Anxo Castelo

Anxo Castelo

Corinicas

RESURRECTION FEST 2016 – DÍA III

Martes, 10 Enero 2017 16:41

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El sábado amanecimos con un día putita madre, pero a base de bien. Tras el omeprazol de la morning, algunos decidieron acercarse hasta la playita, a darse un reparador chapuzón (una de las ventajas de no celebrar un festival en un desierto o un detestable polígono meset-ario, por ejemplo), otros optamos por la ya tradicional floca-flocka a pie de tienda, para ir amenizando la mañana a nuestros vecinos de campamento.

Otra de las ventajas de celebrar un festival en un sitio civilizado, es que tienes todos los servicios que puedas necesitar a golpe de pequeño paseíto, inclusive el entrañable casco antiguo de Viveiro, lleno de bares en los que perderse unas horas y tomarle unos piscolabis a precios más que asequibles.

Así fue y, tal como acostumbramos hacer cada año en el Hellfest galo, el sábado a mediodía/primeras horas de la tarde no hay concierto que valga: es hora de acercarse hasta el pueblo, a regular el pH con clase y con calma.

Y qué puede haber con más clase que regular el pH con un buen surtido de cañêttas de Estrella Galicia, bien peleteiras, (no lo probamos) acompañadas de unas cuantas raciones de pulpo a feira, servidas en la terracita de un entrañable bar por un pulpeiro que operaba en dicha plaza, para deleite de todos los que por allí iban apareciendo?.

Las primeras horas de la tarde iban pasando y decidimos que era buen momento de regresar al campamento, reponer el hielo de las neveras (algo absolutamente indispensable, en un festival) y acceder al recinto, pues el cuerpo ya iba reclamando algo de metalón.

 

Sonaban los alemanes DESTRUCTION, cuando entramos al recinto, así que la dosis de metalón que reclamaba el cuerpo parecía estar más que asegurada…

La pesada maquinaria de thrash metal teutón, comandada por el gigante Schmier, es siempre un plan sin fisuras, como Overkill, Kreator, Testament y alguna banda más, del estilo… Sabes que no te vas a equivocar y que te van a patear el bul a base de bien…

Con temas como Mad Butcher, Total Desaster, Thrash Till Death o Bestial Invasion fueron caldeando el ambiente de los pits para una tarde que se antojaba larga y una noche que se antojaba más larga aún…

 

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Bajo la castigadora soletón, nos acercamos hasta el Chaos Stage a ver a los noruegos SHINING, lo que supuso uno de los más gratos descubrimientos del festival.

Uniformados “de etiqueta”, de impoluto negro, dejaron a más de uno boquiabierto con su excitante fusión entre metal experimental, jazz, y rock progresivo, dando como resultado un estilo tan fresco como original, en el que hay lugar para innovaciones tan poco usuales como la inclusión de saxo en alguno de los temas, inclusive. Haciendo gala en todo momento de una magistral ejecución instrumental y de un sonido prácticamente perfecto, los nórdicos dejaron claro que son una banda vanguardista, más que interesante y a seguir muy de cerca.

 

Y si hablábamos de caldear los pits y de planes sin fisuras, sabes de sobra que MUNICIPAL WASTE te van a joder bien!.

Los de Richmond (Virginia) saltaron a escena a hacer de las suyas, como es habitual en ellos. Con su crossover de “tupa-tupa”, a toda hostia y sin mariconadas, convirtieron las zonas más próximas al escenario en una polvareda en la que se recomendaba el uso de bandanas o lo que sea que se pone la peñita en la cara para el polvo…

Si bien, el percal no fue para nada comparable al fiestón que montaron en el Hellfest el domingo por la morning, en uno de los Main Stages (también es verdad que había mucha más peña y esta iba armada con flotadores, manguitos, balones de playa y tablas de body), la constante de en los conciertos de los americ-anos es que SIEMPRE te lo hacen pasar fetén.

Girando ahora con formato de quinteto, con Nick “Nikropolis” Poulos en la segunda guitarra, los tipos se mandaron unos 18 temas en aproximadamente 30 minutos. Breve, pero intenso.

Como no podia ser de otra manera, no faltaron clásicos del fiesteo bizarro, como Unleash the Bastards, You’re Cut Off, Beer Pressure, Wrong Answer, Terror Shark, Headbanger Face Rip o Sadistic Magician.

Siempre grandes, Municipal Waste.

 

Llegaba, por fin, el momento más esperado del festival… Tocaba reunirse con colegas, para poder disfrutar de la “comunión” en buena compañía, acercarse al bar a pillar provisiones líquidas y buscar una óptima ubicación para ser testigos del paso de IRON MAIDEN por Viveiro…

 

 

Un servidor puede contar, orgulloso, que estuvo presente en las tres “venidas” que la mítica banda inglesa protagonizó sobre suelo galaico:

-          22 de mayo de 1998, Campo de fútbol Os Remedios (Ourense), con Helloween y Dirty Deeds. ‘Virtual XI Tour’, con Blaze Bayley aún como frontman. Jornada ENTRAÑABLE donde las hubiere (snifff…)Profile

http://www.setlist.fm/setlist/iron-maiden/1998/pabellon-paco-paz-ourense-spain-4bd39f32.html

-          23 de mayo de 2003, Coliseum (A Coruña), con Stray. Concierto de inicio de la gira mundial ‘Give me Ed…’Till I’m dead’, con Dickinson y Smith de vuelta en el barco, por fin.

http://www.setlist.fm/setlist/iron-maiden/2003/coliseum-corunna-spain-3bd39ca8.html

-          9 de julio de 2016, Resurrection Fucking Fest (Viveiro). ‘The Book of Souls World Tour’. You know what I mean…

http://www.setlist.fm/setlist/iron-maiden/2016/campo-de-futbol-celeiro-viveiro-spain-2bffe4c2.html

 

Pues sí… Puedo contar que estuve en los tres, insisto… jejeje… Y tú?

 

Pues bien… Volvamos a Viveiro y a ese abarrotado escenario principal del Resurrection Fest 2016, a punto de hacer Historia…

 

A las 21:00 en punto, sonaba Doctor, Doctor (Diente, me miente), de UFO, y los más duchos sabíamos que se trataba de la intro con la que la Doncella lleva abriendo sus conciertos desde tiempos inmemoriales. Tras el breve vídeo en la pantalla gigante, con el Ed Force One llegando a la selva y todo eso, Bruce Dickinson hacía su aparición en la parte superior de una escenografía inspirada en el mundo maya, como el artwork de su último disco, recitando la intro del mismo sobre un humeante caldero, como si de un ritual de invocación se tratara (o tratase).

Con If Eternity Should Fail, saltaba la mítica banda británica a escena, ante el clamor del público, atacando seguidamente con Speed of Light, ambas de ‘The Book of Souls’.

Con Children of the Damned llegaba el primer clásico de la noche y Celeiro estallaba de júbilo. A continuación, dos concesiones más al último disco, con Tears of a Clown, dedicada al malogrado Robin Williams, y The Red and the Black (con sus 13 minutos y pico de duración, con dos cojones).

Siguiendo la trayectoria de la Doncella, es fácil adivinar que el confiar plenamente en su más reciente material de estudio es una constante en su carrera. No hay más que mirar repertorios de sus pasadas giras y los datos están ahí (echad un ojal, por ejemplo, al setlist de Ourense, un poco más arriba, durante la gira ‘Virtual XI’). Los tipos están orgullosos de la música que crean y la defienden en directo, llegando a introducir hasta 6 temas del disco nuevo en su setlist, como en este caso.

Pero, qué mejor manera para “contrarrestar” el posible “bajón” en el clímax que pueden suponer tantos temas nuevos (y tan largos) por el medio que de repente aplicarle The Trooper, seguida de Powerslave?. Dos de cal y dos de arena…

Después de dos trallazos semejantes, grabados a fuego en la Historia del Heavy Metal y en la memoria colectiva de la Humanidad por necesidad, era buen momento para terminar de presentar su último plástico, con Death or Glory y la homónima The Book of Souls (con la aparición del mítico Eddie en escena y sus 10 minutos y pico de duración, con dos cojones).

Cabe decir que, aún siendo ‘The Book of Souls’ el álbum más largo de Maiden, con 92 minutos de duración, durando el tema más corto 5 minutos y el más largo 18 minutos (casi nada…), la inclusión de más de la mitad del disco en el directo no se hizo para nada pesada, ya que el material está fetén y la ejecución del mismo, como no podía ser de otra forma, es BRILLANTE.

Nada comparable a lo que tuvo que ser verlos en la gira del indigesto ‘A Matter of Life and Death’ (2006), en la cual saltaban a escena tocando el disco enterito, tocaban 5 clásicos al final de todo y andando… Compadezco a la chavalada que los viera por primera vez en esa gira, la verdad…

A partir de ese punto, el concierto se convirtió en un auténtico festival de caras de absoluta felicidad que sólo una banda como IRON MAIDEN puede ser capaz de generar.

Con la gloriosa tripleta de Hallowed Be Thy Name, Fear of the Dark y Iron Maiden, los más jóvenes descubrían la esencia de lo que es ver a Maiden en di-recto y, en definitiva, la esencia del puto Heavy Metal en sí, hablando en plata. Los más mayores, con la lagrimita asomando y la sonrisa de oreja a oreja, se reencontraban con esa sensación inigualable que tantas veces los había transportado de vuelta a esa eterna juventud que sólo la pasión por la música te puede brindar.

Todos juntos, en amor y compañía e igualdad de condiciones, fuera de “status”, etiquetas y demás mierdas. Unidos por la música y una manera de entender la vida basada en el amor, el respeto hacia los demás y hacia uno mismo y el disfrute de cada momento, de la mejor manera posible. Una manera de entender la vida que mucha otra gente nunca podrá llegar a entender, alienada por esta sUciedad en la que vivimos, a la que no le interesa que seamos felices y a la que le conviene más sembrar la discordia entre vecinos que la unión fraternal.

Y qué decir de la banda, en general?

El trío guitarrístico compuesto por Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers funciona al milímetro. Son una maquinaria perfectamente engrasada y compenetrada que se pueden permitir bromear y jugar entre ellos, sin parar de moverse, durante todo el concierto, y no se escapa absolutamente nada.

La figura de Steve Harris sigue siendo icónica, aporreando el bajo en primera línea de fuego y cantando cada palabra de cada uno de los temas mientras arenga a las masas, como si por él no pasaran (o pasasen) los años.

El bueno de Nicko McBrain, siempre oculto tras su mastodóntico set de batería, del cual, al mismo tiempo, es prácticamente imposible ver que alguna de sus piezas se deja de mover en algún momento de la actuación. Cómo lo hace??? Es un pulpo, o algo??? Por no hablar de su impecable técnica de bombo, con un solo pedal, “marca de la casa”…

ProfileQué sería del sonido del Heavy Metal, tal y como lo conocemos hoy en día, sin ese bombo de Mr Nicko McBrain? Pensad en ello… Además, es el que peor está de la cefa, el más simpático, el más de jórribol (esa tocha es terríbel, joder…) y, a todo esto…, sabíais que ya gasta sus buenos 64 años, el colega?. Grande, Nicko!.

Y qué decir de Bruce Dickinson? Ese humanista, hombre del Renacimiento, que tanto pilota aviones, con rango de Comandante, como es olímpico por Inglaterra en esgrima, que tanto es profesor de Historia como escribe novelas y libros de ciencia ficción para niños, que tanto es empresario como canta en la banda de Heavy Metal más grande de todos los tiempos…

Ese culo inquieto y cargado de talento que, tras superar recientemente un cáncer de lengua, salta a escena y se tira dos horas sin parar de correr y saltar por el escenario, haciendo gala de una envidiable forma física que ya quisiéramos la mayoría de nosotros (con un par de décadas menos sobre las espaldas que él) y, no contento con todo ello, sigue cantando mejor que nadie y dejando el listón a un nivel muy difícil de alcanzar, tan siquiera.

Es un puto superhombre. Punto. Long Live Bruce Bruce.

Tras una breve y merecida pausa, el sexteto británico volvía a escena para los bises, poniendo todo patas arriba con el clásico entre los clásicos: The Number of the Beast.

Y por si no hubieran puesto a prueba lo suficiente nuestros sentimientos a lo largo de todo el show, se reservan para el final dos de las canciones más extremadamente emotivas de todo el catálogo de Maiden: el canto a la fraternidad y a la comunión entre nosotros, Blood Brothers, con tooooodo el festival cantando a coro el estribillo, y la siempre emocionante Wasted Years, para poner el punto y final a las dos horas JUSTAS que duró el conciertazo (empezaron a las 21:00, terminaron a las 23:00 y a las 00:00 estaban en el Balneario de Guitiriz, preguntando por el bar, donde estuvieron tomando cañas hasta las 04:30 de la morning, por cierto… Entrañable…).

Con los alegre tonadilla de Always Look on the Bright Side of Life (Monty Python) de fondo (cierre habitual de los conciertos de la Doncella desde tiempos ignotos, también), la banda se retiraba del escenario y nos dejaba a todos mirándonos con cara de: “buah, chaval….. Que grandes son los putos Maiden…..”.

En fin… Esperemos poder verlos aún unas cuantas veces más, por lo menos, que un concierto de Maiden siempre es una experiencia única, inigualable y de lo más enriquecedor, que todo el mundo debería experimentar por lo menos una vez en la vida (o 6, como lleva experimentado un servidor hasta día de hoy…).

Tras el compendio de emociones y considerable desgaste físico que supone un concierto de Iron Maiden, hay que tomárselo con un poco de calma, por lo menos durante un rato; especialmente si tienes varias decenas de miles de personas intentando desplazarse al mismo tiempo, delante tuya.

Así, tras una visita al W.C. y un rato de conversación con los colegas en la barra sobre el concierto de Maiden que acabábamos de disfrutar; con calma, nos acercamos a ver el concierto de ENTOMBED A.D., ya “mediado”, un poco “de soslayo” y sin demasiadas pretensiones, ya que aún nos estábamos recuperando del concierto de la Doncella de Hierro.

No obstante, llegamos a tiempo de ver a los suecos interpretar unos cuantos temas de su anterior época (cuando aún no necesitaban la A.D.), como Living Dead, Revel in Flesh, Wolverine Blues, Left Hand Path o Supposed to Rot, con la que terminaron su actuación, originando un pogo de lo más concurrido.

La impresión general fue buena. Sonido brutal, actitud macarra y Death Metal sueco a tutiplén. Hay que decir también que lograron atrapar a bastante “público residual” del concierto de Maiden, lo que llevó a que el nivel de asistencia fuera más que decente, algo que supongo que repercutiría positivamente en las “ganas” de los suecos sobre las tablas.

Bien, en general. Los tipos le dan caña, aunque insisto en que estábamos aún con la resaca de Maiden muy reciente y tampoco les prestamos toda la atención que quizás merecieran. Más bien, se puede decir que estábamos haciendo tiempo, arrimados a un lateral del escenario, esperando al siguiente PERSONAJE que actuaba a continuación.

Como bien decía hace un momen, como si de un personaje de cómic se tratase, hacía su aparición sobre las tablas del Resurrection Fest ABBATH, con su armadura, su maquillaje de oso panda, escupiendo fuego y haciendo el paso del cangrejo, a ritmo de To War! y con problemas de sonido (todo hay que decirlo).

 

La sola aparición de tal entidad en escena fue más que suficiente para que uno de mis acompañantes Pelletiers (que no lo prueba en absoluto) sufriera una “epifanía” instantánea que le hizo besar el firme y quedar zapateado, como una tortuga boca arriba, con los ojos entornados ante la visión del maligno.

Acudí a su rescate, dando una voltereta, raudo y veloz, espabilándolo con un par de bofetaditas, ayudándolo a incorporarse y reubicando la jarra de cerveza debidamente en su mano. Como nuevo.

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Seguidamente, cayó el primer tema de Immortal de la noche, Nebular Ravens Winter, seguido de Warriors, recordando aquel proyecto llamado I, del controvertido (y coquetier) músico noruego.

Nueva concesión a Immortal con In My Kingdom Cold y, tras los primeros acordes de Winterbane, con la peñita coreando “Immortal! Immortal!”, empiezan las risas…

El coleguita para en seco la actuación, aplica algo así como “I’m sick as fuck!” (lo cual se podría traducir tanto como “estoy mal de cojones!” o como “estoy hasta los cojones!”, inclusive, teniendo en cuenta el contexto) y abandona el escenario, seguido de cerca por sus atónitos secuaces.

Atónitos, como también se quedó el respetable, dudando si la marcha del nórdico sería definitiva, si volvería a salir, qué carallo le había pasado, etc…

Por el contexto, intuí que quizás había pirado porque la peñita estaba coreando sin cesar “Immortal! Immortal!”, incluso cuando estaba tocando temas de su nuevo disco en solitario, lo cual le pudo haber hinchado las pelotas y ocasionado su pataleta. Aunque bueno… Es sabido que el interfecto en cuestión no lo prueba (que es de buen beber, digamos), así que tampoco sería muy de extrañar que el tipo fuera como una abrótega y de repente se viera un poco “mareado”, necesitando un pequeño respiro…

O quizás se le juntó de todo un poco…. Quién sabe?

Lo que está claro es que de allí a un rato, después de intentar entretenernos el bajista y el batera con solitos cutres que no vinieron a nada, volvía Abbath a escena, excusándose con un “es uno de esos días…” y atacando con Ashes of the Damned, Fenrir Hunts y Count the Dead, para alivio del público, que nos temíamos lo peor…

Con un final de concierto dedicado a su “inmortal banda mater”, se congraciaba Olve Eikemo un poco con los allí presentes, haciendo que no nos fuéramos con tan mal sabor de boca.

Solarfall, Tyrantsy One by One fueron acogidas con entusiasmo por todos los fans de la que fue una de las más reputadas bandas de culto dentro del Black Metal noruego.

 

Ahora sí que las fuerzas comenzaban a ir algo justitas y nuestra afición por “no probarlo” hacía que comenzáramos a ir más coquetos de lo que sea recomendable, posiblemente… Pero aún no nos podíamos dar por vencidos, ya que faltaba un apetitoso plato que no queríamos marcharnos sin degustar: los siempre efectivos NASHVILLE PUSSY.

Optamos por fagocitar algo de relax, para recuperar un poco, tomar un poco de aire y retornar al escenario para librar la última batalla con los americ-anos o, por lo menos, hasta donde las fuerzas lo permitieran.

El cuarteto de Atlanta son una apuesta segura para los amantes del “high voltage rock and roll” de base puramente “acedecesca”, aderezado con un matiz de velocidad y mala hostia punkarra, totalmente “motörhedi-ana”.

Con Struttin’ Cock y Rub it to Death, entraban en escena a horas un tanto “intempestivas”, pero haciendo gala de la actitud rockera y descaradamente macarra que los caracteriza.

La banda del más que pintoresco matrimonio formado por Blaine Cartwright (que de jórribol es ese tío, joder…) y la exuberante Ruyter Suys celebran este año el 20º aniversario de su fundación y el 18º de aquel primigenio ‘Let Them Eat Pussy’, de sugerente, a la par que explícita, portada.

Con Wrong Side of a Gun, Pillbilly Blues y I’m so High (no, me mientes…), los americ-anos hacían mover el esqueleto a base de bien a los cada vez menos festivaliers que nos seguíamos resistiendo a darnos por vencidos y dar el festival por concluido.

El frontman, Blaine Cartwright, es todo un engendro, pero en el sentido literal del término: calvito y con melena (no hay cosa que de más pena), bigotón a lo Lemmy, resonso, voz de no probarlo en absoluto, pinta de poca higiene, etc…

Ahora que me doy cuenta, sin sombrero me recuerda al actor mejic-ano ese resonso, harto de jórribol, que siempre hace de malo en las pelis (el que aplica lo de “perrechas quentes…, perrechas frías…, temos todo tipo de perrechas…” en Abierto hasta el amanecer (bien sabéis de quien hablo…)).

La nueva bajista, Bonnie Butrago, da la impresión de estar medio fuera de lugar, por momentos, pero lo intenta bastante, moviendo la troba, dando caña al bajo y todo eso… También es verdad que cada vez se va soltando más. El batera tiene una pinta de hipster que no puede con ella (no digo más…).

El show continuaba con Up the Dosage, Everybody’s Fault but Mine y la versión de The Marshall Tucker Band, Can’t You See.

 

 

Y qué decir de Ruyter Suys… Una especie de Angus Young con tetas, troba leonina y puesto de speed… Todo un espectá-culo en sí misma, la tía esta… Maltratando su Gibson SG a tutiplén, sin parar de moverse un solo segundo y engarzando solos endiablados con sucios riffs de carretera, Ruyter RULES y punto.

Con Good Night for a Heart Attack, si no me equivoco, cerraban un concierto corto pero intenso; en el que las fuerzas de la mayoría comenzaban a fallar de manera estrepitosa, pero nos resistíamos a dejar de ver las evoluciones de la gran Ruyter por el escenario (mientras hacíamos lo posible por no mirar para el “guaperas” de su marido).

 

ProfileTras el “chis-pun” final, no hubo duda… Nuestros cuerpos no daban para más…

Llegaba el momento de aceptar la cruda realidad y abandonar, no sin cierta resignación, el recinto de conciertos del festival; arrastrando los pies como zombies, hacia las tiendas, con la intención de dar un más que merecido (y necesario) descanso a nuestras maltrechas osamentas (e hígados) y rezar porque la resaca del día siguiente fuera lo más benévola posible (lo cual, a posteriori, pudimos comprobar que no fue así para nada, por cierto…).

 

De lo que no cabe duda es que vivimos la mejor edición del Resurrection Fest hasta la fecha, a todos niveles, lo cual indica que el festival no para de crecer y mejorar, año tras año (a todos niveles, también).

Es obvio que tienen al glorioso Hellfest gabachier como referente indiscutible, al cual intentan imitar en muchos aspectos, en función a sus posibilidades. Si bien, en algunas movidas la cosa se queda en un clarísimo “quiero y no puedo”, como la zona VIPs vaporub (cutre de carasho, por cierto…) o alguno de los “ornamentos” que se encontraban por el recinto, por ejemplo; por lo menos, los chavales intentan copiar de los mejores (en mi opinión). Con un referente así, se sabe que la calidad siempre va a ir por delante y que con los medios adecuados y siguiendo por esa línea, no se puede si no mejorar y seguir creciendo.

Está claro que este año se dejaron el listón muy alto a sí mismos y van a tener que trabajar duro y esforzarse al máximo para poder seguir creciendo o, por lo menos, mantener el nivel.

La verdad es que estamos expectantes por ver con lo que nos pretenden sorprender en 2017…

Lo que está claro es que volveremos a estar allí, orgullosos y afortunados por tener uno de los mejores festivales de Europa (y, sin duda, el mejor de la Península) celebrándose en Galicia…

Nos vemos en el Resu 2017, motherfuckers!

RESURRECTION FEST 2016 – DÍA II

Martes, 10 Enero 2017 16:11

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El viernes amanecía en Viveiro con un radical cambio en la meteorología con respecto al día anterior, según informaciones que nos iban llegando desde la zona.

Una vez más, por motivos laborales y de desplazamiento, no fuimos capaces de llegar hasta la bonita Mariña Lucense hasta primeras horas de la tarde; descubriendo, con agrado, que después de la pluvia de los dos primeros días, tenía toda la pinta de ir a quedarse un finde bastante fetén, con un gran solêtte imperando desde lo alto.

Entre aparcar, acampar y todo eso, entramos en el recinto cuando HAMLET se disponían a saltar al escenario, bajo un sol de justicia.

Siempre es gratificante ver en acción a la ya mítica banda madrileña, hecho que ellos se preocupan por corroborar en cada ocasión, demostrando que están más en forma que nunca, suenan como un cañón y salen siempre a escena dispuestos a no hacer prisioneros.

Molly es un auténtico animal escénico que tiene sobre las tablas su hábitat natural. Bueno…, sobre las tablas, sobre el público, entre el público o donde se tercie…, porque está claro que al “chaval” lo de la pasividad no es que le mole en demasía y tal… No contento con poner al respetable patas arriba desde el escenario, el colega se atreve con el crowd-surfing e inclusive llega a introducirse entre el público, obligarlo a abrir un círculo enorme en medio del mismo (rollo Moisés, abriendo las aguas y tal…) y organizar un tremendo “Wall of death”, con él cantando desde el medio…

Lo que viene a ser “montar una brecha” como está mandado, vamos… Con dos cojones.

Egoísmo, Muérdesela, Irracional, Imperfección, Denuncio a Diós, Tu medicina, J.F. ... Un repertorio donde predominaron los clásicos, pero que a todo el mundo se le hizo corto; señal de que algo hicieron bien.

Señores del Resu… Ya saben…. Para la próxima, un cuarto de horêtta más y un par de horas más tarde; que bien lo merecen y al público le cunde ;)

 

Y si acabábamos de ver a Molly abriendo las aguas, a continuación íbamos a ver a alguien caminando sobre ellas… Pero antes, una más que necesaria parada técnica…

 

 

La urgencia al entrar en el recinto para no perdernos a Hamlet hizo que descuidáramos el más que habitual paso por la barra; así que, al terminar la descarga de los madrileños, acudimos raudos a subsanar tamaño error.

Tocaban ÁNGELUS APÁTRIDA, pero el hecho de que toquen TODOS LOS AÑOS en el Resu, sumado al otro par de veces anuales que suelen subirse por las Gallaecias, aproximadamente, hace que ya los tengamos bastante vistos y, aunque son más que efectivos en di-recto, nos podíamos permitir verlos desde la cómoda (y refrescante) distancia de la barra del bar, a la sombrita y tal…

 

Ya refrescados, nos dirigimos hacia el Ritual Stage, sin ser conscientes de que íbamos a presenciar una de las más gratas sorpresas de esta edición del festival. De hecho, todo el mundo concuerda en que la actuación de FRANK CARTER AND THE RATTLESNAKES fue la auténtica posha.

La efectividad de la nueva banda del ex – vocalista de Gallows y Pure Love es indiscutible. Con su punk hardcor-eta de marcadas raíces inglesas, suenan rotundos y seguros de sí mismos como nadie; aunque está claro que la presencia del propio Frank Carter es lo que hace que show se convierta en otra cosa, a un nivel muy superior.

El pelirrojo, elegante y profusamente tatuado Frank Carter nos dejó para el recuerdo unas cuantas lecciones sobre “cómo ser un frontman fetén”, a base de buenas dosis de presencia, carisma, actitud, ganas, energía, fuerza, conexión con el público y, en definitiva, todo lo que tiene que tener un gran frontman.

Primary Explosive, Trouble, Snake Eyeso Beautiful Death fueron solo alguno de los potentes temazos con los que el trajeado inglés y su séquito nos deleitaron, llegando incluso a caminar, literalmente, sobre el respetable durante la interpretación de la coreada Juggernaut.

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Sin duda, Frank Carter se erigió como uno de los protagonistas absolutos de este Resurrection Fest 2016 y seguro que volveremos a verlo por estas latitudes  en breve, ya que no dejó a nadie indiferente.

La noche se cerraba sobre Celeiro y el valle del escenario principal se abarrotaba de peñita para ver a uno de los grupos más esperados de esta edición del festival, al menos por gran parte del público: los franceses GOJIRA (Guantanamera).

 

 

Aunque ya habían participado en la edición de 2014 del festival, en esta ocasión la expectación para ver a los gabachiers se palpaba bastante mayor, entre el público; ya que, obviamente, en esos dos años, su número de seguidores por estas latitudes fue aumentando. Debido a la modita, a la curiosidad, al “boca-oreja”, al “boca-pene” o a lo que sea…; pero es innegable que había mucha peña con ganas de verlos sobre las tablas vivarienses.

Su combinación de potente sonido, pericia técnica (especialmente por parte del batera, Mario Duplantier) y ciertas dosis de originalidad hace que los de Bayonne sean una apuesta segura sobre las tablas; aunque a mí, personalmente, siga sin convencerme al 100% su propuesta.

Presentando sólo tres temas de su esperado nuevo álbum, ‘Magma’ (2016), Silvera, Stranded y Only Pain; el grueso del repertorio se nutrió de clásicos habituales de la banda, como Toxic Garbage Island, con la que abrían el concierto, seguida de  L’Enfant Sauvage y The Heaviest Matter of the Universe o la innegociable Flying Whales, por citar algunas de las más “conocidas” por el gran público.

Está claro que los Duplantier Bros comandan una maquinaria perfectamente engrasada, saben muy bien lo que quieren, lo que hacen y dieron un buen concierto. Otra cosa es que me gusten…

Tengo mucho discutido ya sobre este tema y tampoco me voy a rallar explicándome. Me parecen buen grupo, no soy ajeno a sus matices de originalidad, pero el conjunto en sí me sigue resultando demasiado “pl-ano” para mi gusto. Demasiado “plano” para que aguante hora y pico de concierto (o de disco) sin que mi atención se empiece a desviar hacia otras cosas…

Conste que ya les di varias oportunidades, tanto en directo como en casa, ya que no acostumbro a “hablar por hablar”… Simplemente, es mi opinión PERSONAL hasta el día de hoy.

Al que no le guste, ya sabe…; que le eche LEFA, o algo… (que seguro que va sobrado…jejeje…).

 

Después de pasarnos por la zona VIP(svaporub) a recargar nuestras “pichets” (‘jarra’, en gabachier) y echar un lejano ojal al death metal melódico escandi-navo de DARK TRANQUILITY, muy de tranqui, volvimos a nuesto pequeño parterre de valle, dispuestos a retroceder 20 años (o alguno más), hasta nuestra más efervescente adolescencia. Llegaba el turno de THE OFFSPRING.

 

 

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Aquellos que llegaron a la cima con su laureado manifiesto de speed-punk rock americ-ano, ‘Smash’, en 1995 y comandaron el resurgir del género, junto a bandas como Green Day, NOFX o Rancid, llegaban a Viveiro como cabezas de cartel del viernes y un buen puñado de engendros que por aquel entonces teníamos 16 años y saltábamos a ritmo de Self Esteem en la pista de baile de todo antro que se preciase, no podíamos perdernos la ocasión de “rejuvenecer” un poquito, al menos durante un rato…

Tampoco hay demasiado que decir, a ver si me entendéis… No llegaría a decir que fue un concierto brillante, si no más bien irregular, y el “estoicismo” o frialdad con que los MIEMBROS de la banda angelina parecen acometer alguno de los temas de su repertorio tampoco entra dentro de lo que yo catalogaría como fetén, pero qué carallo… El repertorio fue extenso, variado, divertido, bailable y nostálgico, lo que terminó por convertir su show en algo más que disfrutable, al fin y al cabo…

Grandes pilares del género, como Come out and play, All I Want, Bad Habit, Pretty Fly (For a White Guy), Why don’t you get a job o la altamente esperada por todos, Self Esteem (que se guardaron para el final, de hecho), sonaron en Viveiro, sin más pretensiones que hacérselo pasar bien a todos los allí presentes; algo que, si no me equivoco, se consiguió.

Así que… Mission accomplished!

 

No podíamos dar por finalizada la jornada sin previamente acercarnos hasta el Ritual Stage, en busca de un poco más de caña, para encontrarnos de repente con uno de los momentos más emotivos de todo el festival.

Los neoyorkinos de origen latino, MADBALL, habituales en los carteles del Resu desde hace años y años, volvían a pisar Viveiro (por enésima vez), lugar donde es obvio que son especialmente queridos y ellos se sienten verdaderamente como en casa.

Su potente hardcore sonó poderoso, como de costumbre, aunque lo que realmente marcó el concierto y, como decía hace un momento, constituyó uno de los momentos para el recuerdo de este Resurrection Fest 2016, fue el emotivo homenaje que hicieron al malogrado Melchor Roel, desplegando un enorme telón de fondo durante su actuación con la efigie del que fuera alcalde de Viveiro y amigo personal de la banda.

La banda americana recordaba así a aquel que, con su incondicional apoyo, fue pieza fundamental para que el Resu sea lo que es hoy en día.

 

Tras la descarga de MADBALL y animados por el alcohol (todo hay que decirlo), no dejamos pasar la oportunidad de probar la gran noria que este año dominaba la entrada al recinto y tener una privilegiada vista de todo el festival desde unos cuantos metros hacia arriba.

La entrada a la misma valía el asequible precio de 2,50 €; pero, eso sí…, no te dejaban subir con los litrêttes… (mi gozo en un pozo…). Hubo que contentarse con subir a ver las vistas “de sec-ano” y tal…

You can’t always get what you want, honey…(decían los Rolling Stones)

 

Estábamos a punto de abandonar el recinto cuando algo hizo que retrocediéramos sobre nuestros pasos… Desde el Ritual Stage, nos llegaba el eco de la que estaban liando ABAIXO CU SISTEMA, y no pudimos si no acercarnos hasta allí a ser testigos de primera m-ano de tamaño percal.

Se trata de un grupo tributo a System Of A Down, que ya habían tocado también el año anterior en el festival, si no me equivoco… La movida es que los tipos lo clavan y, por momentos, te da la sensación de estar escuchando a los armenio-americ-anos, tal cual…

 

Ahora sí que podíamos dar por finalizada la jornada y retirarnos a nuestros aposentos, pues la batalla del sábado prometía ser la más dura de todo el finde, con diferencia, y había que intentar descansar algo, debidamente…

RESURRECTION FEST 2016 – DÍA I

Martes, 10 Enero 2017 14:41

DIA |

 

Toca hoy hablar del que es, seguramente, el festival con más proyección de los últimos años por estas latitudes: el gran RESURRECTION FEST.

Nació allá por 2006, como un concierto gratuito de Sick of it All y unos cuantos grupos más; salió bien y los chavales decidieron seguir adelante. Con la ambición, los apoyos, la visión de futuro y el trabajo necesarios, fueron creciendo cada año, con el único reto de superarse a sí mismos, hasta convertirse en lo que son hoy en día: uno de los festivales más importantes de metal de Europa y, seguramente, el mejor de la Península.

Un cartel que no paró de ir “in crescendo” en los últimos años, incorporando cabezas de cartel como Down, Slayer, Megadeth o Motörhead, llegaba en esta onceava edición a su cénit, con la inclusión de Iron Maiden, nada más y nada menos, como plato fuerte del sábado.

El “sold out” estaba cantado… y así fue.

Después de cierta oscilación de fechas, buscando su lugar en el apretado calendario estival (entre mediados de julio, el último fin de semana de julio y el primero de agosto), este año se decidió celebrar el festival los días 7, 8 y 9 de julio; fecha que considero de lo más ideal para el evento vivariense, por no coincidir con otros saraos importantes (tanto en Galicia, como en España/extranjero) y por la climatología inherente al momento, of course (tête de la). Sin duda, la mejor fecha en que se celebró el festival.

Ojalá quede ya asentado en esos días, de manera definitiva, como fecha inamovible del calendario y las gentes de aquí y de allá sepan con certeza, año tras año, que ese finde de julio toca Resu, sí o sí…

 

El festival se inauguraba con una fiesta de presentación el miércoles 6 de julio; en la cual, por el módico precio de 5 € de entrada, los más loz-anos y “madrugadores” podían disfrutar de la actuación de siete bandas, con NARCO y SKINDRED a la cabeza, e irse familiarizando con el recinto.

Protagonista indiscutible de esta primera jornada fue la pluvia, que amenazó con minar la moral del, mayoritariamente jovenzuelo (y sin compromisos laborales, claro está), público ass-istente  al evento. Lo bueno de los intensos y frondosos chaparrones que cayeron entre el miércoles y el jueves fue que descargaron los cielos de H2O, refrescaron el ambiente, y nos dejaron un tiempo espléndido para el resto del festival.

Otra cosa que no gustó a la peña fue el hecho de que no hubiera pulserita específica para el miércoles; según lo cual, si abandonabas el recinto, ya no podías volver a entrar. Uno de los detalles a tener en cuenta por parte de la organización de cara a futuras ediciones, sin duda.

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El ya clásico formato de “jueves-viernes-sábado” del Resu complica la cosa a la gente que trabaja, obviamente. O pillas vacances, o pides los días, o vas al salir de currar y al día siguiente vas a currar de resaca o, directamente, te ves en la obligación de perderte alguno de los días. Al mismo tiempo, su punto positivo es que dispones de todo el domingo para levantar bártulos, llegar a casa y disfrutar de tu resacón a base de bien y con calma, pudiendo estar ya semi-operativo, al menos, el lunes (aunque a algunos nos durara la resaca hasta el martes, por aquello de la edad y que no lo probamos y tal…).

Es por ello que el jueves aproveché la coyuntura de un colega que todos los años se halla en el tercero de los supuestos (ir al festi al salir de currar - volver a sobar a casa -  ir a currar de resaca - volver al festi después de currar) para acercarme al festival unas cuantas horas, volver a sobar a casita y al día siguiente volver ya para quedarme.

Cuando uno está a una hora de su casa y tiene “chófer” que le permite no tener que controlar con la priva, es tontería no dormir fetén en la camita de uno, defecar en el WC de uno, ducharse en la ducha de uno, etc… Dos días de tienda de campaña son más que suficientes, estando tan cerca de casa, teniendo ya una edad y, como se suele decir, “los huevos pelados”.

Lo jodido es que cuando dimos entrado en el recinto eran ya sobre las 20:00 y ya habían tocado grandes grupos como Soldier, Persefone, Tesseract o Wormed, pero bueno…; nunca voy a un festival contando con verlo todo, ni mucho menos. Es más, considero un error MUY GRAVE el intentar hacerlo.

Llegamos, no obstante, para comenzar la fiesta con CRISIX, los cuales iniciaban ya su descarga en el Chaos Stage.

Siempre a la sombra de Angelus Apátrida, los catalanes son uno de los referentes del thrash metal/crossover nacional (a mí me gustan más que los albaceteños, de hecho). Como si de una suerte de Municipal Waste patrios se tratasen, sus conciertos son sinónimos de FIESTA, lo cual siempre es un plus a su favor.

Presentaban su nuevo disco, ‘From Blue to Black’ (2016), con lo que más de la mitad del setlist estuvo basado en el mismo. Se trata de un disco de thrash metal rápido, afilado y sin concesiones, con su punto técnico y la vena fiestera “marca de la casa” de los catalonios.

Así, del nuevo disco cayeron Conspiranoia, Strange, G.M.M. (The Great Metal Motherfucker) y Psycho Crisix World; las cuales combinaron con las ya clásicas Rise…Then Rest, Bring’em to the Pit y la archi-conocida Ultra Thrash.Profile

Como anécdota difícilmente obviable del bolo (y del festival en sí), tras finalizar Bring’em to the Pit y antes de atacar con el bis Ultra Thrash, Juli (vocalista de la banda) invitó a su pareja a subir al escenario e, hincando rodisha sobre las tablas, le pidió matrimonio, delante de un enfervorecido y aclamante público.

La colega dijo “SÍ”, en un principio. Desconocemos si entre bambalinas, fuera ya de la atenta mirada del respetable, le leyó la cartilla y le dio un bono para dormir en el sofá durante un mes…

El amor es lo que tiene…

 

Llegaba ahora el que para un servidor (y mucha peñita) era el plato fuerte del jueves y podría hacer las veces de un cabeza de cartel más que digno; especialmente en un festi como el Resu, de marcada base punk/hardcor-eta: los míticos BAD RELIGION.

El ambiente, como no podía ser de otra manera, era de lo más festivo, ya que estamos hablando de unas auténticas leyendas del punk rock y el hardcore, que llevan sobre las tablas nada más y nada menos que 36 años, con la coñita…

No voy a meterme en el repertorio de manera pormenorizada, ya que durante la hora que duró su concierto espetaron más de 20 temas, uno tras otro, sin tregua (Barricada dixit) ni compasión. Evidentemente, no faltaron clásicos como Fuck You, I Want to Conquer the World, Recipe for Hate, 21st Century (Digital Boy), You Are (The Government), Suffer, Infected o American Jesus.

Greg Graffin y sus chicos (puriles, más bien) supieron aprovechar sus 60 minutos al máximo y hacer disfrutar al respetable con su más que reconocible punk rock angelino, “marca de la casa”, de manera que todo el mundo abandonaba el lugar con cara de satisfacción, tras terminar su actuación.

Caña, caña y caña… Como tiene que ser.

 

Hablando de caña, a continuación se presentaba el solape de la actuación de unos viejos conocidos del festival, como son WALLS OF JERICHO (tocaron en la primera edición, allá por 2006, y en alguna que otra más, como en 2009, por ejemplo) con la de ROTTING CHRIST.

La curiosidad, nos movió a optar por ver a los segundos…

 

Con una trayectoria de 30 años, ya, a sus espaldas (con la coñita), se podría decir que ROTTING CHRIST son la banda de black metal más mítica, respetada y con más historia de Grecia.

Adulados en su momento por personajes de la farándula blackmetalera noruega, tales como los mismísimos Varg Vikerness y el malogrado Euronymous, la banda de los hermanos Sakis y Themis Tolis deja a sus espaldas 12 discos, varios EPs y algún que otro “split”, en los cuales su sonido fue evolucionando de unos orígenes death y grind hacia el black metal, para explorar después senderos y atmósferas más oscuras, dentro del gothic, y llegar a atreverse, inclusive, con la introducción de elementos del folk griego en sus composiciones.

Con temas como Ze Nigmar, Kata ton Demona Eauton o Athanati Este, irrumpían en escena, dejando claro que, en la actualidad, se puede decir que la base de su sonido es netamente black.

Durante 50 minutos de caña burra, interpretaron 10 temas, entre los que también cabe destacar In Yumen-Xibalba, Grandis Spiritus Diavolos o la versión de Thou Art Lord, Societas Satanas.

Gente con tablas, que no se anda con bucaneradas y nos demuestran que también se puede tocar black metal y dar más caña que nadie sin pintarse la cara de oso panda y llevando ropa “de sport”.

Hablando en plata, se puede decir que nos hicieron un griego, a todos los ass-istentes, los coleguitas helénicos.

 

A continuación, era el turno de los nenés de BRING ME THE cHORIZON pero, sinceramente os lo digo, tíos: odio ese tipo de grupos…

Pero de qué cojones va la peña, joder? Ahora resulta que una panda de nenés malcriados que se tatúan todo el cuerpo de golpe, de un día para otro (porque está de modita), se compran guitarras caras y se ponen a gritar (todos igual) ya son heavies, duros, metaleros o como cojones le queráis llamar??? Venga, hombre……

Y encima, los muy asquerosos, como no podía ser de otra manera, se preocuparon bastante por hacer el notario, durante su paso por el festival, colgando una foto de sus caras de nenita “justin-bieberiana” en el backstage, con la siguiente frasecita debajo:

"These people are not to be stopped ever. They may not have a pass. They can escort who they want where they want with or without a pass."

Traducido, a grosso modo: “esta peñita puede hacer lo que le salga de la pesha en el backstage y no se les puede decir nada. No van a llevar acreditación porque no les sale de los cojones y no se les puede parar, bajo ninguna circunstancia, aunque metan peñita de fuera, sin acreditar, a donde les venga en gana”.

No es para platearles la cara a mano abierta y mandarlos de vuelta a las Inglaterras, sin tocar, a que les enseñen educación sus papás, (coma) joder???

Pues bien… El veter-ano guitarrista de Bad Religion, Brian Baker, expresó su opinión sobre el cartelito de marras en las redes sociales y esto dio lugar a una serie de comentarios plagados de descalificaciones e insultos de todo tipo, por parte de los chavalines, que los puso aún más, si cabe, en evidencia… Llamándole purilón, hablándole de pensiones y jubilación, de que si tocaban por debajo de ellos en el cartel y cosas de ese tipo que, una vez más, dejaron bien patente el nivel intelectual de los gilipollines en cuestión.

Si hablo de ellos es simplemente para que, en el caso de que a alguien se le hubiera (o hubiese) escapado el detalle del cartelito, le quede bien claro de qué van los idiotas estos; si no, no me rebajaría ni a citar su bucanier nombre de mierda.

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Tras este incidente, la siguiente elección tenía que ser entre los hardcoretas yanquis H2O y los itali-anos FLESHGOD APOCALYPSE, que venden su “producto” como “symphonic brutal death metal” (estos italianos, con tal de vender algo, lo que haga falta…).

Qué queréis que os diga? Mucha parafernalia para no decir demasiado, la verdad…

Su propuesta de brutal death con samplers sinfónicos por detrás a tutiplén hace que suene todo medio embarullado y, para qué engañarnos…, MAL. No sé si sus trajes de chaqué, “de director de orquesta”, y su “corpse-paint” fueron reclamo suficiente para introducirse en el cartel de los festivales europeos más importantes, la verdad…

Los pillan los Legacy of Brutality, sin ir más lejos, y los ponen a andar en cerocoma, sin orquestitas ni poshas……

Yo no entiendo nada…

 

Llegaba el turno de los cefas de cartel de la noche; los daneses de moda: VOLBEAT.

Para empezar, la banda de Michael Poulsen inició su show con retraso, lo cual derivó en que el final del mismo solapase el comienzo de la actuación de BRUJERÍA, en otro escenario. Mal, ya…

Los daneses tienen una buena puesta en escena, un buen sonido y un buen di-recto, pero me siguen pareciendo otro ejemplo de banda sobrevalorada de hoy en día. Otra banda que, del día a la noche, se ve encumbrada a la cabecera de los mejores festivales de Europa, como si fueran “míticos de toda la vida”, cuando hace dos años no los conocía ni crista.Profile

Antes de que me salte el típico pajillero listillo con algo tipo “yo los conozco desde el primer disco” (lo cual seguramente sea mentira), decir que me consta perfectamente que llevan en activo desde 2001 (no es tan difícil mirar la Wikipedia, anyway…), tienen 5 o 6 discos y tal y cual… No voy por ahí…

No me malinterpretéis. No estoy diciendo que sean un mal grupo, ni mucho menos. Es más, suenan fetén y tienen buen directo. Sólo digo que no me sorprenden, ni me ofrecen nada nuevo, como para flipar con ellos, de la manera que parece flipar X chavalada, de la noche a la mañana.

Creo que se engloban dentro de la “marea” de “dioses efímeros” creados en los últimos años, en el desesperado intento de asegurar una continuidad en cuanto a bandas de referencia para encabezar festivales en un futuro inmediato se refiere; teniendo en cuenta que las grandes bandas “detodalavida” tienen los días contados, nos guste o no (debido a temas de edad, ligeros problemas de muerte, jubilación, etc…).

Son, quizás, bandas “de recambio”, que se intentan encumbrar a lo más alto de la pirámide del metal y ver si es posible que vayan llenando el hueco que las bandas que llevan encabezando dicha pirámide los últimos, digamos, casi 50 años, van dejando, poco a poco…

Está claro que esto no es si no una reflexión en voz alta sobre un tema más amplio y general, que no se centra sólo en los susodichos Volbeat, obviamente; si no más bien en la posibilidad (o no) de que haya una continuidad, en esto del metal, en cuanto a grandes bandas se refiere, que asegure la pervivencia del género y de los festivales, tal y como los conocemos………..

Esto es… Creéis verdaderamente que os acordaréis de grupos como Volbeat, mAmon mAmarth o Gojira (Guantanamera), por citar alguno, dentro de 10 años, por ejemplo?

El debate está abierto…

Por lo demás, Volbeat suenan muy bien en di-recto y, en general, son buenos; pero el hecho de que fuera jueves, al día siguiente la peña tuviera que currar, hubiera que conducir hasta casa y los gorgoritos “tipo Hetfield post-Load” de Mr Poulsen me den ganas de defecar, hizo que abandonáramos el lugar antes de que finalizaran su actuación; perdiéndonos también, por consiguiente, el fin de fiesta con BRUJERÍA (estilo mayate O.J. Simpson) y el tributo a Guns N’ Roses, NICE BOYS.

 

Sempre hai cousas…

 

 

HELLFEST 2016 - DÍA 3

Viernes, 14 Octubre 2016 00:52

             DIA-3

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Llegábamos ya al domingo, último día del festival, y el tiempo parecía seguir mejorando, poco a poco. Nos desperezábamos con calma y, tras nuestras abluciones matutinas y un frugal desayuno (“FRUGAAAAAAL?!?!?!” *siéntanse afortunados los que entiendan esta coñêtta*), una pequeña avanzadilla emprendía camino hacia el LeClerc, a comprar el más que necesario hielo. El domingo sólo abre por la mañana, así que hay que tenerlo muy en cuenta.

El hielo… (‘glace’, en gabachieur); ese bien tan preciado en un festival, que tanto te puede alegrar el día si lo tienes, como jodértelo completamente si no… Porque, amigos míos… Qué sería de nosotros si la birrêtta no estuviese lo suficientemente peleteira como para tornarse en la savia que nos mantenga, alegremente, a lo largo del día?. La beberíamos, quizás, caliente??? (hay que ser gabacho, para hacer eso…).

Birrêtta peletier siempre.

 

Después de ir a la compra y dejar las tareas del hogar debidamente hechas, tocaba darse una vuelta por el recinto, entrando para ello por la cada vez más flipante, a la par que maqueada, zona VIP(s vaporub).

Agradeciendo sobremanera el no haberlo hecho “tan” mal el día anterior y haber sido capaz de cortar lo suficientemente a tiempo como para que la resaca del día siguiente fuese humanamente llevadera, comenzaba a regular el pH; de manera cauta y sin avidez. El día era muy largo, las fuerzas limitadas y la traca final prometía glori-osa.

Desde luego, la idea de “economizar fuerzas” se va al carasho cuando, de manera jovial, decides meterte en la brecha de un concierto de MUNICIPAL WASTE un domingo, a las 12:15, rodeado de peñita con flotadores, manguitos, jugando con balones de playa y haciendo crowd-surfing con tablas de body… (POR QUÉ???).

Los de Richmond (Virginia) saltaron a escena a hacer de las suyas, como es habitual en ellos. Con su crossover de “tupa-tupa”, a toda hostia y sin mariconadas, convirtieron la verde pradera de los Main Stages en una engendril fiesta; extraña, a la par que divertida.

 

La pinta de engendros fumetas yankis, de sofá y lata de birra, no se la quita nadie. Prueba de ello quizás sea que su último disco, ‘The Fatal Feast’, sea ya de 2012, en teoría, lleven trabajando en un nuevo álbum desde 2014 y todavía nel del panel (tened en cuenta que acostumbran hacer discos de escasa media hora y sus temas más largos andan entre el minuto y medio y los dos minutos…).

También hay que decir que Tony Foresta y Land Phil editaron ‘The Tyranny of Will’ con su otra banda, Iron Reagan, en 2014… Pero bueno…

Otros datos salientables son que ahora giran con formato de quinteto, con Nick “Nikropolis” Poulos en la segunda guitarra, que Ryan Waste cada vez está más resonso y Dave Witte ahora tiene troba (quién lo diría…).

En definitiva, los tipos se mandaron 17 temas en media hora de reloj y les cortaron el tema 18 del setlist porque ya se habían pasado del tiempo que les correspondía. Breve pero intenso.

No faltaron clásicos del fiesteo bizarro como Unleash the Bastards, You’re Cut Off, Beer Pressure, Wrong Answer, Terror Shark, Headbanger Face Rip o Sadistic Magician.

 

Aprovechando que ya estábamos en el Main Stage 2 y sólo había que torcer la vista hacia el otro, continuamos con la “sesión vermú”, amenizada ahora por ORPHANED LAND.

Nada más y nada menos que desde Israel nos llegaba la banda comandada por Kobi Farhi, a deleitarnos con su más que curiosa fusión de metal progresivo con folk de raíces orientales.

Con una trayectoria que se extiende desde 1991 hasta nuestros días y ya sin Yossi Sassi en sus filas (una pena, aunque Idam Amsalem cumple con su papel de substituto de una manera más que digna), los considerados pioneros del metal oriental comenzaban su show con Ocean Land (The Revelation), seguida de All Is One y The Simple Man.

Su propuesta es de lo más interesante, eso está claro, y la ejecución de los temas es brillante. Es un grupo que sorprenden gratamente a la gente que no los conoce y congratulan sobremanera a los duchos en la materia.

Tras Baraka, The Kiss of Babylon (The Sins) y Olat Ha’tamid, llegaba el turno de Sapari, probablemente el tema más celebrado y el que más le suena a la gente de los israelíes.

Ya habían estado presentes en la edición de 2011 del festival galo (“Mustaphà… Te voy a dar yo a ti Mustaphà…”) y estaba claro que había gente que ya los había visto de aquella, les habían gustado/sorprendido y querían repetir.

 

In Thy Never Ending Way (Epilogue)y Norra El Norra (Entering The Ark) nos acercaban al final del concierto, con un Kobi Farhi envuelto en un halo totalmente cristóforo, proclamando su mensaje de paz y unidad entre culturas y religiones (temática central de la banda, en general), con una versátil técnica vocal que pasa del gutural al limpio de manera grácil y sutil, desprendiendo influencias judías, árabes y de Oriente Próximo a tutiplén.

Con Ornaments of Gold ponían punto y final a 40 minutos de concierto exquisitamente bien aprovechados.

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Dos conciertos así, a modo de “sesión vermú” del domingo, estaba bien, por el momento. El solêtte comenzaba a apretar, además, así que era una ocasión ideal para acercarnos hasta el Extreme Market, ponernos a la sombra, dar una vueltecisha por allí y sumergirnos en toneladas y toneladas de discos y merchan de bandas extremas, “coma se fose pa unha voda”.

Acto seguido y como es tradición también, era el momento ideal para acercarnos hasta el área de restauración, completísima y de lo más variada, hacernos con unas buenas raciones de Pad Thai (exquisitos fideos tailandeses con carne y verduras), un par de pichets de refrescante birrêtta pelletier e ir a degustarlo todo al Kingdom of Muscadet, en las mesas de madera que por allí se disponen, a la sombrita.

Después del merecido relax en la foresta (durante el cual escuchábamos a TARJA hacer gorgoritos de fondo, sin llegar a atraernos lo más mínimo sus “cantos de sirena” hacia los Main Stages; todo hay que decirlo), llegaba el momento de buscar jaleo de nuevo.

GOJIRA(Guantanamera) aglutinaba hordas de público gabachier en los Main Stages, pero un servidor necesitaba otro tipo de jaleo, más sucio y menos sofisticado.

Entre que sabía que en el Resurrection Fest volvería a tener la oportunidad de ver a los, en mi opinión, sobrevalorados gabachos, de por sí ya no son santos de mi devoción, me resultan totalmente pl-anos, monótonos y, en definitiva, pienso que aburren a un santo (vengan esos “haters”…jejeje…), no hubo lugar para duda alguna. La proximidad de la Warzone con respecto al Kingdom of Muscadet fue sólo la excusa perfecta para adentrarnos en territorio punkarra y hacer el mal con RATOS DE PORAO.

Corrían las 16:45 y las leyendas del crossover punkarra/hardcor-eta brasileño saltaban a escena para hacer vibrar al relativamente escaso público de la Warzone. El ya mítico Joâo Gordo, su inseparable Jâo y sus colegas salían con ganas de fiesta y de poner a andar a la peñita que seguía resistiendo, a golpe de domingo por la tarde, los duros embates del festival.

 

Formados nada más y nada menos que en 1981 (xa choveu…) en la siempre peligrosa Sâo Paulo, Ratos de Porao cuentan con una trayectoria que los ha convertido en uno de los grupos más queridos y respetados del panorama hardcore mundial por fans y músicos de varias generaciones, ya.

Sabíais que Joâo Gordo, de 52 años, lleva 15 años entregado al vegetarianismo y los dos últimos siendo ya totalmente veg-ano?. Paradojas de la vida…

Para regocijo de muchos, los tipos se tocaron el mítico ‘Anarkophobia’ (1990) entero y en orden; simplemente cambiando el último tema del disco (Jardim Elétrico) por la archi-conocida Crucificados Pelo Sistema.

Quizás se echó en falta algún clásico más, como Periferia, pero qué cojones… El concierto estuvo fetén y la gente se lo pasó en grande.

 

A las 17:40, se solapaban los conciertos del Main Stage 2 y The Valley. En The Valley tocaban KADAVAR y, la verdad, el ambiente que intuía iba a imperar por allí se me antojaba hipster en demasía, para ese momento concreto. Demasiados ful-anos con barba y chichito, tatuados hasta el pescuezo, juntos, para mi gusto… (you know what I mean…).

Es por ello que, tras abandonar la Warzone con calma y atravesar la carballeira del Kingdom of Muscadet, ya que quedaba de paso, decidí quedarme a ver a aquellos que por 1984 fundaron una banda llamada Lucifer’s Heritage, para cambiarse de nombre en 1988, al más conocido de BLIND GUARDIAN.

Hacía años (o cerca de una década, más bien, si no me equivoco…) que no veía a los alemanes en di-recto, así que tenía curiosidad por ver cómo habían envejecido, tanto ellos como su sonido.

Mientras me acercaba al escenario, los teutones ya saludaban al respetable a ritmo de The Ninth Wave; para saludarme a mí, cuando por fin encontré un sitio idóneo, conThe Script for My Requiem; lo cual agradecí sobremanera, al pertenecer al que siempre fue mi disco favorito de los guardianes: el gran ‘Imaginations from the Other Side’.

Con un Hansi Kürsch a punto de entrar en la cincuentena al frente, visiblemente envejecido en comparación con la anterior vez que lo había visto, pero en bastante buen estado vocal, la banda sonaba como siempre, básicamente; o sea: bien.

Mucha orquestación, como es habitual en sus discos, muchas voces (que me resisto a creer que salieran de los micros de coros del resto de la banda, por más que se empeñaran en hacerlo parecer así) y mucho movimiento en escena, en especial por parte de los dos guitarristas, Andrè Ölbrich y Marcus Siepen.

 

Con Time Stands Still (at the Iron Hill) y Tanelorn (Into the Void) sobrepasábamos ya el ecuador del concierto. Qué queréis que os diga? Yo esto de tirar de temas largos en un festival, cuando dispones de escasos 50 minutos para tocar (intros y “speeches” aparte), sigo sin verlo muy claro. Al final, como en este caso, te queda un concierto de 8 temas y está claro que se te van a quedar muchísimos en el tintero, que a la peña le gustaría disfrutar.

Tras Prophecies y la coreada Valhalla, llegaba el momento de sacar las banquetitas, las guitarras acústicas y poner a todo Clissôn a cantar The Bard’s Song – In the Forest a modo de coral cervecera que nos hizo, quizás, añorar tiempos juveniles, por un momento.

Sólo quedaba tiempo para un triste bis y, como de costumbre, este fue Mirror Mirror, del épico ‘Nightfall in Middle Earth’ (1998).

No estuvo mal, para recordar tiempos pasados, en compañía de grandes amigos, cuando nos comíamos el mundo y creíamos que todo era posible.Profile

 

Después de la segunda tanda de dos conciertos del día, tocaba un nuevo descanso. La recta final del festival era apoteósica, con Megamuerte, Ghost, Black Sabbath y King Diamond, así que había que seguir jugando las cartas adecuadas y gestionando bien las energías y la lucidez mental.

Desde luego, no era momento de meterse en un concierto de SLAYER, que comenzaban ya a sonar en el Main Stage 1 y a los cuales ya ví por lo menos diez veces en los últimos 15 años.

Además, tras Esleia, tocaban otros grandes sobrevalorados del panorama metálico actual: AMON AMARTH. Caldo de cultivo de pajilleros posturetas, levanta-cuernos de hidromiel de camiseta negra brillante (porque es nueva, de moda y lavada con Perlán) y ni un ápice de estudios, en general (sabéis de sobra que la mayoría es así; no me jodar…). Id a “vikingar” a casa de Cristo, anda…

Buena ocasión para hacer una última incursión hasta las tiendas, tomarse un rato de relax en los aledaños de las mismas (degustando unos sabrosos quintêttes, of course (tête de la)) y retornar con los pichets cargados para la última gran batalla del festival.

Una solapación (la de Grand Magus, a caballo entre Megadeth y Ghost) me tocaba el carasho sobremanera desde que se hicieron oficiales los horarios del festival. El Papa es sagrado, pero no descartaba la posibilidad de improvisar algo “in situ” para poder ver algo del concierto de sus compatriotas suecos, antes del inicio del cónclave satánico (…siamo con clavi…..siamo con Dio…..siamo con il nostro Dio scuro…).

A ver lo que se podía hacer…

 

Antes de nada, teníamos una cita a las 20:45 en el Main Stage 1 con Dave Mustaine y sus mercenarios (no offense, Mr Ellefson).

Tras la curiosa intro Prince of Darkness (con un fragmento del tema de mismo título incluido en su polémico ‘Risk’, de 1999), MEGADETH saltaban a escena con Hangar 18, carrerita desde bambalinas hasta la frontal del escenario incluida (“factor sorpresa”, al más puro estilo ‘80s).

Como dato curi-oso, salientar que durante este primer tema se avistaron celebridades del metal, como Tony Foresta (Municipal Waste) o Matt Thompson (King Diamond), volando en tirolina sobre las cefas de las decenas de miles de personas agolpadas frente a los Main Stages. Son como niños…

Tras The Threat is Real, de su último disco, Mustaine dedicaba Tornado of Souls a Nick Menza, batería de la formación “clásica” de la banda, fallecido hace un par de meses (“I want to dedícate this song to my old friend Nick…”).

Con un pletórico Kiko Loureiro haciendo justicia a las partes de guitarra creadas por el gran Marty Friedman y con el nuevo batera oficial, el belga Dirk Verbeuren (Soilwork), bastante bien integrado en la banda, el combo sigue sonando como el titán del thrash metal que es. Aunque está claro que Megadeth es Mustaine y Mustaine es Megadeth, la huraña señora pelirroja, de famosa mala hostia, siempre se supo arropar por músicos fetén, para llevar a cabo sus diabólicos (ahora cristianos) planes.

Y hablando de la señora pelirroja de gesto osco, hay que decir que si algo fallaba en el sonido de la banda, era su voz. Desconozco si es que los años pasan factura o si llevaban muchos conciertos seguidos de la gira, o algo….; pero está claro que la voz de Mustaine no sonaba bien; quedándose en un “quiero y no puedo”, en la mayoría de las ocasiones. El tío tuerce la boca, en su más que característico gesto, de medio lado, pero da la impresión de que la voz no le quiere salir con la facilidad de antaño. El tío sufre.

Eso sí, el tipo sigue tocando la guitarra de manera fetén. Por algo sigue siendo el mejor guitarrista que tuvo Metallica…

A continuación, She-Wolf, del ‘Cryptic Writings’, tema que le debe molar especialmente a Mustaine, junto con Trust (del mismo álbum), ya que son fijas en sus repertorios.

Tras Post American World, del ‘Dystopia’ (2016), otra fija de los setlist Megamuerti-anos: Sweating Bullets. También le debe molar bastante al viejo Mustaine, aunque nunca haya sido de mis temas favoritos de Megamuerte y, la verdad, me cansa un poco verlo en di-recto cada vez que tengo ocasión de ver a la banda en acción.

Comenzaban ahora otro tema nuevo, Poisonous Shadows, y el hecho de que ya los hubiera visto unas cuantas veces (y espero poder verlos más, porque me molan bastante), sumado a que Mustaine no tenía su mejor día vocal, ni mucho menos, me animó a hacer Profilealgo que ya venía pensando desde que salí de las tiendas: cortar el concierto de Megadeth por la mitad, ir a ver un rato a Grand Magus y volver para ver a Ghost después, desde el principio.

 

Así fue y emprendí camino hacia The Altar, con tiempo suficiente para llegar antes de que GRAND MAGUS comenzaran su show, a las 21:30. Sabía que no me arrepentiría.

Comenzar un concierto con la intro de Conan el Bárbaro ya es toda una declaración de intenciones, desde luego. Eso para empezar…

Tras esa épica “puesta en escena”, saltaban los suecos al ruedo con I, The Jury, tema que abría aquel ‘Hammer of the North’, en 2010, continuándola con Sword of the Ocean, de ‘The Hunt’ (2012).

Comandados por Janne “JB” Christoffersson desde 1996, los de Esto-colmo nos traen el lado Heavy más clásico, con matices de doom épico y stoner, muy influenciado por el Hard Rock y por bandas como Judas Priest, Manowar, Black Sabbath o Deep Purple.

On Hooves of Gold, del grandísimo ‘Triumph and Power’ (2014) (título que bien podría haber sido acuñado por los mismísimos Manowar), daba paso a Varangian, de su más reciente ‘Sword Songs’ (2016), y me invadía la zozobra, ya que el tiempo se me agotaba…

La cosa andaba justa, pues Ghost comenzaban su show a las 22:05 y todavía tenía que llegar desde The Altar hasta el Main Stage 2 y hacerme con un sitio medianamente fetén.

El tiempo apremiaba y, por más que me jodiera dejar un concierto que me estaba molando (Calrissian) un huevo, el Papa es el Papa…

Sonando Steel Versus Steel, me abría paso entre los pobladores de The Altar, yéndome con muy buen sabor de boca por lo que había visto, pena por no haber visto más y la reafirmada convicción de que Grand Magus son MUY GRANDES y valen mucho la pena.

Esos sí que son vikingos de verdad, sin necesidad de tanta parafernalia, atrezzo y postureo, joder…

A continuación, comenzaba lo mejordel festival. Lo que había ido a ver. Los que posiblemente sean mis tres grupos favoritos (junto con un par de ellos más), tocando seguidos, en los Main Stages. La hecatombe se cernía sobre mi cefa, cuan Espada de Damocles…

Con su ya clásica e inquietante doble intro de Miserere mei, Deus y Masked Ball, aparecían los no menos inquietantes Nameless Ghouls, despojados ya de sus capuchas y luciendo sus nuevas máscaras demoníacas y renovados atuendos.

Envuelto en un haz de  luz y surgiendo de la nada, el Papa Emeritus III (es mi señor, nada me falta) entonaba las primeras frases de Spirit, tema que encadenarían con From the Pinnacle to the Pit, tal y como sucede en su último disco, el majestuoso y enorme ‘Meliora’ (2015).

El Papa Emeritus es un frontman de la hostia. Aparte de ser un gran vocalista, versátil y teatral, el tipo representa su papel y su concepto a la perfección y, desde luego, sabe como meterse al público en el bolsillo.

En la truculenta Body and Blood, nos presenta a las Sisters of Sin, que no son si no un grupo de chavalitas que en cada concierto eligen previamente, atavían de “monjas putas” y las hacen bajar a repartir hostias (de las de misa) y vino de comulgar al público de las primeras filas; no sin antes advertir seriamente a la audiencia que no se les ocurriera (u ocurriese) propasarse con ninguna de ellas. Cabe citar, también, que en esta ocasión me parecieron bastante jovencitas, quizás, las monjitas en cuestión… (aaaaay, Paaapa…..Paaaapaaaaaaa…….Te molan jovenzuelas, Rigodón…).

Tras aprovechar la instrumental Devil Church para ir a ponerse “de sport”, sonaba el acojonante riff de Cirice y nuestro Papa favorito aparecía con el nuevo atuendo a que nos tiene acostumbrados desde la salida de ‘Meliora’ (camisa, chaqué de faldones, zapatos “de claqué” y cefa descubierta) y la nueva actitud, más distendida y bailonga, que acompaña a dicho atuendo.

“Belial…Behemoth…Beelzebub……Asmodeos… Satanás… Lucifer”. Como si de una especie de siniestro Fred Astaire se tratara, el Papa chasqueaba los dedos (tipo “ouyeah, beibe”) y la fiesta de verdad comenzaba con Year Zero. Ese tema con aires disco-setentProfileeros que mete en el cuerpo la necesidad imperiosa de hacer una conga, puso a bailar a todo el festival, para regocijo del pontífice en cuestión *(conga como la que regalamos a los atónitos suecos, danzando alrededor suyo en un garito, tras su show en Porto del pasado noviembre; ocasionando que sus rictus faciales ante tal hecho fueran algo digno de ver, desde luego…).

Tras otra instrumental de ‘Meliora’, Spöksonat, llegaba el turno de la mejor canción de misa de la puta historia (de misa satánica, pero de misa, al fin y al cabo…) y, seguramente, la mejor de ‘Meliora’, junto con Cirice: He Is.

Es un puto temazo, de principio a fin. Con influencias que van desde Queen hasta el folk, pasando quizás por el AOR, también, es un tema que te eleva, te transporta y te llena de gozo. Un tema lleno de un espíritu muy religioso, al fin y al cabo (a su manera, claro está…). Un tema que te hace señalar al Papa Emeritus, tercero de su nombre, y gritar enfervorizado aquello de “PAAAPAAAAAA!!! PAAAAPAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!” *(algunos lo entenderéis…).

Los Ghouls son una máquina perfecta, que perpetran los temas con una fidelidad a los discos casi mágica, tanto a nivel sonido como ejecución. Está claro que el hecho de llevar coros sampleados se convierte en un obligado metrónomo que limita casi por completo cualquier posibilidad de improvisación, pero el resultado final es algo impresionante.

Tras el éxtasis religi-oso, llegaba el mal con los dos temas más heavies del último disco, Absolution y Mummy Dust, ambas cargadas de oscuridad, duros riffs y pequeños “dibujos” de teclado de lo más inquietante por el medio, que ahondan en la atmósfera que pretende crear la banda con su concepto, en general.

El show llegaba a su final y, tal como nos tienen acostumbrados desde la salida de ‘Infestissumam’ en 2013, este debía acabar con la sexual Monstrance Clock.

En palabras del propio Papa: “this is a song about fucking together… for Satan” (un fenómeno, el tipo).

En esta ocasión, para sorpresa de todos, se curraron un coro compuesto a base de niños y monjas putas, de cuestionable moralidad, para cantar al final aquello de “come together…, together as one….. Come together….., for Lucifer’s son…”. Todo ello con unos fuegos de artificio finales, a modo de colofón…

Me consta que se me nota un huevo que adoro (pesch) a estos tipos, pero joder… Los tipos se lo curran a base de bien, no paran de crecer, de explorar su concepto y su sonido, de crear composiciones acojonantes, de sorprendernos… Lo que han evolucionado y crecido desde la primera vez que tocaron en el Hellfest, en 2011, hasta este año, es digno de una admiración de lo más profundo; especialmente teniendo en cuenta el poco tiempo que pasó…

Que en el repertorio no hubo temas de ‘Opus Eponymous’, sólo dos de ‘Infestissumam’ y tal y cual?. Sólo disponían de una hora de concierto y se prepararon un setlist especial para la ocasión, en base a su último disco, con una iluminación especial, pirotecnia y truquitos adicionales, como el coro final… Es lo que hay…

 

En su última gira, mis broders Pelletiers y un servidor peregrinamos a verlos a Porto (Portugal, para los que estéis pez en geografía) y el concierto (la velada, en general, de hecho) fue la puta posha. Evidentemente, contando con más tiempo de actuación, el repertorio estuvo exquisitamente repartido entre sus tres magníficos discos.

Aunque mucho más exquisito fue acabar de birras con mi colega el Papa y sus secuaces (en ropa de calle, ya…) aquella noche, en un antro heavy de los suburbios de la ciudad lusitana.

Pasarte gran parte de la noche compartiendo birras con el Papa, hablando durante horas con él sobre todo tipo de música (es un tipo de lo más fetén, por cierto) y terminar abrazados y cantando a dúo Come to the Sabbath de Mercyful Fate, en pleno éxtasis satánico/cervecil, es una experiencia de las que no se olvidan fácilmente y, probablemente, algún día contaré a mis nietos.

Pero eso es ya otra historia…

Viva Papa! He Is!

 

Terminado el conciertazo de Ghost, la cosa se ponía seria de verdad. Llegaba el turno de los padres de todos nosotros, de los que empezaron la maldad toda: de los putos BLACK SABBATH. Sin ellos, no habría nada.

A las 23:10 y con puntualidad británica se proyectaba el vídeo introductorio de esta última gira de los magos de Birmingham sobre el Main Stage 1, con el ya mítico demonio (o ángel caído, más bien) que la banda ha convertido en su icono desde los años ’70 como protagonista (el cual me llena de orgullo llevar tatuado en mi pierna izquierda, a todo esto…).

Enorme logo de la banda, sonido de pluvia, campanas y truenos, como preludio a la entrada de Ozzy y sus “chicos” (purilones, con la misma) en escena; para empezar con el tema que lo cambió todo: Black Sabbath.

Me parece un gran acierto comenzar con ese tema, ya que, además de ser el nombre de la banda y del primer tema de su primer disco (homónimo, también), es también el primer tema en que Tony Iommi hace uso del tritón (la nota del diablo). La atmósfera oProfilescura de la pieza, la temática satánica de su letra, la tonalidad de las guitarras, su maléfico riff y sus cambios de ritmo sentaron las bases para toda la música “dura” creada a posteriori; con lo cual se puede decir que con ella empezó el movimiento al que hoy denominamos “metal”, en sí. Con ella empezó todo.

“Ou nooooou, nooooou…….Plis god jelp mi………….”

Continuaban los ingleses con la triposa Fairies Wear Boots (estos tíos no lo probaron nunca), la proto-hardcoreta After Forever, la mega-doom Into the Void y la oda a la cocaína Snowblind (si digo que no lo probaron es que no lo probaron, joder…).

Cuando estás viendo a papá y a mamá tocando delante de ti, sabes que da igual lo que toquen, porque todos los temas te van a molar. Era sabido, además, que en esta última gira (nombrada ‘The End’) no iban a incluir temas de su último disco, ‘13’, que sí habían incluido en la anterior; con lo cual, todo iban a ser clásicos. Un plan sin fisuras.

Las sirenas daban paso a uno de los momentos que más se presta a la interacción entre banda y público, con la totémica y anti-guerra War Pigs.

Ozzy arenga al público a marcar el tempo del tema haciendo palmitas entre los silencios del riff pre-estrofas, para pasar después a jugar con el respetable al ya clásico jueguecito de “yo canto una estrofa y vosotros la siguiente”. El resultado, siempre es emocionante, ya que se crea uno de esos momentos de comunidad entre el público en los que realmente sientes que, más allá de estilos, etiquetas y postureos varios, estamos todos en el mismo barco.

Tras esto, atacaban con uno de mis temas favoritos de la banda, perteneciente a su legendario primer disco (el cual es, también, mi favorito de su catálogo): Behind the Wall of Sleep.

Me encanta ese puto tema. La manera de recitar los versos por parte de Ozzy en este tema tiene algo extraño que hace que pierda toda concentración con respecto a cualquier otra cosa que esté haciendo en ese momento y me entregue a su maldad, sin remisión.

Y hablando de maldad, la ya mítica intro de bajo con wah-wah del grandísimo Geezer Butler daba paso a N.I.B., también del primer disco; tema cuyas siglas siempre se han querido identificar con “Nativity In Black” (en alusión al nacimiento del maligno), aunque la banda siempre lo haya negado y lo haya encontrado jocoso.

El tema en sí, se pongan como se pongan, habla de amar a Lucifer sobre todas las cosas; así que las risas sí…, pero bueno…… Algo había…

Geezer Butler… Que fulano… Aunque vaya entrando en años, su presencia escénica sigue siendo la de un diós en la Tierra. Dibujando sus anárquicas y oscuras líneas de bajo, se sumerge en los temas y se deja llevar, cerrando los ojos y moviendo la cefa, en un malvado e inquietante éxtasis.

Con él empezó gran parte de la maldad toda, ya que no olvidemos que casi la totalidad de las letras de la banda fueron escritas por él y él era el que estaba realmente interesado en todo el percal ocultista, de magia negra y demás. Con esto llegamos a que gran parte de la culpa de que la temática del metal se desarrollara por esos derroteros oscuros, es suya (un sujeto peligroso).

Los años no perdonan y los tres señores estos rondan ya los setenta años. Motivo más que suficiente para introducir la instrumental Rat Salad, del ‘Paranoid’ (1970), por el medio y dejar al jovenzuelo Tommy Clufetos (léase ‘clafiras’) haciendo un mastodóntico solo de batera en el que deja más que patente su pericia en el instrumento, la fuerza de su pegada y, en definitiva, que es un puto animal, hablando en plata…

Mientras, los puriles chupan algo de oxígeno entre bambalinas y disfrutan de su momento de asueto.

La figura de Clufetos en la batera nos hace añorar la presencia del bueno de Bill Ward (no lo prueba), batería original de la banda, en esta última (?) encarnación de la misma. El chaval, lo intenta suplir adoptando una estética descaradamente setentera, muy similar a la que solía lucir el coqueto baterista inglés por aquellos años, e intentando ser lo más fiel posible al estilo del mismo en cuanto a la ejecución de los temas se refiere; aportándoles, quizás, un plus de fuerza, pegada y técnica (es un batera “moderno”, al fin y al cabo…).

Tras el solo de batera, el ritmo del bombo nos llevaba a otro de los temas más legendarios, a la par que reconocibles (que no por ello mejores), de la banda: Iron Man.

Y quién es Iron Man si no el mítico Tony Iommi? A sus 68 años y habiendo superado un cáncer linfático recientemente, su estoica figura sigue emanando un aura casi religiosa en escena, suscitadora de respeto y admiración entre todos los que tienen la suerte de presenciarla “in situ”. De riguroso negro y con sus icónicas Gibson SG con cruces en los trastes, podríamos hablar de él como, posiblemente, el guitarrista más influyente en el mundo del metal.

Un guitarrista zurdo que se corta las yemas de varios dedos de una m-ano (quedando cerisha) y, en vez de tirar la toalla y mandar todo al carasho, inventa unas prótesis con tiras de cuero y celo para ponerse en los dedos y volver a aprender a tocar, tiene que ser Iron Man por fuerza. Además, dicho hecho lo llevó a bajar de tono la guitarra, para que las cuerdas quedaran más flojas y le resultara más fácil “bendearlas” con sus nuevas limitaciones físicas; lo cual, a su vez, contribuyó en gran manera a crear ese sonido oscuro y maléfico que tantas vidas ha cambiado y que tanto nos gusta.

Con Dirty Women, una deliciosa concesión al infravalorado ‘Technical Ecstasy’ (1976), y la super-heavy y tenebrosa Children of the Grave, la banda se retiraba del escenario, ante la aclamación del público.

Y qué decir Profilede Ozzy Osbourne que no se haya dicho ya?. Joder… Es el puto Ozzy… Con eso debería bastar…

No puedo negar que en las semanas anteriores al festival, la noticia de la reciente separación del mítico Madman de la que fue su mujer y manager durante los últimos 37 años, la controvertida Sharon Arden-Osbourne, y posterior constatación de que el viejo roquero estuvo “en paradero desconocido” durante más de dos semanas, hizo que me embargara cierta preocupación; ya que los hechos no presagiaban nada bueno.

Es de todos sabido que John Michael Osbourne no lo probó nunca, en absoluto. La mitad de su vida fue una constante bacanal de sexo, alcohol (mucho alcohol) y todo tipo de drogas; la otra mitad, una serie de intentos por parte del inglés de mantener sus adicciones a raya.

Todo indicaba que, ante el bajón emocional por la ruptura sentimental, el colega se encerraría en algún hotel de lujo por ahí adelante (como ya hizo en el pasado, en alguna que otra ocasión), comenzaría a “no probarlo” de nuevo a tutiplén (lo que seguramente hizo, por otra parte), aparecería en un estado bochornoso y deleznable y la gira se iría al carallo. Para grata sorpresa de todos, no fue así y Ozzy cumplió con su papel más que dignamente sobre las tablas, limitaciones habituales mediante (comentando “cu-cu” esporádicamente, haciendo el salto de la rana, palmitas, las manos para arriba y demás truquitos estrella…)

Después de haberlo visto en otra ocasión ya con Black Sabbath y tres ya como Ozzy Osbourne, con su banda en solitario, no deja de sorprenderme su cambio de actitud, de voz e, incluso, de presencia, al frente de una banda y de la otra. Se nota a leguas que Black Sabbath es su “banda mater” y que ahí es donde todo funciona a la perfección. Su voz encaja en los temas como un guante, ya que son temas concebidos para ser transmitidos a través de su voz. Su voz, mejor o peor, es única. Es la voz de Black Sabbath y punto. No hay duda y eso lo puede ver hasta el menos avispado, al ver a la banda en di-recto.

Siempre lo dije y siempre lo diré: Black Sabbath es con Ozzy. Punto. Lo que hicieron después también está fetén, pero no es Black Sabbath (por algo acabaron cambiándole el nombre a Heaven and Hell, llegado el momento).

Para terminar, sólo un triste bis, ya que la hora y media de concierto se agotaba. Con la archi-conocida Paranoid y un mar de subnormales gabachos haciendo crowd-surfing durante todo el tema y tocando severamente el carasho a la peñita de las primeras (y no tan primeras) filas, el concierto de Los Padres tocaba a su fin (The End?).

Incido en el temita del crowd-surfing porque en la anterior vez que Black Sabbath estuvieron en el Hellfest, hace dos años, había pasado exactamente lo mismo durante Paranoid, precisamente. Docenas de chavalines giliposhas que aparecen de repente sobre el público y te sorprenden desde atrás, golpeándote en la cefa si no estás al loro, mientras los van pasando hasta el foso, los seguretas los recogen, salen por un lateral y vuelta a empezar (rollo “circuito”).

Hablamos de peñita que no tiene ni puta idea de quién está tocando, en la mayoría de las ocasiones, y va simplemente a hacer el subnormal y tocar los cojones. De ahí que sea precisamente en Paranoid cuando empiece la fiesta de verdad para ellos, ya que supongo que será el único tema que de verdad les suena (como a todo el mundo le suena Satisfaction, de los Rolling, o Highway to Hell, de Acca Dacca, por ejemplo…) y es cuando dicen: “a hacer el ñandú tocan!”.

Físicamente, responden a una tipología bastante clara y reconocible: chavalines jóvenes (con pinta de origen franco/argelino, la mayoría), con cara de pocas luces y de no enterarse ni de donde están, en vaqueros, sin camiseta, con mochila a la espalda (posiblemente llena de “botín” fingado de las tiendas de la zona de acampada), pinta de kinkis de poca monta, de aire burlón, llenos de mierda y desprendiendo una “hostiabilidad” verdaderamente supina. No conocen ni el primer puto tema del primer puto grupo que toca en el puto festival, pero ellos disfrutan a su manera, empujando a la peña (hasta que se les aplica “DON’T PUUUUUUSH!!!”), montando sus circuitos de crowd-surfing e intentando joderle priva a la gente.

A veces, incluso chupan alguna que otra más que merecida hostia, pero a ellos les da igual, porque supongo que estarán acostumbrados, en sus hábitats de ropa tendida, miseria y gente “de mala calidad”. Cambian de ubicación y continúan con sus mierdas por otro flanco, hacia peña que aún “no los conozca”, de manera incansable.

Dan tanta rabia que da ganas de matarlos.

 

El festival se acercaba a su canto del cisne, pero este iba a ser un canto del cisne en falsete y lleno de maldad. Tras el Papa y el Prince of Darkness, como más que digno colofón, llegaba el turno del Rey.

De todos es sabido que KING DIAMOND es mi señor, nada me falta. Qué duda cabe?. Pero es que lo de este señor no es normal. Da verdaderamente la sensación de que haya “algo” supra-natural envolviéndolo y manifestándose a través de Él (sí, con mayúsculas, como Rey que es).

Al terminar el concierto de Ghost en el Main Stage 2 decidí mantener mi posición cerca de dicho escenario mientras tocaban Black Sabbath en el Main Stage 1 para gozar después de un sitio privilegiado durante el concierto de King Diamond, de nuevo en el Main Stage 2. El pequeño “sacrificio” de ver a Black Sabbath un poco “esquinado”, desde el margen izquierdo del escenario (ya los viera desde un sitio fetenón, cuando visitaran el Hellfest en 2013), a cambio del gran placer de ver a King Diamond en primerísima fila, a continuación (ya había hecho algo parecido en la anterior visita del Rey a Clissôn, en 2012, de hecho…).

Con puntualidad extrema, como es habitual en el festival, comenzaba a sonar la escalofriante introducción del laureado ‘Them’ (1988), Out from the Asylum, y automáticamente nos veíamos inmersos en las logradísimas historias de terror que el maestro Kim Bendix Petersen interpreta con tanta dedicación desde hace ya unos 37 años, aproximadamente… (con la coñita…).

 

“The old bitch is baaaaaack…”, susurraban los espíritus de la Casa de Amon (“them”, o “los otros”, si preferís…), mientras que la ya conocida figura de Grandma (la abuelita) hacía su aparición en la silla de ruedas, la banda entraba en escena y el Rey Diamante la comenzaba a atormentar, a ritmo de Welcome Home.

Profile“GRANDMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA………WELCOME HOOOOOME…..!!!”

Ya que su siguiente disco, ‘Conspiracy’ (1989), continuaba con la historia de la Casa de Amon, el setlist hacía lo propio y continuaba con Sleepless Nights, de dicho disco… (“I can not sleeeeeeeep aat niiiiiiiiiiiiiight……”). El Rey no da puntada sin hilo y le gusta hacer que sus repertorios sigan un hilo conductor, en la medida de lo posible, que los dote de un sentido global, o circular. Cuenta historias que comienzan, continúan, en ocasiones se entrelazan y terminan… (o no…).

De la siniestra Casa de Amon y su particular cementerio familiar (que el constantemente atormentado King se ve obligado a cuidar y vigilar todas las noches, durante ‘Conspiracy’), cómo no, pasamos a celebrar la noche de difuntos (y de brujas), con Halloween, de su primer disco en solitario como King Diamond, ‘Fatal Portrait’ (1986).

La banda suena como un auténtico cañón. Una máquina perfecta de metal compacto, afilado, melódico y más heavy que el viento sobre la que el maestro King navega a gusto, con su amplia gama de registros vocales.

Matt Thompson es un animal tras los parches. Me parece uno de los bateras más efectivos e infravalorados de las últimas décadas. Su trabajo con el Rey durante los últimos 15 años, tanto en disco como en di-recto, es impecable.

Cimentando una base rítmica perfecta, codo a codo con Matt, tenemos a Pontus Egberg (de The Poodles), perfectamente integrado ya en la banda y sustituyendo al viejo conocido de la familia Diamond, Hal Patino. Está claro que no tiene ni la mitad de glamour, sex-appeal y presencia escénica que emanaba Patino, pero es muy buen bajista, tiene cara de buena persona y de tipo s-ano (cuenta la leyenda que el amigo Hal no lo probaba y tal…).

Si con Halloween se celebraba la noche de brujas, la intro de teclado a continuación nos indicaba que la cosa iba a seguir por ahí… La gran Eye of the Witch, una fija en los repertorios del danés de las 1000 voces, daba paso a uno de los momentos más especiales de la noche (especialmente para los fans más “true” del Rey, entre los que me cuento), con la magistral interpretación de Melissa, de Mercyful Fate; la cual habla, también, de una bruja.

Y para invocar a las brujas, demonios o lo que haga falta, qué puede ser más fetén que la siempre efectiva misa negra de Come to the Sabbath, también de Mercyful Fate?. Si hasta el Papa Emeritus la canta enfervorizado al llevar unas birras encima, por algo será… ;)

Os dais cuenta de como el colega va enlazando temas de diferentes discos y creando una historia particular para la ocasión con ellos, dándoles un sentido global, no?. Todo un artista, el amigo King…

Antes mencionaba la base rítmica de la banda, pero, qué decir del tándem guitarrístico de auténtico lujo que se gasta el tito King?. Andy LaRocque y Mike Wead, nada menos…

Impresionante, lo que hacen esos dos y con la facilidad y el estoicismo que lo hacen. Intercambiándose vertiginosos solos (en escalas raras) y rápidas partes rítmicas, como si jugaran al “tú la llevas”, constituyen una de las parejas de guitarristas más sólidas y de más calidad del metal de los últimos tres lustros. Es probable que tampoco reciban el crédito que se merecen (especialmente Mike Wead, siempre a la sombra de Mr LaPiedra), con lo excepcionalmente buenos e imaginativos que son y lo extremadamente bien que compenetran sus partes de guitarra.

A mayores, la banda se completa con la ja de King, Livia Zita; una húngara 29 años menor que él que le cautivó el corazón mientras grababan ‘The Puppet Master’, allá por 2003, y que seguramente tuvo bastante que ver en su posterior lesión de espalda (ejem…). Livia, que lleva ya 13 años casada con el Rey, es la encargada de los coros en directo, apoyando a King en las partes más agudas, para que este pueda doblarse a sí mismo y se escape lo menos posible de lo que se quiere transmitir con cada verso.

El elenco se completa con Jody Cachia, la actriz/bailarina que se va sumergiendo en los diferentes papeles protagonistas de las canciones del Rey, con diferentes atuendos y atrezzos, y apoyando sobremanera el aspecto visual de la interpretación de las mismas.

A continuación, el pequeño ataúd blanco de un bebé (con un nombre escrito, conocido por todos) y las rejas de la mansión de los La Fey, nos indicaban que había llegado el momento de disfrutar del mítico álbum ‘Abigail’ (1987) en directo, de principio a fin.

Se trataba del aliciente principal de esta gira de King Diamond y, durante la misma, se supone que se grabó material para editar un más que esperado DVD en di-recto.

Después de interpretar todos y cada uno de los temas del ‘Abigail’ (“aaaaah-ah-ah-aaahhh…”), en perfecto orden y de manera magistral, el Rey se despedía de nosotros, ante una profusa ovación y decenas de miles de súbditos rindiéndole una más que merecida pleitesía.

No somos dignos… No somos dignos…

 

Está claro que el aspecto teatral es clave, al hablar de King Diamond, pero nadie interpreta mejor sus temas que él mismo. Y cuando digo “interpretar”, me refiero a “actuarlos”, realmente.

A sus recién cumplidos 60 años, nuestro admirado danés es uno de los mejores intérpretes de la Historia del metal y del Rock, en general. Tanto como escritor, con las historias que se curra, como con su manera de interpretarlas a través de sus múltiples voces, como con su manera de escenificar todo eso en directo, gestualmente, su labor no puede pasar inadvertida ni dejar a nadie indiferente.

Después de haber superado una grave lesión de espalda y una operación de triple by-pass a corazón abierto, el Rey está más en forma que nunca y su voz está mejor que nunca. De hecho, su voz está tan bien que acojona. Eso no puede ser hum-ano (“pero tú lo viste? Eso te digo y

Profile

o que cuenta con algún tipo de ayuda de fuera… y no es humana, ehh???”, o algo así versaba un viejo camarada Pelletier tras el show del Rey de 2012, en la Hellfiesta…).

No sé vosotros, pero yo ardo en deseos de que grabe y edite un flamante nuevo álbum cuanto antes, con una nueva y truculenta historia de terror, salga de gira de nuevo y poder volver a verlo en acción IPSO FACTO… (sibuplé).

Es mi señor, nada me falta…

Disfrutada, por fin, la maligna y mágica traca final en un estado de salud medianamente óptimo, ya se podía relajar “la Casita de Tomás” e ir a hacer el mal hasta el Metal Korner con todos aquellos que, año tras año, nos resistimos a que el festival se acabe hasta horas intempestivas.

Pero eso ya es otra historia…

 

Otro año de Hellfiesta superado, otra batalla ganada, otro puñado de historietas que contar, una y otra vez, a los colegas, un grado más avanzado en la solidez de la hermandad que nos une a los broders que, un año tras otro, vivimos la experiencia juntos…

Qué es la vida, al fin y al cabo, si no todas las experiencias que, en el poco tiempo que te corresponde sobre este planeta, dejas escritas sobre ella?.

Mejor arrepentirse de algo que se hizo que de algo que no se hizo.

 

Espero poder seguir librando batallas y contándooslas, si tenéis a bien leerlas

 

Salud, Rock and Roll y espíritu indomable

Mesías

HELLFEST 2016 - DÍA 2

Miércoles, 12 Octubre 2016 13:15

           DIA-2

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Amanecía nublado, el sábado; pero, por lo menos, no pluviaba…

Omeprazol, visita a Fecoland, floca-flocka, desayuno, anal-gésicos…

La sesión de morning presentaba algún que otro plato atractivo, como los japos Loudness, Crobot o el mismísimo Glenn Hughes; pero nosotros, como cada año, teníamos otra sesión a la que atender.

Como ya comentara el año pasado, el sábado del Hellfest tenemos la tradición de bajar paseando hasta el pueblo de Clissôn, a hacer algo de turismo. Disfrutamos de las vistas del río Sèvre desde el puente que lo cruza a su paso por esta villa, del castillo del siglo XII que se eleva cerca del río… y regulamos el pH en el Mercado de Les Halles. Más conocido por nosotros, cariñosamente, como El Galpón.

Bajo su cubierta de madera del siglo XV, donde se celebra el mercado todos los viernes, se dispone una concurrida terraza a la sombra donde acostumbramos sentarnos, tomar cañas “coma se fose pa unha voda” y piscolabis varios, mientras disfrutamos de las bandas locales que suelen amenizar la “sesión vermú” a los ass-istentes.

Con la tontería, se nos suele ir el mediodía y parte de la tarde, pero vale la pena. Hay que saber relajarse y gestionar bien las energías, que un festival así desgasta mucho a uno y tampoco es recomendable quemarse uno queriendo ver demasiados conciertos y después no estar en las condiciones que nos gustaría a la hora de ver los que de verdad nos interesan.

En mi caso concreto, teniendo en cuenta que los grupos que más me interesaba ver de esta edición del festival (Ghost, Black Sabbath y King Diamond) tocaban todos a últimas horas del domingo (seguidos, para más inri), tenía claro que el sábado me lo tenía que tomar con calma, para el domingo no estar hecho un puto cristo y no poder disfrutar de la pomada toda como me gustaría.Profile

De vuelta del Galpón, a media tarde, parada obligada en el ya entrañable Le Clerc, a comprar el imprescindible hielo, H2O para las floca-flockas del día siguiente y víveres, en general.

Parada en la tienda a reponer hielo en las neveras, prepararse una pichet bien peleteira y entrada, por fin, al recinto.

Todavía llegaba a tiempo de ver los últimos 20 minutos del concierto de WITH THE DEAD, así que me dirigí al The Valley, movido por la curiosidad.

Se trata del nuevo proyecto de Lee Dorrian (vocalista y fundador de Cathedral), junto con los ex-Electric Wizard Mark Greening y Tim Bagshaw. El resultado, como no podía ser de otra manera, es doom a morir.

Siendo, en esencia, un power-trío, en di-recto llevan consigo un “cuarto beatle”, para completar el percal. Riguroso luto, estética y ambiente oscuros, conjugados con una actitud entre solemne y heavy.

En cuanto a sonido, estamos ante un grupo “de corda gorda” (como diría un buen colega, al referirse a este tipo de grupos doom y stoner); es decir, cuerdas de calibre resonso, afinaciones bajísimas y rollo pesado, muy pesado… De hecho hasta demasiado pesado, por momentos…

En cuanto al setlist, aunque ya dije que llegué tarde, parece ser que tocaron todos los temas de su disco homónimo, menos el último (porque no les daba tiempo), en el mismo orden que aparecen en el disco. Hablamos de temas de 8 y 9 minutos, así que claro….; sólo tocaron 6 temas.

Su doom machacón de guitarras ultra-distorsionadas y Wall of sound a tutiplén crea una atmósfera plomiza, entre lo deprimente y lo agónico. Lee Dorrian se cubre de un exceso de “ozzycidad”, inclusive, por momentos…

Pues eso… Poco más…

 

Nos servían a continuación un plato un tanto peculiar en la Hellfiesta, pero no por ello menos disfrutable. Era el turno de uno de los guitarristas más importantes, innovadores e influyentes de la Historia. Era el turno de JOE SATRIANI.

Digo peculiar porque creo recordar que es la primera vez que adivino entre el cartel del Hellfest la actuación de un guitarrista “virtuoso” que haga música instrumental y no deja de ser curioso disfrutar de algo así en los Main Stages el sábado, a golpe de 18:35. Curioso, pero agradable.

 

Saltaba a escena el alopécico guitarrista sexagenario con Shockwave Supernova, tema que abría su último disco de estudio, de mismo nombre, editado en 2015; para continuar con Flying in a Blue Dream, para regocijo de los fans más “entendidos”.

Acto seguido, primera de las cuatro concesiones de la noche al gran ‘Surfing with the Alien’, disco al que debe gran parte de su carrera el bueno de Satch, con Ice 9.

Siempre sonriente (a la par que jovial), luciendo americana plateada y sus ya clásicas gafas “mosca”, el maestro de las 6 cuerdas deleitó al respetable con todo su catálogo de truquitos guitarrísticos que, aparte de haber sentado escuela para esto del pajillerismo sobre mástil con clase, ha influenciado ya a varias generaciones de músicos.

Y digo pajillerismo “con clase” porque es obvio que hay grados y diferencias notables entre un tipo de músicos……y “el otro”.

ProfileGuitarristas como Joe Satriani o su antiguo pupilo, Steve Vai, son Músicos (con mayúsculas) que han dedicado sus carreras a explorar el instrumento y hacerlo dar lo más de sí posible en términos de sonido. Hacen canciones, no solos. No se limitan a parir notas y escalas “arriba/abajo” para lograr ser el más rápido del oeste (aunque pudieran), si no que exploran sonidos y crean melodías con las que construyen canciones con verdadero sentido; de las que, aún siendo instrumentales, tiendes a cantar la melodía principal al escucharlas.

Continuaba el concierto con dos temas más de su último disco, On Peregrine Wings y Cataclysmic, intercalándoles por el medio Crystal Planet, del ya lej-ano disco de mismo nombre, que vio la luz allá por 1998 (como pasa el fucking time…).

A partir de ahí, el despiporre padre para cualquier fan del Maestro, con Summer Song y tres temas seguidos del laureado ‘Surfing with the Alien’ para terminar: Always With Me, Always With You, Satch Boogie y Surfing With the Alien.

Por supuesto, no podemos terminar de hablar del concierto de Satriani sin mentar el BANDÓN que lo acompaña en sus gestas, ya que es indudable que son un seguro de vida para que el Maestro se luzca a gusto, sobre el mullido colchón que ellos le aportan.

Estamos hablando, evidentemente, de Bryan Beller al bajo, el ya medio puril Mike Kenneally a la guitarra rítmica/teclados y el enorme, entrañable y siempre sonriente Marco Minnemann tras los parches baterísticos (adoro a ese tío).

Así cualquiera…

Sin movernos del sitio, tan solo moviendo la mirada hacia el Main Stage 2, continuaba el percal concertístico, sin pausa, con los americ-anos DISTURBED.

Aunque un servidor no es seguidor en demasía de este tipo de bandas, ya los había visto con anterioridad (en el Download Festival 2008, en Donnington Park, UK) y me habían sorprendido muy gratamente, tanto por su sonido como por la energía de su di-recto. De ese modo, consideré adecuado volverlos a ver y animé a mis compinches a hacer lo mismo; algo de lo que me consta que no se arrepienten, a día de hoy.

La primera impresión, aparte de que el vocalista, David Draiman, está bastante más resonso y menos ágil que la anterior vez que los había visto, es que suenan muy bien y muy potentes (impresión que ya me habían dado en 2008). Al mismo tiempo, noté dos cosas bastante de agradecer, en la evolución de su sonido. La primera, el haber dejado atrás ese nu-metal que los caracterizaba en sus inicios, en aras de un “metal alternativo” de cariz más propiamente “heavy”, si me permitís. La otra, en la misma línea, en cuanto a la voz de David Draiman se refiere; dejando un poco más aparcados los tonos rasgados a favor de una voz propiamente heavy en sí (más heavy que el viento, por momentos, de hecho…). Y es que la verdad es que el ful-ano es un señor vocalista, con la coñita… Cuando quiere, canta muy fetén.

Como nota negativa (seguramente discutida por algunos) veo el hecho de que en un concierto de 1 hora peladêtta y un setlist de 13 temas, les parezca buena idea introducir la friolera de CUATRO VERSIONES (!!!) entre el repertorio, tres de ellas seguidas, de hecho…

Por ejemplo, tocan tres temas de su último disco, ‘Immortalized’ (2015), y deciden que la versión de The Sound of Silence, de Simon & Garfunkel sea una de ellas.

Cuando ves que Disturbed versionan un tema así quieres pensar que realmente hayan hecho una versión y la hayan llevado a su terreno (metiendo metalón y tal, noabes?)… Pues no… Es tal cual la original… Se sacan los tipos de banquetitas…, que si mandolina, que si tecladito bucanier, que si timbales de orquesta…

Que no, coño… Que noooooo……

Aparte de esos tres temas del último disco (versioncita incluida), se marcan otros tres de su primer disco, ‘The Sickness’ (2000), otro par de ellos repartidos por entre su discografía y, de repente, se mandan otras tres versiones SEGUIDAS, con estrellas invitadas de otras bandas en el ajo…

Le aplican Shout at the Devil (Mötley Crüe), con peñita de Sixx AM (Nikki Sixx incluido), Baba O’Riley (The Who), con el mismísimo Glenn Hughes, y Killing in the Name (Rage Against The Machine), ya ellos solitos, por puro vicio.

A ver, chorbos… No me jodar…

La coña es que es una muy buena banda, que suena muy bien y la ejecución de los temas fue fetén (inclusive de las covers), pero quiero creer que los “die-hard-fans” de los de Chicago (Illinois) que hubiera (o hubiese) entre el público se debían estar cagando en San Juan Nepomuceno, al ver como la banda que iban a ver “malgastaba” parte de su escueto tiempo en escena haciendo 4 versiones de otras bandas.Profile

Pienso que me explico, no?. Pues eso… Al carasho…

 

Acto seguido y ni que para apoyar mi punto de vista sobre lo anterior fuese, van los BAD RELIGION y le aplican 21 temas propios en 50 minutos. Entendéis la diferencia, no?.

Llegamos ya con el concierto de los americ-anos empezado, ya que se solapaba 5 minutos con el de Disturbed y, encima, había que desplazarse hasta la Warzone, hogar de punkarras y hardcor-etas.

El ambiente, como no podía ser de otra manera, era de lo más festivo, ya que estamos hablando de unas auténticas leyendas del punk rock y el hardcore, que llevan sobre las tablas nada más y nada menos que 36 años, con la coñita…

No voy a meterme en el repertorio de manera pormenorizada, ya que, como os digo, son 21 temas, uno tras otro, sin tregua (Barricada dixit) ni compasión. Evidentemente, no faltaron clásicos como Fuck You, I Want to Conquer the World, Recipe for Hate, 21st Century (Digital Boy), You Are (The Government), Suffer, Infected o American Jesus, con la que cerraron el concierto.

Greg Graffin y sus chicos (puriles, más bien) supieron aprovechar sus 50 minutos al máximo y hacer disfrutar al respetable con su más que reconocible punk rock angelino, “marca de la casa”, de manera que todo el mundo abandonaba el lugar con cara de satisfacción, tras terminar su actuación.

Caña, caña y caña… Como tiene que ser.

 

Buen momento para hacer otro receso y darse una vueltecisha hasta las tiendas, a tomar un frugal ágape, a modo de “cena”, y rellenar pichets para volver a la carga, ya en sesión de noche.

Daban las 23:00 y era momento de disfrutar de unas leyendas del hard rock americ-ano. Nada más y nada menos que TWISTED FUCKING SISTER.

Celebrando la que anuncian como su última gira (insisten en que es cierto y no harán una “scorpionsinha”), bajo el nombre de “Forty and Fuck it”, los neoyorkinos encabezaban la jornada del sábado, ante una zona de Main Stages abarrotada para despedirlos como se merecen.

Con la ya clásica puesta en escena a ritmo de What You Don’t Know (Sure Can Hurt You), con Dee Snider entonando aquello de: “GOOD EVENING!!! WELCOME TO OUR SHOW!!!”, saltaban a escena las sisters, recordándonos a continuación queThe Kids Are Back y nos iban hacer a todos Burn in Hell.

Hay que tener en cuenta que al hablar de Twisted Sister, hablamos de una banda que no edita material nuevo de estudio desde hace casi 30 putos años (‘Love is for Suckers’, 1987), si exceptuamos el álbum de villancicos ‘A Twisted Christmas’ (2006), que creo que hablo por todos al declarar que no se puede considerar un álbum serio. De ese modo, se puede decir que llevan años y años saliendo a escena con prácticamente el mismo setlist, noche tras noche, basado en sus mayores éxitos; los temas que le molan a todo el mundo desde hace 40 años. Un plan sin fisuras, vamos…

Tras Destroyer y You Can’t Stop Rock ‘n’ Roll, llegaba el turno de The Fire Still Burns, del ‘Come out and Play’, una “rareza” que no recuerdo haberles visto con antelación en di-recto, la verdad, lo cual no dejó de sorprenderme, teniendo en cuenta la habitual “rigidez” de sus repertorios de “greatest hits”.

Todos echábamos de menos la entrañable figura de AJ Pero tras los parches (el cual sufrió un pequeño problema de muerte en marzo de 2015, al darle un patatazo al cuore mientras sobaba en el bus de gira con Adrenaline Mob), pero, al mismo tiempo, no dejaba de ser curi-oso el poder estar viendo a Twisted Sister con el gran Mike Portnoy supliéndolo, con gran eficiencia, respeto y cariño.

Con la ya legendaria intro de batería con cow bell creada por el malogrado Pero, llegábamos a esa parte tan manida por el sur de Europa (o norte de África, según como se mire) del “huevos con aceite (y limón)”, que todos conocéis más que de sobra, así que ya ni mento el temita en cuestión.

ProfileTras el siempre emocionante medio tiempo The Price, llegaba otra “rareza” con I Believe in Rock and Roll. Los “chavales” estaban sorprendiendo, jugando al despiste…

La banda, impecable. Aparte del colosal Portnoy en la batera, Jay Jay French muy activo y moviéndose mucho, Eddie “Fingers” Ojeda un poco más estático, como de costumbre, Mark “the Animal” Mendoza maltratando su bajo a base de bien y dando miedo (como de costumbre, también) y Dee Snider (que de jórribol es ese hombre, joder…) pletórico y en un estado de forma que ya nos gustaría a muchos; sobre todo teniendo en cuenta que ya campa por la séptima década de vida (tiene 60 años), el colega de rostro equino y troba paja. Todo un torbellino de adrenalina, el señor.

Tras el obligatorio himno transgeneracional I Wanna Rock (el que no recuerde a Mark Metcalf gritando aquello de “What do you wanna do with your life???” en el famoso videoclip, no tiene padre, madre, ni abuelas), llegaba el momento de homenajear a otro gran amigo desaparecido recientemente: Lemmy Kilmister.

Para rendir tributo al gran Lemmy, invitaron a escena a Phil Campbell, guitarrista de Motörhead, y se mandaron Shoot ‘Em Down y Born to Raise Hell, versión de la ya también desaparecida banda inglesa.

Tras cerrar el concierto con el ya clásico S.M.F. (Sick Motherfucker), la organización del festival también rendía pleitesía al Maestro Lemmy, dedicándole la sesión de fuegos de artificio de este año (se suele hacer cada año, después del cabeza de cartel del sábado).

 

Es posible que fuera mejor haberlo dejado aquí, por lo menos en cuanto a conciertos se refiere, pero decidimos hacer algo de tiempo y esperar los 45 minutos que faltaban hasta las 01:00, para ver la frikada del Henry Rollins: GUTTERDÄMMERUNG.

Craso error…

Ya al llegar a la Warzone y ver que la peñita se empezaba a sentar en el suelo y en las gradas, para “ver la peli”, debimos advertir que aquello iba a ser un corte de rollo significativo, pero decidimos darle una oportunidad.

Anunciada como “the loudest silent movie on earth”, se trata de una frikadísima de peli, en blanco y negro y prácticamente muda, en la cual aparece un elenco de engendros, en los más variopintos papeles, que procedo a relatar a continuación: Iggy Pop, Lemmy, Slash, Grace Jones, Joshua Homme, Jesse Hughes, Mark Lanegan, Tom Araya y el propio Henry Rollins.

Henry Rollins aparece en escena, ataviado de sa-cerdote y haciendo la “voz en off” por momentos, de manera histriónica, mientras una banda (bastante malucha, todo hay que decirlo) va desgranando tras la pantalla una serie de temas de la historia del Rock y el metal que se supone que van sirviendo de hilo conductor a lo que se cuenta en la peli.

Así, suenan un total de 18 temas durante la hora que dura la peli, de bandas como Black Sabbath, Motörhead, Jefferson Airplane, Deftones, The Doors, Rammstein, Ted Nugent, Slayer, Carl Orff, Metallica o Nirvana (para que os hagáis una idea de la manera de oscilar la movida).

Al final, pasó lo que tenía que pasar: entre los 45 minutos de “parón” entre el anterior concierto y “esto”, el hecho de estar sentados y, para qué engañarnos, que fuera una rallada tela, hizo que mucha gente se empezara a levantar y abandonar la Warzone a lProfilea mitad de la peli.

Como suelen decir que “donde fueres, haz lo que vieres”, no quisimos ser menos y nos sumamos a dicho éxodo.

No digo que el concepto del espectá-culo en cuestión no esté bien o que no fuera a disfrutar MUCHÍSIMO más de la peli en otras circunstancias y en otro lugar (en una sala o teatro, por ejemplo), pero allí y en aquel momento, desde luego, no tenía lugar.

No es una movida para meter en un festival, a la 1 de la morning. Es lo que hay.

 

Pasado este trance y mientras algunos se dirigían a ahogar las penas al Metal Korner, recordé aquello de “una retirada a tiempo es una victoria” (o era “una paja”?) y decidí hacer una cosa buena, pirando para la tienda. El día siguiente era el que más me interesaba con diferencia y no podía permitirme estar hecho un puto cristo.

Cosas de la edad y de que a uno le vienen ramalazos de sentidiño, de vez en cuando…

HELLFEST 2016 - DÍA I

Martes, 30 Agosto 2016 15:35

DIA-1

Profile

Una de las pocas cosas buenas de que cada año se desvanezca más rápido en el éter es que la tan ansiada fecha de la Hellfiesta llega antes. Así pues, el pasado jueves 16 de junio, a las 07:00 de la morning, la expedición Pelletier volvía a estar lista para partir hacia tierras galas, un año más, a hacer el mal.

11 engendros, 3 coches, un palet de Estrella Galicia, 15 litros de Mencía, algo de LK y 12 horas de viaje por delante (desde Guitiriz, nuestro habitual punto de salida) hacia el mejor puto festival de Europa (y, posiblemente, del mundo), el enormérrimo Hellfest Open Air Festival!!!.

Partía la comitiva Pelletier este año con el conocimiento de la existencia de un gran número de controles por autopistas y carreteras gabachiers, debido a la amenaza de un inminente ataque terrorista aprovechando la coyuntura de la mongolada toda de la Eurocopa y, por otra parte, la también amenaza de pluvia para ese fin de semana en las tierras del Loira por parte de los servicios meteorológicos (he de confesar que la segunda de las amenazas nos preocupaba bastante más, la verdad…).

Tras las ya habituales paradas técnicas, hacia el final de la tarde llegábamos a nuestro habitual emplazamiento de acampada (al margen de la zona de acampada oficial, que estamos ya puriles para aguantar mucha trangallada al lado), nos extasiábamos divisando los míticos bosques de Fecoland delante nuestro y montábamos lo que durante cuatro días iba a ser nuestro poblado pelletier.

El hecho de que este año llegáramos algo antes que otros años y Clissôn nos recibiera pluviando, hizo que, tras recoger nuestras pulseritas/acreditaciones, fuéramos capaces de llegar a refugiarnos bajo la carpa del Metal Korner y ver aún uno de los conciertos que la noche del jueves tenían lugar allí.Profile

La verdad es que hicimos caso omiso del grupo clissonier que estaba tocando y dedicamos más entusiasmo a brindar con las primeras de muchas pichet (jarra de litro y medio de birra, de plástico duro con asa) que caerían a lo largo de todo el fin de semana.

Como decía hace un par de párrafos (y el año pa-sado), uno va purilando y el cuerpo ya no es el que era (ya os tocará, insisto… Ya veréis que risitas, después…), así que, antes de encetrinarse mucho uno y dejarse llevar por la emoción, prudente es retirarse a tiempo y no hacerlo mal ya antes del primer día, pues las consecuencias pueden ser nefastas y joderte el resto (o al menos una parte) del festival.

Amanecimos el viernes con el cielo amenazando pluvia, lo cual no nos impidió hacer las pertinentes “tareas del hogar”, para irnos poniendo en movimiento.

Visitar los encantados bosques de Fecoland (nuestro WC natural privado durante el festival) era este año una tarea con la dificultad añadida de que la hierba de la vasta pradera que hay que cruzar para llegar a tan anhelado paraje estaba alta y mojada (debido a la pluvia). Habrá que comunicarse con los dueños del prado en cuestión y aplicarles que a ver qué es eso de no segar el prado debidamente, antes de la llegada de los festivaliers…

Pues eso… Fecón, floka-flocka a la intemperie con siempre refrescante desnudo integral incluido, omeprazol (es mi señor, nada me falta), a buscar hielo al LeClerc (gran supermercado cerc-ano) para peletar los quintêttes y ya estábamos listos para comenzar el festival.

ProfileEste año, las colas para acceder al recinto estuvieron más presentes durante todo el festival (especialmente a primera hora, que es cuando entra todo el mogollón de peña), ya que se había incrementado el protocolo de seguridad, por miedo a que los moros les diera (o diese) por montar un Bataclan por allí… (como está el mundo…). Colas que, por otra parte, los que vamos con acreditación de prensa no tenemos que sufrir, al entrar directamente por el acceso a la zona VIPs vaporub (lo cual es harto fetén, por cierto).

Después de un breve paseo “de reconocimiento”, la caída de unas pingôtas pluviales hizo que optáramos por guarecernos directamente en The Valley, donde tocaban los ucrani-anos STONED JESUS.

Se trata del típico grupo stoner de sonido añejo y reminiscencias setenteras tan de moda últimamente, con estética de índole “psicodélica” en sus artworks y demás… La modita y tal…

Con un setlist de sólo 4 temas, debido a la larga duración de los mismos (y el poco tiempo de que disponían), los de Kiev tuvieron el privilegio de ser el primer grupo ucrani-ano en pisar los escenarios del Hellfest. Electric Mistress, YFS, Here Come the Robots e I’m the Mountain, fueron los temas elegidos para tan magno evento.

Buen grupo, buen sonido, pero bueno… Lo dicho previamente… Uno de tantos grupos de este tipo que proliferan como setas los últimos años… La modita y tal…

Profile

Despuntaba el mediodía y, de pasada por un The Temple bastante concurrido ya, los irlandeses CRUACHAN tocaban To Invoke the Horned God, entre el típico ambiente “festivo-pajilleril” que suele imperar en los conciertos de folk metal, pagan folk metal o como queráis llamarle…

Pues eso… Engendros de jórribol, con la cara pintada de azul y ataviados de Braveheart, una pelirroja de generoso busto de por medio y venga gaiteirada, mezclada con “flema metalera”…

No, tíos, no… Lo siento, pero no puedo con esas mierdas… No me parecen serias…

 

Siguiendo con el paseo de reconocimiento, siempre se encuentran nuevos detalles que hacen que, año tras año, la organización del festival galo no deje de sorprendernos para bien. Una vez más, el verde césped natural imperaba en todo el recinto, bajo nuestros pies, WCs maqueados por doquier, las tiendas de merch, nuevas esculturas decorando el recinto, la ya clásica noria (“The Wheel”) y este año, a mayores, una TIROLINA desde el techo de los Main Stages hasta la mesa de sonido (pasando por encima de toda la peñita, tipo Paul Stanley, claro…). Tremendo…

 

ProfileEra hora de dejarnos de mariconadas, pues con los primeros pichets de birrêtta peletier en el cuerpo y a eso de las 12:50, el cuerpo pedía ROCK. Nada mejor para ello que NASHVILLE PUSSY, en el Main Stage 2.

El cuarteto de Atlanta (Georgia) (mucho engendro parió ese sitio, no?) son una apuesta segura para los amantes del “high voltage rock and roll” de base puramente “acedecesca”, aderezado con un matiz de velocidad y mala hostia punkarra, totalmente “motörhedi-ana”.

Con Struttin’ Cock y Rub it to Death, entraban en escena sin gozar de muy buen sonido, la verdad, (algo raro en el Hellfest), pero supliéndolo con doble dosis de actitud rockera y descaradamente macarra.

La banda del más que pintoresco matrimonio formado por Blaine Cartwright (que de jórribol es ese tío, joder…) y la exuberante Ruyter Suys (la ja del Demonio) celebran este año el 10º aniversario de su fundación y el 8º de aquel primigenio ‘Let Them Eat Pussy’, de sugerente, a la par que explícita, portada.

Con Wrong Side of a Gun, Pillbilly Blues y I’m so High (no, me mientes…), los americ-anos hacían mover el esqueleto a base de bien a una buena horda de festivaliers (como que varias decenas de miles, ya, conProfile la coñita…) que, pese a la pluvia (sí, seguía pluviando…), iban nutriendo de manera generosa la extensa planicie frente a los Main Stages.

 

El frontman, Blaine Cartwright, es todo un engendro, pero en el sentido literal del término: calvito y con melena (no hay cosa que de más pena), bigotón a lo Lemmy, resonso, voz de no probarlo en absoluto y, encima, con truquitos estrella como privar birrêtta del sombrero y después ponérselo (con birra aún dentro) y cosas así…

Ahora que me doy cuenta, sin sombrero me recuerda al actor mejic-ano ese resonso, harto de jórribol, que siempre hace de malo en las pelis (el que aplica lo de “perrechas quentes…, perrechas frías…, temos todo tipo de perrechas…” en Abierto hasta el amanecer (bien sabéis de quien hablo…).

La nueva bajista, Bonnie Butrago, da la impresión de estar medio fuera de lugar, por momentos, pero lo intenta bastante, moviendo la troba, dando caña al bajo y todo eso… El batera tiene una pinta de hipster que no puede con ella (no digo más…).

El show continuaba con Up the Dosage, Everybody’s Fault but Mine y la versión de The Marshall Tucker Band, Can’t You See.

Y qué decir de Ruyter Suys… Una especie de Angus Young con tetas, troba leonina y puesto de speed… Todo un espectá-culo en sí misma, la tía esta… Maltratando su Gibson SG a tutiplén, sin parar de moverse un solo segundo y engarzando solos endiablados con sucios riffs de carretera, Ruyter RULES y punto.

Con Good Night for a Heart Attack cerraban un concierto corto pero intenso, pasado por agua pero calentito.

 

ProfileA continuación, quedaba pendiente el típico acercamiento hasta el Kingdom of Muscadet (bosquecisho en medio del festi, con zona de esparcimiento, mesitas y bancos, bares, etc) y el escenario más apartado del festival, The Warzone.

El año pasado hubiera problemas con The Warzone, hogar de hardcor-eta-s y punkarr-ass en el Hellfest. Se puede decir que se había quedado pequeña y su acceso, especialmente, no todo lo adecuado que debiere. Esto fue especialmente notorio (us big) durante el concierto de Body Count, donde la zona de guerra petó, con tanta peñita.

En consecuencia de ello, este año nos encontrábamos una Warzone con notables mejoras, incluyendo un monumento coronado por una estatua de Lemmy Kilmister en la entrada de la misma. Una zona de restauración, una ladera con graderío para sentarse y ver los conciertos apaciblemente, un espacio mucho más holgado, especialmente en el acceso, que era el principal problema; y, en general, todo maqueadísimo como una verdadera zona de guerra, con piedras dispuestas tipo trinchera, vallas metálicas y torres de vigía….. Todo ello con el característico tono de herrumbre ocre, típica de la estética hellfesteira.

La hostia, estos gabachiers… Mira que les trabaja la cefa, a Mr Ben Barbaud (director de la organización del Hellfest) y sus huestes…

Regreso a las tiendas, a fagocitar algo, tomar unos quintêttes peletier y volver con energías renovadas y los pichets cargados para empezar la tarde por todo lo alto, con ANTHRAX y TURBONEGRO.

Los de New York saltaban a escena con ganas de darlo todo y el público los esperaba con verdaderas ganas, ya que el año pa-sado tuvieran que cancelar su presencia en el festival galo, en última instancia.

Con You Gotta Believe, primer tema de su último álbum, saltaron a las tablas del Main Stage 1 Scott Ian y sus compañeros de batalla, para encadenarla ipso facto con la obligatoria Caught in a Mosh y poner Clissôn patas arriba.

Continuaron con la frenética versión del Got the Time, de Joe Jackson, Fight ‘Em ‘Til You Can’t, del ‘Worship Music’ (2011) e Evil Twin, también de su último disco, ‘For All Kings’ (2016).

Es bueno volver a ver al gran Charlie Benante tras los parches, recuperado ya de su síndrome del túnel carpi-ano (qué lesión, si no, podría llegar a contraer el padre de los blast-beats?).

El incombustible Frank Bello, en su línea… Con el bajo en las rodillas, pateando escenario, cantando todos los temas, haciendo coros, arengando a las masas, moviendo la troba… Como tiene que ser, vamos… Contrasta con la actitud algo más comedida y discreta de Jon Donais, que no deja de ser el “new guy”.

A continuación, otra versión, Antisocial, hizo vibrar todo el recinto y formar elegantes pits en las inmediaciones del escen-ario. Quizás porque sea una versión de los gabachiers Trust? Lo dudo, la verdad… El festivalier medio no tiene tantos estudios. Es más, apostaría a que la mayoría de la peña pensará que el temita es de Anthrax (como sucedía con Sepultura y Orgasmatron, Quiet Riot y Cum On Feel the Noize… y tantos casos similares).

La extraña, a la par que entrañable, figura de Joey “Mujerguapa” Belladonna, con su troba “negro farandol”, pulula por el escenario, entonando uno y otro tema con su característica voz. La voz de Anthrax. Punto. Fue un gran acierto recuperarlo hace unos años para la banda, consolidando así su formación más clásica.

Hablando de Joey Belladonna… Sabíais que es mitad indio nativo americano y mitad italo-americano? Ahí lo dejo…

Está claro que el comandante en jefe del navío es Scott Ian. Cada vez más, se aprecia a la perfección que es su banda y él dirige todo el cotarro. Da gusto verlo tocar, ya que nadie se lo pasa mejor que él. Es como un niño de pantaloneta, friki del metal, tocando en un escenario grande, por el que corretea, salta y “headbanguea” sin parar.

Hablando de Scott Ian… Sabíais que se zumba a la hija de Meat Loaf?. Ahí lo dejo…

Con Breathing Lightning e Indians (tema hecho a medida de Mr Mujerguapa) ponían final a un concierto en el que se echaron de menos un par de cuartos de hora más y más temas viejos.Profile

Cry for indiaaaaaaaaaans… (Cry! Cry!)

 

Terminaban Anthrax e, ipso facto, llegaba la fiesta engendril de TURBONEGRO al Main Stage 2.

Y de qué mejor manera podrían empezar Turbonegro un concierto que con The Age of Pamparius?. Todo el festival saltando a una y coreando aquello de “uoh-uoh-uoh-oh…”. Un plan sin fisuras.

Continuaron con You Give Me Worms, del que por ahora es su último disco, ‘Sexual Harassment’ (2012), y de tercera…, hala…; otro trallazo de los buenos, con All my Friends are Dead.

Está claro que esta especie de Village People del Rock noruegos son un grupo festivo; un grupo para saltar, bailar y pasárselo fetén. No hay duda de que cumplen su cometido al 100%.

Sacaron su punto más “glam” con Hot for Nietzsche, para continuar con City of Satan y Special Education (está claro que la debieron necesitar).

La verdad es que el cantante, Tony Sylvester, canta de jórribol, con voz afónica de haberlo hecho siempre mal el día anterior; pero da igual… Lo que cuenta es la pinta de porcallán que tiene, ataviado de oso bucanier, con el short vaquero, las medias altas, la camisetita torera y mangôtta, la gorra de Rob Halford y los labios pintados (mal). Conjuga lo inquietante con lo hilarante.

Inquietante es, de hecho, un adjetivo que bien se podría adjudicar a cada uno de los miembros de la banda y a su “concepto”, en general. Desde ese “Happy Tom”, vestido de marinerito, con los labios pintados de rosa, hasta el “guitarrista granjero”, el combo no hay por donde pillarlo…

Estos sí que son unos engendros con todas las letras…jajaja…

Drenched in Blood (D.I.B.), Get it On y terminaron con la traca final de Wasted Again y la genial I Got Erection.

Siempre amena, la “experiencia Turbonegro”.

 

Profile

 

Tiempo para acercarse hasta la tienda de merchan oficial del festival (siempre concurrida, hasta que van colgando el “sold out” en cada uno de los artí-culos a la venta) y darse otro garbeo por las tiendas, a tomarle unos piscolabis peletier, relajarse un rato y volver con el pichet debidamente recargado, a por el siguiente ass-alto.

Al volver al recinto, VOLBEAT hacía ya un rato que iniciaran su actuación y abarrotaban la zona de los Main Stages a base de bien.

Teniendo en cuenta que el producto que ofrece el susodicho grupo danés tampoco es que me atraiga en demasía, que suelo ser bastante escéptico con todo este tipo de bandas que, de un año para el otro (como quien dice), se ponen de modita y arrastran multitudes y, por qué no decirlo, que los “gorgoritos tipo Hetfield post-Load” de su vocalista, Michael Poulsen, me dan ganas de defecar; opté por hacer lo que tenía hacer: dirigirme hacia The Altar, a ver a OVERKILL.

Tras la intro de su último disco, ‘White Devil Armory’ (2014), saltan los yanquis a escena con el tema que abre dicho trabajo, Armorist, continuándolo casi sin tomar aire con Rotten to the Core y Electric Rattlesnake.

Una breve panorámica del nutrido público que poblaba The Altar parecía indicar que no son pocos los seguidores con que cuentan los americ-anos. El “pit” empezaba a funcionar y la cosa se ponía movidita.

Como una especie de Motörhead estado-unidenses con un extra de mala hostia y rabia contra todo lo que hay bajo el sol, Overkill dieron lo que acostumbran dar: caña, caña y caña.

Como los mismos Motörhead que acabo de citar, Overkill no sorprenden, pero tampoco defraudan. Te dan lo que vas a ver. Es una apuesta segura.

Aparte de las previamente citadas Armorist y Electric Rattlesnake, Ironbound fue la única concesión a mayores a sus últimos trabajos, estando el resto del setlist compuesto exclusivamente por clásicos pertenecientes a sus cinco primeros discos.

Hasta tres temas de su primer disco, ‘Feel the Fire’ (1985), Rotten to the Core, Feel the Fire y Hammerhead; y dos del Horrorscope (1991), Coma e Infectious; aderezadas con piezas innegociables, como Hello From the Gutter. Todo un lujo para los más fieles seguidores de la banda, desde sus inicios.

Bobby “Blitz” Ellsworth escupe las letras como un perro rabioso y, aunque sí es verdad que parece un poco más “comedido” que antaño, el tío cumple y lo da todo. Con su inseparable D.D.Verni (que no os engañe; se llama Carlos…) como fiel escudero, apoyándolo con sus bajos estrafalarios por la rodilla y sus coros barriobajeros, los pioneros del thrash americano siguen convenciendo y dejando al respetable con buen sabor de boca y el cuello dolorido.

Con un “bis” a base de Elimination y la ya clásica versión de The Subhumans, Fuck You (“middle finger” en alto), los yanquis se despidieron de Clissôn, dejando el pit patas arriba y a la gente con bastante sed.

Vuelta con calma a la zona de los Main Stages, con tiempo aún de ver los últimos coletazos del concierto de DROPKICK MURPHYS, con su fiestera combinación de folk celta-irlandés con punkarreo macarra. Pena que no se sirviera Guinness en las barras…

Profile

Llegaba la hora de los cabeza de cartel de la jornada: los alemanes RAMMSTEIN.

Seamos francos… Cuántas personas conocéis que tengan discos de Rammstein y los escuchen en casa?. Pero el espectáculo que montan… Qué?!?. Pues eso…

Es una banda que no escucho en casa, pero tampoco me desagrada su propuesta y su concepto, en general. No pongo discos suyos en la intimidad del hogar, pero sus conciertos me parecen de lo más recomendable para todos aquellos que gusten de un buen espectáculo.

Y así fue… Maquinaria alemana funcionando a la perfección sobre las tablas, con un show planificado y pulido al milímetro, desde cada tema del setlist hasta cada movimiento de cada uno de los integrantes de la banda.

Paso de enumerar la lista de temas que fueron interpretando, ya que, aparte de estar en alemán, lo considero algo que casi roza lo irrelevante, en este caso concreto (y los podéis consultar en cualquier lado, además). Por lo demás…, un SHOW con mayúsculas.

Los ful-anos parecen una especie de soldados, sacados de la Metrópolis de Fritz Lang, con algún tipo de siniestro cometido. Ejecutan su metal industrial, con influencias electrónicas (de hecho, hicieron una versión de Depeche Mode, Stripped), como si de perfectas máquinas se trataran (o tratasen).

El carismático frontman, Till Lindemann, da miedo. Su histriónica manera de interpretar, a medio camino entre Charles Chaplin y Lon Chaney, entre lo cómico y el terror, hace que, aún sin entender alemán, los temas cobren un sentido inquietante en di-recto por necesidad.

Por lo demás… El espectáculo es de otro nivel: plataformas que descienden y se elevan, enormes racks de luces móviles, juguetitos caros a tutiplén, pirotecnia PRO por doquier, una iluminación curradísima y fuego…, mucho fuego.

Con la imagen final de Till Lindemann elevado mientras dispara fuego por sus alas de ángel, en el último tema, dábamos por finalizada la jornada concertística del viernes.

Quedaban aún por actuar THE OFFSPRING, coincidiendo con ABBATH en otro escenario; pero como ambos grupos tocarían en el Resu, apenas unas semanas después, decidimos reservar algo de fuerzas, que el día había sido muy largo y qued-abbath aún mucho festival por delante.

Unas birras de rigor en el Metal Korner, alternando con el resto de festivaliers asiduos a ese “after del metal”, y a dormir, que falta hacía, ya…

 

 

 

ROCK FEST BARCELONA 2016!

Martes, 15 Marzo 2016 14:38

 

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El ROCK FEST de Barcelona sigue imparable en su empeño por consolidarse como uno de los festivales de referencia en la Península, en cuanto a cartel se refiere.

Si hasta la fecha ya contaba con un encabezamiento potente, con Iron Maiden, Twisted Sister o Whitesnake, aderezado con auténticas delicatesen como Candlemass, Coroner, Loudness u Orphaned Land; estas últimas semanas el festival nos vuelve a sorprender con nuevas confirmaciones, alguna de ellas más que deliciosa.

Es el caso de la incorporación de KING DIAMOND al cartel, capitaneando la jornada del viernes e interpretando su mítico álbum ‘Abigail’ de manera íntegra, en lo que se supone que será fecha exclusiva en España.

A mayores, se suman también a esta edición Slayer, fieles a su visita anual a estas latitudes, Obituary, con su death metal clásico, Rata Blanca, con su heavy épico “de espada y brujería”, y los melódicos Eclipse.

Sin duda, un cartel variado y para todos los gustos que seguramente aún nos depare unas cuantas sorpresas más, antes de su cierre.

Recordad que la cita será los días 15, 16 y 17 de julio en el Parc de Cam Zam (Santa Coloma de Gramenet) y las entradas ya están a la venta a través de la red de tiendas de Ticketmaster, Viajes Carrefour, Halcón Viajes, Fnac, por teléfono en el 902 15 00 25 y en Internet en www.ticketmaster.es

 

 

 

 

 

 

DISPLAY OF POWER + MUTANT + NEVERSIDE

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Un año más, llegábamos a la sala Capitol congregados por Display of Power, la genuina banda de tributo a Pantera galaica, en lo que parece ya instaurado como una cita anual ineludible en la capital gallega, a principios de año.

Si la primera edición fue la posha (con grabación de DVD incluida), la edición del año pasado se quedó algo corta de público, aún contando con los titanes del death asturi-ano, Legacy of Brutality, en el cartel.

Bajo el título de FUCK YOU… AND YOUR GODS TOO 2016, estaba claro que los coruñeses llegaban a D.C. con la clara intención de mejorar las cifras de la anterior edición y, cómo no, patear el bul a la peñita toda, neno, mentiendes?.

Para la ocasión, se hicieron acompañar por unos sicarios de lujo, como de costumbre. Los vigueses Neverside, presentando temas nuevos, y los estradenses Mutant, con su recién estrenado ‘Pleiades’ bajo el brazo, el cual está dando bastante que hablar.

 

Comenzaba la cita, pues, con los olívicos Neverside, siempre un auténtico seguro a la hora de abrir bolos y hacer que el caldeamiento de ambiente pase de 0 a 100 en cerocoma.

Rezumando juventud y energía por los cuatro costados, los tipos siguen fieles a su filosofía de darlo todo sobre las tablas y pasárselo fetén. Saltando, montando brechas entre ellos y haciendo headbanging sin parar, hay ocasiones en que sería difícil distinguir dónde termina el grupo y comienza el público, de no ser por el foso y las vallas anti-pánico.

Llegaron a presentar hasta tres temas nuevos (Volition #2, Old Suny Father Wolf), los cuales esperamos que pronto formen parte de un nuevo disco, y completaron su setlist con varios temas de su primer trabajo, ‘This is our Gun’, como I am King, Ma Maison Sur La Lune o el encadenamiento de Fixin’ y The List of Lives I’ve Broken que hicieron para terminar.

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Con su suerte de crossover alternativo, con ciertos ramalazos progresivos, los chavales suenan frescos, rotundos, seguros y se lo hacen pasar de pinga a la peña, que es de lo que se trata, en el fondo. Convencen y mucho.

Era la tercera vez ya que tenía la suerte de verlos en di-recto y cada vez me dejan con mejor sabor de boca. Un auténtico grupazo que vale mucho la pena, sin duda.

 

A continuación, llegaba el turno de una banda que había conseguido generar tal nivel de expectación en torno a sus últimos movimientos, que muchos de los allí presentes se puede decir que estaban allí para verlos a ellos, como quien dice…

Tras desprenderse recientemente de su apellido Squad, MUTANT llegaban a la Capitol presentando nueva formación, nuevo disco, nuevo sonido, nueva actitud y, en definitiva, “a new level of confidence and power”…

La curiosidad entre el público era más que palpable y, para despejar las dudas del respetable, saltaba a escena el power-trío de A Estrada con Alcione, tema que abre su último disco, ‘Pleiades’, sonando como una Profilemetralleta de cañones.

Sabes que una banda está orgullosa de su último trabajo cuando llega a tocar hasta 6 temas del mismo, de 8 totales que tiene el disco, en un concierto de una hora escasa. Y es que ‘Pleiades’ es mucho discazo de nuestro señor y ellos lo saben…

Con ‘Pleiades’, el sonido de MUTANT avanza y pega un paso de gigante hacia una nueva manera de reinventar su propio metal. Su sonido crece, se recrudece, se hace gordo, fuerte y agresivo, pero al mismo tiempo más delicado y cuidado. Se nota que es un disco trabajado a conciencia, con la clarividencia del que tiene las cosas claras y sabe muy bien lo que quiere.

Si bien el tratamiento dado a la voz gutural del nuevo bajista, Xalo, hace que la cosa se asome, por momentos, a los abismos del metalcore más de lo que me gustaría, en el cómputo global de la composición se acaba entendiendo y todo queda compensado para bien. Es innegable, también, que a la banda le mola Mastodon y, en algún momento del disco, se podría decir que se les ve el plumero bastante….jejeje… ;)

Pero bueno… Hablamos de un disco muy completo y variado, en el que podemos encontrarnos desde coqueteos con el Djent (no olviden ustedes pronunciar esa ‘t’ del final, por favor; si no, no vale para nada…) hasta buen número de influencias jazzísticas.

Podríamos hablar de una especie de thrash progresivo evolucionado del siglo XXI, pero qué sentido tiene hablar de etiquetas, a estas alturas? En la variedad está el gusto y MUTANT están prácticamente en la posición de poder decir que acaban de evolucionar a un sonido “MUTANT”, propiamente dicho. ‘Pleiades’ es buena prueba de ello.

Uno de esos discos en los que descubres cosas nuevas con cada escucha y que con cada escucha gusta más.

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Desde el trepidante y agresivo comienzo de Alcione hasta la melódica y “mastodóntica” Canvas, el disco nos transporta a través de toda una declaración de intenciones de un grupo que cree en lo que hace y no le asusta aventurarse a hacerlo.

El trabajo de guitarras realizado por Pla en este disco es realmente admirable y nada convencional, llegando a su cénit absoluto en el solo de Road to Xibalba; en lo que constituye, en mi opinión, su más inspirado momento como guitarrista hasta la fecha.

Con las bateras de Caki sucede otro tanto de lo mismo, descubriéndose nuevos matices en cada escucha de los temas. Redobles de bombo de lo más efectivo a la hora de “metalizar” la situación, breaks que aportan un gran peso progresivo al desarrollo de las canciones, pegada segura y rotunda y un gran gusto compositivo, en general.

La verdad es que es un auténtico orgullo que un disco así haya sido gestado en Galicia.

Como decía con anterioridad, seis fueron los temas de ‘Pleiades’ que llegaron a sonar en el concierto (Alcione, Twelve Gods, Nahual, Obsidian, Road to Xibalba y Canvas), junto a dos de su primer EP, ‘Social Misfits’, (The Machine y Remember) y otros dos de su anterior disco, el también laureado ‘Titanomakhia’ (Overdose y Rage of the Ohms).

Es evidente que se echa de menos la entrañable figura de su anterior bajista, Campi, sobre el escenario, con su frenética energía y contagioso amor; más, en este nuevo concepto de MUTANT como tal, el nuevo bajista, Xalo, encaja a la perfección. Tiene presencia, seguridad, fuerza y libera a Pla de buena carga vocal que hace que se pueda centrar aún más en la guitarra, lo cual se nota.

Gozaron de muy buen sonido, en general, y se pudieron ver los primeros circle pits de la noche entre el público, el cual era obvio que venía con los deberes hechos de casa y se había escuchado el disco nuevo, casi sin excepción.

A estas alturas de la noche, la sala ya gozaba de la casi media entrada (unas 350 personas, le cal-culo yo) que mantendría hasta el final de la velada.

Mutant cumplieron con las expectativas del público con creces. Como sigan creciendo de esta manera, habrá que ver hasta donde son capaces de llegar (o hasta donde les dejan). Tienen calidad, proyección y ganas. Son grandes y pueden llegar a serlo aún mucho más.

EProfilesperamos poder llegar a verlos en el Hellfest, un año de estos; petando el escenario The Valley, como sus admirados Mastodon… (pero sonando mejor)  ;)

 

Tras el power-tío de A Estrada, llegaba el turno de los anfitriones del evento; de los elementos que cada año montan tan elegante guateque, para deleite de todos nosotros. La genuina banda de tributo a Pantera galaica: los putos DISPLAY OF POWER.

Después de haber hecho una incursión internacional el pa-sado ver-ano, arrasando durante dos noches seguidas en el Hellfest gabachier (nada menos…) y cada vez haciendo salidas más frecuentes del entorno gallego, los coruñeses son una apuesta segura para los amantes del buen metal.

Porque…, a quién no le gusta Pantera?. Y poder ver esos temas interpretados en di-recto con la fidelidad de sonido y ejecución con que nos los presentan estos tíos, es un auténtico lujo, en mi opinión; teniendo en cuenta que es imposible ver a los Pantera originales desde hace ya más de una década. Como ir a un parque de atracciones, prácticamente.

No hay demasiado que comentar, en este caso, ya que se trata de un grupo tributo y lo que se le pide es que sean fieles a los originales, que suenen bien, que transmitan la energía que se presupone necesaria para acompañar dichos temas y, en definitiva, que se lo hagan pasar fetén a la peña. En cada uno de los puntos: misión cumplida más que de largo, como siempre.

Con un grupo de estas características, es importante intentar renovar, variar y mover un poco el repertorio, para que no sea todo cuadriculado y siempre lo mismo. Los coruñeses son conscientes de ello y de ahí el inicio de su show con The Art of Shredding y Heresy, dos temas poco habituales del que es, sin duda, mi disco favorito de Pantera, ‘Cowboys from Hell’.

Si bien en esta ocasión su set se me hizo algo más corto de lo habitual, la sensación global quedó bien compensada con los conciertazos que nos ofrecieron Neverside y Mutant previamente.

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Picando un poco de cada disco de los tej-anos (menos de su seminal etapa “glam”, obviamente), los herculinos iban desgranando clásicos como Mouth for War,Strenght Beyond Strenght, A New Level o Walk, con el público celebrándolo como si ofrecieran (u ofreciesen) hecatombes a ancestrales dioses pag-anos.

Sólo dos concesiones, en esta ocasión, a ‘Reinventing the Steel’, con Goddam Electric y Revolution is my Name; un disco que, normalmente, suele tener más presencia en los setlist de los de la Coruneno.

El sonido, atronador, como siempre. La base rítmica firme, sólida y rotunda de Diego y Josema, las afiladas guitarras de Roi, cuidando el sonido al máximo e intentando emular al malogrado maestro Dimebag de la manera más fiel posible y las evoluciones por el escenario de Castaño, un frontman de puta madre que sabe entretener al público y es obvio que disfruta haciéndolo.

Tras 5 Minutes Alone, primera colaboración de la noche, con Pla de Mutant subiendo a hacer el Pimpinela con Castañito, a ritmo de I’m Broken.

Volviendo al tema de variar repertorio e incluir temas “poco habituales” en el mismo, es un verdadero placer poder disfrutar en vivo de temas como Where You Come From, publicado como “inédito” en el ‘Official Live: 101 Proof’ (1997) y que los propios Display of Power tienen grabado en estudio, también, con videoclip incluido; o la enorme The Great Southern Trendkill, con el espeluznante alarido “espantapurilas” del principio, que en más de una ocasión tengo e

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mpleado para despertar, al borde del infarto, a algún colega, haciendo la coñita……jejeje…

Para los bises, “efecto Mocedades”, con Pla Mutant, Liber Strikeback y Castaño Display interpretando a trío la delicada tonadilla Fucking Hostile, emblema de la canción ligera sureña, para disfrute de todos los ass-istentes; y, ya para terminar, el clásico entre los clásicos, Cowboys from Hell, con toda la sala patas arriba, rebosante de júbilo y ganas de “jaleo”…

Al terminar, caras de felicidad y satisfacción entre los asistentes, colegueo extremo y grupos de broders, reunidos para la ocasión, organizándose para llevar el ronin a otra parte y agotar las reservas cerveciles de los escasos garitos donde se pincha m

etal en la vieja Compostela.

En definitiva, una gran velada, como de costumbre. Gracias a Display of Power por montar el percal un año más y ni que decir tiene que nos vemos para la del año que viene, of course (tête de la).

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Ahora vendrán los detractores de las bandas tributo; que si esto, que si aquello…

No vayáis y punto, (coma) joder… Dejad que la gente haga lo que le salga de la coshoada con sus vidas y su tiempo, no?.

“Es que a mí no me gustan los grupos tributo…”. Joder… Y a mí me chiflan las croquetas y no suelo ir por ahí pregonándolo a los cuatro vientos y dando la chapita con ello a la peña, ya que no lo considero algo de interés general. No sé si me entendéis…

No rallar, anda…

Live and let live, Carpe Diem y sed felices, copóóóóóóóóóóóóóóón

 

P.D.: gracias a Xaime Miranda por las fotos

HELLFEST 2015 – Part 3

Jueves, 26 Noviembre 2015 19:00
 

 

Amanece también soleado el domingo, pero el desgaste de los dos días anteriores va haciendo mella sobre nuestros cuerpos (los de algunos más que los de otros), otrora jóvenes y loz-anos…

La resacón es importante. Es lo que tiene cuando ya se va pasando de los “treintaytantos”…; que el cuerpo ya no es el que era y después de dos días haciéndolo mal y, a mayores, aguantando sesiones maratonianas de conciertos de pié y al solete, pues se va notando, digamos…

Omeprazol, antes de nada, para proteger el estómago (en la medida de lo posible) y después poder tomar tu analgésico favorito, que te brinde esa “falsa energía” que necesitas para poder incorporarte e intentar hacer cosas. Una visita a Fecoland a tiempo siempre es una victoria; y si, a mayores, a posteriori le añades una refrescante floca-flocka y ropa limpia, la verdad es que la cosa cambia (por lo menos algo).

Puesto que los más madrugadores se habían acercado hasta el Le Clerc a comprar hielo y habían rellenado debidamente las neveras, las cervezas gozaban ya del grado de peleteirez óptimo. Tras ingerir unas cuantas per cápita, a modo de desayuno, y con el PH ya regulado (again), decidimos que era momento de volver a entrar en el recinto, a eso del mediodía.

De todos modos, la resaca se seguía notando y después de tres días a base de bocadillos y comida fría, básicamente, el cuerpo agradece disfrutar de una comida caliente, medio “en condiciones”. Nos dirigimos, pues, hacia el área de restauración, donde te encuentras con innumerables puestos de comida de todo el mundo, a precios bastante asequibles, para tratarse de un festival de estas características. Desde sushi hasta tortilla de patatas o desde pasta y pizza hasta ostras y marisco fresco (vivo, eh?) (!!!)…, etc, etc, etc…

La comida tailandesa siempre es una muy buena opción. Por cerca de unos 8 € te puedes pillar una más que generosa y cundente ración de Pad Thai (sabrosos fideos tailandeses con verduras y carne de ternera) que os puedo asegurar que vale mucho la pena.

Para degustar la comida, no hay mejor sitio que el Kingdom of Muscadet, por supuesto. Se trata de una entrañable carballeira (bosque de robles, para los no gallegos) situada en medio del recinto del festival, entre los bares y The Warzone, con mesitas, sombra, farolas y maqueadas varias que ejerce de perfecta “área de descanso” en medio de la vorágine de sol, gente, decibelios y desgaste físico que es el festival en sí.

 

 

Al final del bosque, se encuentra el Bar a Vin, una vinoteca en medio del festival, en la que poder probar los famosos vinos de Muscadet, tan típicos de la zona. A su lado, un asador/parrillada y un bar de ostras (no confundir con La Ostra Azul…)….. Hay de todo, en este Hellfest, eh?.

 

Tras cargar un poco las baterías, tocaba más metal, of course (tête de la). Los domingos, para gente como yo y alguno de mis acompañantes, suelen ser “días Valley”, en gran medida, ya que en dicho escenario es donde se concentran todos los grupos doom y stoner, que para estar de resaca casi que van mejor, a la sombrita de la carpa y de relax…

Nos acercamos hasta la zona VIP(svaporub) a repostar birra. Uno de los privilegios de tener pase de prensa y acceso a la zona VIP, aparte de poder entrar y salir del recinto por una zona mucho menos concurrida, haciendo “bypass” a las posibles colas de la entrada (muy escasas, eso sí…) y hacer uso de sus baños (también mucho menos concurridos y más que decentes), es el hecho de poder pagar con dinero “normal”, sin tener que ir a reponer tokens o, en el caso de este año, recargar la tarjeta “cashless”.

A mayores, puedes disfrutar del gran bar que tienen allí montado, con mesas de madera, billar, enchufes y conexión Wifi para móviles, ordenatas y demás, pantalla gigante desde la que poder seguir los conciertos que están teniendo lugar en el festival, buen ambiente, etc… Fuera del bar, una gran terraza con mesas y sillas y varias zonas de descanso, con sombra, sofás y zonas mullidas sobre las que poder tirarse un rato.

No es extraño ver a gente de diferentes bandas alternando por la zona, tomándose un piscolabis, descansando o haciendo cola para el baño, de hecho.

Todo esto, en un área con una decoración entre lo post-apocalíptico y lo desolador de lo más currada, en la que la herrumbre y la decadencia son una constante. Así, te encuentras desde un helicóptero (tamaño real) estrellado, varios coches “estilo americano” ubicados estratégicamente, la cabina de un camión viejo…, etc… El efecto global es bastante curioso, la verdad…

Dentro de la zona VIP, está también la zona de prensa, con varios habitáculos pequeños para entrevistas “privadas” de determinados medios a determinados artistas, y con la sala de prensa propiamente dicha, en la que tienen lugar las ruedas de prensa por parte de los artistas “importantes” que se prestan a ello.

Mola ser VIP y mola la zona VIP, pero hay que saber usarla. El festival está fuera de allí.

 

A eso de las 17:30, entramos en la gran carpa de The Valley, donde EYEHATEGOD descargaban ya sobre el escenario sus pesados ritmos sludge.

La banda de Luisiana salía a escena con Parish Motel Sickness, seguida de New Orleans is the New Vietnam y su plomizo doom de tintes sureños surtió los efectos deseados entre las 1200/1500 personas, aproximadamente, que poblaban la carpa. Asintiendo con la cabeza, lentamente, al ritmo de las canciones, cada uno intentaba disimular su resaca como bien podía.

Continuaban con Lack of Almost Everything y Medicine Noose, con un sonido excelente que fue constante durante todo el festival, salvo muy contadas excepciones (como Mastodon, por ejemplo…).

50 minutos de actuación tampoco dan para tanto, así que los americanos tampoco se deshacían en florituras entre tema y tema, si no que se centraban en darlo todo en los temas en sí. Comandados por un concentrado Jimmy Bower a la guitarra, que la mayoría de vosotros conoceréis por ser el batería de Down, la banda fue hilvanando tema a tema, agradecidos de la respuesta del público que se había acercado a verlos hasta allí, un domingo por la tarde.

El hecho de que las carpas sean grandes y que esta no llegara ni a “media ocupación”, en este momento, hizo que el ambiente fuera de lo más distendido, cómodo, y corriera el aire de manera abundante; algo muy de agradecer, la verdad. Si a esto le sumamos que, al haber introducido césped natural en absolutamente todo el recinto (incluidas las carpas), pudimos disfrutar del placer de ver un gran número de conciertos descalzos (con lo que esto nos mola)…, la comodidad y frescor son aún mayores.

Con Jack Ass in the Will of God y Sister Fucker, los de NOLA se despedían del público gabacho, contentos con la respuesta del público y habiendo dado un buen concierto “de domingo-tarde”, sin duda.

 

A continuación, algunos se acercaron a ver a CAVALERA CONSPIRACY congregar una auténtica multitud ante el Main Stage 1, bajo la soletón de media tarde.

Los Cavalera bros juegan con un “modus operandi” muy acertado, con el que aseguran el éxito de cada una de sus presentaciones en di-recto. Van presentando unos cuantos temas de cada uno de sus discos nuevos, como Cavalera Conspiracy, y por el medio “aseguran” el buen devenir del concierto y la atención del respetable, caldeando el ambiente con trallazos de su “banda mater”, Sepultura. Un plan sin fisuras.

 

 

Así, el cómputo global del show son 6 temas de Cavalera Conspiracy (Babylonian Pandemonium, Sanctuary, Terrorize, Torture, Killing Inside e Inflikted), 6 temas de Sepultura (Refuse/Resist, Territory, Beneath the Remains/Desperate Cry/Dead Embryonic Cells (estas tres últimas en medley), We Who Are Not As Others y Roots Bloody Roots (incompleta debido a problemas de sonido) ), y un tema de Nailbomb (Sum of your Achievements).

Bien por Max.

 

Retomando las umbrías comodidades de The Valley, nos disponíamos a continuación a ver la que para mí fue una de las grandes sorpresas de esta edición (para bien), puesto que debo reconocer que no los conocía y, gracias a la recomendación de alguno de mis compañeros de batalla, quedé gratamente sorprendido; marchando de allí con un nuevo gran grupo que añadir a mi lista de reproducción habitual: LIFE OF AGONY.

Formados allá por 1989 en Brooklyn por Keith Caputo a las voces, su primo Joey Z en la guitarra, Alan Robert al bajo y reclutando al ex-Type O Negative Sal Abruscato un par de años después para la batería, Life Of Agony son una banda de metal alternativo cuyo desbordante éxito les pilló a edad muy temprana, tras la publicación en 1993 de su disco de culto, ‘River Runs Red’.

Arrastrados por la eclosión del grunge y lo “alternativo” por las norteaméricas, Life Of Agony son, en esencia, una banda muy influenciada por los primeros Black Sabbath, cuyo metal se caracteriza por una base doom bastante marcada, un constante juego de cambio de tempos, mezcla de voces muy graves con otras más agudas y letras profundas y sensibles que ahondan en esas atmósferas de depresión, angustia existencial y suicidio tan típicas en el estadounidense adolescente medio.

Por si todo esto no fuera (o fuese) suficiente para suscitar mi curiosidad de melómano recalcitrante, cuál no sería mi sorpresa al enterarme de que Keith Caputo, carismático líder de la banda, se hace llamar ahora Mina Caputo, ya que en 2011 dio el importante paso en su vida de convertirse en una mujer…… (ouyeah)

Al parecer, llevaba toda su vida sumido en una profunda agonía (“life of agony”), completamente insatisfecho y oprimido al sentirse una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre.

Hasta ahí todo normal…, excepto por el pequeño detalle de la decisión de ponerse tetas pero conservar el pene; ya que, al parecer, su atracción sexual siempre fue dirigida hacia las mujeres. De hecho, tiene novia… (una modelo austríaca de bastante buen ver, según cuentan las lenguas viperinas, al parecer…).

Resumiendo: era un hombre con una mujer lesbiana con pene encerrada dentro de sí…, o algo…

El resultado es un ser andrógino, con tetas, pelo largo, brazos tatuados y voz grave que ejecuta una serie de extrañas danzas por el escenario a base de movimientos casi espasmódicos, del cual es casi imposible apartar la mirada. Eso sí…, no se puede negar que es un gran cantante y un gran frontman, aparte de un buen compositor.

A excepción de dos concesiones a sus discos más “tardíos”, con los temas Weeds y Love to Let You Down, el grueso del repertorio se centró en sus dos primeros discos; el previamente citado ‘River Runs Red’ (1993) y ‘Ugly’ (1995).

Entraron en escena sin hacer prisioneros, cargados de energía y arremetiendo directamente con River Runs Red y This Time (que, para quien no esté familiarizado con la banda, es como si AC/DC abrieran un concierto con Black in Black y Highway to Hell, aproximadamente). A partir de ahí, con temas como Bad Seed, Methods of Groove, Through and Through o Underground, demostraron durante 50 minutos que son una gran banda en directo.

Se trata de un grupo de una gran pegada, con una base rítmica muy compacta, guitarras graves y eficaces que trabajan por y para la canción, muy centradas también en lo rítmico, y un muy buen sonido, en general. A mayores, las estructuras de las canciones, con todos esos cambios de tempo, arriba y abajo, hacen de su show algo muy dinámico y ameno en donde no hay lugar para el aburrimiento.

La menuda figura de Mina Caputo contrasta con las “dos torres” de Alan Robert y Joey Z flanqueando el escenario, los cuales no cesan de saltar y mover al público ni un solo instante. El travelier Caputo, ejerce como el gran frontman que es y su gusto por la interacción más directa con el público lo lleva incluso a bajar a cantar algún tema casi completo en el foso de fotógrafos, frente a las vallas antipánico, desplegar una bandera entregada por un fan en el escenario y mandar besitos a todo el mundo, con el contacto visual siempre muy presente. No deja de ser curioso ver esa voz tan “gorda” salir de ese cuerpecillo “de señorita”, con sus tetitas y movimientos harto amanerados y llenos de “pluma” por doquier.

Cosas veredes, Sancho…

 

Algo positivo en los escenarios Temple, Altar, Warzone y Valley es que, si vas de ese rollo y te cunde ver varios grupos seguidos en alguno de ellos, siempre hay entre 60 y 75 minutos de cambio entre concierto y concierto, con lo que te lo puedes tomar con calma, ir a dar una vuelta a ver qué se cuece por otros escenarios, visitar el WC, ir hasta el campamento, ir a por birra o, simplemente, relajarte sentado a la sombra, sobre el césped…

En nuestro caso, obviamente, optamos por la opción de ir a repostar birra (e ir al WC, ya de paso, para aprovechar el viaje) hasta la zona VIP.

Otro dato salientable son los precios dentro del festival, tanto en los bares como en las tiendas de merchandising. No deja de ser curioso cuanto más barato resulta en comparación con España, sobre todo tratándose de un festival de tamaña envergadura.

Para poner un ejemplo, las jarras de cerveza de litro y medio tienen un precio de 13 €. Son envases milimetrados, como comenté previamente, con lo cual puedes estar seguro de que se trata de litro y medio; no como en España, que los vasos “de litro” está comprobado que llevan entre 70 y 75 cl…

Entonces, si tenemos en cuenta que en muchos festivales españoles, a día de hoy, es raro que el precio de 75 cl de cerveza (por lo general mala y caliente) baje de entre 8 y 10 €, que en un festival como el Hellfest se cobre 13 € por litro y medio, en un envase decente y a temperatura adecuada ( FRÍA), no me parece para nada caro. No me cabe la menor duda de que en España, por algo similar, se aplicarían 20 € sin problema y sin despeinarse nadie…

Otro detalle sería el excelente trato por parte del personal que trabaja en el festival, desde el personal de las barras y tiendas de merchan, hasta la gente de taquillas y acreditaciones de prensa, pasando por el personal de control de accesos y seguridad, hasta los voluntarios de “rango” más bajo, que recogen tu basura por las zonas de acampada.

En las Españas somos más de poligoneras/os maleducadas/os, que no saben ni hablar, te atienden de mala manera y están deseando que protestes por algo para llamar, ipso facto, al neanderthal de seguridad de turno, que sin mediar palabra se prestará más que gustoso a emplear la fuerza bruta para sacarte en volandas del recinto y “desfazer el entuerto” por la gracia de Diós. Viva España! (ironic mode: ON).

En fin… Así nos va…

 

Volviendo al tema musical, a eso de las 21:35, pisaban las tablas de The Valley los americanos SAINT VITUS, legendaria leyenda del doom donde las haya, y allí estábamos nosotros para dar fe de ello.

Los había visto un par de años atrás, en el mismo escenario, y la experiencia había sido más que grata, como mi compañero Serginho de Parga (no lo prueba) puede atestiguar. En esta ocasión, circunstancias del destino habían deparado que se vieran forzados a salir a escena sin su carismático frontman, Scott “Wino” Weinrich, debido a unos pequeños “problemillas” legales que le impedían pisar suelo europeo.

El coleguita en cuestión, fue cazado con la nada desdeñable cantidad de 11 gramos de speed al intentar pasar el control de seguridad de un aeropuerto en Noruega en 2014, detenido y posteriormente deportado a Estados Unidos, con la prohibición de entrar en ningún país de la Unión Europea.

Desconozco las repercusiones legales reales que, finalmente, el percance le ocasionaría en su tierra. Me consta que, después del incidente, tuvo que someterse a tratamiento de desintoxicación, más ignoro si la prohibición de pisar Europa seguía vigente en el momento del festival al que me ciño. El caso es que el tatuado rockero de largo pelo cano no estaba sobre el escenario, con sus congéneres.

El pintoresco guitarrista, Dave Chandler (también de largo pelo cano), ejercía las funciones de líder, llevando el peso escénico de la actuación, presentando los temas, interactuando con el público, etc.

Con temas como Dark World, One Mind o Zombie Hunger iban desencadenando las gordas y lentas notas de su doom metal machacón y añejo que, una vez más, nos tenían a todos asintiendo con la cabeza al compás.

No es ningún secreto la importante influencia que los primeros Black Sabbath ejercen sobre la banda; empezando por su nombre, en claro homenaje al tema St Vitus Dance, del mítico álbum ‘Volume 4’ de los de Birmingham. Al mismo tiempo, las atmósferas “lisérgicas” y ese sonido tan “vintage” entroncan también con otros pioneros como son Blue Cheer. A mayores, no es difícil encontrarles influencias también de bandas como Blue Oyster Cult o incluso Black Flag…

Substituyendo a Wino en las labores vocales los acompañaba en esta gira un viejo conocido: su cantante original, Scott Reagers. Muy probablemente, debido a este hecho ejecutaron un repertorio plagado de temas de sus primeros trabajos, como Zombie Hunger, White Magic/Black Magic, White Stallions, Burial at Sea o la epónima Saint Vitus.

En cuanto a Scott Reagers, decir que es seguramente uno de los tipos con peor presencia escénica que me pude echar en cara. Ni un mero atisbo de carisma, no tiene posición en el escenario, no sabe cómo moverse… Un patán con pinta de punkarra trasnochado y reconvertido; tirando a cutre, vamos… Ni punto de comparación con la icónica imagen del mítico Wino…

Con el clásico Born Too Late ponían punto y final a una hora de desarrollos largos, riffs pesados y atmósferas oscuras del que todos disfrutamos a tutiplén, aún con la añoranza de Wino en el micrófono.

 

 

 

 

 

Noche, ya, del domingo y a algunos se nos empezaban a agotar las fuerzas. No obstante, tras otra hora de “asueto”, los más osados hicieron un pequeño esfuerzo para ver a Phil Anselmo con sus SUPERJOINT (antes conocidos como Superjoint Ritual).

A eso de las 23:45 saltaban a escena el tito Phil y sus huestes con Oblivious Maximus e It Takes No Guts, cerrando el cartel de The Valley y congregando a un más que digno número de asistentes en la susodicha carpa.

Después de un parón de algo más de 10 años y un pequeño cambio de nombre debido a motivos legales, la banda se juntó de nuevo para tocar en el Housecore Horror Festival, organizado por Anselmo en otroño de 2014, y en verano de 2015 ya los teníamos girando por la vieja Europa, para regocijo de todos nosotros.

Continuaban con Everyone Hates Everyone, The Introvert, 4 Songs y Antifaith, ejecutando su característica mezcla de groove metal y hardcore, con algún que otro tinte “black” de por medio. No hay que olvidar que grupos de la talla de Venom, Celtic Frost o Darkthrone se cuentan entre sus influencias más cercanas, a mayores de los evidentes Slayer, Voivod, etc…

Contaban con una hora justa de concierto y salieron con ganas de aprovecharla al máximo y darlo todo. Drug Your Love, Little H,  Haunted Hated, Creepy Crawl… y un exultante Anselmo parecía sentirse como en casa, sobre el escenario del Hellfest.

Y es que el colegueo que tiene este señor con el Hellfest es más que evidente, ya que no se pierde una edición. Le debe encantar el festival, el rollo y el ambiente que se respiran allí, el variado cartel que suele haber, el vino de Muscadet… y debe ser más que coleguita de los organizadores, a estas alturas… El caso es que en las 5 ediciones consecutivas del festival a las que acudí hasta la fecha, allí estaba Phil Anselmo tocando con alguna de sus bandas (dos veces con Down, una con Arson Anthem, una con The Illegals y este último año con Superjoint), haciendo el engendro durante todo el festival y pasándoselo como un enano.

Es bastante común verlo disfrutar “entre bambalinas”, botella de vino blanco en mano, de los grupos que le molan y haciéndose notar bastante, digamos… Suele salir a cantar algún tema con toda aquella banda que se lo permite y se puede decir que el hombre vive el festival de una manera plena, dándolo todo…

Angelico…

Continuaba el metal sobre el escenario con The Alcoholik, Fuck Your Enemy y Ozena, con Jimmy Bower haciendo un glorioso doblete ese día en The Valley (ya lo habíamos visto por la tarde, descargando con Eyehategod), acompañado en las labores guitarrísticas por Kevin Bond (que originalmente tocaba el bajo, en los inicios de la banda).

A mayores de los tres componentes originales de la banda, en las presentaciones en directo la base rítmica corre a cargo de Stephen Taylor al bajo y el jovenzuelo Jose Gonzalez a la batería; que a sus tempr-anos 25 años es batería también de Phil Anselmo & The Illegals (este chaval acaba mal fijo…).

Con Waiting for the Turning Point y Superjoint Ritual ponían fin a su actuación, con los varios miles de personas que poblaban nutridamente la carpa dándolo todo y sin ganas aún de que el festival llegara a su fin.

El entrañable tito Phil demostraba una vez más por qué es el personaje más querido, año tras año, por toda la comunidad hellfiestera.

Qué se inventará en 2016 para poder seguir paseando su música por los escenarios del festival galo? Seguirá fiel a su cita bianual con Down? Se sacará de la manga una reunión de Pantera para la ocasión, quizás?. Se inventará un nuevo grupo?.

Expectante, me hallo…

 

A continuación, los fineses NIGHTWISH (con la cachondísima Floor Jansen al frente), abarrotaban las inmediaciones de los Main Stages, con su espectáculo de luz, sonido y felicidad ecologista.

Está claro que ganaron muchísimo con la inclusión de la holandesa Floor en sus filas, hasta el punto de casi estar empezando a rozar la respetabilidad como banda de nuevo (después de la popera aberración acometida hace unos años con la enana esquimal aquella que se parecía a Björk), pero qué queréis que os diga…   Demasiado material nuevo, demasiada gaiteirada y, en definitiva, demasiada pajillerada y frikismo para estas alturas del festival.

Si fuera viernes o sábado y no coincidieran con ninguna banda más interesante…, puede. El domingo a ultimísima hora y con el cuerpo hecho un cristo…, NO.

 

Dada por concluida la maratón concertística y sin fuerzas para asistir a la cita diaria en el Metal Korner, arrastré mis polvorientos sándalos hasta la tienda de campaña; no sin gran pena en el corazón por ver que, una vez más, aquello que llevas esperando todo el año, llega fugaz y fugaz termina.

 

When the music’s over…, turn out the lights.

 

Al día siguiente, como cada año, amanecíamos con la dura tarea de levantar el campamento y emprender el largo y duro viaje de vuelta, con la satisfacción del deber cumplido.

Un año más (el quinto consecutivo, en mi caso), regresábamos sanos y salvos a nuestras respectivas casas, tras el fragor de la batalla. Una vez más, el escuadrón Pelletier retornaba victorioso.

Es a ese escuadrón Pelletier (el cual no deja de crecer), a esos camaradas con los que cada año tengo la suerte de compartir el viaje hasta Clissôn y vivir épicas gestas que permanecerán siempre en nuestro recuerdo (y seguramente nutrirán nuestro amplio arsenal de batallitas cuando seamos más viejos) a quienes quiero dedicar cada una de las palabras de esta extensa crónica; ya que sin el vínculo especial que nos une en cada expedición, nada de esto tendría sentido.

El que va a la Hellfiesta, siempre vuelve. No lo olvidéis nunca.

 

Disfrutad de la vida. Sed felices.

Stay Pelletier

 

 

P.D : GRACIAS A R. BUENDÍA, DE CONCERTECA, POR LAS FOTOS

 

 

 

UFO – SANTIAGO D.C. 2015

Viernes, 13 Noviembre 2015 15:50

UFO – SANTIAGO D.C. 2015

Profile

El pasado viernes, 6 de noviembre, la gira de los míticos UFO pasaba por la sala Capitol de Santiago D.C., de la mano de RM Concert, y Rock Galicia no podíamos desaprovechar la ocasión de estar allí para contarlo.

La legendaria formación británica, compuesta por Phil Mogg, Paul Raymond, Andy Parker, Vinnie Moore y Rob de Luca, llegaba a la Península presentando su flamante nuevo disco, ‘A Conspiracy of Stars’, en el cual dejan más que patente por qué son uno de los pilares básicos sobre los que se sustenta el hard rock, desde 1970 hasta nuestros días.

Totémicos álbumes como ‘Phenomenon’, ‘Lights Out’ o ‘Strangers in the Night’ (uno de los mejores directos de la historia) han asegurado a UFO un lugar en el Olimpo de los Dioses del Rock y esta gira era una ocasión perfecta para comprobarlo de primera mano, viéndolos en acción sobre las tablas.

Los acompañaban en esta gira, que también pasaba por Santander, Madrid y Barcelona, los hard-rockeros rusos (sí, rusos…) RED’S COOL, los cuales saltaban a la palestra a las 20:45, para ir caldeando el ambiente.

La joven banda de San Petesburgo, desconocida para la gran mayoría del público, contaba ya con algo más de 200 personas en la sala compostelana (lo cual no está nada mal, con los tiempos que corren), número que fue aumentando a medida que iba pasando su tiempo de actuación.

ProfileCon tres discos ya en el mercado y habiendo compartido escenario con más de una “vaca sagrada” del ROCK, los rusos tienen tablas y saben sonar bien. Otra cosa es que el hard rock ochentero de tintes “whitesnakeanos” que practican no deje de resultarme un tanto horterilla de más, para mi gusto…

No obstante, como decía previamente, sonaron muy bien y supieron conectar con el público, el cual hizo palmas, coros, cuernos (algún que otro FRIKI hasta se sabía alguno de los temas, por cierto…) y, en general, se lo pasaron bien y quedaron lo suficientemente animados para ver a UFO a continuación.

 

La sensación general era de un gran positivismo, emanado por gente que, sin duda, estaba allí para pasárselo fetén desde el primer momento y disfrutar de una gran velada de hard rock del bueno. Como suele suceder en esta clase de eventos, los reencuentros se sucedían, acompañados de abrazos, sonrisas y cervezas.Profile

Profile

A eso de las 22:00, Andy Parker se sentaba tras su set de batera y UFO saltaban a escena con We Belong to the Night, de su álbum ‘Mechanix’ (1982); y lo hacían como una auténtica banda de ROCK AND ROLL de toda la vida: cogiendo los instrumentos, mirándose entre sí con complicidad, mirando al batera y arrancando al unísono para adelante, “aladetres”.

Con las dos siguientes piezas,Fight Night y Run Boy Run (de sus dos últimos discos, ‘Seven Deadly’ (2012) y ‘A Conspiracy of Stars’ (2015), respectivamente), los británicos dejaban claro que con 21 discos a sus espaldas, en sus repertorios hay cabida para prácticamente todo su material y que en la noche iban a sonar tanto grandes clásicos como temas nuevos.

Con Lights Out, del disco homónimo de 1977, los coros del público iban “in crescendo”, aunque hay que decir que el respetable hizo alarde de una actitud espléndida desde el minuto 0 hasta el final del espectáculo. A continuación, sonaba el segundo tema de la noche del disco nuevo, Rollin Rollin.

Tras Venus, llegaba la hecatombe a la sala compostelana con Only You Can Rock Me; claramente uno de los temas innegociables de la banda que mucha gente aguardaba escuchar, con gran devoción y fervor casi religioso.

Unas 550 personas, según mis cálculos aproximados, poblaban la gran sala santiaguesa, lo cual me alegra decir que superó mis expectativas, teniendo en cuenta como suele funcionar la Profile“escena” hoy en día. Eso sí, también hay que decir que es probable que la media de edad global de la sala anduviera entorno a los 35 años, aproximadamente. Esto es: la vieja guardia sigue sin fallar, la cana es amor y la “chavalada” sigue sin tener Profileputa idea, básicamente…

Burn Your House Down, Cherry, Love to Love y, con Messiah of Love, llegaba la tercera y última concesión de la noche al último disco de la banda, ‘A Conspiracy of Stars’; un gran disco de hard rock clásico, con algún que otro ramalazo de A.O.R., a golpe de 2015.

El sonido de la banda fue impecable durante todo el concierto. La ejecución y la presencia escénica…, las propias de leyendas del ROCK con más de 46 años de tablas a sus espaldas (se dice pronto).

La juventud del bajista Rob de Luca contrasta con la veteranía de sus colegas, aunque lo suple desprendiendo una gran seguridad sobre el escenario, propia de alguien con también muuuchos conciertos ya a sus espaldas, tanto en clubs como en festivales. Gran bajista y gran apoyo, también, en cuanto a los coros agudos se refiere, contribuyendo a dar más “cuerpo” a la parte vocal del grupo.

  Por supuesto, todos los guitarristas presentes en la sala se agolpaban hacia la izquierda de la pista (derecha del escenario) para estar más cerca del “guitar god” Vinnie Moore y no perderse detalle de sus progresos sobre el mástil.

                                                       

ProfileEl guitarrista americano, que a mediados de los 80 y con sólo 23 años ya editaba videos didácticos en los cuales mostraba su técnica a nuevas generaciones de guitarristas, es una persona con los pies en el suelo que sabe dónde está en cada momento. Prueba de ello es la exquisita, suave y comedida combinación de técnicas guitarrísticas que lleva a cabo con UFO; basando su interpretación en la escala pentatónica de blues, sin exagerar su virtuosismo y añadiendo por el medio, no obstante, pinceladas de genialidad para los más entendidos, que hicieron las delicias del respetable.

Con un sonido de lo más “vintage”, basado en cabezales y pantallas Marshall “detodalavida” y poquitos efectos, Vinnie Moore demostró que es un guitarrista de lo más fetén, con muchísima clase y buen gusto, al margen de pajilleradas neoclásicas y anacrónicos “shredderismos” power-metaleros.

Tras Making Moves, llegaba una nueva debacle a Compostela con un gran clásico atemporal de la etapa “dorada” de la banda, Rock Bottom, con toda la sala botando y coreando al unísono con una sola voz.

Tras Rock Bottom, la banda se retira a los camerinos, a tomarse el primer y único respiro de la noche y hacerse un mínimo de rogar, antes de acometer con los esperadísimos bises.Profile

Después de un par de minutos de la gente coreando el nombre del grupo en inglés (algo harto sorprendente, en este país…), la banda volvía a escena y Phil Mogg levantaba su cerveza para brindar con todos nosotros, demostrando que es difícil desprenderse de los viejos hábitos de buen rockero (no lo prueba).

Con sus movimientos aparentemente anquilosados, Phil Mogg sigue siendo un más que cumplidor frontman, su voz se mantiene prácticamente intacta y su presencia escénica nos recuerda por momentos por qué sus “maneras” inspiraron en su día a otras grandes figuras de la época, como al gran Bon Scott, sin ir más lejos…

La curiosa, a la par que inquietante figura de Paul Raymond, con su bisoñé (creo que todos lo pensamos, no?), apariencia de purila (‘señora mayor’, en koruño) y su dualidad como guitarra rítmico/teclista, da inicio a la reconocible intro de teclado de Doctor Doctor y la sala se viene abajo, casi literalmente.

Doctor Doctor, el titánico clásico transgeneracional que todo el mundo conoce, que todo el mundo vino a ver y sin tocar el cual sería imposible que la banda fuera capaz de abandonar el local incólumes. Un tema que lo tiene todo y que puso a toda la sala a saltar y cantar rebosantes de júbilo, ante la complaciente mirada de la banda.

A continuación, la banda ponía broche final a una noche mágica con otro gran clásico, Shoot Shoot, con un Andy Parker rotundo tras los parches (como toda la noche) y un Rob de Luca haciendo unos coros fetén.

ProfileLos había visto ya en otra ocasión, hace algo más de cuatro años en el Hellfest, y ya me habían sorprendido muy gratamente en di-recto, pero después del concierto en la sala Capitol la cosa queda clarísima: UFO es un caballo ganador, ayer, hoy y siempre.

Menos mal que aún nos sigue quedando la vieja guardia, tanto a nivel de bandas como de público; la cual nunca falla. El día que esta falte…, veremos lo que pasa.

Viva el ROCK

HELLFEST 2015 – PARTE 2

Martes, 10 Noviembre 2015 20:17

 Amanecía soleada la jornada del sábado, como todo el fin de semana, y el campamento Pelletier volvía a la vida. Después de tomar el omeprazol nuestro de cada día, visitar las vastas llanuras y mágicos bosques de Fecoland, ejecutar el revitalizador ritual de la floca-flocka y desayunar, nos sumergimos en una ancestral tradición que cada año nos ocupa el mediodía/primeras horas de la tarde del sábado: regular el PH en el bonito pueblo de Clissôn.

Porque está bien hacer turismo y conocer la zona por donde uno “opera”, no se debe uno marchar del festival sin reconocer un poco de los alrededores. El pueblo de Clissôn y sus alrededores nos ofrece unos bellos paisajes, a base de verdes praderas y viñedos (cuna del vino Muscadet) y en el paseo desde las inmediaciones del festival hasta el centro de Clissôn (30 minutos andando tranquilo, sin forzar) uno puede disfrutar de espléndidas vistas del río Sèvre desde el puente que lo atraviesa a su paso por esta localidad o del imponente castillo medieval que domina el lugar, construido alrededor del siglo XII sobre una elevación rocosa, cerca del río.

Al llegar al centro del pueblecito de Clissôn, nos encontramos con el mercado de Les Halles o, como cariñosamente lo conocemos: el Galpón.

Con su cubierta de madera, construida en el siglo XV, todavía hoy en día sirve para cobijar el mercado del pueblo todos los viernes. Durante el Hellfest, se convierte en una amplia “terraza” a la sombra y al fresco, con mesas y sillas, en la que regular el PH con una buena dosis de cañas y degustar piscolabis a base de patatas fritas con salsas o bocatas de plancha con viandas cárnicas dispensadas por la carnicería de al lado; todo ello amenizado con actuaciones en directo de grupos de diversa índole.

Siempre es entrañable ver a la gente del pueblo llevándose a sus niños pequeños a tomar “el vermú” al Galpón para que sean partícipes de la extraña fauna que lo puebla esos días, mientras un grupo de melenudos tatuados toca metal extremo en una esquina, “a ras de suelo”…..

Y siempre es entrañable también reencontrarse con amigos fieles a las tradiciones, como son nuestros compañeros del blog sobre conciertos y festivales Concerteca Vigo (https://concerteca.wordpress.com/ , https://www.facebook.com/concerteca.vigo?fref=ts) y el blog sobre viajes Maruxaina y su Mochila (http://www.maruxainaysumochila.com/ , https://www.facebook.com/pages/Maruxainaysumochila/211020385724360?fref=ts), los cuales no fallan a la cita anual en el mítico Galpón clissonier.

Mi recomendación siempre será que os lo toméis con calma. Se trata de un festival con 169 bandas cada año, tocando desde las 10:30 de la morning hasta la madrugada. Es imposible verlo todo. No os queméis viendo conciertos de más. Por mucho que nos pese, el cuerpo hum-ano es limitado.

Partid de la base de tener bien clarito los grupos que tenéis que ver FIJO, una lista de grupos secundarios en plan “si los veo, guay; si no tampoco pasa nada” y después id dejándoos llevar y viendo lo que surge. Cada año descubro bandas que desconocía mientras disfruto de conciertos a los que, en un principio, no contaba con ir y paso de ver grupos que, en teoría, “debería” haber ido a ver… El festival es para ser disfrutado como experiencia global; no se trata sólo de ver conciertos. Lo importante es pasárselo bien en todo momento y saber gestionar las fuerzas de manera adecuada para poder estar en las mejores condiciones posibles a la hora de ver a los grupos que realmente te importan mucho y disfrutar de dichos conciertos al 100%.

 

De vuelta de Clissôn, parada obligada en el Le Clerc a abastecernos de hielo (para la birrêtta peletier), H2O (para las floca-flockas del día siguiente) y algo de comida (para tomar un breve ágape en las tiendas). Bien armados, con nuestras jarras llenas de Estrella Galicia desde el campamento, nos dirigimos a ver al que antaño fuera guitarrista de Guns n’ Roses.

Mucha, muuuucha gente abarrotando el gran valle ubicado delante de los Main Stages para ver a SLASH (decenas de miles, literalmente). Demasiada, inclusive, diría yo… Esto, unido al sol de justicia y al hecho de llevar sándalos, hizo que optara por ver al mítico guitarrista desde una distancia más o menos “prudente”, sin forzar en demasía…

3ª o 4ª vez que veía ya a SLASH en solitario, con su valioso “comodín” Myles Kennedy al frente de la banda, pero nunca defrauda. Los temas son buenos, la banda es buena, la ejecución es buena: no puede fallar.

Con You’re a Lie, ganas de comerse el escenario, gafas de sol y camiseta de Motörhead sin mangas, saltaba a escena el guitarrista de la negra chistera, siempre armado con sus inseparables Gibson Les Paul. Primer recuerdo a Guns n’ Roses ya en el segundo tema, con la siempre efectiva Nightrain, y el valle de Clissôn patas arriba en cerocoma.

El repertorio alternó entre temas de sus tres discos en solitario, como SLASH, temas de los Guns y uno de Velvet Revolver; pasando de los discos con Snakepit.

Avalon, Back from Cali y de nuevo desmadre con la ácida You Could Be Mine. A la gente le gustan los temas nuevos y de toda su trayectoria, en general, pero está claro que el “factor Guns” y el recuerdo de una de las formaciones más añoradas de la historia del Rock, es lo que más le tira. Las cosas como son.

 

Myles Kennedy canta fetén. Punto. Es un vocalista envidiable que se adapta a la perfección a los temas de las diversas etapas de la carrera de Slash, haciéndolos todos suyos, y un frontman de puta madre, que se mete al público en el bolsillo desde el primer momento y lo da todo sobre el escenario.

Con tres temas más de los últimos discos (The Dissident, World on Fire y Anastasia), el bueno de Saul Hudson ejecutaba el riff de guitarra más reconocible de todos los que ha dado a luz su prolífica carrera, lo cual daba lugar al momento más coreado, quizás, de toda la actuación: Sweet Child O’ Mine.

Es perfectamente palpable que Slash se haya en el mejor momento de su carrera o, por lo menos, en el que más se le ve disfrutar personalmente y como artista. Sin parar de corretear y moverse por el escenario, lleno de energía (Y SOBRIO), a sus 50 años, parece estar hecho un chaval. Se nota que disfruta con la actuación de manera intensa, intercambiando miradas cómplices con sus compinches y deleitándonos a todos con ese estilo tan particular, “marca de la casa”, a base de ligados y bendings, que hace que cada nota suene inconfundible en su guitarra (con una nota, sabes que se trata de Slash).

Atrás quedaron ya aquellos días de juventud en que salía a escena tan sumamente ciego con los Guns que no se enteraba ni de la mitad (o al menos eso quiero creer de alguien que sostenía botellas de Jack Daniels en sus manos con la naturalidad de quien porta una simple cerveza). Se nota que descubrió la experiencia de tocar sobrio y le encanta.

Tras la única concesión del concierto a la etapa Velvet Revolver con Slither, se ponía la guinda perfecta a la actuación con Paradise City, con su pegadizo estribillo coreado hasta la saciedad, su frenético final lleno de solos endiablados y caras de satisfacción a tutiplén en todo el recinto.

Un auténtico 10, para Slash feat. Myles Kennedy & The Conspirators, sin duda…

 

A continuación, The Warzone demostró quedarse pequeña para según qué aforos, resultando algo estrecho incluso su acceso, y mucha peña se quejaba de no haber podido acceder al susodicho escenario durante el concierto de BODY COUNT. La organización aseguró que harían lo posible para intentar buscar una solución adecuada para años venideros y, sin duda alguna, lo harán.

 

Llegaba ahora el turno de los mitiquérrimos ZZ TOP, en el Main Stage 1, a los que vimos ya desde el Main Stage 2, pillando buen sitio para Faith No More, que tocaban a continuación de estos.

Saltaban los tejanos a escena con Got Me Under Pressure y Waitin’ for the Bus, en medio del ambiente festivo y casi cómico, me atrevería a decir, que suele rodear sus actuaciones.

No hay mucho que decir que no se pueda intuír a priori, digamos… Una legendaria formación con más tablas que pelos tienen en sus mesiánicas barbas, está claro que saben lo que se hacen…

Con su potente blues-rock sureño con raíces country, pusieron a menear el esqueleto a todo Clissôn. Tanto temas nuevos como I Gotsta Get Paid, clásicos como Gimme All Your Lovin’, La Grange y Sharp Dressed Man, o incluso la versión de Jimi Hendrix que hicieron (Foxy Lady), son dotados de un espíritu bailable por Billy Gibbons y sus “chicos” que, unido al sentido del humor que imprimen en sus actuaciones (coreografías irrisorias, etc…) traen como resultado inevitable que la gente se lo pase bien.

 

Como es costumbre en el Hellfest, nada más terminar un concierto en uno de los Main Stages, ipso facto, comienza el siguiente en el otro. La puntualidad suele ser una constante.

De este modo, daba comienzo el que, sin duda, fue el mejor concierto del festival (al menos, de todos los que vimos un buen número de personas que estamos de acuerdo sobre el tema, sin discusión): FAITH NO MORE.

Saludándonos a ritmo de Motherfucker, de su último disco, y vestidos con trajes de lino blanco, tipo “ibicenco”, saltaba a escena la ya veterana formación americana, con visibles ganas de arrasar con todo a su paso. Dicha actitud “take no prisoners” quedó más que patente al encadenar la oda a la felación homosexual Be Aggresive (compuesta por el bucanier Roddy Bottum a propósito, para putear a Mike Patton y reírse de él mientras cantaba cosas como: “I SWALLOW! I SWALLOW! I SWALLOW! I SWALLOW!”) y Caffeine como segundo y tercer temas, ambos del mítico ‘Angel Dust’, de 1992; disco del cual llegaron a tocar hasta 5 temas.

La ejecución estaba siendo brillante, el sonido excepcional, la energía transmitida desde el escenario, única. Todo ello comandado por la batuta del siempre impredecible Mike Patton, con su cara de loco desquiciado y peligroso con el que es mejor andarse un poco al loro, por la que pueda liar…

“We’re gonna put some heaven on the Hellfest. And you know what?... Your gonna like it…”, rezaba el susodicho Patton, antes de dar inicio a Evidence. Tras la misma, arremetían con su única concesión a ‘The Real Thing’ (1989), la cual pareció bastante acertada, ante la clamorosa reacción del respetable.

Epices, sin duda, el tema que puso en el mapa a la banda, allá por 1990 (especialmente, después de colar el video del tema en la MTV), dejando claro ya desde entonces que no eran gente de casarse con un solo estilo en particular y que todo tipo de música era abrazable, abarcable e incorporable al ecléctico estilo propio que estaban desarrollando.

 

Porque si sobre algo construyeron Faith No More su estilo y su éxito a lo largo de los años es, precisamente, sobre un eclecticismo total, abarcando estilos desde el hip hop, soul, funk, R&B, bossa nova, música clásica, hard rock, heavy metal, groove, crossover y metal extremo (por citar algunos) y, por supuesto, la extrema versatilidad vocal del “colgao” Mr Patton, desde los guturales y alaridos más infrahumanos hasta la voz soul u operística más deliciosa.

Porque, en mi opinión, hablar de Mike Patton es hablar de uno de los grandes genios de la música contemporánea. Su cabeza es un hervidero de ideas que su culo inquieto le lleva a poner en práctica en los más variopintos proyectos y colaboraciones. No hay más que echar un breve vistazo a su prolífica carrera, ver todos los palos que toca (algunos de los cuales creo que hasta inventa él mismo), su diversidad y complejidad compositiva, sus diferentes maneras de entender la música y presentárnosla al público (alguna de las cuales quizás aún no estemos totalmente preparados para entender al 100%, aún hoy en día, posiblemente…), su constante búsqueda… Un auténtico genio, sin duda.

Tras Black Friday, con la curiosa estampa de Roddy Bottum tocando la guitarra acústica (con su gran bigotón), llegaba otro buen “binomio” del ‘Angel Dust’ con la épica Everything’s Ruined y la colosal Midlife Crisis, que hacen las delicias de los fans más clásicos y de todo aquel al que le guste la música, en general.

Realmente, resulta perturbador observar durante un buen rato seguido a Mike Patton y ver su evolución sobre el escenario, con todos los gestos y rictus faciales que va exteriorizando a su bola (cuando piensa que nadie se está fijando en él, digamos), mientras canta o simplemente deambula por el escenario como un psicópata; denotador todo ello de una personalidad, cuanto menos……, compleja…? (ejem…). Conste que lo admiro, reverencio y respeto como creador desde lo más profundo de mi alma (lo cual no quita que esté como una puta cabra, por supuesto…).

Después de hablarnos sobre The Gentle Art of Making Enemies (“I’ve never felt that much alive”), de mi adorado ‘King for a Day… Fool for a Lifetime’ (1995) (os reto a encontrar un álbum más completo, a la par que ecléctico, que no sea de Frank Zappa) llegaba la quinta y última concesión de la noche a ‘Angel Dust’ con Easy, la versión de The Commodores que tan suya han sabido hacer los siempre grandes Fe No Más y que tanto éxito les ha reportado.

A media canción, vemos que el señor Patton se dirige a los miembros de seguridad que pueblan el foso (“OYE! SECURITÈ! SECURITÈ!”) y sabemos que va a hacer una de las suyas. Consigue reunir a unos cuantos al borde del escenario para dejarse caer desde el mismo sobre ellos y que lo cojan. Una vez abajo, convence a uno para que intercambie la camiseta con él, de manera que el segurata se pone la camiseta de lino, “blanco ibicenco”, de Patton y Patton se pone la camiseta naranja de seguridad con la palabra “SECURITÈ” escrita en la espalda. Mientras cambian camisetas, insta a los de seguridad a que canten el tema ellos para así poder reírse a su cara, sabedor de que no se lo saben ni de coña… Finalmente, hace que lo vuelvan a “aupar” hasta el escenario y continua el concierto con la camiseta naranja de “SECURITÈ” hasta el final. Un sujeto peligroso.

La gente estaba disfrutando a tutiplén con una de las bandas más genuinas, innovadoras e influyentes de la música contemporánea, la cual parece más en forma que nunca, viéndolos sobre el escenario, la verdad…

Mike Bordin es un seguro tras los parches. Con sus rastas ya blancas y su peculiar estilo, con “trucos marca de la casa” como marcar tom aéreo en vez de charles o utilizarlo para cortar algún compás, lo que da ese toque tan particular a muchos de sus temas, es uno de los baterías más versátiles y efectivos que tuve la ocasión de ver en directo hasta la fecha. Pude verlo hace años tocando aún con el bueno de Ozzy Osbourne y ya me gustara, pero con Faith No More está claro que está en su casa y es donde de verdad podemos admirar toda su creatividad como batería.

Quedaban aún perlas con las que seguir deleitándonos, como la inquietante Separation Anxiety, la extrema Cuckoo for Caca (con Patton convulsionando sobre el escenario,  mientras su voz cobra matices terroríficos al desgañitarse) o la “in crescendo” Matador, Faith no More en estado puro.

El histrionismo psicótico de Patton, junto con la actitud juvenil de Billy Gould, haciendo headbanging y saltando alrededor de su porción de escenario con su bajo a cuestas, contrastan con el estoicismo casi inquietante de Jon Hudson, concentrado en realizar un trabajo impecable a la guitarra, impávido, en su sitio.

Ni que decir tiene que no es tarea fácil ser guitarrista en una banda como Faith No More. Una banda con un solo guitarrista, tanto espacio que llenar, tanto “wall of sound” y tanta variedad de estilos, sonidos, matices y tesituras a cubrir, incluso dentro de una misma canción, en ocasiones… Está claro que Jon Hudson lo clava, así que un 10 para él…

Y hablando de Hudson, a continuación nos deleitaron con el único tema de la noche extraído del primer álbum grabado por el guitarrista con la banda, la trascendental Ashes to Ashes, del ‘Album of the Year’ (1997), con todo el público saltando al ritmo del poético estribillo (“Smilling, with the mouth of the ocean… And I’ll wave to you with the arms of the mountain… I’ll see you”). Con ella y la grandísima Superhero, que tiene ese algo que hace a algunos temas parecer ya clásicos la primera vez que los escuchas y está llamada a formar parte permanente del repertorio de la banda, seguramente, llegábamos a los bises.

Retirada del escenario de rigor y vuelta a escena con Cone of Shame, también de ‘Sol Invictus’.

 

 

Cuando un grupo toca hasta 6 temas de su último álbum en un concierto de hora y cuarto, en un festival, sabes que están orgullosos de su trabajo. ‘Sol Invictus’ es uno de esos discos que mejora a cada escucha, lo cual siempre es bueno. Se trata de un disco variado, ecléctico, imaginativo, orgánico, muy trabajado y siempre vanguardista, como la propia banda en sí. Rezuma clase, calidad y superioridad por los cuatro costados. Faith No More puro, al 100%.

Nuevo amago de retirada, pero los más entendidos sabemos que falta un tema sin el que no se suelen despedir, ya que representa la esencia misma de Faith No More y una vuelta a sus inicios. Suena la rotunda intro de bajo y batería y todos bailamos a ritmo de We Care a Lot, único tema de la etapa pre-Patton del setlist (“It’s a dirty job but someone’s got to do it”, como diría el otro…).

Y cuando parecía que ya no podían quedar más balas en la recámara, ni tiempo para dispararlas, deciden poner el broche de oro al concierto con This Guy´s in Love with You, de Burt Bacharach. Un final inesperado, pero perfecto, para un concierto perfecto.

Me consta que es palpable mi admiración y pasión por la banda (que se me ve el plumero, vaya…) y que utilicé en infinidad de ocasiones la palabra ‘ecléctico’, pero las cosas como son… En cuanto al concierto, no exagero nada; y en cuanto a lo revolucionario de la banda en sí, creo que tampoco…

El setlist me pareció de lo más acertado, además. Bien equilibrado y muy completo. Es muy difícil aprovechar mejor los 75 minutos de actuación con los que contaron…

No encontré a nadie a quien no le haya molado el concierto. Es más, todo el mundo con el que hablo del tema coinciden en que fue el mejor concierto del festival. Incluso gente que no los conocían o no estaban familiarizados con su material hasta la fecha aseguran haberse llevado una más que grata sorpresa.

Y es que, si fueron los mejores… será por algo…

FÉ NO MÁS SIEMPRE!

 

Después de ver a Faith no More en concierto, quedas obnubilado y satisfecho, con una actitud tipo “y ahora qué voy a ir a ver yo por ahí que mejore esto?!?!?!” (similar a con la que me quedé tras ver a Steve Vai en la Sala Capitol, por ejemplo…), con lo cual decidimos tomarnos un respiro y relajarnos un rato, sentados en el césped, mientras comenzaban los ya tradicionales fuegos artificiales del sábado.

Dicho respiro incluía pasar de los, a mi parecer, empalagosos (y jetas) SCORPIONS, en su 6º año, ya, de “gira de despedida”, si mis cuentas no fallan… Como estrategia comercial estaría muy bien y tal…, pero al mismo tiempo hay que tenerlos cuadrados. Tan mal estaba la cosa? Tan poco confiaban en su “tirón”? O quizás realmente pensaban dejarlo, pero después dijeron “espera, que esto mola”?.

Sólo sé que en los cinco años que llevo acudiendo al Hellfest ya me tocó sufrirlos de cabezas de cartel, dentro de la “exclusividad” de su “gira de despedida”, en dos ocasiones. Cooome ooooooooon, maan……

En fin… 90 minutos de temas nuevos, clásicos “detodalavida”, medley acústico totalmente cortarrollos por el medio, seguido de la balada del silbidito, con la peñita con la linterna del móvil en alto, en vez de los mecheros de antaño (la humanidad es giliposhas), solo de batería, más clásicos, la otra baladita, el tema heavy y andando…

Mucho mejor en la parte posterior del recinto, sentados en el césped, intercambiando pareceres sobre el concierto de Faith no More y entablando interesantes conversaciones musicales con gente enrollada que uno conoce por el festival, mientras se comparten unas buenas jarras de birra fresquita y las sustancias que cada uno considere menester… Dónde va a parar…… ;)

 

Después de este agradable rato de asueto y con los Scorpions aún sonando pusimos rumbo a The Temple, con ganas de maldad. Frente a las baladitas acústicas de los escorpiones alemanes, necesitábamos la maldad más profunda; pero estábamos en el lugar adecuado, ya que los ingleses VENOM saltaban a escena en esos momentos…

Los incombustibles padres del Black Metal tenían la carpa de The Temple a rebosar, esperando por sus conjuros, así que salieron a por todas.

La totémica figura de Cronos (que vestía camiseta recortada de Slayer para la ocasión), con la felpa comenzándole de la mitad de la cefa para atrás, su bajo y su característica mueca al cantar, entre asco, superioridad y algo muy, muy malo, impone un más que merecido respeto…  Le repugna la raza humana; no hay duda.

Presentaron tres temas de su nuevo disco, ‘From the Very Depths’ (2015), Rise, Long Haired Punks y Grinding Teeth, aunque la gran parte del repertorio estuvo compuesto por grandes y malignos clásicos.

Su inconfundible amalgama de rock and roll punkarra a toda hostia, combinado con voces guturales y alaridos maléficos, todo ello aderezado con una temática ocultista y abiertamente satánica, sentaron cátedra y las bases de lo que a posteriori terminaría etiquetándose como Black Metal. A mi parecer, no dejan de ser como una suerte de Motörhead cabreados, que en vez de hablar de tías y abuso de sustancias hablan de Satán y destilan maldad por los cuatro costados.

Legendarios temas como Buried Alive, Welcome to Hell, 1000 Days in Sodom o Countess Bathory sonaron como un auténtico recital de pecados capitales e impías blasfemias que varios miles de enfervorizados fieles corearon con pleitesía, de manera ostentosa y con convencimiento de causa.

La alopécica figura del guitarrista, Rage, tiene también un algo diabólico de lo más extraño. Sus ataques al instrumento son seguros y concisos.

Al mismo tiempo, el acróbata Dantè, ofrece un espectáculo tras los tambores que va más allá de lo propiamente musical. Sus filigranas con las baquetas son algo realmente digno de ver (como bien sabe mi primo Tony, mientras el Cóndor pasa… ;) ).

Para los bises, cómo no, Black Metal (“Lay down your soul to the gods Rock and Roll!”) y Witching Hour.

Siempre es bueno ver a Cronos y sus huestes. Cañita pura. Rock and Roll 100%.

 

Ya que aún nos daba tiempo y ya estábamos allí, al terminar el satánico recital de VENOM, nos acercamos a ver los últimos 20 minutos del show de MARILYN MANSON.

Y qué decir del que otrora se hacía llamar El Reverendo y a finales de los ’90 / principios de los “dosmiles” causó furor en el mundo del metal con su irreverencia, provocación y ritmos industriales? Pues, sinceramente…, que a día de hoy ofrece un espectáculo bochornoso y deleznable que no se debería andar paseando por los escenarios de medio mundo, la verdad…

Manson se ha convertido en una parodia de su propio personaje y se dedica a ofrecer shows cargados de dejadez y patetismo premeditado que no vienen a nada… Para ser claros, la sensación que da es de como si lo estuviera haciendo mal a propósito, burlándose de sí mismo, de su material y, en definitiva, de toda la gente que lo está viendo. Esto último, si tenemos en cuenta que encima el tío trabaja casi exclusivamente grandes escenarios y grandes audiencias, es especialmente grave.

Así, aún con un repertorio plagado de buenos temas que en su día lo llegaron a hacer grande, como Tourniquet, The Beautiful People, Antichrist Superstar, The Dope Show, Angel with the Scabbed Wings o su gran versión del Sweet Dreams (Are Made of This) de los Eurythmics, la propuesta de Manson oscila entre lo más que mediocre, lo vergonzoso y, sobre todo, lo insultante.

Vergüenza como parece reflejar, por momentos, la cara del incombustible Twiggy Ramírez, que sigue ejerciendo de mano derecha de su compañero de fatigas sobre las tablas porque “más triste es robar”… Mientras, el tal Brian Warner alardea orgulloso su sobrepeso, su ebriedad y pasa de cantar frases enteras de canciones o, directamente, las canta mal a propósito mientras pulula a trompicones de un lado al otro del escenario y se revuelca por el suelo de manera soez y sin pizca de clase.

 

 

El que contaba la leyenda se había extirpado costillas para realizarse auto-felaciones, el que se había puesto tetas en 1999, el que había sido Paul en Aquellos maravillosos años…, etc, parece continuar en un imparable declive que, en mi opinión, debería animarlo a replantearse su carrera o, por lo menos, tomársela en serio.

Sinceramente, hoy por hoy lo prefiero como actor que como “estrella del Rock”, desde luego…

 

A las 2:00 de la morning y dada por finalizada la jornada concertística del sábado, nos reunimos con nuestros bros y acudimos a rematar la fiesta al Metal Korner, como es menester. Allí, por segundo día consecutivo, tuvimos el placer de deleitarnos con el espectáculo de PYROHEX.

PYROHEX, son un grupo de cachondas inglesas, de estética “alternativa” (pelo de colores, tatuajes a tutiplén, piercings, etc…), que llevan a cabo performances de lo más fetén en tanguita y tetas, luciendo sus cuerpos serranos para deleite de un gran sector del público (especialmente del masculino heterosexual, evidentemente).

A ritmo de potentes clásicos metálicos como Cowboys from Hell y con unas iluminaciones bastante cuidadas, realizan diversos tipos de ejercicios en los que el fuego es protagonista principal (junto con sus cuerpos loz-anos, claro…). Malabares, tragafuegos y escupefuegos, acrobacias varias y truquitos tales como echar chispas por la entrepierna (con la ayuda de una coquillera de metal y una radial) constituyen la base de su show, el cual representan en varios momentos de cada uno de los días del festival, en diferentes puntos del recinto. A mayores, es frecuente encontrártelas pululando por la zona VIP (svaporub), de colegueo total con la peñita, haciéndose fotos, de risas y demás… Buena peña.

Son unas habituales del Hellfest que no se pierden una edición, ante las cuales siempre estamos dispuestos a volvernos a quedar pasmados, con cara de gilipollas vicioso. PYROHEX RULES!

 

Tras cerrar el Metal Korner por segundo día consecutivo, cantando a coro Bohemian Rhapsody con el resto de usuarios de la carpa en cuestión (incluido Bosingwa), nos arrastramos hasta las tiendas después de, un día más, haber bebido más de la cuenta (para variar…).

P.D
GRACIAS A R. BUENDÍA, DE CONCERTECA, POR LAS FOTOS

 

HELLFEST 2015 – PARTE I

Domingo, 01 Noviembre 2015 19:47

 


Una vez más, la fecha más esperada del año ya estaba aquí… (cada año pasa más rápido…). Por 5º año consecutivo en mi caso, tocaba poner rumbo a Clissôn, en el Loira Atlántico, cerca de la Bretaña Francesa, y asistir al mejor puto festival de metal del mundo; el Hellfest.

El jueves 18 de junio, tempranito (07:00 am), la “expedición Pelletier” estaba lista para salir de nuevo hacia tierras galas en dos coches cargados con un palé de Estrella Galicia y muchas, muchas ganas de Hellfiesta. Unas 14 horas después, aproximadamente (contando paradas para comer, repostar, defecar, etc…), llegábamos a Clissôn, aparcábamos en el ya entrañable Le Clerc (gran supermercado tipo Alcampo o Carrefour que hay muy cerquita del festival, de gran ayuda para abastecerse de cosas de primera necesidad durante el evento, comprar hielo cada día y demás…), llegábamos al lugar donde acampamos todos los años con todos los bártulos, montábamos el campamento, nos acercábamos un momento a recoger las acreditaciones y brindábamos por un fin de semana que prometía grandioso.

Como algunos sabréis, es posible acampar ya desde el miércoles y hay actividades e incluso conciertos en el Metal Korner ya el jueves; pero los que vamos teniendo ya una edad y conocemos nuestro cuerpo creemos que con llegar el jueves hacia la noche y descansar algo para el viernes poder empezar el festival con algo de fuerzas ya va estando bien y tal… (ya os tocará…).

Una de las principales novedades de esta 10ª edición del festival era la introducción del “cashless” como nuevo método de pago en todos los bares del mismo. Se trata de una especie de tarjeta de crédito que sustituye a los habituales “tokens” y que puedes recargar en cajeros distribuidos por el festival con el importe que desees. Al pagar, te pasan la tarjetita por un lector y se te descuenta el importe que hayas consumido.

-          Ventajas: es cómodo, molón, y si te queda dinero sin gastar en la tarjeta, te vale para el año que viene.

-          Desventajas: no les puedes escaquear ni un mísero token al pagar las cervezas (práctica habitual hasta la fecha) y si la pierdes, pierdes todo el dinero que tengas recargado en ella de golpe (ojito).

 

 

Comenzaba, pues, la jornada del viernes y accedíamos al recinto para, una vez más, sorprendernos con las mejoras introducidas con respecto al año anterior.

Esto es una constante en el festival galo: la continua intención de mejorar, edición tras edición, de ser más absolutamente “PRO”, de cuidar los detalles al máximo (algo que se agradece sobremanera), de ofrecer al público lo mejor y que este quede lo más contento posible… (igualito que en España, vamos…).

Tras los recientes ataques terroristas por parte de un grupo de fanáticos religiosos cristi-anos (o pensabais que todos eran moros?) en los cuales se vieron destruidos varios elementos estructurales y decorativos del festival, la maquinaria del festival, cuan Ave Fénix, no sólo reconstruyó las zonas afectadas y enmendó el daño causado por los vándalos, si no que lo mejoró todo de forma majestuosa y casi arrogante, me atrevería a decir… (como tiene que ser).

Aparte de la bellísima Hell City Square, que ya nos encontrábamos el año pasado como antesala de la entrada al recinto del festival en sí, con sus adoquines, farolas, tiendas y el ya clásico Extreme Market (discos, camisetas, atrezzo y parafernalia metalera de todo tipo a tutiplén), la entrada de acceso al festival ya nos indicaba que, como siempre, se había subido un peldaño más en cuanto a clase, elegancia y “molonería”.

Tras la puerta de entrada al recinto, que este año imitaba la fachada de una catedral, con todo lujo de detalles, nos empezábamos a encontrar mejoras sustanciales con respecto a otros años. La primera y creo que más importante de todas: CÉSPED NATURAL EN TOOOOOOODO EL RECINTO, (coma) JODER!!! No sólo en los “pits” de los Main Stages, no…… ; en todo el puto recinto. Independientemente del lugar del recinto donde te hallaras (o hallases), tenías mullido y verde césped natural bajo tus pies, lo cual mejora la calidad de vida del “festivalier” de a pie hasta cotas inusitadas; creedme…

También se ganó en cuanto a aspectos decorativos se refiere, por supuesto… Más colosales esculturas desperdigadas por el recinto, la impertérrita noria del año pasado (no sé cómo no hubo ya alguna desgracia…), más atención por cada pequeño detalle y las pantallas gigantes de los Main Stages (de una definición excelente, por cierto) se veían animadas en esta ocasión por una exquisita decoración colorista que las envolvía, con motivos de calaveras, faros y pulpos de lo más molón (lo cual nos hacía sentir como en casa a los galaicos).

Notable fue también la mejora en los escenarios The Temple y The Altar, al mejorar sus estructuras y disponerlos en paralelo entre sí (y en paralelo a The Valley, a su vez) y en diferentes carpas, en vez de enfrentados dentro de la misma carpa, como solían estar. Al mismo tiempo, gran detalle el poner fuera de cada escenario una pantalla gigante en la cual se anunciaba el nombre del siguiente grupo en actuar en dicho escenario (y la hora) y a través de la cual la gente que estuviera fuera de la carpa podría ver dicho concierto a posteriori.

Otro detalle que me gustó mucho fue la presencia de los horarios de actuaciones de cada día ubicados en la entrada de cada escenario en tamaño gigante, para tener a la gente siempre lo mejor informada posible.

Mejoras también en cuanto a los baños se refiere, los cuales se multiplicaron, colonizaron más zonas del recinto donde antes no había y ganaron en profesionalidad y limpieza. Muchos más urinarios de pie, que permiten el rápido y fluido “alivio” de los varones y baños completos mucho más “PRO”, con estructuras importantes, varias puertas individuales, lavabos fuera, etc… (nada de cabinas químicas “del terror” de esas a las que estáis acostumbrados, vamos…). Todo ello con una decoración exquisita (HASTA EN LOS BAÑOS!!!).

Como dato curioso en cuanto a la higiene de los baños se refiere, decir que el Hellfest tiene contratada a una importante empresa de limpieza industrial francesa cuyo cometido durante el festival es limpiar los baños de manera continua. Esto es, empiezan a limpiar los baños por una punta del recinto y cuando llegan al final y terminan, vuelven a empezar de nuevo por el otro lado a limpiar, con lo cual los baños están siempre limpios (dentro de lo que cabe en un evento de dichas características y de una afluencia de público tal).

A mayores, por supuesto, puntos de agua corriente y potable por todo el recinto, donde la gente se puede refrescar, beber o rellenar sus jarras y botellas de agua, permaneciendo así constantemente hidratados sin tener que, obligatoriamente, gastar dinero en el bar (a diferencia de España, donde cortarían todos los grifos del recinto para que aunque te estés muriendo y necesites beber un sorbo de agua, tengas que ir al bar y pagar por ella obligatoriamente… En fin…)

Y no nos olvidemos de uno de los detalles más importantes, que marca la diferencia en el Hellfest con respecto a otros festivales y contribuye a abaratar muchísimo la experiencia en el mismo como público: el hecho de que se pueda introducir bebida de fuera del recinto en la zona de conciertos, siempre y cuando vaya dentro de los envases oficiales del festival.

Los bares del festival sirven en unos vasos y jarras de plástico duro, con el logo del festival, que reutilizas a lo largo de todo el festival (o te van cambiando por otros limpios y nuevos) y si al final no te la quieres llevar de recuerdo, te devuelven el Euro que pagaste por ella inicialmente. Resultado: ni un solo vaso o trozo de plástico en el suelo en todo el recinto. Sólo impoluto y mullido césped verde.

Para la cerveza, en concreto, tienen unas jarras de litro y medio (milimetrado, no como aquí), de plástico duro con asa, que son la auténtica panacea. Esa jarra se convierte en tu mejor e inseparable amiga durante todo el festival, con el aliciente de que cuando quieres, entre concierto y concierto, puedes salir hasta las tiendas de campaña (que están al lado del recinto), rellenar la jarra allí y volver a entrar con ella para el siguiente concierto sin que te pongan ningún tipo de problema.

No os tengo que decir lo que eso puede llegar a abaratar el festival a los que vamos con el presupuesto más bien “justito”, no?

 

Detalles, detalles y más detalles… Los detalles son la clave… (igualito que en España, insisto…)

 

Después de esta “introducción”, elogiando alguna de las virtudes de este entrañable festival, pasemos a hablar de música por fin, que al fin y al cabo es la base sobre la que se sustenta todo esto.

 

Tras el tradicional paseo “de reconocimiento” por todo el recinto, en el cual se aprovecha para enseñar las mieles del mismo a los boquiabiertos neófitos (que todo año suele haber alguno), y porque “me encanta el olor a black metal por la mañana”, nos parábamos un rato a la sombra de The Temple para ver a los belgas ENTHRONED.

No mucho que decir, aparte de que siempre es entrañable estar en un concierto de metal extremo por la mañana/mediodía, en el cual se aglutinan ya entre 2000 y 3000 personas, las cuales asienten con seriedad, anal-izando cada nota y aplaudiendo con los cuernos en alto entre tema y tema.

Es la magia de un festival en el que cada año tocan 169 bandas, repartidas entre 6 escenarios “temáticos”; es decir, separados por estilos musicales. Sea cual sea tu rollo, allí encontrarás siempre lo mejor del género.

 

Se puede decir que el viernes ofrecía la cara más “clásica” del festival, por lo menos en cuanto a la oferta musical de los Main Stages (escenarios principales) se refiere. Así es que a primera hora de la tarde, bajo un sol de justicia y después de ver el final del concierto de GODSMACK, nos dirigimos a ver al mítico BILLY IDOL.

Decenas de miles de personas poblaban ya el valle que se sitúa frente a los Main Stages, ya que la tarde ofertaba movimiento y clásicos por aquella zona. El “rubio de oro” saltó a escena, acompañado por su inseparable Steve Stevens a la guitarra, y nos hizo mover el esqueleto a todos durante una hora justita, a ritmo de la característica mezcla de “cyber punk” y “new wave” que lo hizo famoso allá por principios de los ’80.

Aunque facialmente parezca una purila (señora mayor), físicamente se le ve en una forma envidiable, al señor este. La voz le responde, su banda va sobrada de tablas, sigue teniendo presencia escénica y gozó de buen sonido (constante en la Hellfiesta, por lo general…).


                

Evidentemente, no faltaron los clásicos Dancing with myself, Rebel Yell y White Wedding, que incitaban a la gente a bailar oscilando los brazos hacia los lados, tipo ochentero (bien sabéis de lo que hablo…); y cerró el concierto con una versión de L.A.Woman, de The Doors, para sorpresa de todos.

Viaje relámpago a las tiendas, a rellenar las jarras de birrêtta peletier (hay que hidratarse) y volvemos a adentrarnos en la muchedumbre de los Main Stages para ver, por enésima vez en mi caso, a MOTÖRHEAD.

Mucha, mucha gente, esperando para ver a Lemmy y sus chicos en acción una vez más. En el aire, la impresión general de que muchos estaban allí para despedirse de la banda, de alguna manera, ya que las últimas noticias sobre el estado de salud actual de Mr Kilmister parece que no dejaron una sensación demasiado halagüeña, en general, entre el público.

Con el clásico “We are Motörhead… and we play Rock and Roll!”, seguido de los primeros acordes de Shoot you in the Back, saltaban a escena y se ganaban al público desde el minuto cero.

Damage Case, Stay Clean, Metropolis… y aquello era la fiesta de Rock and Roll de alto voltaje a la que nos tiene acostumbrada la formación inglesa. Como ya dije en más ocasiones, Motörhead no sorprende, pero tampoco defrauda. Vas a ver Motörhead y te van a dar Motörhead. No hay trampa ni cartón.

Tras Over the Top, solo de guitarra y primer respiro para Lemmy. Más adelante, en Doctor Rock, solo de batería y nuevo descanso para el veterano frontman… 

Después de haber visto a Motörhead en di-recto en un considerable número de ocasiones a lo largo de los últimos lustros (entre 8 y 10…; no estoy seguro), tengo que decir que fue la primera vez que ví a Lemmy algo cascado. Es una pena, pero es así… Parece que realmente sus últimos achaques hicieron mella en él y eso se ve desde fuera. Aparte de estar visiblemente más delgado, pálido y demacrado, parece como si el pobre hombre estuviera extenuado, con poca sangre ya en las venas y, en definitiva, poca vida sustentándolo ya sobre las tablas…

Ojalá me equivoque, pero yo de vosotros procuraría verlo cuanto antes, si no lo hicisteis ya, por lo que pueda pasar… Está claro que este hombre va a morir “con las botas puestas”; pero, desde luego, no está en su mejor momento de forma, muy a mi pesar (y el de todo aquel al que le guste el puto Rock and Roll, espero).

Con la oscura Orgasmatron y la frenética Going to Brazil enfilaban la recta final del concierto. Tras poner Clissôn entero patas arriba con la obligatoria Ace of Spades, se retiraban de escena un par de minutos para volver y poner el colofón con la “interminable” Overkill; todo un clásico.

 

En definitiva, una más que aprovechada hora del Rock and Roll más honesto que te puedas echar en cara de donde todo el mundo salió contento, más con la sensación agridulce de haber visto que el gran Lemmy Kilmister, a sus 69 años de excesos y cátedra, no está fetén (o al menos no lo parece) y es posible que le empiecen a fallar las fuerzas.

Esperemos que no sea así y todavía los pueda volver a ver otras 8 o 10 veces más, que Motörhead nunca cansan.

 

Después de ver a “Mr Rock and Roll Himself”, vamos a reponer birra y nos adentramos hasta la “brecha” del Main Stage 1 para ver a mi adorado y siempre enorme ALICE COOPER desde una posición privilegiada.

Tras la intro The Underture, que mezcla pasajes de los dos ‘Welcome to my Nightmare’, saltaban el tito Alice y sus huestes a escena con Department of Youth, encadenada con dos clasicazos como son No More Mr Nice Guy y Under my Wheels, sin dejarnos tiempo ni para respirar.

Con el formato de banda de tres guitarras + bajo + batería al que nos tiene acostumbrados en los últimos años, comandando la pesada y perfectamente engrasada maquinaria, allí lo estaba, como si los años no pasaran por él (y por nosotros sí), blandiendo su bastón y haciéndo mil acrobacias con él, como si de una majorette del rock se tratara (o tratase), con su mítico maquillaje, Vincent Damon Furnier: el rey del shock and roll.

Una concesión a ‘Welcome 2 my Nightmare’ con I’ll Bite your Face Off y vuelta a los ’70 con Billion Dollar Babies, con el respetable totalmente entregado al espectáculo del tito Alice.

Y es eso lo que nos ofrece Alice Cooper, un ESPECTÁCULO perfecto, sin fisuras; en el que todo está milimetrado y, por lo tanto, no hay lugar para la improvisación. Durante hora y cuarto, el mítico artista nos sumergió en un mundo de pesadillas con el que lleva casi 50 años haciendo disfrutar a varias generaciones (que se dice pronto).

No es de extrañar tampoco que la inmensa mayoría del repertorio esté formada por temas de los años 70, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de la “época dorada” del señor en cuestión; de lejos su etapa más prolífica y, se ponga como se ponga quién quiera, la más conocida y la mejor.

Así, tras varias concesiones a otras décadas con Lost in America, Hey Stoopid y Dirty Diamonds (solos de bajo, guitarra y batera incluidos), volvíamos de nuevo a la “época dorada” con el histórico Welcome to my Nightmare, seguido de Go to Hell.

La banda se adapta y hace suyo perfectamente cualquier “sección” del repertorio. Glen Sobel es un batera acojonante; rotundo, sólido y acróbata (e infravalorado) como pocos. En las guitarras, Tommy Enriksen tiene la capacidad innata de rezumar juventud y rebeldía por los cuatro costados, aún cuando tiene ya 49 años (seguro que para sorpresa de muchos); Ryan Roxie, de la misma edad que el anterior, refleja veteranía, tablas y una actitud descaradamente “sleazy”; y, completando la ecuación guitarrística, la deliciosamente virtuosa, a la par que bella, Orianthi, atrayendo hacia sí las miradas de tooooodo el público masculino, de manera irremisible.

Ver tocar y desenvolverse en el escenario a la rubia guitarrista australiana de ascendencia griega, en todo su esplendor, deja bastante claro por qué Michael Jackson la escogió a ella para ser su guitarrista en la que iba a ser su última gira (nunca realizada, debido a un ligero caso de muerte), ‘This is It’; y, al mismo tiempo, por qué Richie Sambora la escogió también a ella, recientemente, para otro tipo de labores menos profesionales y más de alcoba, digamos… (o al menos eso cuentan las lenguas viperinas).

Y como lo mejor siempre se deja para el final, no podía terminar de hablar de la banda de Alice Cooper sin hablar de mi siempre admirado Chuck Garric.

Chuck es la piedra angular sobre la que descansa toda la banda, tanto a nivel musical como de actitud y estética. Porque si hablamos de actitud, indudablemente hay que hablar de Chuck Garric. Ese tío lleva el Rock and Roll en las venas y se nota. Con una estética de lo más glam, con el pelo largo, maquillaje oscuro y tupido abrigo de piel, el colega presenta una estampa a medio camino entre Marc Bolan, Glen Danzig y hombre de las cavernas de lo más imponente.

Dirige la banda con su sólido bajo, hace coros rasgados, rezumantes de Rock and Roll y bourbon, hace que el nivel de presencia escénica de toda la banda se incremente en varios tantos por ciento y es el único que interacciona con el público, lo mueve a su antojo y se lo mete en el bolsillo desde el minuto cero. Un auténtico titán del Rock.

Con Wicked Young Man empezaba el teatro puro y duro. El cíclope de Jasón y los Argonautas en Feed my Frankenstein, la camisa de fuerza en Ballad of Dwight Fry, la guillotina en Killer, Chuck Garric poniendo a todo Clissôn a corear I Love the Dead mientras se muestra al público la decapitada cefa del tito Alice para su posterior resurrección, apoyado en la muleta de huesos, con I’m Eighteen

Toda una fiesta, un auténtico musical de Rock and Roll donde la disposición e interpretación de los temas confieren al espectáculo global un sentido conceptual, no al alcance de cualquier intérprete.

Tras la “obligatoria” Poison, para los fans de la vertiente más “ochentera” del músico, llegaba el bis con School’s Out (con guiño a Another Brick in the Wall por el medio, incluido) y Alice Cooper “abandonaba el edificio”.

Simplemente genial, como siempre.


Comenzaban LAMB OF GOD, en el Main Stage 2, más preferimos acercarnos hasta The Valley, a ver la última media hora del concierto de los, en mi opinión, sobrevalorados, MASTODON. Una vez más, los de Atlanta volvieron a no convencerme.

Sobre las tablas de un abarrotado The Valley, la banda no parecía tener el nivel, ni de lejos, que le otorgan crítica, medios especializados y público, en general. Aparte de sonar mal, digamos que más bien parecían, a grandes rasgos, la típica banda stoner que toca al mediodía o a primera hora de la tarde en este escenario, en cualquier edición del festival.

Insisto en que es mi opinión, que llegué para la última media hora nada más y que al ver que sonaban mal, no tenían presencia y no se estaba cómodo allí, tardé poco en dejar de prestarles atención; pero la impresión que daban era esa, en general.

 

Tocaba entonces volver a ubicarse en buena posición, ante el Main Stage 1, ya que la cosa se ponía seria: llegaban los Metal Gods.

Sexta o séptima vez que veía ya a JUDAS PRIEST, pero nunca son suficientes. Como siempre dije, ellos son LA BANDA de heavy metal, me encantan y siempre hay que rendirles una más que merecida pleitesía.

Tras la ya tradicional antesala a base de un fragmento del War Pigs de los Padres, Black Sabbath, sonaba la introducción de Battle Cry y, tras la misma, saltaban los sacerdotes de Judas a escena con Dragonaut, el tema que abre su último disco, ‘Redeemer of Souls’ (2014); encadenando esta, como no podía ser de otra manera, con la casi religiosa Metal Gods.

Judas son Judas; eso está clarísimo. Son los mejores dentro del género y lo siguen defendiendo en el escenario con uñas y dientes. Su clásico tándem de guitarras afiladas, intercambiándose solos y riffs de la una a la otra, “marca de la casa”, sobre una base rítmica sólida, atronadora y “más heavy que el viento” no dejan lugar a dudas. Son los putos jefes.

“The Priest is back!”, clamaba un exultante Rob Halford, antes de acometer con dos clasicazos de aúpa: Devil’s Child y EL TEMA, Victim of Changes.

La aparente simplicidad y extrema elegancia con que Scott Travis toca la batería, sin derramar ni una gota de sudor, hace que cualquiera que entienda un mínimo sobre el instrumento en cuestión, lo mire y diga: “qué cabrón…”. El bueno de Ian Hill lleva 40 años en su pequeña parcela de escenario, delante de su ampli, zarandeando el mástil de su bajo arriba y abajo (en plan: “Lo rompo! Lo rompo! Que lo rompo! Te digo que de esta lo rompo fijo!”), siendo más heavy que nadie.

Tras los escalofriantes agudos finales de la totémica pieza que abría aquel colosal ‘Sad Wings of Destiny’ allá por 1976, nada menos…, llegaba el momento de entrar en los Halls of Valhalla, mover el esqueleto con el siempre efectivo, a la par que bailable, Turbo Lover y una nueva concesión al nuevo disco, con el tema que da título al mismo, Redeemer of Souls.

Glenn Tipton asusta. Con su eterno pacto con el diablo, el tío está igual que hace 40 años y, aparte de ser un guitarrista extraordinario, tiene el Mal (sí, sí….Con mayúsculas) en la mirada. Quién o qué puede ser más heavy que Glenn Tipton, en este mundo??? Nadie ni nada.

La épica Beyond the Realms of Death y la heavy Jawbreaker daban paso a aquel tema que allá por 1980 se instauró como himno a cantar generación tras generación con los cuernos en alto como requisito indispensable: “Breaking the what?!?!?! Breaking the WHAT!?!?!?!?!...”. Breaking the Law. En serio…, escuchar a decenas de miles de personas corearlo al unísono contigo es algo, cuanto menos, curioso (“you don’t know what it’s like…”).

Se escucha el sonido de un motor sobre-amplificado, el gran Roberto entra en escena a lomos de su Harley Davidson, vistiendo sus mejores galas bondage y, los entendidos en la materia, sabemos que es el turno de Hell Bent for Leather. Tras la misma, la banda abandona el escenario, aunque sabemos que, sin duda, aún quedan más balas en la recámara.

Es bueno ver a Richie Faulkner perfectamente integrado en la banda, como un miembro de pleno derecho, ya… Aparte de ser un guitarrista técnico, agresivo y con clase, el tipo imprime frescura y dinamismo al show de la banda, sin parar de moverse por el escenario, hacer headbanging y cantar cada uno de los temas mientras interactúa visualmente con cada uno de los “habitantes” de las primeras filas. Su compenetración con Glen Tipton es perfecta y se nota que el Maestro confía en su pupilo, dejando que buena parte del peso “solístico” de los temas recaiga sobre él, mientras lo mira con una mezcla de complicidad y orgullo.

La inconfundible intro pinchada The Hellion deja paso a Electric Eye y volvemos a tener a los de Birmingham sobre las tablas, dándolo todo y enseñándole al mundo cómo se hace heavy metal de verdad.

Tras la ya clásica sesión de canto de Rob Halford con el público, emulando al divino Freddie Mercury, en cierto modo (sólo que cambiando el “tiro-riro-rero” por “ye-y-ye-y-yeeah”), atacan con You’ve Got Another Thing Coming, solo de guitarra incluido y alargada, como de costumbre, para mayor interacción con el público. Tras esto, vuelven a abandonar el escenario.

 

 

Y qué decir de Rob Halford?. Que es y siempre será el puto Metal God. Punto. Sigue siendo un frontman carismático de los que hacen que esto siga valiendo la pena. Sabe meterse a la gente en el bolsillo instantáneamente, luce vestuario y atrezzo a tutiplén, a lo largo del show y, sí, por supuesto que sigue siendo uno de los mejores vocalistas de la historia. Si bien es verdad que va moldeando ciertas partes de algún tema a sus condiciones físicas actuales, el tío sigue cumpliendo más que sobrado, sigue sabiendo cantar fetén, teniendo potencia y capacidad para seguir mostrándonos a los mortales los inhumanos agudos que lo hicieron famoso.

Hay que saber comprender que, con la edad y estando uno ya algo más “fondón”, por así decirlo, es normal que haya partes de temas que tenga que hacer de otra manera, sobre todo por motivos de respiración y resistencia física. Habrá que ver cuantos de sus “detractores”, que siguen clamando al cielo aquello de que “Rob Halford ya no llega”, serían capaces de mantenerse con la mitad de dignidad que este hombre, a los 63 años, por los escenarios de todo el mundo.

Y precisamente para esos que dicen que “ya no llega”, cuando parecía que el concierto podría haber terminado ya (si no mirabas el reloj, claro está), la banda sale a escena de nuevo para hacer un segundo bis y atacan con Painkiller, directamente, señoras y señores… (nada menos).

‘Painkiller’… El momento donde el heavy metal tocó techo… Mi teoría es que tras la edición de ese disco, allá por 1990, quedó claro que era imposible hacer nada más heavy ni por asomo. Fue entonces cuando llegaron Pantera y cambiaron las reglas del juego. El heavy metal, tal y como se conocía, había llegado a su cenit de “heavycidad”, así que tocaba “reinventar el metal”… y así fue.

Roberto Halford “llegó”, más que sobrado, y el frenético ritmo de la canción terminó ya con lo poco que quedaba de nuestros cuellos y nuestras guitarras de aire. A continuación, con la siempre festiva Living After Midnight, los sacerdotes de Judas se despedían definitivamente de los festivaliers Hellfesteiros, con el tema Beginning of the End como telón de fondo, sonando a través de la P.A.

Una vez más, Judas Priest me dejaron plenamente satisfecho y convencido de que no tendría inconveniente en verlos una vez al mes, como mínimo. Es más, creo que sería algo más que recomendable para la salud de cualquiera. JUDAS RULES!

 

Sin ganas ni fuerzas ya para ver a SLIPKNOT y sus mascaritas, optamos por dar la jornada “concertística” por concluida e ir a tomar unas birras y alternar un rato con las gentes del mal en el METAL KORNER (carpa anexa al recinto de conciertos que hace las veces de “after del metal”, una vez estos concluyen. Cuenta con bar propio, escenario y, aparte de pinchadas de metal diarias, también tiene lugar algún que otro concierto, así como otro tipo de espectáculos).

P.D :GRACIAS A R.BUENDÍA, DE CONCERTECA, POR LAS FOTOS.

UFO TOUR 2015

Martes, 27 Octubre 2015 13:56

UFO TOUR 2015

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A principios de noviembre y de la mano de RM Concert llega a España la gira de los míticos UFO, la cual pasará por la Sala Capitol de Santiago D.C.

La legendaria formación británica, compuesta por Phil Mogg, Paul Raymond, Andy Parker, Vinnie Moore y Rob de Luca, llega a la Península presentando su flamante nuevo disco, ‘A Conspiracy of Stars’, en el cual dejan más que patente por qué son uno de los pilares básicos sobre los que se sustenta el hard rock, desde 1970 hasta nuestros días.

Totémicos álbumes como ‘Phenomenom’, ‘Lights Out’ o ‘Strangers in the Night’ (uno de los mejores directos de la historia) han asegurado a UFO un lugar en el Olimpo de los Dioses del Rock y esta gira es una ocasión perfecta para comprobarlo de primera mano, viéndolos en acción sobre las tablas.

Para la ocasión, se hacen acompañar por los rusos RED’S COOL. Hard Rock sin concesiones, de gran calidad, brillante ejecución y tintes ochenteros.

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Las fechas de la gira son las siguientes:

-          5 DE NOVIEMBRE: SANTANDER (Escenario Santander)

-          6 DE NOVIEMBRE: SANTIAGO D.C. (Sala Capitol)

-          7 DE NOVIEMBRE: MADRID (Sala But)

-          8 DE NOVIEMBRE: BARCELONA (Razzmatazz 2)

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