Hiranya - Breathe In

Viernes, 27 Julio 2018 21:05

HIRANYA, Breathe in.

Hablar de Hiranya, es hablar del futuro del metal en nuestro país. Y es que, encontrar bandas emergentes como ésta, dentro del panorama musical del Metal en España, es todo un gustazo, y hacen que se vuelva a tener esperanza, porque demuestran que aún no está muerto.

Una banda formada por músicos con ideas claras y frescas, gran personalidad y una buena actitud.

La formación madrileña deleita nuestros oídos con una mezcla de Melodeath, Nu Metal y Metalcore, llena de riffs brutales y con un gusto exquisito, impactantes screams y melodías vocales, o contundentes ritmos de batería. Composiciones que querrás oír una y otra vez.

Creada en 2015, por su fundador y guitarrista Johnny W., con algunos cambios de batería y segundo guitarra en sus inicios, hasta cerrar la banda con los músicos que actualmente la conforman. Como resultado surge una unión perfecta, que empasta en los temas increíblemente bien.

Al frente, nos encontramos a Sara Bowen, que nos sobrecoge con sus guturales, y nos da máximo placer en los oídos con sus melódicos. Y es que, desde que conozco esta formación, y surge alguna conversación sobre mujeres que utilizan la técnica gutural, no puedo evitar hacer mención especial a ésta gran cantante, así como recomendar la propia banda, y destacarla.

Ya han teloneado a bandas internacionales como Jinjer, Ill Niño o Eths, cuyos seguidores son, sin duda, un público potencial de bandas de su estilo, o a los españoles Skunk D.F

Fotografía promocional de Hiranya, realizada por: Raúl Bateman

Breathe in es el título de su primer y único album por el momento. Matizo que “por el momento”, ya que me informaron recientemente de que comenzarán a trabajar en breves en la grabación de lo que será su siguiente album. Así que, yo estoy aquí, esperando con todas mis ganas.

El que ya tienen, fue grabado y mezclado en Sadman Studios, por donde han pasado bandas como Hamlet o Vita Imana, y masterizado por el sueco Jens Bogren en los Fascination Street Studios, que ha trabajado con Arch Enemy, Opeth o Soilwork. Y es que, estos chicos, han acertado de lleno con su decisión de dónde grabar y masterizar su trabajo de ocho cortes, ya que el resultado de esta decisión ha sido un disco de calidad que nada tiene que envidiar a grandes bandas internacionales.

En el primer corte del disco, una introducción bajo el nombre 'Leaving is hell' nos evoca a banda sonora de un film donde hay batallas llenas de cruzadas. Quizá sea una pista de que los temas que le siguen impulsan a hacer death walls en los conciertos.

Y efectivamente, el siguiente tema nos lo confirma. 'False god' es un track de 4:37 minutos que cuando lo escuchas se hace corto pero intenso, porque te entra dentro como agua fresca en un desierto. El tema abre con un “dialogo” acelerado entre batería y guitarra. De pronto, Sara se mete en la “conversación” y rompe el tema con un scream brutal que da paso a unos compases que provocan unas ganas brutas de mover la cabeza al ritmo. Estamos hablando del sexto segundo del tema... Repito. En sólo seis segundos, esta banda ya nos deja alucinando, sin pestañear, y nos da una idea de que nos encontramos ante un disco con carácter, dinámica, que mezcla intensidades en su composición de una forma magistral.

El segundo tema, llamado 'Shoeless', Sara se luce nada más empezar el tema y hasta el final, mostrando de lo que es capaz. Combinando un registro limpio dulce, que mezclado con los contundentes riffs da un resultado asombroso, y que pasa de cero a cien en un segundo cuando cambia a usar el gutural.

Fotografía promocional de Hiranya, realizada por: Raúl Bateman

Guitarras, bajo y batería parece que se retan continuamente a  ver quién hace el tema más cañero, y elaborado.

Hasta el momento, riffs pesados y punteos, son suficientes para notar el gran nivel de los guitarristas Johnny W. y su compañero Dani. Pero llegados al tercer tema ('Falling Letters') presenciamos un solo de guitarra, pasada la mitad de la canción, que denota que no se trata sólo de buenos riffs lo que saben hacer. Y Jio, con su bajo de cinco cuerdas, no se queda para nada atrás.

A continuación, con 'Fire' vuelven a demostrarlo. Quizá este tema sea el corte más ligero y melódico del albúm.

Seguimos con 'War' en la que volvemos a coger el ritmo anterior, pero acompañados de unos breakdowns, que nos hacen subir y bajar la intensidad de las pulsaciones continuamente a lo largo del tema. Y no miento cuando digo que los temas de esta banda te llevan a imaginarte en sus conciertos dándolo todo en circle pits y walls of death.

Llegamos al penúltimo tema, 'Dishonor', con unos ritmos de batería que me agradan bastante, con Carlos Vivas jugando con el charles, en partes lentas y pesadas, y dando todo y más, con diferencia, al doble pedal en otras más cañeras.

El broche final al disco lo pone 'Lost', un Bonus track, perteneciente al videoclip con el que, creo recordar, que descubrí a la banda en su momento. Lleno de adrenalina, y unas partes melódicas de la mano de Sara que se te meten en la cabeza sin darte cuenta, y te hacen cantarlas inconscientemente a lo largo del día. Posiblemente, este tema, junto a 'False God', sean mis predilectos de todo el disco.

Sin duda, esta banda merece un reconocimiento mayor del que ahora disfruta. Pero, estoy, más que segura, de que no tardará en llegarles, si siguen trabajando de la misma forma. Van concienzudamente en la buena dirección.

Fotografias realizadas por: Raúl Bateman

 

HIRANYA, 'Lost' (Official Music Video)

 

 

 

Puedes escuchar todo su trabajo en:

hiranya.bandcamp.com/

 

Sígueles la pista en:

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Tercer y último día de festival

 

 
 
Era el último día de la edición. Se podía notar en la afluencia de gente que desde la mañana temprano llegaba de forma más gradual. Seguramente debido al cansancio acumulado, o juerga nocturna post-conciertos de los días anteriores. Aunque sí que se comenzaban a ver, entre los asistentes que se aproximaban, algo de esperar en el día de hoy: personas con la cara pintada, con bigotes y nariz de gato, o con una estrella a modo de parche en el ojo, o incluso disfrazados con todo el atuendo completo, simulando, así, ser algunos de su ídolos y componentes de la banda que iba a dar el espectáculo como cabeza de cartel esta noche. Creo que sabéis de sobra de quiénes hablo. No pueden ser otros que no sean KISS.
 
La organización anunciaba, en sus redes sociales, que las entradas, para este día, habían alcanzado SOLD OUT. Por lo que, la dirección del Resurrection Fest, puede estar muy contenta, ya que era algo complejo de lograr. Y es que, Kiss, no sólo actuaba en el pueblo costero de Galicia, sino que, venía de dar conciertos en los días anteriores. En Madrid, Barcelona y Córdoba.
 
A su vez, nuevamente, habría incidencias en los horarios debido al retraso de una banda por problemas en su vuelo. De nuevo volvieron a resolverlo de la misma forma que la jornada anterior, provocando nuevamente cierto descontento y más comentarios y críticas entre algunos asistentes. La comprensión parece que no es algo que caracterice a una pequeña parte del público...
 
De las bandas que abrirían la jornada en los distintos escenarios, la que más atrajo hacia su escenario a la gente fue SOMAS CURE, no sólo por tocar privilegiadamente en el Main Stage, sino porque la banda madrileña de la que hablamos, aunque se trata de una formación emergente, ya tiene una leve cantidad de público propio. Con un estilo y voz que evoca al que poseen bandas españolas como Sober o Skizoo. No llegan, no obstante, por el momento, al mismo nivel de ejecución que éstas, y en especial, en la voz. Se pudieron apreciar, a lo largo del directo, ciertas desafinaciones, o ligeras idas de tono. Supongo que nada que no se pueda mejorar con la experiencia, ensayo, y tiempo.

La siguiente banda que llamó mi atención actuaba sobre el mismo escenario. Se trataba del grupo, de metalcore, Oceans Ate Alaska. Una banda británica, con cierto reconocimiento, y bastantes adeptos. Un sonido contundente, y composiciones potentes y elaboradas, llenas de unos perfectos breakdowns compuestos con mucho estilo y gusto, que hacen de los temas una montaña rusa de sensaciones. A la voz, Jake Noakes, vocalista de la banda desde el año pasado, tiene una técnica depurada y bestial, como pocos, cuando aplica el gutural o scream, pero cuando se trata de hacer una linea vocal melódica, o limpia, no llega al mismo nivel, a diferencia de cuando saca la bestia que lleva dentro con sus guturales. A excepción de ese notorio detalle, son una banda brutal, que recomiendo y que, por mi parte, seguramente escuche con más frecuencia a partir de ahora.

Pero si había una banda del cartel que tuviera muchas ganas de ver, y que llevo pidiendo varias ediciones, además de Jinjer, que tocaron el primer día, esos eran Tremonti. La banda propia de Mark Tremonti. Guitarrista que todos conocemos por pertenecer a Alter Bridge.

Antes de salir al escenario, sólo había seguidores de Kiss pegados a la vaya, aguantando posición, que lo más seguro es que ni conocieran a Tremonti, y cuatro gatos, como aquel que dice, que eramos los que realmente estábamos ahí esperando que comenzara, y disfrutar de la banda.

Salieron al escenario, de forma muy poco organizada, y algo confusa, pero fue sonar el primer tema del setlist, y empezar a acercarse una gran afluencia de personas a las que llamó la atención, formando una masa de público más que considerable para haber estado la zona, hasta el momento, prácticamente vacía. 

Rápidamente, el público se vino arriba, e incluso, los fans de Kiss, con sus caras pintadas, tras notar la actitud y el brutal sonido de la guitarra de Mark Tremonti y el de sus compañeros, empezaron a levantar las manos haciendo los cuernos, y mover la cabeza al ritmo. Los temas provocaban circle pits entre el público, o como a mi me gusta llamarlo: centrifugadoras.

Fue un concierto corto en duración, pero intenso, con gran acierto en el setlist, qué incluía algunos temas del reciente disco 'A Dying Machine', y los mejores temas de la banda. Apostaría a que, bastante gente, tuvo un gran descubrimiento inesperado al verles en directo. Los que ya los conocíamos, pero no los habíamos visto aún, nos sorprendimos por la intensidad con la que suenan sus temas en directo. Fue un deleite escucharles en directo.

En el segundo escenario, destacaron en éste último día, como era de esperar, las bandas Alestorm Exodum. Muy diferentes entre sí, (la primera de folk metal, y la segunda de trash), pero que hicieron, de la zona del segundo escenario, una zona llena de un público con ambientes extremadamente diferentes entre sí, como es normal.En el Chaos Stage, destacó, ya llegada la noche, Zebrahead, banda de punk californiano, más que veterana, y con la que muchos punks millenials crecieron. 

Zebrahead mostró un gran compañerismo al ofrecerse voluntarios para intercambiarse el horario con la banda The Bronx, que había sufrido retraso en su vuelo, y había generado, en consecuencia, alteraciones en el horario por segundo día consecutivo, como ya mencionábamos.

De vuelta al Main Stage, Prophets of Rage, hacia de las suyas. Andaba ya increpando con furia, como de costumbre, a Donald Trump y al sistema. La superbanda americana, de canciones protesta, y con un estilo rap rock, y maravillosos toques de funky y de metal alternativo, característicos de sus bandas originarías, estuvo animando el ambiente durante toda la actuación.

No me causaron el factor sorpresa que me causaron al verles el año pasado en Madrid. Con lo que para mi fue un concierto, a mi parecer, bueno, aunque sin sorpresas, y divertido en ciertos temas, como es el mítico 'Killing in the name' que todo el público cantaba.

Al final de la noche, en el Main Stage, llegaba la hora de ver a la banda que más controversia creó, en redes sociales, al ser anunciada en un cartel como el de Resurrection Fest: Kiss. Y es que, si somos objetivos y realistas, no son, para nada, el tipo de banda que suele confirmarse en los carteles de Resurrection Fest, ni los asistentes recurrentes son el publico potencial del grupo de los setenta. Por esto mismo, a diferencia de otros años, en éste, veíamos, en el recinto, gente que no había venido nunca al festival, y que, además, se notaba que no era su ambiente habitual, aunque encantados con el evento, se habían integrado perfectamente. 

Se accionaban los cañones de humo, se desprendió el telón que ocultaba el escenario, y aparecieron los Kiss subidos a una plataforma suspendida con cables de acero en la parte central y más alta del escenario. La gente clamaba al verlos. A mi no me pareció tan sorprendente. Básicamente ya se había podido ver las plataformas con cables de acero que se intuía que usarían, y también se sabe sobradamente el tipo de espectáculo que llevan dando toda la vida ésta banda. Por lo que el espectáculo que dan me parece de lo más predecible.

Lo que si me sorprendió es que poca gente fuera la que notara o sintiera, o les daba directamente igual, lo que yo si aprecié con cierta decepción. Una muy desafinada, y sin fuerza, voz de Gene Simons, que a veces, tenía que ser respaldada, más de lo habitual, por Paul Stanley. Tampoco servía de mucho su apoyo vocal, porque Paul Stanley, aunque menos, parece que su voz también está en declive. El tema en el que más se apreció la poca forma vocal fue en el tema 'i was made for loving you'. Pero nada de esto, impidió que junto al espectáculo, disfraces y pequeña, pero frecuente, pirotécnica dentro del escenario, al ritmo de la batería, metieran al público en el ambiente.

A la batería, Eric Singer tenía momentos en los que el seguir el ritmo y dar los golpes cuando tocaba no eran lo suyo... Esto es resultado de cuando las bandas prolongan, innecesariamente, sus carreras, y no hacen una retirada a tiempo. Kiss tiene hits rockeros, pero de composiciones sencillas y de ejecución fácil. Al final, a menudo, para el éxito de un concierto lo que más cuenta es que los fans de la banda se queden satisfechos y contentos con el show. Cada uno busca sentir, ver  o notar una cosa determinada al ver una banda. Y se ve que los fans de Kiss se conforman con el espectáculo de disfraces, luces, chispas y  plataformas que ofrecen los neoyorquinos.

Esto me hace concluir con la opinión personal de que no veo sentido a invertir en bandas de este tipo en un festival como Resurrection Fest en especial, porque si hay una cosa que me gustaba del festival, era la exclusividad y diferencia en el cartel del resto de los festivales que tenemos en la península. Además de traer bandas normalmente bandas de un estilo más hardcore, metal extremo o punk. Imagino, no obstante, que esto, se ha dado porque es difícil traer siempre lo que la organización desearía, ya sea por presupuesto o por disponibilidad de las bandas. Pinta que, éste año, ha tenido que tirar de las bandas que se encuentraban girando y les cuadraba acercarse hasta Viveiro. Por otro lado, tampoco me parece decisivo del todo para repetir acudir al que, para mí, es el mejor festival de la península.

El Resurrection Fest, a diferencia de otros festivales, es mucho más que un simple evento de música donde tocan muchas bandas en unos cuantos escenarios. Es el ambiente, la gente, la extraordinaria ubicación y sus paisajes, el atrezzo y decoración, el perfecto clima para festivales, mitificado por muchos por tratarse de Galicia, el mimo con el que se prepara el recinto para el disfrute de los asistentes,  la exclusividad de pertenecer a un sequito de adictos a este festival que no se da en ningún otro del país... y un sin fin de cosas más que hacen que, una vez pisas el terreno de Resurrection Fest, no quieras perderte nunca más una nueva edición.

Segundo día de festival

Todo parecía salir 'a pedir de Milhouse', como diría el propio Milhouse en Los Simpsons. Sin embargo, hubo pequeñas incidencias en este nuevo día de Resurrection Fest.

La organización se vio obligada a reajustar el horario, alterando lo menos posible los planes ya hechos a los asistentes. Parecía ser debido a problemas logísticos de las bandas. La organización lo solventó y gestionó lo mejor que pudo y con intención de satisfacer a su público. Pese a ello, hubo alguna gente, aunque tampoco mucha, menos comprensiva con la organización.

Pese a las buenas intenciones y saber actuar de la organización, los primeros afectados en notar la reestructuración del horario, fueron Santo Rostro, que vieron claramente reducida la cantidad de público que se acercó a verles. Una pena, por que la banda  merecía el calor de un público más voluminoso. El de los jaenenses Santo Rostro resultó ser un bolo bastante en condiciones, que demostró que el panorama músical nacional, dentro del metal, tiene actualmente bandas de calidad, prometedoras y compuestas por grandes músicos.

Su sonido de Sludge, con toques post ambientales y progresivos, y su cantante de voz desgarrada, dejaban ver a una banda de músicos experimentados que saben lo que hacen.

Que fuese viernes 13 en la edición decimotercera, parecía que la mala suerte se cobrarse victimas. No sólo Santo Rostro tuvo algún matiz 'desagradable' durante su actuación, como es ver su público reducido.

Los chicos de Leprous, una banda noruega de metal progresivo ,que tocaba en el Ritual Stage, justo antes de los cabeza de cartel del día, Scorpions, vieron interrumpido bruscamente su sonido. A tan solo un minuto exacto de su final de actuación, quedaron en silencio repentino con el tema final del set list

Intentando investigar sobre que ocurrió realmente, no queda claro si fue realmente culpa de la propia organización, como insinuaba la banda en sus redes, o sólo un desafortunado malentendido con el técnico de sonido. No se sabe la verdad de lo ocurrido, sólo puedo decir, que la gente que estaba disfrutando de su directo, y mucho además, quedó con ganas de terminar de ver el concierto como se debe terminar, y no de forma forzada  y drástica, creando confusión y enfado.

A la vez que Leprous, en el escenario más pequeño y apartado del eje central del recinto, se encontraban tocando Monolord, una banda de Stone en su vertiente más pura, que suenan muy bien. Los que no son fans absolutos ni puretas de dicho estilo un concierto completo se nos puede hacer pesado a los pocos temas. No obstante, la banda denota que son expertos en su género. Desde luego, recomendable para los amantes del Stone más puro.

 

MEGADETH

Continuamos la jornada, y  pese a los incidentes de horario, las bandas principales del día no vieron afectado su horario, a excepción de Megadeth, haciendo también que algunas personas llegarán tarde sin saberlo, o se perdieran directamente su actuación. Solo adelantaban el acto cuarenta minutos antes, pero suficiente para que hubiera desajustes significativos con los planes de la gente.

Bajo un día de cielo nublado, pero no menos caluroso, salía Dave Mustaine, junto al resto de Megadeth, para subir aún más la temperatura en el público, el cuál comenzaba a saltar y moverse al sonar 'Hangar 18'. Un Dave Mustaine que comenzaba, algo flojo de voz y energía, pero que enseguida se reponía, consiguiendo levantar aún más a sus fans, con temas míticos, y bien ejecutados en el directo como 'The threal is real', 'Sweating Bullets', o 'Symphony of Destruction'

El viernes para mí resultó ser un día bastante light, además de por falta de bandas que me resultaran lo suficientemente atractivas como para hacerme soltar toda la adrenalina, por que el plato fuerte del día era los sosegados Scorpions.

Aunque escuchar sus temas me devuelve a mi adolescencia, son una banda con un ritmo ligero y tranquilo, que en un festival como éste, en el que que se asocia más a metal extremo y hardcore, verles a ellos baja las pulsaciones al mínimo, a diferencia de la mayoría de bandas del cartel.  

Decidí verlos tranquilamente desde el cesped, aprovechando para descansar y tomar algo, mientras disfrutaba de que tocaran temas míticos, como 'Send Me and Angel' o 'Wind of Change', y del ambiente repleto de gente que se sabía sus canciones. Un público compuesto tanto de generaciones pasadas, que se acercaron al festival a ver exclusivamente a Scorpions, como más jóvenes, porque sus temas han transcendido a lo largo de los años, y son ya más que clásicos.

Pasada la mitad del concierto, nos sorprendían con una cover del tema 'Overkill', de Motörhead. Tuvo cierto punto verles tocar la cover, al ser Mikkey Dee, desde 2016, batería permanente en Scorpions, pero por todos conocido por ser batería de Motörhead, hasta que la triste muerte de Lemmy Kilmister supuso su disolución.  

 

Pero desde luego, aunque un puntazo, escucharlo con la voz de Klause Meine en lugar de la de Lemmy Kilmister, evidentemente no da el mismo resultado, y evoca un sentimiento lástima a la par que nostalgia por Lemmy y Motörhead. Seguido a la cover, Dee se marcó un solo de batería, correcto en su longitud. Todos sabemos el peligro de sobrepasar la linea entre, hacer un sólo correcto, y un sólo eterno que parece que no tiene fin. 

Terminaron el concierto, después del típico amago de desaparecer detrás del escenerio, y hacerse de rogar ante sus fans. Volvieron para cerrar el concierto con un `Still Loving You', en el que Klause Meine, demostró que sigue cantando practicamente igual, y un 'Rock You Like a Hurricane', perfecto para finalizar su show.

Mikkey Dee, SCORPIONS.Decir que, la banda sonaba, sencillamente, correcta. Klause Meine, a sus setenta años, que se dice rápido, no se le puede recriminar prácticamente nada de su actuación. Cantaba correctamente, con una voz decente pese a su edad, llegando a todos los temas, algunos, de forma acertada, bajados de tono, y con su distinguido timbre de voz que siempre tuvo, y no ha cambiado. Con un movimiento sobre el escenario escaso y normal, pero propio de una persona de su edad y, por tanto, comprensible.

Justo en el escenario contiguo, teníamos a Paradise Lost. Pude ver a la gente que admira y sigue a la banda, que me transmitan su disfrute con ella. Pasé el concierto e descansando en el cesped tranquilamente, como con Scorpions, contemplando su buen proceder en los instrumentos y en la voz, aunque no me llegaron lo suficiente como para hacer que me levantara, acercarme más, e integrarme en el montón de gente que les estaba viendo y dándolo todo. Supongo que es sólo una cuestión más de feeling, más que de que den buenos o malos conciertos. De hecho, no considero que dieran un mal concierto.

Simultáneamente a Paradise Lost, estaban Sick of It All, por lo visto, dándolo todo en el Chaos Stage. Y digo 'por lo visto', porque fue una de las bandas que por estar viendo otra me perdí. Es lo que tienen los festivales grandes donde tocan tantas bandas. Concretamente 100, en el caso de Resurrection Fest.  Y es que teniendo en cuenta las críticas y opiniones que llegaban a mis oidos fue casi instantáneo el arrepentimiento de haber estado viendo a Paradise Lost, por segunda vez, que ya les había visto en otra ocasión, en lugar de ver a los hardcoretas americanos de los que todo el mundo me estuvo hablando maravillas. Tras llegar a casa, de vuelta del festival, haciendo una escucha más en profundidad a Sick of it All, junto a los rumores, sé que me hubieran encantado. Una lástima, pero sin duda para la próxima oportunidad que tenga no me los pierdo.

Mi estado de tranquilidad y sosiego en el que me encontraba, tirada en el cesped del 'Resurrection Fest', se acabó cuando unos Ángelus Apátrida de lo más potentes hacían ponerme en pie, y alucinar con el nivel de la banda y de sus temas. Un sonido y ritmos espectaculares. Esta vez iban acompañados a la batería por Adrián Valera, componente de In Mute, en sustitución, en esta ocasión, de Victor Valera, debido que una reciente operación le impide dar conciertos por el momento.

Animando el ambiente reposado y manso del concierto de Scorpions y, llevando la velada a lo más alto, Angelus Apátridacerraron la noche para un público más propio y habitual  del Resurrection Fest que el que llenaba el espacio en el concierto anterior celebrado en el mismo escenario.