HELLFEST 2016 - DÍA 2

Miércoles, 12 Octubre 2016 13:15

           DIA-2

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Amanecía nublado, el sábado; pero, por lo menos, no pluviaba…

Omeprazol, visita a Fecoland, floca-flocka, desayuno, anal-gésicos…

La sesión de morning presentaba algún que otro plato atractivo, como los japos Loudness, Crobot o el mismísimo Glenn Hughes; pero nosotros, como cada año, teníamos otra sesión a la que atender.

Como ya comentara el año pasado, el sábado del Hellfest tenemos la tradición de bajar paseando hasta el pueblo de Clissôn, a hacer algo de turismo. Disfrutamos de las vistas del río Sèvre desde el puente que lo cruza a su paso por esta villa, del castillo del siglo XII que se eleva cerca del río… y regulamos el pH en el Mercado de Les Halles. Más conocido por nosotros, cariñosamente, como El Galpón.

Bajo su cubierta de madera del siglo XV, donde se celebra el mercado todos los viernes, se dispone una concurrida terraza a la sombra donde acostumbramos sentarnos, tomar cañas “coma se fose pa unha voda” y piscolabis varios, mientras disfrutamos de las bandas locales que suelen amenizar la “sesión vermú” a los ass-istentes.

Con la tontería, se nos suele ir el mediodía y parte de la tarde, pero vale la pena. Hay que saber relajarse y gestionar bien las energías, que un festival así desgasta mucho a uno y tampoco es recomendable quemarse uno queriendo ver demasiados conciertos y después no estar en las condiciones que nos gustaría a la hora de ver los que de verdad nos interesan.

En mi caso concreto, teniendo en cuenta que los grupos que más me interesaba ver de esta edición del festival (Ghost, Black Sabbath y King Diamond) tocaban todos a últimas horas del domingo (seguidos, para más inri), tenía claro que el sábado me lo tenía que tomar con calma, para el domingo no estar hecho un puto cristo y no poder disfrutar de la pomada toda como me gustaría.Profile

De vuelta del Galpón, a media tarde, parada obligada en el ya entrañable Le Clerc, a comprar el imprescindible hielo, H2O para las floca-flockas del día siguiente y víveres, en general.

Parada en la tienda a reponer hielo en las neveras, prepararse una pichet bien peleteira y entrada, por fin, al recinto.

Todavía llegaba a tiempo de ver los últimos 20 minutos del concierto de WITH THE DEAD, así que me dirigí al The Valley, movido por la curiosidad.

Se trata del nuevo proyecto de Lee Dorrian (vocalista y fundador de Cathedral), junto con los ex-Electric Wizard Mark Greening y Tim Bagshaw. El resultado, como no podía ser de otra manera, es doom a morir.

Siendo, en esencia, un power-trío, en di-recto llevan consigo un “cuarto beatle”, para completar el percal. Riguroso luto, estética y ambiente oscuros, conjugados con una actitud entre solemne y heavy.

En cuanto a sonido, estamos ante un grupo “de corda gorda” (como diría un buen colega, al referirse a este tipo de grupos doom y stoner); es decir, cuerdas de calibre resonso, afinaciones bajísimas y rollo pesado, muy pesado… De hecho hasta demasiado pesado, por momentos…

En cuanto al setlist, aunque ya dije que llegué tarde, parece ser que tocaron todos los temas de su disco homónimo, menos el último (porque no les daba tiempo), en el mismo orden que aparecen en el disco. Hablamos de temas de 8 y 9 minutos, así que claro….; sólo tocaron 6 temas.

Su doom machacón de guitarras ultra-distorsionadas y Wall of sound a tutiplén crea una atmósfera plomiza, entre lo deprimente y lo agónico. Lee Dorrian se cubre de un exceso de “ozzycidad”, inclusive, por momentos…

Pues eso… Poco más…

 

Nos servían a continuación un plato un tanto peculiar en la Hellfiesta, pero no por ello menos disfrutable. Era el turno de uno de los guitarristas más importantes, innovadores e influyentes de la Historia. Era el turno de JOE SATRIANI.

Digo peculiar porque creo recordar que es la primera vez que adivino entre el cartel del Hellfest la actuación de un guitarrista “virtuoso” que haga música instrumental y no deja de ser curioso disfrutar de algo así en los Main Stages el sábado, a golpe de 18:35. Curioso, pero agradable.

 

Saltaba a escena el alopécico guitarrista sexagenario con Shockwave Supernova, tema que abría su último disco de estudio, de mismo nombre, editado en 2015; para continuar con Flying in a Blue Dream, para regocijo de los fans más “entendidos”.

Acto seguido, primera de las cuatro concesiones de la noche al gran ‘Surfing with the Alien’, disco al que debe gran parte de su carrera el bueno de Satch, con Ice 9.

Siempre sonriente (a la par que jovial), luciendo americana plateada y sus ya clásicas gafas “mosca”, el maestro de las 6 cuerdas deleitó al respetable con todo su catálogo de truquitos guitarrísticos que, aparte de haber sentado escuela para esto del pajillerismo sobre mástil con clase, ha influenciado ya a varias generaciones de músicos.

Y digo pajillerismo “con clase” porque es obvio que hay grados y diferencias notables entre un tipo de músicos……y “el otro”.

ProfileGuitarristas como Joe Satriani o su antiguo pupilo, Steve Vai, son Músicos (con mayúsculas) que han dedicado sus carreras a explorar el instrumento y hacerlo dar lo más de sí posible en términos de sonido. Hacen canciones, no solos. No se limitan a parir notas y escalas “arriba/abajo” para lograr ser el más rápido del oeste (aunque pudieran), si no que exploran sonidos y crean melodías con las que construyen canciones con verdadero sentido; de las que, aún siendo instrumentales, tiendes a cantar la melodía principal al escucharlas.

Continuaba el concierto con dos temas más de su último disco, On Peregrine Wings y Cataclysmic, intercalándoles por el medio Crystal Planet, del ya lej-ano disco de mismo nombre, que vio la luz allá por 1998 (como pasa el fucking time…).

A partir de ahí, el despiporre padre para cualquier fan del Maestro, con Summer Song y tres temas seguidos del laureado ‘Surfing with the Alien’ para terminar: Always With Me, Always With You, Satch Boogie y Surfing With the Alien.

Por supuesto, no podemos terminar de hablar del concierto de Satriani sin mentar el BANDÓN que lo acompaña en sus gestas, ya que es indudable que son un seguro de vida para que el Maestro se luzca a gusto, sobre el mullido colchón que ellos le aportan.

Estamos hablando, evidentemente, de Bryan Beller al bajo, el ya medio puril Mike Kenneally a la guitarra rítmica/teclados y el enorme, entrañable y siempre sonriente Marco Minnemann tras los parches baterísticos (adoro a ese tío).

Así cualquiera…

Sin movernos del sitio, tan solo moviendo la mirada hacia el Main Stage 2, continuaba el percal concertístico, sin pausa, con los americ-anos DISTURBED.

Aunque un servidor no es seguidor en demasía de este tipo de bandas, ya los había visto con anterioridad (en el Download Festival 2008, en Donnington Park, UK) y me habían sorprendido muy gratamente, tanto por su sonido como por la energía de su di-recto. De ese modo, consideré adecuado volverlos a ver y animé a mis compinches a hacer lo mismo; algo de lo que me consta que no se arrepienten, a día de hoy.

La primera impresión, aparte de que el vocalista, David Draiman, está bastante más resonso y menos ágil que la anterior vez que los había visto, es que suenan muy bien y muy potentes (impresión que ya me habían dado en 2008). Al mismo tiempo, noté dos cosas bastante de agradecer, en la evolución de su sonido. La primera, el haber dejado atrás ese nu-metal que los caracterizaba en sus inicios, en aras de un “metal alternativo” de cariz más propiamente “heavy”, si me permitís. La otra, en la misma línea, en cuanto a la voz de David Draiman se refiere; dejando un poco más aparcados los tonos rasgados a favor de una voz propiamente heavy en sí (más heavy que el viento, por momentos, de hecho…). Y es que la verdad es que el ful-ano es un señor vocalista, con la coñita… Cuando quiere, canta muy fetén.

Como nota negativa (seguramente discutida por algunos) veo el hecho de que en un concierto de 1 hora peladêtta y un setlist de 13 temas, les parezca buena idea introducir la friolera de CUATRO VERSIONES (!!!) entre el repertorio, tres de ellas seguidas, de hecho…

Por ejemplo, tocan tres temas de su último disco, ‘Immortalized’ (2015), y deciden que la versión de The Sound of Silence, de Simon & Garfunkel sea una de ellas.

Cuando ves que Disturbed versionan un tema así quieres pensar que realmente hayan hecho una versión y la hayan llevado a su terreno (metiendo metalón y tal, noabes?)… Pues no… Es tal cual la original… Se sacan los tipos de banquetitas…, que si mandolina, que si tecladito bucanier, que si timbales de orquesta…

Que no, coño… Que noooooo……

Aparte de esos tres temas del último disco (versioncita incluida), se marcan otros tres de su primer disco, ‘The Sickness’ (2000), otro par de ellos repartidos por entre su discografía y, de repente, se mandan otras tres versiones SEGUIDAS, con estrellas invitadas de otras bandas en el ajo…

Le aplican Shout at the Devil (Mötley Crüe), con peñita de Sixx AM (Nikki Sixx incluido), Baba O’Riley (The Who), con el mismísimo Glenn Hughes, y Killing in the Name (Rage Against The Machine), ya ellos solitos, por puro vicio.

A ver, chorbos… No me jodar…

La coña es que es una muy buena banda, que suena muy bien y la ejecución de los temas fue fetén (inclusive de las covers), pero quiero creer que los “die-hard-fans” de los de Chicago (Illinois) que hubiera (o hubiese) entre el público se debían estar cagando en San Juan Nepomuceno, al ver como la banda que iban a ver “malgastaba” parte de su escueto tiempo en escena haciendo 4 versiones de otras bandas.Profile

Pienso que me explico, no?. Pues eso… Al carasho…

 

Acto seguido y ni que para apoyar mi punto de vista sobre lo anterior fuese, van los BAD RELIGION y le aplican 21 temas propios en 50 minutos. Entendéis la diferencia, no?.

Llegamos ya con el concierto de los americ-anos empezado, ya que se solapaba 5 minutos con el de Disturbed y, encima, había que desplazarse hasta la Warzone, hogar de punkarras y hardcor-etas.

El ambiente, como no podía ser de otra manera, era de lo más festivo, ya que estamos hablando de unas auténticas leyendas del punk rock y el hardcore, que llevan sobre las tablas nada más y nada menos que 36 años, con la coñita…

No voy a meterme en el repertorio de manera pormenorizada, ya que, como os digo, son 21 temas, uno tras otro, sin tregua (Barricada dixit) ni compasión. Evidentemente, no faltaron clásicos como Fuck You, I Want to Conquer the World, Recipe for Hate, 21st Century (Digital Boy), You Are (The Government), Suffer, Infected o American Jesus, con la que cerraron el concierto.

Greg Graffin y sus chicos (puriles, más bien) supieron aprovechar sus 50 minutos al máximo y hacer disfrutar al respetable con su más que reconocible punk rock angelino, “marca de la casa”, de manera que todo el mundo abandonaba el lugar con cara de satisfacción, tras terminar su actuación.

Caña, caña y caña… Como tiene que ser.

 

Buen momento para hacer otro receso y darse una vueltecisha hasta las tiendas, a tomar un frugal ágape, a modo de “cena”, y rellenar pichets para volver a la carga, ya en sesión de noche.

Daban las 23:00 y era momento de disfrutar de unas leyendas del hard rock americ-ano. Nada más y nada menos que TWISTED FUCKING SISTER.

Celebrando la que anuncian como su última gira (insisten en que es cierto y no harán una “scorpionsinha”), bajo el nombre de “Forty and Fuck it”, los neoyorkinos encabezaban la jornada del sábado, ante una zona de Main Stages abarrotada para despedirlos como se merecen.

Con la ya clásica puesta en escena a ritmo de What You Don’t Know (Sure Can Hurt You), con Dee Snider entonando aquello de: “GOOD EVENING!!! WELCOME TO OUR SHOW!!!”, saltaban a escena las sisters, recordándonos a continuación queThe Kids Are Back y nos iban hacer a todos Burn in Hell.

Hay que tener en cuenta que al hablar de Twisted Sister, hablamos de una banda que no edita material nuevo de estudio desde hace casi 30 putos años (‘Love is for Suckers’, 1987), si exceptuamos el álbum de villancicos ‘A Twisted Christmas’ (2006), que creo que hablo por todos al declarar que no se puede considerar un álbum serio. De ese modo, se puede decir que llevan años y años saliendo a escena con prácticamente el mismo setlist, noche tras noche, basado en sus mayores éxitos; los temas que le molan a todo el mundo desde hace 40 años. Un plan sin fisuras, vamos…

Tras Destroyer y You Can’t Stop Rock ‘n’ Roll, llegaba el turno de The Fire Still Burns, del ‘Come out and Play’, una “rareza” que no recuerdo haberles visto con antelación en di-recto, la verdad, lo cual no dejó de sorprenderme, teniendo en cuenta la habitual “rigidez” de sus repertorios de “greatest hits”.

Todos echábamos de menos la entrañable figura de AJ Pero tras los parches (el cual sufrió un pequeño problema de muerte en marzo de 2015, al darle un patatazo al cuore mientras sobaba en el bus de gira con Adrenaline Mob), pero, al mismo tiempo, no dejaba de ser curi-oso el poder estar viendo a Twisted Sister con el gran Mike Portnoy supliéndolo, con gran eficiencia, respeto y cariño.

Con la ya legendaria intro de batería con cow bell creada por el malogrado Pero, llegábamos a esa parte tan manida por el sur de Europa (o norte de África, según como se mire) del “huevos con aceite (y limón)”, que todos conocéis más que de sobra, así que ya ni mento el temita en cuestión.

ProfileTras el siempre emocionante medio tiempo The Price, llegaba otra “rareza” con I Believe in Rock and Roll. Los “chavales” estaban sorprendiendo, jugando al despiste…

La banda, impecable. Aparte del colosal Portnoy en la batera, Jay Jay French muy activo y moviéndose mucho, Eddie “Fingers” Ojeda un poco más estático, como de costumbre, Mark “the Animal” Mendoza maltratando su bajo a base de bien y dando miedo (como de costumbre, también) y Dee Snider (que de jórribol es ese hombre, joder…) pletórico y en un estado de forma que ya nos gustaría a muchos; sobre todo teniendo en cuenta que ya campa por la séptima década de vida (tiene 60 años), el colega de rostro equino y troba paja. Todo un torbellino de adrenalina, el señor.

Tras el obligatorio himno transgeneracional I Wanna Rock (el que no recuerde a Mark Metcalf gritando aquello de “What do you wanna do with your life???” en el famoso videoclip, no tiene padre, madre, ni abuelas), llegaba el momento de homenajear a otro gran amigo desaparecido recientemente: Lemmy Kilmister.

Para rendir tributo al gran Lemmy, invitaron a escena a Phil Campbell, guitarrista de Motörhead, y se mandaron Shoot ‘Em Down y Born to Raise Hell, versión de la ya también desaparecida banda inglesa.

Tras cerrar el concierto con el ya clásico S.M.F. (Sick Motherfucker), la organización del festival también rendía pleitesía al Maestro Lemmy, dedicándole la sesión de fuegos de artificio de este año (se suele hacer cada año, después del cabeza de cartel del sábado).

 

Es posible que fuera mejor haberlo dejado aquí, por lo menos en cuanto a conciertos se refiere, pero decidimos hacer algo de tiempo y esperar los 45 minutos que faltaban hasta las 01:00, para ver la frikada del Henry Rollins: GUTTERDÄMMERUNG.

Craso error…

Ya al llegar a la Warzone y ver que la peñita se empezaba a sentar en el suelo y en las gradas, para “ver la peli”, debimos advertir que aquello iba a ser un corte de rollo significativo, pero decidimos darle una oportunidad.

Anunciada como “the loudest silent movie on earth”, se trata de una frikadísima de peli, en blanco y negro y prácticamente muda, en la cual aparece un elenco de engendros, en los más variopintos papeles, que procedo a relatar a continuación: Iggy Pop, Lemmy, Slash, Grace Jones, Joshua Homme, Jesse Hughes, Mark Lanegan, Tom Araya y el propio Henry Rollins.

Henry Rollins aparece en escena, ataviado de sa-cerdote y haciendo la “voz en off” por momentos, de manera histriónica, mientras una banda (bastante malucha, todo hay que decirlo) va desgranando tras la pantalla una serie de temas de la historia del Rock y el metal que se supone que van sirviendo de hilo conductor a lo que se cuenta en la peli.

Así, suenan un total de 18 temas durante la hora que dura la peli, de bandas como Black Sabbath, Motörhead, Jefferson Airplane, Deftones, The Doors, Rammstein, Ted Nugent, Slayer, Carl Orff, Metallica o Nirvana (para que os hagáis una idea de la manera de oscilar la movida).

Al final, pasó lo que tenía que pasar: entre los 45 minutos de “parón” entre el anterior concierto y “esto”, el hecho de estar sentados y, para qué engañarnos, que fuera una rallada tela, hizo que mucha gente se empezara a levantar y abandonar la Warzone a lProfilea mitad de la peli.

Como suelen decir que “donde fueres, haz lo que vieres”, no quisimos ser menos y nos sumamos a dicho éxodo.

No digo que el concepto del espectá-culo en cuestión no esté bien o que no fuera a disfrutar MUCHÍSIMO más de la peli en otras circunstancias y en otro lugar (en una sala o teatro, por ejemplo), pero allí y en aquel momento, desde luego, no tenía lugar.

No es una movida para meter en un festival, a la 1 de la morning. Es lo que hay.

 

Pasado este trance y mientras algunos se dirigían a ahogar las penas al Metal Korner, recordé aquello de “una retirada a tiempo es una victoria” (o era “una paja”?) y decidí hacer una cosa buena, pirando para la tienda. El día siguiente era el que más me interesaba con diferencia y no podía permitirme estar hecho un puto cristo.

Cosas de la edad y de que a uno le vienen ramalazos de sentidiño, de vez en cuando…