WARM UP!

Es miércoles, y en el pueblo costero de Viveiro ya se puede observar cantidad de metalheads que han ido llegando durante los días previos. Se va transformando en la Meca por excelencia del Metal Extremo de España. Una Meca situada en un lugar privilegiado, de calles y vecinos de lo más entrañables y acogedores, dónde el verde inunda las laderas de las montañas de este paraje natural, en plenas Rías Altas de Galicia.

Se trata seguramente, para muchos amantes del metal más cañero,  de la mejor semana del año, y no están dispuestos a perdérsela.Se daba comienzo así a la  edición XIII de Resurrection Fest 2018. Con diseños de camisetas oficiales de merchan que lucían el lema Without Superstition”, con intención de repeler la mala suerte del número. 

Y es que, la organización de Resurrection Fest nos confirma, en sus redes sociales, que este año, han pasado, por su recinto, 81352 asistentes de más de 40 nacionalidades, logrando sold out en las entradas para la jornada del sábado, lo cuál se da ya por tercer año consecutivo.

Este año, a diferencia de anteriores ediciones, los conciertos del día de la fiesta de bienvenida Warm Up, que sirven de calentamiento, se decidieron dar en el segundo escenario, conocido como Ritual Stage, en lugar de como acostumbrábamos a ver, en el más reducido en espacio, y algo más limitado en infraestructura, escenario Chaos Stage.

Decisión bastante acertada, ya que este cambio, deja accesible el recinto, prácticamente, al completo ya desde el primer día, y se hace más cómodo, tanto el transito de un lugar a otro, como ver y disfrutar de los conciertos bastante mejor. Además, ver los conciertos en un escenario con mejores características y prestaciones, es de agradecer. La mejor calidad del sonido es bastante notable.

Dieron inicio a la jornada de la Warm Up los gallegos Golpe Radikal. Banda de punk hardcore, que hizo que el ambiente comenzara a animarse bastante desde el principio. Con ellos ya se dejaron ver los primeros “walls of death” de la edición.

También, pisaban el escenario, pasada la media tarde, bajo un cielo nublado, que era de agradecer en pleno Julio, los asturianos Teksuo. Practicando Metalcore de gran calidad, tanto instrumentalmente como vocal. Tocaban riffs pesados y contundentes, que hacían moverse enérgicamente a gran parte de los allí presentes. Quizá, mis favoritos de la velada, y por tanto, recomendación especial a los apasionados de su genero. Y es que, no puedo evitar mi propensión e inclinación hacia las bandas de Metalcore, con sonido fresco y bien ejecutado, con  voces que combinan, el gutural más bruto, y  voces limpias magistrales.

Despuntándose, de forma notoria, de los estilos a los que estamos acostumbrados a disfrutar en Resurrection Fest, aparecían, sobre el escenario Ritual Stage, los ingleses The Qemists, con su característico e intenso rock electrónico, llegando a lanzarse al público en el púnto más álgido de su actuación.

El Resurrection Fest suele incluir diversidad de subgeneros del rock y metal en su cartel. Y The Qemists, aparte de los cabeza de cartel, era un ejemplo más de ello.

Llegábamos a la mitad de la fiesta de bienvenida, y el cielo, seguía repleto de nubes. Aunque los medios vaticinaban lluvia, las nubes estaban resistiéndose sin soltar gota. 

Ataviados con camisas rojas , pantalones y corbatas negras, aparecían sobre el escenario Riot Propaganda, con sus letras antisistema, reivindicativas y  directas, para hacer corear, saltar, y hacer divertidos circle pits a los allí asistentes. La gente cantaba sus canciones, saltaba con ellos y disfrutaba. Se sabían sus canciones a pie juntillas. 

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Ya anocheciendo comenzaban era el turno de Jello Biafra & TGSoM, para mi gusto, con un espectáculo bastante mediocre, y que bandas emergentes, que vinieron al festival, superaban sin dificultad. Cuando acababan los temas, eran pocos los aplausos que arrancaban. Después de unos animados Riot Propaganda, el cantante y activista

Jello Biafra, provocó cierto decaimiento en el ambiente. Muchas personas aprovecharon para abandonar la zona, y acercarse a la zona de food trucks y barras e hidratarse, no necesariamente con agua, y lo más posible es que no lo fuera. También echar un vistazo al Market, para hacer tiempo, o explorar el recinto.

Pero, pronto, llegaban los que prometían ser los platos fuertes de la noche: PowerFlo, y Ministry.

Poder ver en la Warm Up, a dichas bandas internacionales, y en especial Ministry, que tiene bastantes adeptos, a un precio de 12 euros, incluida las acampadas gratuitas, además de una bebida energética de regalo, me parece un puntazo. Una demostración más de que la organización de Resurrection Fest es un festival ideado por y para amantes del rock y metal. Preparado con mucho cariño y dedicación, y no meramente para lucrarse con ello. Clara diferencia con otros festivales nacionales que, desde luego, sí que se aprovechan, y  dejan ver, sin avergonzarse, en su lista de precios, que estafan. Y ésta es una de tantas claves de su éxito y evolución, notable año tras año. 

Ministry, acompañados de un muñeco, con forma de pollo gigante, que lucía  pintada, en su pecho, una esvástica dentro de una señal de prohibido, y durante temas como 'We are tired do it' o 'Antifa' se ondeaban banderas anarco-comunistas.

Finalizan los conciertos de la fiesta, que terminaron convirtiendo la jornada en una celebración reivindicativa, con tanta banda con canción protesta. Desarrollada sin incidentes, y con total normalidad. 

Al terminar, se distinguía, en el ambiente, un especial entusiasmo de la gente e ilusión en sus caras, porque, celebrar la Warm Up, significa que comienzan tres días intensos, llenos de Rock y Metal en vena, y todo el mundo venía con mono de una inyección desde la pasada edición. Venían a por su dosis.

 
 
 
 
 
 
 
 

RESURRECTION FEST 2017-DIA 3

Sábado, 29 Julio 2017 22:58

 

VIERNES 7 DE JULIO

Tras la resaca, literal y metafórica, del primer día, el segundo se presentaba como un remanso de paz frente a la vuelta a la demolición el sábado. Probablemente por el peso en el cartel de unos Rammstein que atrajeron a más público que los otros días resto de nivel medio parecía flojear un tanto. En cualquier caso, eso en la treintena larga de conciertos que se pueden ver al día e el Resu es poco decir. La tarde empezó, esta vez según lo esperado, visitando de nuevo la carpa Ritual para catar el directo de una de las revelaciones m explosivas del punk patrio (mal que les pese lo de patrio, me temo) de los últimos años. CRIM se han hecho un hueco en la escen punk rock catalana a golpes, cantando sobre lo gris de su ciudad, la lucha obrera y, en general, las cosas que ponen de mala host la parte más consciente de la realidad social. Sin duda, un bolazo con carisma de su cantante Adrià Bertrán a destacar, dando to una lección de la filosofía que se respira en el escenario más reivindicativo del Resu. Tras ellos, nueva sesión de eclecticismo sonoro. Esta vez, del punk más crudo al thrash metal más clásico, de la mano de Annihilator. Concierto sobrio y sin alardes de u de las bandas más fieles al sonido original del género que han salido 

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de EEUU, poco después de los Big Four. Volvimos del escenario principal al Desert Stage, pues teníamos uno de los conciertos señalados en rojo en nuestra selección de imprescindibles. Nuestros adorados Truckfighters hicieron honor al nombre del escenario de stoner como ninguna otra banda, teletransportándonos directamente al Palm Desert mientras conducimos una furgoneta con más óxido encima que combustible La falta de tiempo evitó que sonase “Calm Before the Storm”, pero el final con “Desert Cruiser” lo cura todo, y el pogo que levantaron Ozo y Dango fue para hacerles un monumento. Siguiendo con la esquizofrenia estilística que a menudo domina el festival (y lo hace más entretenido, todo sea dicho), los siguientes en el Desert Stage fueron Alcest. Los franceses, practicantes d un post-black metal con mucho de shoegaze y poca garra, estaban un poco desubicados en el cartel del Desert, pero eso no les importó. Ni eso, ni nada, puesto que Alcest viven en otra dimensión, una en la que se desconocen los pogos y el headbanging. Si embargo, sonaron considerablemente más pesados y aguerridos que en los discos, y si su propuesta sirve para romper un poco el estereotipo y la imagen metaleras, 

bienvenida sea.

De vuelta a la dura realidad del esguince cervical que es el pan nuestro de cada concierto en el Resu, nos encontramos con unos Lost Society que se revelaron como una de las sorpresas más gratas de todo el festival. Un thrash fresco y espídico, como debe se que bebe de los clásicos sin complicarse

 
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 la vida. Aunque dicen que la experiencia es un grado, los finlandeses, especialmente su acelerado frontman Samy Elbanna, le supieron sacar un partido descomunal a su insultante juventud (ninguno de sus miembro pasa de los 22 años). De la sorpresa al gran núcleo atractor de esta edición: Rammstein. Poco voy a escribir aquí que no se haya dicho ya de los archiconocidos alemanes, así que no dedicaré media crónica a hablar de su concierto. Basta decir que su directo fue una apolog de la exageración, en todos los sentidos posibles: musical, pirotécnico y casi me atrevería a decir que religioso. Porque Till Lindemann es 

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para muchos de los asistentes el otro día al festival una especie de Mesías satánico más que un frontman al uso. Guitarras escupiendo fuego, máscaras escupiendo fuego, el propio Lindemann escupiendo fuego a la torre de sonido con un lanzacohetes durante la apoteósica “Du Hast”… Te podrá gustar más o 

menos el metal industrial que prácticamente patentaron ellos, pero lo que queda fuera de toda duda es que el suyo es un espectáculo con todas las de la ley. Fuegos artificiales, confeti en “Amerika”, una actuación de maltrato y tortura hacia su teclista… Aunque a veces sea prácticamente más teatro que música, el espectáculo de Rammstein merece ser visto, aunque sólo sea una vez en la vida y por mera curiosidad.

Para terminar el segundo día, qué mejor que la mayor demostración de técnica y habilidad guitarrera de todo el festival. Mientr los incautos escapaban de Rammstein hacia la salida, los más curiosos o resistentes se encaminaron hacia el Desert a ver cómo o banda que tampoco parecía pegar mucho en los sonidos de ese escenario lo hacía trizas con sus riffs. Animals as Leaders son un banda muy peculiar, prácticamente el buque insignia junto a Meshuggah de ese subgénero alienígena (en realidad, técnica guitarrística derivada del palm mute) que es el djent. Para los que esto les suene a chino: metal progresivo instrumental con un toque electrónico, guitarras de muchas cuerdas y un sonido muy particular. Nos consta que Tosin Abasi y los suyos fliparon en colores con que, tocando a las dos de la mañana, en un escenario secundario, tras Rammstein y con una música tan extrema com la suya, congregasen a una cantidad de público más que notoria. Agradecidos y sonrientes, Animals dieron un recital guitarrísti que, aunque en disco puede hacerse algo pesado, en directo sonó demoledor y ameno a partes iguales.