Tercer y último día de festival

 

 
 
Era el último día de la edición. Se podía notar en la afluencia de gente que desde la mañana temprano llegaba de forma más gradual. Seguramente debido al cansancio acumulado, o juerga nocturna post-conciertos de los días anteriores. Aunque sí que se comenzaban a ver, entre los asistentes que se aproximaban, algo de esperar en el día de hoy: personas con la cara pintada, con bigotes y nariz de gato, o con una estrella a modo de parche en el ojo, o incluso disfrazados con todo el atuendo completo, simulando, así, ser algunos de su ídolos y componentes de la banda que iba a dar el espectáculo como cabeza de cartel esta noche. Creo que sabéis de sobra de quiénes hablo. No pueden ser otros que no sean KISS.
 
La organización anunciaba, en sus redes sociales, que las entradas, para este día, habían alcanzado SOLD OUT. Por lo que, la dirección del Resurrection Fest, puede estar muy contenta, ya que era algo complejo de lograr. Y es que, Kiss, no sólo actuaba en el pueblo costero de Galicia, sino que, venía de dar conciertos en los días anteriores. En Madrid, Barcelona y Córdoba.
 
A su vez, nuevamente, habría incidencias en los horarios debido al retraso de una banda por problemas en su vuelo. De nuevo volvieron a resolverlo de la misma forma que la jornada anterior, provocando nuevamente cierto descontento y más comentarios y críticas entre algunos asistentes. La comprensión parece que no es algo que caracterice a una pequeña parte del público...
 
De las bandas que abrirían la jornada en los distintos escenarios, la que más atrajo hacia su escenario a la gente fue SOMAS CURE, no sólo por tocar privilegiadamente en el Main Stage, sino porque la banda madrileña de la que hablamos, aunque se trata de una formación emergente, ya tiene una leve cantidad de público propio. Con un estilo y voz que evoca al que poseen bandas españolas como Sober o Skizoo. No llegan, no obstante, por el momento, al mismo nivel de ejecución que éstas, y en especial, en la voz. Se pudieron apreciar, a lo largo del directo, ciertas desafinaciones, o ligeras idas de tono. Supongo que nada que no se pueda mejorar con la experiencia, ensayo, y tiempo.

La siguiente banda que llamó mi atención actuaba sobre el mismo escenario. Se trataba del grupo, de metalcore, Oceans Ate Alaska. Una banda británica, con cierto reconocimiento, y bastantes adeptos. Un sonido contundente, y composiciones potentes y elaboradas, llenas de unos perfectos breakdowns compuestos con mucho estilo y gusto, que hacen de los temas una montaña rusa de sensaciones. A la voz, Jake Noakes, vocalista de la banda desde el año pasado, tiene una técnica depurada y bestial, como pocos, cuando aplica el gutural o scream, pero cuando se trata de hacer una linea vocal melódica, o limpia, no llega al mismo nivel, a diferencia de cuando saca la bestia que lleva dentro con sus guturales. A excepción de ese notorio detalle, son una banda brutal, que recomiendo y que, por mi parte, seguramente escuche con más frecuencia a partir de ahora.

Pero si había una banda del cartel que tuviera muchas ganas de ver, y que llevo pidiendo varias ediciones, además de Jinjer, que tocaron el primer día, esos eran Tremonti. La banda propia de Mark Tremonti. Guitarrista que todos conocemos por pertenecer a Alter Bridge.

Antes de salir al escenario, sólo había seguidores de Kiss pegados a la vaya, aguantando posición, que lo más seguro es que ni conocieran a Tremonti, y cuatro gatos, como aquel que dice, que eramos los que realmente estábamos ahí esperando que comenzara, y disfrutar de la banda.

Salieron al escenario, de forma muy poco organizada, y algo confusa, pero fue sonar el primer tema del setlist, y empezar a acercarse una gran afluencia de personas a las que llamó la atención, formando una masa de público más que considerable para haber estado la zona, hasta el momento, prácticamente vacía. 

Rápidamente, el público se vino arriba, e incluso, los fans de Kiss, con sus caras pintadas, tras notar la actitud y el brutal sonido de la guitarra de Mark Tremonti y el de sus compañeros, empezaron a levantar las manos haciendo los cuernos, y mover la cabeza al ritmo. Los temas provocaban circle pits entre el público, o como a mi me gusta llamarlo: centrifugadoras.

Fue un concierto corto en duración, pero intenso, con gran acierto en el setlist, qué incluía algunos temas del reciente disco 'A Dying Machine', y los mejores temas de la banda. Apostaría a que, bastante gente, tuvo un gran descubrimiento inesperado al verles en directo. Los que ya los conocíamos, pero no los habíamos visto aún, nos sorprendimos por la intensidad con la que suenan sus temas en directo. Fue un deleite escucharles en directo.

En el segundo escenario, destacaron en éste último día, como era de esperar, las bandas Alestorm Exodum. Muy diferentes entre sí, (la primera de folk metal, y la segunda de trash), pero que hicieron, de la zona del segundo escenario, una zona llena de un público con ambientes extremadamente diferentes entre sí, como es normal.En el Chaos Stage, destacó, ya llegada la noche, Zebrahead, banda de punk californiano, más que veterana, y con la que muchos punks millenials crecieron. 

Zebrahead mostró un gran compañerismo al ofrecerse voluntarios para intercambiarse el horario con la banda The Bronx, que había sufrido retraso en su vuelo, y había generado, en consecuencia, alteraciones en el horario por segundo día consecutivo, como ya mencionábamos.

De vuelta al Main Stage, Prophets of Rage, hacia de las suyas. Andaba ya increpando con furia, como de costumbre, a Donald Trump y al sistema. La superbanda americana, de canciones protesta, y con un estilo rap rock, y maravillosos toques de funky y de metal alternativo, característicos de sus bandas originarías, estuvo animando el ambiente durante toda la actuación.

No me causaron el factor sorpresa que me causaron al verles el año pasado en Madrid. Con lo que para mi fue un concierto, a mi parecer, bueno, aunque sin sorpresas, y divertido en ciertos temas, como es el mítico 'Killing in the name' que todo el público cantaba.

Al final de la noche, en el Main Stage, llegaba la hora de ver a la banda que más controversia creó, en redes sociales, al ser anunciada en un cartel como el de Resurrection Fest: Kiss. Y es que, si somos objetivos y realistas, no son, para nada, el tipo de banda que suele confirmarse en los carteles de Resurrection Fest, ni los asistentes recurrentes son el publico potencial del grupo de los setenta. Por esto mismo, a diferencia de otros años, en éste, veíamos, en el recinto, gente que no había venido nunca al festival, y que, además, se notaba que no era su ambiente habitual, aunque encantados con el evento, se habían integrado perfectamente. 

Se accionaban los cañones de humo, se desprendió el telón que ocultaba el escenario, y aparecieron los Kiss subidos a una plataforma suspendida con cables de acero en la parte central y más alta del escenario. La gente clamaba al verlos. A mi no me pareció tan sorprendente. Básicamente ya se había podido ver las plataformas con cables de acero que se intuía que usarían, y también se sabe sobradamente el tipo de espectáculo que llevan dando toda la vida ésta banda. Por lo que el espectáculo que dan me parece de lo más predecible.

Lo que si me sorprendió es que poca gente fuera la que notara o sintiera, o les daba directamente igual, lo que yo si aprecié con cierta decepción. Una muy desafinada, y sin fuerza, voz de Gene Simons, que a veces, tenía que ser respaldada, más de lo habitual, por Paul Stanley. Tampoco servía de mucho su apoyo vocal, porque Paul Stanley, aunque menos, parece que su voz también está en declive. El tema en el que más se apreció la poca forma vocal fue en el tema 'i was made for loving you'. Pero nada de esto, impidió que junto al espectáculo, disfraces y pequeña, pero frecuente, pirotécnica dentro del escenario, al ritmo de la batería, metieran al público en el ambiente.

A la batería, Eric Singer tenía momentos en los que el seguir el ritmo y dar los golpes cuando tocaba no eran lo suyo... Esto es resultado de cuando las bandas prolongan, innecesariamente, sus carreras, y no hacen una retirada a tiempo. Kiss tiene hits rockeros, pero de composiciones sencillas y de ejecución fácil. Al final, a menudo, para el éxito de un concierto lo que más cuenta es que los fans de la banda se queden satisfechos y contentos con el show. Cada uno busca sentir, ver  o notar una cosa determinada al ver una banda. Y se ve que los fans de Kiss se conforman con el espectáculo de disfraces, luces, chispas y  plataformas que ofrecen los neoyorquinos.

Esto me hace concluir con la opinión personal de que no veo sentido a invertir en bandas de este tipo en un festival como Resurrection Fest en especial, porque si hay una cosa que me gustaba del festival, era la exclusividad y diferencia en el cartel del resto de los festivales que tenemos en la península. Además de traer bandas normalmente bandas de un estilo más hardcore, metal extremo o punk. Imagino, no obstante, que esto, se ha dado porque es difícil traer siempre lo que la organización desearía, ya sea por presupuesto o por disponibilidad de las bandas. Pinta que, éste año, ha tenido que tirar de las bandas que se encuentraban girando y les cuadraba acercarse hasta Viveiro. Por otro lado, tampoco me parece decisivo del todo para repetir acudir al que, para mí, es el mejor festival de la península.

El Resurrection Fest, a diferencia de otros festivales, es mucho más que un simple evento de música donde tocan muchas bandas en unos cuantos escenarios. Es el ambiente, la gente, la extraordinaria ubicación y sus paisajes, el atrezzo y decoración, el perfecto clima para festivales, mitificado por muchos por tratarse de Galicia, el mimo con el que se prepara el recinto para el disfrute de los asistentes,  la exclusividad de pertenecer a un sequito de adictos a este festival que no se da en ningún otro del país... y un sin fin de cosas más que hacen que, una vez pisas el terreno de Resurrection Fest, no quieras perderte nunca más una nueva edición.

Segundo día de festival

Todo parecía salir 'a pedir de Milhouse', como diría el propio Milhouse en Los Simpsons. Sin embargo, hubo pequeñas incidencias en este nuevo día de Resurrection Fest.

La organización se vio obligada a reajustar el horario, alterando lo menos posible los planes ya hechos a los asistentes. Parecía ser debido a problemas logísticos de las bandas. La organización lo solventó y gestionó lo mejor que pudo y con intención de satisfacer a su público. Pese a ello, hubo alguna gente, aunque tampoco mucha, menos comprensiva con la organización.

Pese a las buenas intenciones y saber actuar de la organización, los primeros afectados en notar la reestructuración del horario, fueron Santo Rostro, que vieron claramente reducida la cantidad de público que se acercó a verles. Una pena, por que la banda  merecía el calor de un público más voluminoso. El de los jaenenses Santo Rostro resultó ser un bolo bastante en condiciones, que demostró que el panorama músical nacional, dentro del metal, tiene actualmente bandas de calidad, prometedoras y compuestas por grandes músicos.

Su sonido de Sludge, con toques post ambientales y progresivos, y su cantante de voz desgarrada, dejaban ver a una banda de músicos experimentados que saben lo que hacen.

Que fuese viernes 13 en la edición decimotercera, parecía que la mala suerte se cobrarse victimas. No sólo Santo Rostro tuvo algún matiz 'desagradable' durante su actuación, como es ver su público reducido.

Los chicos de Leprous, una banda noruega de metal progresivo ,que tocaba en el Ritual Stage, justo antes de los cabeza de cartel del día, Scorpions, vieron interrumpido bruscamente su sonido. A tan solo un minuto exacto de su final de actuación, quedaron en silencio repentino con el tema final del set list

Intentando investigar sobre que ocurrió realmente, no queda claro si fue realmente culpa de la propia organización, como insinuaba la banda en sus redes, o sólo un desafortunado malentendido con el técnico de sonido. No se sabe la verdad de lo ocurrido, sólo puedo decir, que la gente que estaba disfrutando de su directo, y mucho además, quedó con ganas de terminar de ver el concierto como se debe terminar, y no de forma forzada  y drástica, creando confusión y enfado.

A la vez que Leprous, en el escenario más pequeño y apartado del eje central del recinto, se encontraban tocando Monolord, una banda de Stone en su vertiente más pura, que suenan muy bien. Los que no son fans absolutos ni puretas de dicho estilo un concierto completo se nos puede hacer pesado a los pocos temas. No obstante, la banda denota que son expertos en su género. Desde luego, recomendable para los amantes del Stone más puro.

 

MEGADETH

Continuamos la jornada, y  pese a los incidentes de horario, las bandas principales del día no vieron afectado su horario, a excepción de Megadeth, haciendo también que algunas personas llegarán tarde sin saberlo, o se perdieran directamente su actuación. Solo adelantaban el acto cuarenta minutos antes, pero suficiente para que hubiera desajustes significativos con los planes de la gente.

Bajo un día de cielo nublado, pero no menos caluroso, salía Dave Mustaine, junto al resto de Megadeth, para subir aún más la temperatura en el público, el cuál comenzaba a saltar y moverse al sonar 'Hangar 18'. Un Dave Mustaine que comenzaba, algo flojo de voz y energía, pero que enseguida se reponía, consiguiendo levantar aún más a sus fans, con temas míticos, y bien ejecutados en el directo como 'The threal is real', 'Sweating Bullets', o 'Symphony of Destruction'

El viernes para mí resultó ser un día bastante light, además de por falta de bandas que me resultaran lo suficientemente atractivas como para hacerme soltar toda la adrenalina, por que el plato fuerte del día era los sosegados Scorpions.

Aunque escuchar sus temas me devuelve a mi adolescencia, son una banda con un ritmo ligero y tranquilo, que en un festival como éste, en el que que se asocia más a metal extremo y hardcore, verles a ellos baja las pulsaciones al mínimo, a diferencia de la mayoría de bandas del cartel.  

Decidí verlos tranquilamente desde el cesped, aprovechando para descansar y tomar algo, mientras disfrutaba de que tocaran temas míticos, como 'Send Me and Angel' o 'Wind of Change', y del ambiente repleto de gente que se sabía sus canciones. Un público compuesto tanto de generaciones pasadas, que se acercaron al festival a ver exclusivamente a Scorpions, como más jóvenes, porque sus temas han transcendido a lo largo de los años, y son ya más que clásicos.

Pasada la mitad del concierto, nos sorprendían con una cover del tema 'Overkill', de Motörhead. Tuvo cierto punto verles tocar la cover, al ser Mikkey Dee, desde 2016, batería permanente en Scorpions, pero por todos conocido por ser batería de Motörhead, hasta que la triste muerte de Lemmy Kilmister supuso su disolución.  

 

Pero desde luego, aunque un puntazo, escucharlo con la voz de Klause Meine en lugar de la de Lemmy Kilmister, evidentemente no da el mismo resultado, y evoca un sentimiento lástima a la par que nostalgia por Lemmy y Motörhead. Seguido a la cover, Dee se marcó un solo de batería, correcto en su longitud. Todos sabemos el peligro de sobrepasar la linea entre, hacer un sólo correcto, y un sólo eterno que parece que no tiene fin. 

Terminaron el concierto, después del típico amago de desaparecer detrás del escenerio, y hacerse de rogar ante sus fans. Volvieron para cerrar el concierto con un `Still Loving You', en el que Klause Meine, demostró que sigue cantando practicamente igual, y un 'Rock You Like a Hurricane', perfecto para finalizar su show.

Mikkey Dee, SCORPIONS.Decir que, la banda sonaba, sencillamente, correcta. Klause Meine, a sus setenta años, que se dice rápido, no se le puede recriminar prácticamente nada de su actuación. Cantaba correctamente, con una voz decente pese a su edad, llegando a todos los temas, algunos, de forma acertada, bajados de tono, y con su distinguido timbre de voz que siempre tuvo, y no ha cambiado. Con un movimiento sobre el escenario escaso y normal, pero propio de una persona de su edad y, por tanto, comprensible.

Justo en el escenario contiguo, teníamos a Paradise Lost. Pude ver a la gente que admira y sigue a la banda, que me transmitan su disfrute con ella. Pasé el concierto e descansando en el cesped tranquilamente, como con Scorpions, contemplando su buen proceder en los instrumentos y en la voz, aunque no me llegaron lo suficiente como para hacer que me levantara, acercarme más, e integrarme en el montón de gente que les estaba viendo y dándolo todo. Supongo que es sólo una cuestión más de feeling, más que de que den buenos o malos conciertos. De hecho, no considero que dieran un mal concierto.

Simultáneamente a Paradise Lost, estaban Sick of It All, por lo visto, dándolo todo en el Chaos Stage. Y digo 'por lo visto', porque fue una de las bandas que por estar viendo otra me perdí. Es lo que tienen los festivales grandes donde tocan tantas bandas. Concretamente 100, en el caso de Resurrection Fest.  Y es que teniendo en cuenta las críticas y opiniones que llegaban a mis oidos fue casi instantáneo el arrepentimiento de haber estado viendo a Paradise Lost, por segunda vez, que ya les había visto en otra ocasión, en lugar de ver a los hardcoretas americanos de los que todo el mundo me estuvo hablando maravillas. Tras llegar a casa, de vuelta del festival, haciendo una escucha más en profundidad a Sick of it All, junto a los rumores, sé que me hubieran encantado. Una lástima, pero sin duda para la próxima oportunidad que tenga no me los pierdo.

Mi estado de tranquilidad y sosiego en el que me encontraba, tirada en el cesped del 'Resurrection Fest', se acabó cuando unos Ángelus Apátrida de lo más potentes hacían ponerme en pie, y alucinar con el nivel de la banda y de sus temas. Un sonido y ritmos espectaculares. Esta vez iban acompañados a la batería por Adrián Valera, componente de In Mute, en sustitución, en esta ocasión, de Victor Valera, debido que una reciente operación le impide dar conciertos por el momento.

Animando el ambiente reposado y manso del concierto de Scorpions y, llevando la velada a lo más alto, Angelus Apátridacerraron la noche para un público más propio y habitual  del Resurrection Fest que el que llenaba el espacio en el concierto anterior celebrado en el mismo escenario.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Primer día de festival

Comenzaba la primera jornada, tras la Warm Up.

Muchos de los asistentes al festival, aprovechanla mañana en las increíbles playas de Viveiro. Visitando el acogedor  pueblo, o tomando algo en las terrazas del puerto, cuyas vistas son increíbles. Por que, si algo tiene de especial este festival, son sus posibilidades ante un evento así, y más que privilegiada, y acertada, ubicación.

El jueves iba a ser, para mí, uno de los días que más ganas tenía de disfrutar, y en el que me llevaría una de las mayores sorpresas del evento.

Abrían la cita, desde el Main Stage, Dawn of The Maya, desde Pamplona, para dar un último concierto de despedida definitiva, según indicaron durante el propio directo. Dawn of the Maya, lo daba todo frente a unos pocos asistentes por ser de los primeros conciertos del día. Se notaba, que muchos asistentes, eran seguidores, y tenían ganas de querer disfrutar de lo que estaba siendo un adios.

Eran ya las 17:50h, y se podía ver, al fondo del escenario, el telón de una de las bandas que más ganas tenía de ver. Se trataba de Jinjer, capitaneados por Tatiana Shmaylyuk, con su increíble voz polifacética. 

Quise verles sin expectativas, porque, en múltiples ocasiones, he tenido la desagradable experiencia, de ir a ver una banda que me apasionaba y valoraba como músicos, y después de ver su directo por primera vez, sentir una decepción aplastante, porque no son realmente lo que aparentaban ser. Pero con Jinjer ocurrió todo lo contrario. Y me hizo admirarles más aún. 

Con una fuerza desgarradora, y una calidad instrumental magistral, por parte de cada uno de ellos, pusieron las cartas sobre la mesa a todos los que asistimos a su espectáculo, mostrándonos que, lo que se puede ver de ellos en una pantalla de ordenador, se queda corto para lo que dejan ver y transmitir en sus directos.

Eugene Mantulin, detrás de un set de batería, más que esencial, pero bien aprovechado y con el que hacía virguerías con mucho estilo. Eugene Kostyuk, con el bajo colgado prácticamente a la altura del sobaco, pero manejado con maestría. Roman Ibramkhalilov, un guitarrista con gusto, y gran técnica, cuando tenía que serlo, y desgarrador en las partes más brutas. Tatiana al mando, una prestigiosa cantante que deja a todos boquiabiertos, sin necesidad de teñirse el pelo de colores 'chillones' para llamar la atención. 

Pusieron pelos como escarpias, e  hicieron saltar y que se formaran increíbles pogos y circle pits, en los que fluía la gran energía que la banda estaba transmitiendo. Destacaron temas como el cambiante 'Pieces' o brutal 'I Speak Astronomy', los cuales mucha gente parecía saberse bien.

Sin duda alguna, una banda que, en cuanto pueda ver fuera del festival, acudiré sin pensarlo. Por todo ello, y más, recomiendo Jinjer 200%, una de las bandas más destacables de esta edición. 

Me dejaron ojiplática, también, los estadounidenses y 'trasheros' Overkill. Comenzaron su puesta en escena con “Mean, Green, Killing Machine”, y ya me hicieron poner la parabólica en posición de alerta. Debo decir que no soy un ferviente seguidora de la banda precisamente, pero en el directo no pude dejar de observar y de admirar cómo conserva las capacidades y aguante la banda al completo y, en especial, la caña que estaban dando.Un concierto con un setlist escueto, pero acertado y contundente, que regulaba a la perfección la intensidad durante todo el concierto, y nos mantuvo pendientes de la actuación de principio a fin.

La banda, liderada por Bobby Ellsworth, dejó claro que, la edad, y ser una banda veterana fundada en la decada de los 80, no implica siempre sufrir una decadencia en la calidad de sus actuaciones, y dar conciertos 'reguleros'. 

Si no estuvisteis en el Resurrection Fest XIII para poder verles, creedme cuando os digo que queda Overkill para tiempo, y merece la pena verles hoy en día.

El listón quedó muy alto con las actuaciones de Jinjer y Overkill. Pero en el resto de escenarios, se pudieron ver, durante la tarde, bandas, también bastante reseñables, como Bloodhunter, liderados por Diva SatánicaAgainst The Waves, Cystal Lake, o unos Cancer Bats, que desde el Chaos Stage, sirvieron para animar bastante, y no dejar decaer la noche, entre concierto y concierto de los dos platos fuertes de la noche: Stone Sour y Ghost.

Justo al anochecer, aparecían los tan esperados  Stone Sour , con Corey Taylor al frente. Muy solicitados ,debido a que resultara imposible que fueran Slipknot los que acudieran al evento en su lugar. 

Después de once años sin pisar el país, sonaron instrumentalmente más que perfectos. Animaron el show con confeti, pequeña pirotecnia en el escenario, y en algún momento del concierto aparecieron, sin que yo entendiera del todo por qué, unos cuantos de esos muñecos, de esos que van con aire en su interior. Como dirían en Padre de Familia, eran de esos “muñecos que bailan y saludan como idiotas” de colores distintos. Sigo sin entender el por qué ese atrezzo sobre el escenario. 

El setlist dejó, de forma gradual, un poco flojo al público, que había comenzado a darlo todo con temas más conocidos de la banda, como 'Absolute Zero' al principio del show, y terminó por parecer que la gente estaba cansada, y casi deseando que acabara. Y es que ahí, fue cuando me di cuenta de que, pese a la calidad de la banda y el increíble sonido, no posee cantidad significativa de grandes temas que te hagan darlo todo de la emoción al escucharlos en directo. Sensación que se produjo de forma algo generalizada entre el público. 

A partir de la mitad del concierto, tras el bajón provocado, sólo se se vio a un público ligeramente animado cantando la letra de su conocida balada `Through Glass`. Sin embargo, siendo una balada, ya era difícil dejar el sabor de boca propio de haber soltado toda la adrenalina viendo un concierto increíble. Más bien era un sabor agridulce. 

Para finalizar el día, pese a ser Jueves y no Domingo, un telón simulando las vidrieras de una catedral, anunciaban que era momento de acudir a una misa que muchos esperaban impacientemente, y que iba a ser única en España. La misa del Cardinal Copia, el Papa Emérito del Metal por excelencia, cuyo nombre realmente es Tobias Forge. Diciendo esto, todo el mundo sabe ya que hablamos de los muy venerados Ghost.

Al sonar 'Ashes', con su melodía coreada por voces de niños, propia de un film de terror, introduciendo el concierto, sin unos músicos aún en el escenario, lograba, aunque no soy seguidora de la banda, ponerme nerviosa en segundos y creer,  pese a mis bajas expectativas e incredulidad, que era posible que fuese a disfrutar de un concierto espectacular. Pero lamentablemente, muy a mi pesar, fueron presentimientos equivocados.

Tras 'Ashes', y con la banda ya sobre el escenario, se dio comienzo realmente al concierto, sonando el tema 'Rats', dejando oír ya la voz de Forge, y los enmascados Nameless Ghouls a los instrumentos. La banda completa denotaba calidad, técnicas, tablas y buen hacer. Pero a mi parecer Forge, la forma lenta y elegante, en la que se movía por el escenario, para ejercer su papel, me parecía insuficiente para llenar con su presencia el espacio. Quizá, una mejora en la interpretación marcaría la diferencia, y harían, de su papel, un papel esquisto y extraordinario.

Posiblemente no era el día, o quizá, simplemente a mi en concreto, no me llega su forma de interpretar el papel que intenta hacer. Aún así, se veía a un público entregado, y contento con el concierto. Y reconozco que la actuación tuvo como resultado un notable alto, aunque no sobresaliente. Pues se notó una gran diferencia de nivel de espectáculo con los cabeza de cartel Rammstein, de la pasada edición. Y es que se nota que la actuación de Rammstein hizo que los cabeza de cartel de la actual edición tuvieran, más que difícil, superar su paso por el duodécimo Resurrection Fest.

Pero era Jueves, todavía quedaba mucho festival por delante, y la mayoría de bandas del cartel por actuar. Por el momento, sólo con el primer día, como de costumbre logra hacer Resurrection Fest, ya estaba obteniendo más compensación por venir de lo que esperaba. Pese a las críticas recibidas, muchas negativas, por el cartel de esta edición.

Cerraron realmente la jornada del Jueves una respetada banda originaria del país del Ikea: los suecos At the Gates. Que mantuvieron, al público que quedó en el recinto, con ganas de más caña, y a los que venían para verles especialmente, que eran unos cuantos, saltando y animado, y eso que ya eran las dos de la madrugada.

El cierre dejó sensaciones esperanzadoras de que, la edición que se estaba celebrando ya, parecía que, finalmente, no iba a ser tan fiasco como muchos vaticinaban por las redes.