grave.

Así, aún con un repertorio plagado de buenos temas que en su día lo llegaron a hacer grande, como Tourniquet, The Beautiful People, Antichrist Superstar, The Dope Show, Angel with the Scabbed Wings o su gran versión del Sweet Dreams (Are Made of This) de los Eurythmics, la propuesta de Manson oscila entre lo más que mediocre, lo vergonzoso y, sobre todo, lo insultante.

Vergüenza como parece reflejar, por momentos, la cara del incombustible Twiggy Ramírez, que sigue ejerciendo de mano derecha de su compañero de fatigas sobre las tablas porque “más triste es robar”… Mientras, el tal Brian Warner alardea orgulloso su sobrepeso, su ebriedad y pasa de cantar frases enteras de canciones o, directamente, las canta mal a propósito mientras pulula a trompicones de un lado al otro del escenario y se revuelca por el suelo de manera soez y sin pizca de clase.

 

 

El que contaba la leyenda se había extirpado costillas para realizarse auto-felaciones, el que se había puesto tetas en 1999, el que había sido Paul en Aquellos maravillosos años…, etc, parece continuar en un imparable declive que, en mi opinión, debería animarlo a replantearse su carrera o, por lo menos, tomársela en serio.

Sinceramente, hoy por hoy lo prefiero como actor que como “estrella del Rock”, desde luego…

 

A las 2:00 de la morning y dada por finalizada la jornada concertística del sábado, nos reunimos con nuestros bros y acudimos a rematar la fiesta al Metal Korner, como es menester. Allí, por segundo día consecutivo, tuvimos el placer de deleitarnos con el espectáculo de PYROHEX.

PYROHEX, son un grupo de cachondas inglesas, de estética “alternativa” (pelo de colores, tatuajes a tutiplén, piercings, etc…), que llevan a cabo performances de lo más fetén en tanguita y tetas, luciendo sus cuerpos serranos para deleite de un gran sector del público (especialmente del masculino heterosexual, evidentemente).

A ritmo de potentes clásicos metálicos como Cowboys from Hell y con unas iluminaciones bastante cuidadas, realizan diversos tipos de ejercicios en los que el fuego es protagonista principal (junto con sus cuerpos loz-anos, claro…). Malabares, tragafuegos y escupefuegos, acrobacias varias y truquitos tales como echar chispas por la entrepierna (con la ayuda de una coquillera de metal y una radial) constituyen la base de su show, el cual representan en varios momentos de cada uno de los días del festival, en diferentes puntos del recinto. A mayores, es frecuente encontrártelas pululando por la zona VIP (svaporub), de colegueo total con la peñita, haciéndose fotos, de risas y demás… Buena peña.

Son unas habituales del Hellfest que no se pierden una edición, ante las cuales siempre estamos dispuestos a volvernos a quedar pasmados, con cara de gilipollas vicioso. PYROHEX RULES!

 

Tras cerrar el Metal Korner por segundo día consecutivo, cantando a coro Bohemian Rhapsody con el resto de usuarios de la carpa en cuestión (incluido Bosingwa), nos arrastramos hasta las tiendas después de, un día más, haber bebido más de la cuenta (para variar…).

P.D
GRACIAS A R. BUENDÍA, DE CONCERTECA, POR LAS FOTOS

 
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Anxo Castelo

Corinicas

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