RESURRECTION FEST 2017-DIA 7

Sábado, 29 Julio 2017 22:58

 

VIERNES 7 DE JULIO

Tras la resaca, literal y metafórica, del primer día, el segundo se presentaba como un remanso de paz frente a la vuelta a la demolición el sábado. Probablemente por el peso en el cartel de unos Rammstein que atrajeron a más público que los otros días resto de nivel medio parecía flojear un tanto. En cualquier caso, eso en la treintena larga de conciertos que se pueden ver al día e el Resu es poco decir. La tarde empezó, esta vez según lo esperado, visitando de nuevo la carpa Ritual para catar el directo de una de las revelaciones m explosivas del punk patrio (mal que les pese lo de patrio, me temo) de los últimos años. CRIM se han hecho un hueco en la escen punk rock catalana a golpes, cantando sobre lo gris de su ciudad, la lucha obrera y, en general, las cosas que ponen de mala host la parte más consciente de la realidad social. Sin duda, un bolazo con carisma de su cantante Adrià Bertrán a destacar, dando to una lección de la filosofía que se respira en el escenario más reivindicativo del Resu. Tras ellos, nueva sesión de eclecticismo sonoro. Esta vez, del punk más crudo al thrash metal más clásico, de la mano de Annihilator. Concierto sobrio y sin alardes de u de las bandas más fieles al sonido original del género que han salido 

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de EEUU, poco después de los Big Four. Volvimos del escenario principal al Desert Stage, pues teníamos uno de los conciertos señalados en rojo en nuestra selección de imprescindibles. Nuestros adorados Truckfighters hicieron honor al nombre del escenario de stoner como ninguna otra banda, teletransportándonos directamente al Palm Desert mientras conducimos una furgoneta con más óxido encima que combustible La falta de tiempo evitó que sonase “Calm Before the Storm”, pero el final con “Desert Cruiser” lo cura todo, y el pogo que levantaron Ozo y Dango fue para hacerles un monumento. Siguiendo con la esquizofrenia estilística que a menudo domina el festival (y lo hace más entretenido, todo sea dicho), los siguientes en el Desert Stage fueron Alcest. Los franceses, practicantes d un post-black metal con mucho de shoegaze y poca garra, estaban un poco desubicados en el cartel del Desert, pero eso no les importó. Ni eso, ni nada, puesto que Alcest viven en otra dimensión, una en la que se desconocen los pogos y el headbanging. Si embargo, sonaron considerablemente más pesados y aguerridos que en los discos, y si su propuesta sirve para romper un poco el estereotipo y la imagen metaleras, 

bienvenida sea.

De vuelta a la dura realidad del esguince cervical que es el pan nuestro de cada concierto en el Resu, nos encontramos con unos Lost Society que se revelaron como una de las sorpresas más gratas de todo el festival. Un thrash fresco y espídico, como debe se que bebe de los clásicos sin complicarse

 
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 la vida. Aunque dicen que la experiencia es un grado, los finlandeses, especialmente su acelerado frontman Samy Elbanna, le supieron sacar un partido descomunal a su insultante juventud (ninguno de sus miembro pasa de los 22 años). De la sorpresa al gran núcleo atractor de esta edición: Rammstein. Poco voy a escribir aquí que no se haya dicho ya de los archiconocidos alemanes, así que no dedicaré media crónica a hablar de su concierto. Basta decir que su directo fue una apolog de la exageración, en todos los sentidos posibles: musical, pirotécnico y casi me atrevería a decir que religioso. Porque Till Lindemann es 

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para muchos de los asistentes el otro día al festival una especie de Mesías satánico más que un frontman al uso. Guitarras escupiendo fuego, máscaras escupiendo fuego, el propio Lindemann escupiendo fuego a la torre de sonido con un lanzacohetes durante la apoteósica “Du Hast”… Te podrá gustar más o 

menos el metal industrial que prácticamente patentaron ellos, pero lo que queda fuera de toda duda es que el suyo es un espectáculo con todas las de la ley. Fuegos artificiales, confeti en “Amerika”, una actuación de maltrato y tortura hacia su teclista… Aunque a veces sea prácticamente más teatro que música, el espectáculo de Rammstein merece ser visto, aunque sólo sea una vez en la vida y por mera curiosidad.

Para terminar el segundo día, qué mejor que la mayor demostración de técnica y habilidad guitarrera de todo el festival. Mientr los incautos escapaban de Rammstein hacia la salida, los más curiosos o resistentes se encaminaron hacia el Desert a ver cómo o banda que tampoco parecía pegar mucho en los sonidos de ese escenario lo hacía trizas con sus riffs. Animals as Leaders son un banda muy peculiar, prácticamente el buque insignia junto a Meshuggah de ese subgénero alienígena (en realidad, técnica guitarrística derivada del palm mute) que es el djent. Para los que esto les suene a chino: metal progresivo instrumental con un toque electrónico, guitarras de muchas cuerdas y un sonido muy particular. Nos consta que Tosin Abasi y los suyos fliparon en colores con que, tocando a las dos de la mañana, en un escenario secundario, tras Rammstein y con una música tan extrema com la suya, congregasen a una cantidad de público más que notoria. Agradecidos y sonrientes, Animals dieron un recital guitarrísti que, aunque en disco puede hacerse algo pesado, en directo sonó demoledor y ameno a partes iguales.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

RESURRECTION FEST 2017-DIA 6

Sábado, 29 Julio 2017 22:02

 

JUEVES 6 DE JULIO 2017

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Tras la reseñable warm-up party del miércoles, con CJ Ramone, Soziedad Alkohólika y unos sorprendentemente en forma Sepultura, entre otros, calentando el ánimo de los presentes, el jueves se presentaba como el día con mayor variedad de conciertos y de tamaño intermedio. Para abrir boca (y tras el muy lamentable y posteriormente arrepentido despiste de perdernos a Bala), los australianos Airbourne desplegaron todo su hard rock sobre el escenario principal a base de sprints de su frontman. Herederos naturales y estilísticos de AC/DC (hasta la exageración, de hecho) no se puede poner una pega a la 

propuesta de Airbourne, más allá de esa falta de personalidad propia que los separe de sus referentes directos. Dicho eso, un concierto abrumador, sin una sola baladita para respirar entre trallazos del calibre de “Too Much, Too Young, Too Fast”, “Rivalry” o, la muy querida por los fans de La Vida Moderna, “Runnin’ Wild”. Bien por los hermanos O’Keeffe, especialmente Joel, que pareciendo algo afectado por el sol gallego o el licor café aumentó el nivel de diversión todavía más. Si a eso le añadimos una hora de niños Resukids invadiendo el escenario por detrás y un alegato de manual por el rock ‘n’ roll tenemos el concierto rockero por excelencia.

Aunque no sea un género tradicionalmente típico en el Resurrection, en esta primera jornada el hard rock tuvo una presencia abundante. Otros que lo profesan, aunque desde un punto de vista casi opuesto al de Airbourne, son The Vintage Caravan. Cambiando la testosterona y los gritos por una ración familiar de blues y psicodelia setentera, los islandeses pegaron una buena sacudida al Desert Stage. Con un formato de power trio clásico, los contoneos de su cantante y riffs como los de “Crazy Horses”, “Expand Your Mind” o “Babylon” se metieron al público en el bolsillo. Urge algún promotor amable que traiga a estos tres fenómenos a tocar en salas de nuestro país para un concierto más largo. En una onda parecida les precedieron Stray Train, con menos fondo de stoner y más de rock clásico. Como unos primos del pueblo de Kadavar, lo que vimos de su concierto fue una versión directa y de nuevo, hard 

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rockera, de un blues primitivo y enérgico. Los eslovenos tienen probablemente menos que aportar a nivel musical que The Vintage Caravan, pero su directo fue tan divertido o más que aquel. Vaya por delante que un servidor no es fan del hardcore y las variantes de punk que imperan por el Ritual 

Stage. Dicho esto, una de las contadas ocasiones en las que visité la carpa fue para acudir a mi cita con The Menzingers. Los de Pensilvania no juntaron a demasiado público (solapes comprometidos con Anthrax y Eluveitie), tocaron poco tiempo y quizá se notó el cansancio (era su primer concierto 

tras volar directos 

desde EEUU). Pese a todo ello, su reciente “After the Party” es un disco que se defiende él solo y el punk de treintañeros nostálgicos (subgénero en el que podríamos incluir a Japandroids o The Gaslight Anthem) anima el alma tanto como para llegar a formar conatos de pogos entre los presentes. Bu

en concierto y mejores canciones sobre esa eterna adolescencia que todos los asistentes al Resu, en mayor o menos medida, se niegan a terminar de abandonar del todo. Mientras me encaminaba al escenario principal atendí un rato al aquelarre que estaban montando Eluveitie en el escenario Chaos. Los suizos son una de las bandas más reconocidas en esa amalgama que es el folk metal (o pagan metal, o celtic metal, o metal para gente con colgantes con runas y fans de Tolkien). En cualquier caso y al margen del gusto de uno por los violines, zanfoñas y demás instrumentación barroca, no se puede negar que la tropa supo montar una buena fiesta.

El escenario principal (enorme este año, por cierto) lo cerraron el primer día unos viejos amigos de todo el mundo. Y es que habrá bandas que gusten a unos o a otros, y más en un festival que aúna a heavies y punks de pro, pero si hay una banda que a todo el mundo encandila, aunque sólo sea para disfrutar en directo y olvidarse de ella todo el año, esa es Dropkick Murphys. Los de Boston arrancaron con “The Lonesome Boatman”, de su último y muy notable “11 Short Stories of Pain & Glory”, y siguieron con “The Boys are Back”, donde ya medio Viveiro coreaba que iba “… looking for trouble”. Podría seguir enumerando los himnos que se sucedieron (“Going Out in Style”, “First Class Loser”, “The State of Massachusetts”, la coreadísima “Rose Tattoo”…) pero en resumen basta decir que los Murphys saben montar unabuena fiesta a la irlandesa, de la que todo el mundo sale afónico, borracho y con una sonrisa de 

oreja a oreja. Desafortunadamente algunos tuvimos que perdernos la traca final de la mitiquérrima “I’m Shipping Up to Boston” por ir corriendo al último gran concierto del día. Los cabezas indiscutibles del Desert Stage de esta jornada y, si me apuran, de todas: Red Fang. Repetidores en el Resurrection (no perderse su directo de 2014), esta vez tocaban en un escenario más recogido y lleno de fieles, y eso jugó a su favor. Con un setlist muy basado en su último y sobresaliente trabajo, “Only Ghosts”, los tres barbudos de Portland (y su batería) descargaron una tormenta de stoner pesado y riffazos pegadizos sobre los presentes. Un Aaron Beam especialmente inspirado dejó en evidencia a la mitad de sus colegas vocalistas del cartel con un despliegue de vozarrón que ya quisieran en los realities televisivos. Y, como no podía ser de otra manera, la cruda y cómica “Prehistoric Dogs” cerró una primera jornada muy 

completa.