Bajo el título de “Sangue e morte”y en una noche fría y de mucha niebla por la ciudad de las Burgas, daba comienzo a las 20h del pasado 7 de enero el festival de Black Metal organizado en El Pueblo. En él de pudimos apreciar varias corrientes dentro de este género, como el Black Metal Pagano, Black Metal Ritualista, Black Metal Celta e incluso el BlackenedDeath Metal.

En un escenario perfectamente ambientado para la ocasión, con diversas velas encendidas sobre los amplificadores y escenario, varias cadenas y hasta un cráneo plástico de una cabra en el suelo, abrieron el festival los ya veteranos Xerión,(ourensanos y principales artífices de la realización de este evento, ya que el festival giró en torno a lapresentación de su nuevo álbum“Escarnio, maldizer e norte”). Máximos exponentes del Black Metal Celta en Galicia, y contrastando sonidos muy “blackers”, claramente influenciados por la corriente noruega de los años 90, con a su vez sonidos muy tradicionales y limpios, influenciados por sonidos de típicas foliadas gallegas, llegando a utilizar panderetas con sonidos acústicos sobre el escenario. Cabe destacar que todos los temas interpretados formaban parte de su nuevo disco, sin espacio para temas clásicos anteriores.

Siguiendo este curioso orden establecido para la actuación de los grupos, (ya que lo normal es que el grupo más consolidado o de mayor trayectoria toque en un horario hacia el final del festival, y el grupo más novel toque al principio), a continuación vinieron los coruñeses Lóstregos, el grupo con menos trayectoria de los presentes esta noche, pero no por ello peor que los demás. De hecho es de alabar que se hayan etiquetado en un género tan complejo como el Pagan Black Metal, con todo lo que ello conlleva en cuanto a estética, actitud y puesta en escena, y a su vez no hayan descuidado ni lo más mínimo el aspecto musical, ya que sonaron muy compactos en todo momento, sabiendo alternar a la perfección ese ambiente ancestral y primitivo que transmiten mediante las letras y vestimenta, con una música cruda de partes melódicas pero distorsionadas en algún pasaje. Como en el caso de Xerión, este grupo también contó con alguna parada instrumental limpia, aunque sólo en ocasiones muy contadas, ya que en su mayoría interpretaron un black metal con voces también comparables a las de la primera oleada noruega y contando siempre con algún “blast beat”y riffs frenéticos en cada canción. A continuación vino el turno de los ferrolanos Marthyrium, donde los decibelios aumentaron un poco más con su característico sonido de BlackenedDeath Metal, y también con una puesta en escena y vestimentas dignas de la ocasión: vestidos de un negro oscuro, con chalecos de cuero y una actitud desafiante. Desde el principio impusieron un ritmo muy alto, con un batería aportando unos blastbeats rapidísimos en todo momento, a la vez que el manejo del doble pedal del bombo alcanzaba también velocidades vertiginosas. Los riffs de guitarra no se quedaban atrás y aportaban una tónica muy caótica y agresiva, al igual que las voces, alternando guturales graves como gritos agudos típicos de black metal. Por último, llegaba la hora de los portugueses Dolentia, que en mi opinión ofrecieron el show más agresivo y extremo de la noche. A pesar de que los ritmos de la batería no fueron tan rápidos como los del anterior grupo, cada golpe de caja dado, acompañado por los riffs, era demoledor. A esto hay que sumarle que las voces eran chirriantes, rozando un grito agudo muy extremo.

En definitiva, una noche épica para los amantes de este género musical, donde la elección del orden de presentación de cada banda parece haber sido seleccionado según su sonido extremo, de menos a más, sin importar la trayectoria ni estatus de cada grupo.

RESURRECTION FEST 2016 – DÍA III

Martes, 10 Enero 2017 16:41

DIA |||

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El sábado amanecimos con un día putita madre, pero a base de bien. Tras el omeprazol de la morning, algunos decidieron acercarse hasta la playita, a darse un reparador chapuzón (una de las ventajas de no celebrar un festival en un desierto o un detestable polígono meset-ario, por ejemplo), otros optamos por la ya tradicional floca-flocka a pie de tienda, para ir amenizando la mañana a nuestros vecinos de campamento.

Otra de las ventajas de celebrar un festival en un sitio civilizado, es que tienes todos los servicios que puedas necesitar a golpe de pequeño paseíto, inclusive el entrañable casco antiguo de Viveiro, lleno de bares en los que perderse unas horas y tomarle unos piscolabis a precios más que asequibles.

Así fue y, tal como acostumbramos hacer cada año en el Hellfest galo, el sábado a mediodía/primeras horas de la tarde no hay concierto que valga: es hora de acercarse hasta el pueblo, a regular el pH con clase y con calma.

Y qué puede haber con más clase que regular el pH con un buen surtido de cañêttas de Estrella Galicia, bien peleteiras, (no lo probamos) acompañadas de unas cuantas raciones de pulpo a feira, servidas en la terracita de un entrañable bar por un pulpeiro que operaba en dicha plaza, para deleite de todos los que por allí iban apareciendo?.

Las primeras horas de la tarde iban pasando y decidimos que era buen momento de regresar al campamento, reponer el hielo de las neveras (algo absolutamente indispensable, en un festival) y acceder al recinto, pues el cuerpo ya iba reclamando algo de metalón.

 

Sonaban los alemanes DESTRUCTION, cuando entramos al recinto, así que la dosis de metalón que reclamaba el cuerpo parecía estar más que asegurada…

La pesada maquinaria de thrash metal teutón, comandada por el gigante Schmier, es siempre un plan sin fisuras, como Overkill, Kreator, Testament y alguna banda más, del estilo… Sabes que no te vas a equivocar y que te van a patear el bul a base de bien…

Con temas como Mad Butcher, Total Desaster, Thrash Till Death o Bestial Invasion fueron caldeando el ambiente de los pits para una tarde que se antojaba larga y una noche que se antojaba más larga aún…

 

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Bajo la castigadora soletón, nos acercamos hasta el Chaos Stage a ver a los noruegos SHINING, lo que supuso uno de los más gratos descubrimientos del festival.

Uniformados “de etiqueta”, de impoluto negro, dejaron a más de uno boquiabierto con su excitante fusión entre metal experimental, jazz, y rock progresivo, dando como resultado un estilo tan fresco como original, en el que hay lugar para innovaciones tan poco usuales como la inclusión de saxo en alguno de los temas, inclusive. Haciendo gala en todo momento de una magistral ejecución instrumental y de un sonido prácticamente perfecto, los nórdicos dejaron claro que son una banda vanguardista, más que interesante y a seguir muy de cerca.

 

Y si hablábamos de caldear los pits y de planes sin fisuras, sabes de sobra que MUNICIPAL WASTE te van a joder bien!.

Los de Richmond (Virginia) saltaron a escena a hacer de las suyas, como es habitual en ellos. Con su crossover de “tupa-tupa”, a toda hostia y sin mariconadas, convirtieron las zonas más próximas al escenario en una polvareda en la que se recomendaba el uso de bandanas o lo que sea que se pone la peñita en la cara para el polvo…

Si bien, el percal no fue para nada comparable al fiestón que montaron en el Hellfest el domingo por la morning, en uno de los Main Stages (también es verdad que había mucha más peña y esta iba armada con flotadores, manguitos, balones de playa y tablas de body), la constante de en los conciertos de los americ-anos es que SIEMPRE te lo hacen pasar fetén.

Girando ahora con formato de quinteto, con Nick “Nikropolis” Poulos en la segunda guitarra, los tipos se mandaron unos 18 temas en aproximadamente 30 minutos. Breve, pero intenso.

Como no podia ser de otra manera, no faltaron clásicos del fiesteo bizarro, como Unleash the Bastards, You’re Cut Off, Beer Pressure, Wrong Answer, Terror Shark, Headbanger Face Rip o Sadistic Magician.

Siempre grandes, Municipal Waste.

 

Llegaba, por fin, el momento más esperado del festival… Tocaba reunirse con colegas, para poder disfrutar de la “comunión” en buena compañía, acercarse al bar a pillar provisiones líquidas y buscar una óptima ubicación para ser testigos del paso de IRON MAIDEN por Viveiro…

 

 

Un servidor puede contar, orgulloso, que estuvo presente en las tres “venidas” que la mítica banda inglesa protagonizó sobre suelo galaico:

-          22 de mayo de 1998, Campo de fútbol Os Remedios (Ourense), con Helloween y Dirty Deeds. ‘Virtual XI Tour’, con Blaze Bayley aún como frontman. Jornada ENTRAÑABLE donde las hubiere (snifff…)Profile

http://www.setlist.fm/setlist/iron-maiden/1998/pabellon-paco-paz-ourense-spain-4bd39f32.html

-          23 de mayo de 2003, Coliseum (A Coruña), con Stray. Concierto de inicio de la gira mundial ‘Give me Ed…’Till I’m dead’, con Dickinson y Smith de vuelta en el barco, por fin.

http://www.setlist.fm/setlist/iron-maiden/2003/coliseum-corunna-spain-3bd39ca8.html

-          9 de julio de 2016, Resurrection Fucking Fest (Viveiro). ‘The Book of Souls World Tour’. You know what I mean…

http://www.setlist.fm/setlist/iron-maiden/2016/campo-de-futbol-celeiro-viveiro-spain-2bffe4c2.html

 

Pues sí… Puedo contar que estuve en los tres, insisto… jejeje… Y tú?

 

Pues bien… Volvamos a Viveiro y a ese abarrotado escenario principal del Resurrection Fest 2016, a punto de hacer Historia…

 

A las 21:00 en punto, sonaba Doctor, Doctor (Diente, me miente), de UFO, y los más duchos sabíamos que se trataba de la intro con la que la Doncella lleva abriendo sus conciertos desde tiempos inmemoriales. Tras el breve vídeo en la pantalla gigante, con el Ed Force One llegando a la selva y todo eso, Bruce Dickinson hacía su aparición en la parte superior de una escenografía inspirada en el mundo maya, como el artwork de su último disco, recitando la intro del mismo sobre un humeante caldero, como si de un ritual de invocación se tratara (o tratase).

Con If Eternity Should Fail, saltaba la mítica banda británica a escena, ante el clamor del público, atacando seguidamente con Speed of Light, ambas de ‘The Book of Souls’.

Con Children of the Damned llegaba el primer clásico de la noche y Celeiro estallaba de júbilo. A continuación, dos concesiones más al último disco, con Tears of a Clown, dedicada al malogrado Robin Williams, y The Red and the Black (con sus 13 minutos y pico de duración, con dos cojones).

Siguiendo la trayectoria de la Doncella, es fácil adivinar que el confiar plenamente en su más reciente material de estudio es una constante en su carrera. No hay más que mirar repertorios de sus pasadas giras y los datos están ahí (echad un ojal, por ejemplo, al setlist de Ourense, un poco más arriba, durante la gira ‘Virtual XI’). Los tipos están orgullosos de la música que crean y la defienden en directo, llegando a introducir hasta 6 temas del disco nuevo en su setlist, como en este caso.

Pero, qué mejor manera para “contrarrestar” el posible “bajón” en el clímax que pueden suponer tantos temas nuevos (y tan largos) por el medio que de repente aplicarle The Trooper, seguida de Powerslave?. Dos de cal y dos de arena…

Después de dos trallazos semejantes, grabados a fuego en la Historia del Heavy Metal y en la memoria colectiva de la Humanidad por necesidad, era buen momento para terminar de presentar su último plástico, con Death or Glory y la homónima The Book of Souls (con la aparición del mítico Eddie en escena y sus 10 minutos y pico de duración, con dos cojones).

Cabe decir que, aún siendo ‘The Book of Souls’ el álbum más largo de Maiden, con 92 minutos de duración, durando el tema más corto 5 minutos y el más largo 18 minutos (casi nada…), la inclusión de más de la mitad del disco en el directo no se hizo para nada pesada, ya que el material está fetén y la ejecución del mismo, como no podía ser de otra forma, es BRILLANTE.

Nada comparable a lo que tuvo que ser verlos en la gira del indigesto ‘A Matter of Life and Death’ (2006), en la cual saltaban a escena tocando el disco enterito, tocaban 5 clásicos al final de todo y andando… Compadezco a la chavalada que los viera por primera vez en esa gira, la verdad…

A partir de ese punto, el concierto se convirtió en un auténtico festival de caras de absoluta felicidad que sólo una banda como IRON MAIDEN puede ser capaz de generar.

Con la gloriosa tripleta de Hallowed Be Thy Name, Fear of the Dark y Iron Maiden, los más jóvenes descubrían la esencia de lo que es ver a Maiden en di-recto y, en definitiva, la esencia del puto Heavy Metal en sí, hablando en plata. Los más mayores, con la lagrimita asomando y la sonrisa de oreja a oreja, se reencontraban con esa sensación inigualable que tantas veces los había transportado de vuelta a esa eterna juventud que sólo la pasión por la música te puede brindar.

Todos juntos, en amor y compañía e igualdad de condiciones, fuera de “status”, etiquetas y demás mierdas. Unidos por la música y una manera de entender la vida basada en el amor, el respeto hacia los demás y hacia uno mismo y el disfrute de cada momento, de la mejor manera posible. Una manera de entender la vida que mucha otra gente nunca podrá llegar a entender, alienada por esta sUciedad en la que vivimos, a la que no le interesa que seamos felices y a la que le conviene más sembrar la discordia entre vecinos que la unión fraternal.

Y qué decir de la banda, en general?

El trío guitarrístico compuesto por Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers funciona al milímetro. Son una maquinaria perfectamente engrasada y compenetrada que se pueden permitir bromear y jugar entre ellos, sin parar de moverse, durante todo el concierto, y no se escapa absolutamente nada.

La figura de Steve Harris sigue siendo icónica, aporreando el bajo en primera línea de fuego y cantando cada palabra de cada uno de los temas mientras arenga a las masas, como si por él no pasaran (o pasasen) los años.

El bueno de Nicko McBrain, siempre oculto tras su mastodóntico set de batería, del cual, al mismo tiempo, es prácticamente imposible ver que alguna de sus piezas se deja de mover en algún momento de la actuación. Cómo lo hace??? Es un pulpo, o algo??? Por no hablar de su impecable técnica de bombo, con un solo pedal, “marca de la casa”…

ProfileQué sería del sonido del Heavy Metal, tal y como lo conocemos hoy en día, sin ese bombo de Mr Nicko McBrain? Pensad en ello… Además, es el que peor está de la cefa, el más simpático, el más de jórribol (esa tocha es terríbel, joder…) y, a todo esto…, sabíais que ya gasta sus buenos 64 años, el colega?. Grande, Nicko!.

Y qué decir de Bruce Dickinson? Ese humanista, hombre del Renacimiento, que tanto pilota aviones, con rango de Comandante, como es olímpico por Inglaterra en esgrima, que tanto es profesor de Historia como escribe novelas y libros de ciencia ficción para niños, que tanto es empresario como canta en la banda de Heavy Metal más grande de todos los tiempos…

Ese culo inquieto y cargado de talento que, tras superar recientemente un cáncer de lengua, salta a escena y se tira dos horas sin parar de correr y saltar por el escenario, haciendo gala de una envidiable forma física que ya quisiéramos la mayoría de nosotros (con un par de décadas menos sobre las espaldas que él) y, no contento con todo ello, sigue cantando mejor que nadie y dejando el listón a un nivel muy difícil de alcanzar, tan siquiera.

Es un puto superhombre. Punto. Long Live Bruce Bruce.

Tras una breve y merecida pausa, el sexteto británico volvía a escena para los bises, poniendo todo patas arriba con el clásico entre los clásicos: The Number of the Beast.

Y por si no hubieran puesto a prueba lo suficiente nuestros sentimientos a lo largo de todo el show, se reservan para el final dos de las canciones más extremadamente emotivas de todo el catálogo de Maiden: el canto a la fraternidad y a la comunión entre nosotros, Blood Brothers, con tooooodo el festival cantando a coro el estribillo, y la siempre emocionante Wasted Years, para poner el punto y final a las dos horas JUSTAS que duró el conciertazo (empezaron a las 21:00, terminaron a las 23:00 y a las 00:00 estaban en el Balneario de Guitiriz, preguntando por el bar, donde estuvieron tomando cañas hasta las 04:30 de la morning, por cierto… Entrañable…).

Con los alegre tonadilla de Always Look on the Bright Side of Life (Monty Python) de fondo (cierre habitual de los conciertos de la Doncella desde tiempos ignotos, también), la banda se retiraba del escenario y nos dejaba a todos mirándonos con cara de: “buah, chaval….. Que grandes son los putos Maiden…..”.

En fin… Esperemos poder verlos aún unas cuantas veces más, por lo menos, que un concierto de Maiden siempre es una experiencia única, inigualable y de lo más enriquecedor, que todo el mundo debería experimentar por lo menos una vez en la vida (o 6, como lleva experimentado un servidor hasta día de hoy…).

Tras el compendio de emociones y considerable desgaste físico que supone un concierto de Iron Maiden, hay que tomárselo con un poco de calma, por lo menos durante un rato; especialmente si tienes varias decenas de miles de personas intentando desplazarse al mismo tiempo, delante tuya.

Así, tras una visita al W.C. y un rato de conversación con los colegas en la barra sobre el concierto de Maiden que acabábamos de disfrutar; con calma, nos acercamos a ver el concierto de ENTOMBED A.D., ya “mediado”, un poco “de soslayo” y sin demasiadas pretensiones, ya que aún nos estábamos recuperando del concierto de la Doncella de Hierro.

No obstante, llegamos a tiempo de ver a los suecos interpretar unos cuantos temas de su anterior época (cuando aún no necesitaban la A.D.), como Living Dead, Revel in Flesh, Wolverine Blues, Left Hand Path o Supposed to Rot, con la que terminaron su actuación, originando un pogo de lo más concurrido.

La impresión general fue buena. Sonido brutal, actitud macarra y Death Metal sueco a tutiplén. Hay que decir también que lograron atrapar a bastante “público residual” del concierto de Maiden, lo que llevó a que el nivel de asistencia fuera más que decente, algo que supongo que repercutiría positivamente en las “ganas” de los suecos sobre las tablas.

Bien, en general. Los tipos le dan caña, aunque insisto en que estábamos aún con la resaca de Maiden muy reciente y tampoco les prestamos toda la atención que quizás merecieran. Más bien, se puede decir que estábamos haciendo tiempo, arrimados a un lateral del escenario, esperando al siguiente PERSONAJE que actuaba a continuación.

Como bien decía hace un momen, como si de un personaje de cómic se tratase, hacía su aparición sobre las tablas del Resurrection Fest ABBATH, con su armadura, su maquillaje de oso panda, escupiendo fuego y haciendo el paso del cangrejo, a ritmo de To War! y con problemas de sonido (todo hay que decirlo).

 

La sola aparición de tal entidad en escena fue más que suficiente para que uno de mis acompañantes Pelletiers (que no lo prueba en absoluto) sufriera una “epifanía” instantánea que le hizo besar el firme y quedar zapateado, como una tortuga boca arriba, con los ojos entornados ante la visión del maligno.

Acudí a su rescate, dando una voltereta, raudo y veloz, espabilándolo con un par de bofetaditas, ayudándolo a incorporarse y reubicando la jarra de cerveza debidamente en su mano. Como nuevo.

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Seguidamente, cayó el primer tema de Immortal de la noche, Nebular Ravens Winter, seguido de Warriors, recordando aquel proyecto llamado I, del controvertido (y coquetier) músico noruego.

Nueva concesión a Immortal con In My Kingdom Cold y, tras los primeros acordes de Winterbane, con la peñita coreando “Immortal! Immortal!”, empiezan las risas…

El coleguita para en seco la actuación, aplica algo así como “I’m sick as fuck!” (lo cual se podría traducir tanto como “estoy mal de cojones!” o como “estoy hasta los cojones!”, inclusive, teniendo en cuenta el contexto) y abandona el escenario, seguido de cerca por sus atónitos secuaces.

Atónitos, como también se quedó el respetable, dudando si la marcha del nórdico sería definitiva, si volvería a salir, qué carallo le había pasado, etc…

Por el contexto, intuí que quizás había pirado porque la peñita estaba coreando sin cesar “Immortal! Immortal!”, incluso cuando estaba tocando temas de su nuevo disco en solitario, lo cual le pudo haber hinchado las pelotas y ocasionado su pataleta. Aunque bueno… Es sabido que el interfecto en cuestión no lo prueba (que es de buen beber, digamos), así que tampoco sería muy de extrañar que el tipo fuera como una abrótega y de repente se viera un poco “mareado”, necesitando un pequeño respiro…

O quizás se le juntó de todo un poco…. Quién sabe?

Lo que está claro es que de allí a un rato, después de intentar entretenernos el bajista y el batera con solitos cutres que no vinieron a nada, volvía Abbath a escena, excusándose con un “es uno de esos días…” y atacando con Ashes of the Damned, Fenrir Hunts y Count the Dead, para alivio del público, que nos temíamos lo peor…

Con un final de concierto dedicado a su “inmortal banda mater”, se congraciaba Olve Eikemo un poco con los allí presentes, haciendo que no nos fuéramos con tan mal sabor de boca.

Solarfall, Tyrantsy One by One fueron acogidas con entusiasmo por todos los fans de la que fue una de las más reputadas bandas de culto dentro del Black Metal noruego.

 

Ahora sí que las fuerzas comenzaban a ir algo justitas y nuestra afición por “no probarlo” hacía que comenzáramos a ir más coquetos de lo que sea recomendable, posiblemente… Pero aún no nos podíamos dar por vencidos, ya que faltaba un apetitoso plato que no queríamos marcharnos sin degustar: los siempre efectivos NASHVILLE PUSSY.

Optamos por fagocitar algo de relax, para recuperar un poco, tomar un poco de aire y retornar al escenario para librar la última batalla con los americ-anos o, por lo menos, hasta donde las fuerzas lo permitieran.

El cuarteto de Atlanta son una apuesta segura para los amantes del “high voltage rock and roll” de base puramente “acedecesca”, aderezado con un matiz de velocidad y mala hostia punkarra, totalmente “motörhedi-ana”.

Con Struttin’ Cock y Rub it to Death, entraban en escena a horas un tanto “intempestivas”, pero haciendo gala de la actitud rockera y descaradamente macarra que los caracteriza.

La banda del más que pintoresco matrimonio formado por Blaine Cartwright (que de jórribol es ese tío, joder…) y la exuberante Ruyter Suys celebran este año el 20º aniversario de su fundación y el 18º de aquel primigenio ‘Let Them Eat Pussy’, de sugerente, a la par que explícita, portada.

Con Wrong Side of a Gun, Pillbilly Blues y I’m so High (no, me mientes…), los americ-anos hacían mover el esqueleto a base de bien a los cada vez menos festivaliers que nos seguíamos resistiendo a darnos por vencidos y dar el festival por concluido.

El frontman, Blaine Cartwright, es todo un engendro, pero en el sentido literal del término: calvito y con melena (no hay cosa que de más pena), bigotón a lo Lemmy, resonso, voz de no probarlo en absoluto, pinta de poca higiene, etc…

Ahora que me doy cuenta, sin sombrero me recuerda al actor mejic-ano ese resonso, harto de jórribol, que siempre hace de malo en las pelis (el que aplica lo de “perrechas quentes…, perrechas frías…, temos todo tipo de perrechas…” en Abierto hasta el amanecer (bien sabéis de quien hablo…)).

La nueva bajista, Bonnie Butrago, da la impresión de estar medio fuera de lugar, por momentos, pero lo intenta bastante, moviendo la troba, dando caña al bajo y todo eso… También es verdad que cada vez se va soltando más. El batera tiene una pinta de hipster que no puede con ella (no digo más…).

El show continuaba con Up the Dosage, Everybody’s Fault but Mine y la versión de The Marshall Tucker Band, Can’t You See.

 

 

Y qué decir de Ruyter Suys… Una especie de Angus Young con tetas, troba leonina y puesto de speed… Todo un espectá-culo en sí misma, la tía esta… Maltratando su Gibson SG a tutiplén, sin parar de moverse un solo segundo y engarzando solos endiablados con sucios riffs de carretera, Ruyter RULES y punto.

Con Good Night for a Heart Attack, si no me equivoco, cerraban un concierto corto pero intenso; en el que las fuerzas de la mayoría comenzaban a fallar de manera estrepitosa, pero nos resistíamos a dejar de ver las evoluciones de la gran Ruyter por el escenario (mientras hacíamos lo posible por no mirar para el “guaperas” de su marido).

 

ProfileTras el “chis-pun” final, no hubo duda… Nuestros cuerpos no daban para más…

Llegaba el momento de aceptar la cruda realidad y abandonar, no sin cierta resignación, el recinto de conciertos del festival; arrastrando los pies como zombies, hacia las tiendas, con la intención de dar un más que merecido (y necesario) descanso a nuestras maltrechas osamentas (e hígados) y rezar porque la resaca del día siguiente fuera lo más benévola posible (lo cual, a posteriori, pudimos comprobar que no fue así para nada, por cierto…).

 

De lo que no cabe duda es que vivimos la mejor edición del Resurrection Fest hasta la fecha, a todos niveles, lo cual indica que el festival no para de crecer y mejorar, año tras año (a todos niveles, también).

Es obvio que tienen al glorioso Hellfest gabachier como referente indiscutible, al cual intentan imitar en muchos aspectos, en función a sus posibilidades. Si bien, en algunas movidas la cosa se queda en un clarísimo “quiero y no puedo”, como la zona VIPs vaporub (cutre de carasho, por cierto…) o alguno de los “ornamentos” que se encontraban por el recinto, por ejemplo; por lo menos, los chavales intentan copiar de los mejores (en mi opinión). Con un referente así, se sabe que la calidad siempre va a ir por delante y que con los medios adecuados y siguiendo por esa línea, no se puede si no mejorar y seguir creciendo.

Está claro que este año se dejaron el listón muy alto a sí mismos y van a tener que trabajar duro y esforzarse al máximo para poder seguir creciendo o, por lo menos, mantener el nivel.

La verdad es que estamos expectantes por ver con lo que nos pretenden sorprender en 2017…

Lo que está claro es que volveremos a estar allí, orgullosos y afortunados por tener uno de los mejores festivales de Europa (y, sin duda, el mejor de la Península) celebrándose en Galicia…

Nos vemos en el Resu 2017, motherfuckers!

RESURRECTION FEST 2016 – DÍA II

Martes, 10 Enero 2017 16:11

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El viernes amanecía en Viveiro con un radical cambio en la meteorología con respecto al día anterior, según informaciones que nos iban llegando desde la zona.

Una vez más, por motivos laborales y de desplazamiento, no fuimos capaces de llegar hasta la bonita Mariña Lucense hasta primeras horas de la tarde; descubriendo, con agrado, que después de la pluvia de los dos primeros días, tenía toda la pinta de ir a quedarse un finde bastante fetén, con un gran solêtte imperando desde lo alto.

Entre aparcar, acampar y todo eso, entramos en el recinto cuando HAMLET se disponían a saltar al escenario, bajo un sol de justicia.

Siempre es gratificante ver en acción a la ya mítica banda madrileña, hecho que ellos se preocupan por corroborar en cada ocasión, demostrando que están más en forma que nunca, suenan como un cañón y salen siempre a escena dispuestos a no hacer prisioneros.

Molly es un auténtico animal escénico que tiene sobre las tablas su hábitat natural. Bueno…, sobre las tablas, sobre el público, entre el público o donde se tercie…, porque está claro que al “chaval” lo de la pasividad no es que le mole en demasía y tal… No contento con poner al respetable patas arriba desde el escenario, el colega se atreve con el crowd-surfing e inclusive llega a introducirse entre el público, obligarlo a abrir un círculo enorme en medio del mismo (rollo Moisés, abriendo las aguas y tal…) y organizar un tremendo “Wall of death”, con él cantando desde el medio…

Lo que viene a ser “montar una brecha” como está mandado, vamos… Con dos cojones.

Egoísmo, Muérdesela, Irracional, Imperfección, Denuncio a Diós, Tu medicina, J.F. ... Un repertorio donde predominaron los clásicos, pero que a todo el mundo se le hizo corto; señal de que algo hicieron bien.

Señores del Resu… Ya saben…. Para la próxima, un cuarto de horêtta más y un par de horas más tarde; que bien lo merecen y al público le cunde ;)

 

Y si acabábamos de ver a Molly abriendo las aguas, a continuación íbamos a ver a alguien caminando sobre ellas… Pero antes, una más que necesaria parada técnica…

 

 

La urgencia al entrar en el recinto para no perdernos a Hamlet hizo que descuidáramos el más que habitual paso por la barra; así que, al terminar la descarga de los madrileños, acudimos raudos a subsanar tamaño error.

Tocaban ÁNGELUS APÁTRIDA, pero el hecho de que toquen TODOS LOS AÑOS en el Resu, sumado al otro par de veces anuales que suelen subirse por las Gallaecias, aproximadamente, hace que ya los tengamos bastante vistos y, aunque son más que efectivos en di-recto, nos podíamos permitir verlos desde la cómoda (y refrescante) distancia de la barra del bar, a la sombrita y tal…

 

Ya refrescados, nos dirigimos hacia el Ritual Stage, sin ser conscientes de que íbamos a presenciar una de las más gratas sorpresas de esta edición del festival. De hecho, todo el mundo concuerda en que la actuación de FRANK CARTER AND THE RATTLESNAKES fue la auténtica posha.

La efectividad de la nueva banda del ex – vocalista de Gallows y Pure Love es indiscutible. Con su punk hardcor-eta de marcadas raíces inglesas, suenan rotundos y seguros de sí mismos como nadie; aunque está claro que la presencia del propio Frank Carter es lo que hace que show se convierta en otra cosa, a un nivel muy superior.

El pelirrojo, elegante y profusamente tatuado Frank Carter nos dejó para el recuerdo unas cuantas lecciones sobre “cómo ser un frontman fetén”, a base de buenas dosis de presencia, carisma, actitud, ganas, energía, fuerza, conexión con el público y, en definitiva, todo lo que tiene que tener un gran frontman.

Primary Explosive, Trouble, Snake Eyeso Beautiful Death fueron solo alguno de los potentes temazos con los que el trajeado inglés y su séquito nos deleitaron, llegando incluso a caminar, literalmente, sobre el respetable durante la interpretación de la coreada Juggernaut.

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Sin duda, Frank Carter se erigió como uno de los protagonistas absolutos de este Resurrection Fest 2016 y seguro que volveremos a verlo por estas latitudes  en breve, ya que no dejó a nadie indiferente.

La noche se cerraba sobre Celeiro y el valle del escenario principal se abarrotaba de peñita para ver a uno de los grupos más esperados de esta edición del festival, al menos por gran parte del público: los franceses GOJIRA (Guantanamera).

 

 

Aunque ya habían participado en la edición de 2014 del festival, en esta ocasión la expectación para ver a los gabachiers se palpaba bastante mayor, entre el público; ya que, obviamente, en esos dos años, su número de seguidores por estas latitudes fue aumentando. Debido a la modita, a la curiosidad, al “boca-oreja”, al “boca-pene” o a lo que sea…; pero es innegable que había mucha peña con ganas de verlos sobre las tablas vivarienses.

Su combinación de potente sonido, pericia técnica (especialmente por parte del batera, Mario Duplantier) y ciertas dosis de originalidad hace que los de Bayonne sean una apuesta segura sobre las tablas; aunque a mí, personalmente, siga sin convencerme al 100% su propuesta.

Presentando sólo tres temas de su esperado nuevo álbum, ‘Magma’ (2016), Silvera, Stranded y Only Pain; el grueso del repertorio se nutrió de clásicos habituales de la banda, como Toxic Garbage Island, con la que abrían el concierto, seguida de  L’Enfant Sauvage y The Heaviest Matter of the Universe o la innegociable Flying Whales, por citar algunas de las más “conocidas” por el gran público.

Está claro que los Duplantier Bros comandan una maquinaria perfectamente engrasada, saben muy bien lo que quieren, lo que hacen y dieron un buen concierto. Otra cosa es que me gusten…

Tengo mucho discutido ya sobre este tema y tampoco me voy a rallar explicándome. Me parecen buen grupo, no soy ajeno a sus matices de originalidad, pero el conjunto en sí me sigue resultando demasiado “pl-ano” para mi gusto. Demasiado “plano” para que aguante hora y pico de concierto (o de disco) sin que mi atención se empiece a desviar hacia otras cosas…

Conste que ya les di varias oportunidades, tanto en directo como en casa, ya que no acostumbro a “hablar por hablar”… Simplemente, es mi opinión PERSONAL hasta el día de hoy.

Al que no le guste, ya sabe…; que le eche LEFA, o algo… (que seguro que va sobrado…jejeje…).

 

Después de pasarnos por la zona VIP(svaporub) a recargar nuestras “pichets” (‘jarra’, en gabachier) y echar un lejano ojal al death metal melódico escandi-navo de DARK TRANQUILITY, muy de tranqui, volvimos a nuesto pequeño parterre de valle, dispuestos a retroceder 20 años (o alguno más), hasta nuestra más efervescente adolescencia. Llegaba el turno de THE OFFSPRING.

 

 

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Aquellos que llegaron a la cima con su laureado manifiesto de speed-punk rock americ-ano, ‘Smash’, en 1995 y comandaron el resurgir del género, junto a bandas como Green Day, NOFX o Rancid, llegaban a Viveiro como cabezas de cartel del viernes y un buen puñado de engendros que por aquel entonces teníamos 16 años y saltábamos a ritmo de Self Esteem en la pista de baile de todo antro que se preciase, no podíamos perdernos la ocasión de “rejuvenecer” un poquito, al menos durante un rato…

Tampoco hay demasiado que decir, a ver si me entendéis… No llegaría a decir que fue un concierto brillante, si no más bien irregular, y el “estoicismo” o frialdad con que los MIEMBROS de la banda angelina parecen acometer alguno de los temas de su repertorio tampoco entra dentro de lo que yo catalogaría como fetén, pero qué carallo… El repertorio fue extenso, variado, divertido, bailable y nostálgico, lo que terminó por convertir su show en algo más que disfrutable, al fin y al cabo…

Grandes pilares del género, como Come out and play, All I Want, Bad Habit, Pretty Fly (For a White Guy), Why don’t you get a job o la altamente esperada por todos, Self Esteem (que se guardaron para el final, de hecho), sonaron en Viveiro, sin más pretensiones que hacérselo pasar bien a todos los allí presentes; algo que, si no me equivoco, se consiguió.

Así que… Mission accomplished!

 

No podíamos dar por finalizada la jornada sin previamente acercarnos hasta el Ritual Stage, en busca de un poco más de caña, para encontrarnos de repente con uno de los momentos más emotivos de todo el festival.

Los neoyorkinos de origen latino, MADBALL, habituales en los carteles del Resu desde hace años y años, volvían a pisar Viveiro (por enésima vez), lugar donde es obvio que son especialmente queridos y ellos se sienten verdaderamente como en casa.

Su potente hardcore sonó poderoso, como de costumbre, aunque lo que realmente marcó el concierto y, como decía hace un momento, constituyó uno de los momentos para el recuerdo de este Resurrection Fest 2016, fue el emotivo homenaje que hicieron al malogrado Melchor Roel, desplegando un enorme telón de fondo durante su actuación con la efigie del que fuera alcalde de Viveiro y amigo personal de la banda.

La banda americana recordaba así a aquel que, con su incondicional apoyo, fue pieza fundamental para que el Resu sea lo que es hoy en día.

 

Tras la descarga de MADBALL y animados por el alcohol (todo hay que decirlo), no dejamos pasar la oportunidad de probar la gran noria que este año dominaba la entrada al recinto y tener una privilegiada vista de todo el festival desde unos cuantos metros hacia arriba.

La entrada a la misma valía el asequible precio de 2,50 €; pero, eso sí…, no te dejaban subir con los litrêttes… (mi gozo en un pozo…). Hubo que contentarse con subir a ver las vistas “de sec-ano” y tal…

You can’t always get what you want, honey…(decían los Rolling Stones)

 

Estábamos a punto de abandonar el recinto cuando algo hizo que retrocediéramos sobre nuestros pasos… Desde el Ritual Stage, nos llegaba el eco de la que estaban liando ABAIXO CU SISTEMA, y no pudimos si no acercarnos hasta allí a ser testigos de primera m-ano de tamaño percal.

Se trata de un grupo tributo a System Of A Down, que ya habían tocado también el año anterior en el festival, si no me equivoco… La movida es que los tipos lo clavan y, por momentos, te da la sensación de estar escuchando a los armenio-americ-anos, tal cual…

 

Ahora sí que podíamos dar por finalizada la jornada y retirarnos a nuestros aposentos, pues la batalla del sábado prometía ser la más dura de todo el finde, con diferencia, y había que intentar descansar algo, debidamente…